dimanche 25 septembre 2011

Idea VILARIÑO/Discépolo


Textos :
Discépolo
Por Idea Vilariño

ESTAMOS en el 1929 del crack financiero de Wall Street que, para nosotros será el comienzo de "la crisis", porque también repercute en el Plata, y que para la Argentina en particular significa el comienzo de la desocupación, del infraconsumo, del hambre, de las humillantes y patéticas "ollas populares", mientras prosperan la trata de blancas, el tráfico de drogas, la mafia, el juego clandestino. 

Todo eso que rompe los ojos y que los intelectuales argentinos, salvo honrosísimas excepciones, no quieren ver, Discépolo lo sufre, acosado por lo que desfila ante sus ojos y por la miseria que lo cerca. Para ganar algo escribe esos dos tangos que toman el amure en broma -Victoria y Justo el 31- pero va rumiando un tango que es, tal vez, su obra mejor, y el 5 de setiembre de 1930 se estrena Yira, yira. Al día siguiente, como dice Galasso, "un golpe de derecha derroca al gobierno popular de Yrigoyen. Se inicia así la `Década infame`..." Y cita unas palabras del autor: "Yo no escribí esa canción con la mano. La padecí con el cuerpo. Grité el dolor de muchos, no porque el dolor de los demás me haga feliz, sino porque de esta manera estoy más cerca de ellos y traduzco ese silencio de angustia que adivino. Usé un lenguaje poco académico porque los pueblos son siempre anteriores a las academias. Los pueblos claman, gritan y ríen sin moldes".

Discépolo siempre compuso con dificultad -no sabía música- y trabajó esforzadamente, cada vez, para expresar la idea que quería trasmitir, pero año a año van apareciendo, a veces en sus producciones teatrales, nuevos tangos. En 1931 en Caramelos surtidos, estrena Qué sapa, Señor, que busca interpretar el desconcierto del hombre de la calle: "El mundo inspira terror, el momento es de vértigo, de desorden, de catástrofe. La Tierra está incandescente por los cuatro costados". La tierra está maldita, dice el primer verso, y luego acumula datos del caos, y hace culminar la desazón y el desastre con la amenaza de la guerra y de algo más inmediato, que toca más de cerca a sus sufridos oyentes: "Y en medio del caos/ que horroriza y espanta/ la paz está en yanta/ y el peso ha bajao".

En 1932, en Mis canciones, va Secreto, otra versión, diferente y desgarrada del motivo de "la mujer fatal". Y, en 1934, en Wunder Bar, Tres esperanzas, tal vez el único tango que tiene por asunto el suicidio como solución existencial, en esos años en que, como repetidamente se señala, la estadística de muertes voluntarias, y de intentos, toca en la Argentina su punto más alto. "No doy un paso más, alma triste que hay en mí". Y la repetida exhortación a su propia "alma otaria", ¿y a los otros? es: "Cachá el bufoso y chao,/ vamo a dormir". Pero también está allí el contraste entre el proyecto de vida, los sueños y la realidad, y está dicho en términos llanos, en los de todos los hombres de todos los días, tocando con una mezcla de sarcasmo y de resignada aceptación su propia ingenuidad y el fondo amargo y brutal de la desilusión: "No tengo ni rencor/ ni veneno ni maldad,/ son ganas de olvidar,/ terror al porvenir./ Me he vuelto pa mirar/ y el pasao me ha hecho reír./ ¡Las cosas que he soñado! ¡Me cache en die, qué gil." A todo eso vive casi siempre al borde de o en la pobreza, haciendo giras, ganando algo como actor, o con alguna obra, o con algún tango. Tania, su mujer, gana muy poco. Con todo, puede escribir algunas piezas más líricas y serenas, como Sueño de juventud, como Carrillón de la Merced, en un viaje a Chile. De 1934 es Quién más quién menos, donde también consigue un tratamiento diferente para un asunto muy transitado, el de "la linda que cayó". El hombre ve a su novia querida de ayer, semidesnuda, en el cabaret, y la disculpa porque sabe que todos se venden, "quién más, quién menos/ pa mal comer". Después de un viaje a Europa en 1935, comienza su carrera en el cine: es actor, o argumentista, o codirector, o acumula varias de esas tareas, y algunas otras, en El alma del bandoneón, en Mateo, en Melodía porteña.

Pero sigue escribiendo tangos, y aparecen por entonces algunos de los mayores, en los que vuelve todo su escepticismo final, la quiebra de todas sus esperanzas en el mundo, en la gente, en el amor. En 1935 el despiadado Cambalache, que, sin rebozo, con la convicción de quien ni sueña con ninguna posible salvación, finge alentar con sarcasmo desesperado la insensata empresa, ennumerando, prescindiendo casi de las tremendas figuras literarias que estremecen otros textos suyos, para limitarse a la esencial: siglo XX cambalache. En el terrible Desencanto de 1937, esas ganas "de echarse en el suelo/ y ponerse a llorar, cansao", están muy próximas al desistimiento de Tres esperanzas, aquellas esperanzas deshechas se doblan en esta fe hecha pedazos; aquel "¡las cosas que he soñao!" se hace extensivo a todos, a la vida toda, en esa imagen tan ferozmente negativa, tan inaudita en un tango: "La vida es tumba de sueños/ con cruces que abiertas/ preguntan... pa qué". Y, en 1939, es Tormenta, dura requisitoria a Dios, que en otra parte hemos comparado con uno de esos salmos en que se piden cuentas a Dios, se le exige que se manifieste, que dé pruebas para que se pueda seguir creyendo en él. Más lejos no se podía ir.

La autora
IDEA Vilariño (Montevideo, 1922-2009), es una de las voces mayores de la poesía hispanoamericana. Además de los poemas que reunió en Nocturnos, Poemas de amor y Pobre mundo, publicó estudios sobre los poetas del tango. El texto de esta página pertenece a El tango (1995).

Articulo : http://www.elpais.com.uy  

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...