PUBLICACIÓN EN ESPAÑA Segundo tomo de las
Obras completas
Por fin un Parra total
Por Ignacio ECHEVARRÍA
Editor a cargo de sus "Obras
completas", el crítico español Ignacio Echevarría cuenta cómo se desarrolló
el proyecto, las condiciones que puso el antipoeta y los acuerdos a los que
llegaron. La reciente aparición en España del segundo tomo de este trabajo
coincide con el nonagésimo séptimo cumpleaños de Parra. Dos grandes motivos
para celebrar.
Escribo estas líneas a poco de haber
llegado a mis manos uno de los primeros ejemplares salidos de imprenta del
segundo y último tomo de las Obras completas de Nicanor Parra. Un
tocho de 1.200 páginas, que alcanza los 6,5 centímetros de grosor. Intimidante
para cualquiera. Y en cierto modo contradictorio con el contenido del volumen,
de espíritu liviano, travieso, de naturaleza burlona y arrojadiza.
Conviene aclarar, sin embargo, que el
propio Nicanor Parra tiene alguna responsabilidad en esto. Verán, cuando diseñábamos
el proyecto de sus Obras completas , se le antojó sugerir,
consecuente con su militancia en este campo, que se imprimieran en papel
ecológico. Yo, que todavía no daba crédito a que finalmente hubiéramos
conseguido convencerlo de editarlas (algo en lo que tuvo una influencia
determinante Roberto Bolaño, y el aprecio que Parra sentía por él), acaté este
deseo como una orden, e insistí para que se hiciera así. Pero el papel que hubo
de emplearse para cumplir este requisito, fabricado especialmente, daba un
grosor bastante superior al corriente. De ahí que los dos tomos de Obras
completas de Parra tengan este volumen excepcional, felizmente atenuado en
la edición en rústica distribuida en Chile, impresa en papel corriente y mucho
más manejable.
Se extrañarán ustedes de que empiece por
aquí; pero es bueno que sepan que lo primero que un editor ve cuando recibe un
libro en el que lleva empleados meses, quizás años de trabajos, son sus
problemas, sus defectos, las limitaciones que él mismo conoce mejor que nadie.
Una jaula en busca de un pájaro
Al concluir, después de ocho años de
dedicación -precedidos de otros tres de tira y afloja hasta alcanzar el acuerdo
de editarlas-, lasObras completas de Nicanor Parra, yo veo, antes que
nada, esas limitaciones, de las que por otro lado todos cobramos conciencia muy
al comienzo del proyecto (y cuando digo todos hablo de la legión de amigos y
admiradores de Parra que lo han hecho viable).
En la presentación del primer volumen, se
dejaba bien claro que el proyecto asumía de partida su condición utópica.
"Pese a su ambición muy elevada", se decía allí, las Obras
completas de Parra iban a limitarse "a cartografiar la punta de un
iceberg cuyas proporciones reales aún no es posible calibrar". Y se traía
a colación un célebre aforismo de Kafka que expresa muy bien el paradójico afán
que las ha impulsado: "Una jaula salió en busca de un pájaro".
Y bueno, ya la jaula está aquí, de vuelta,
y es el momento de saber si lo que trae dentro es un pájaro o un simple montón
de plumas.
Digámonos, contentos, que es un pájaro.
Y menudo pájaro.
Pero he aquí que, metido en la jaula, pasa
lo que tenía que pasar: que el pájaro no puede volar. ¿Y no es volar,
precisamente, lo que hace al pájaro?
Nadie sabe esto mejor que el propio
Nicanor Parra, que por algo había eludido siempre las iniciativas de publicar
sus Obras completas . La única forma de conseguirlo pasaba por obviar
o por sacrificar inevitablemente la naturaleza volandera de buena parte de esas
obras. Durante los preparativos del primer volumen, uno de los momentos
críticos lo supuso la resistencia inicial de Parra a reproducir en página
los Artefactos de 1972, concebidos, como es sabido, en forma de
tarjetas postales, independientes unas de otras, susceptibles de ser barajadas
libremente. Pero no cabía otra alternativa que darlos en página o no darlos. Es
cierto que enPáginas en blanco (2001), la excelente antología publicada en
Salamanca con motivo de la concesión a Parra de X Premio Reina Sofía de Poesía
Iberoamericana, se daban un puñado de esas postales reproducidas
facsimilarmente y troqueladas en sus bordes, por si el lector quería
recortarlas. Pero se trataba de una solución más ingeniosa que eficaz, en
cualquier caso impracticable en un volumen impreso en papel de muy escaso
gramaje, como el que corresponde necesariamente a un volumen de más de mil
páginas. Así que hubo de resignarse Parra a que los Artefactos se
dieran finalmente como se dieron, lo cual por otro lado no está nada mal, tanto
menos si se tiene en cuenta que se procuraban al lector todas las informaciones
precisas para contextualizar debidamente el resultado.
El otro momento verdaderamente crítico
dentro de los preparativos del proyecto tuvo una causa muy distinta. Lo supuso
esta vez la resistencia de Parra a que se incluyeran dentro de las Obras
completas su primer libro -Cancionero sin nombre (1937)- y otros
varios textos pertenecientes al período anterior a la publicación, en 1954,
de Poemas y antipoemas .
Todo escritor, tanto más si alcanza la
longevidad de Parra, conserva su derecho a decidir qué parte de cuanto ha
escrito y publicado pertenece o no a lo que él mismo contempla y asume como
obra propia, que no tiene por qué corresponderse estrictamente con todo aquello
que lleva su marca autorial. Es este un asunto muy debatido cuando se trata de
afrontar unas Obras completas , ya sea en vida o no del escritor. La
experiencia dicta que, a la larga, si la posteridad del escritor se prolonga lo
suficiente, los textos que él mismo descartó terminan viendo igualmente la luz,
con el perjuicio que a veces ocasiona la publicidad con que ello ocurre, y el
morbo que suscita. Este fue uno de los argumentos que los editores empleamos
para rebajar los escrúpulos de Parra en relación a algunos de sus más viejos
escritos. El otro argumento era de carácter más positivo: se trataba de brindar
al lector, convenientemente segregada de la secuencia principal de su
trayectoria, una perspectiva arqueológica, por así decirlo, de la antipoesía,
cuya novedad y cuya trascendencia se entienden mejor si se está en condiciones
de apreciar cuáles fueron sus puntos de partida y cuál el camino recorrido por
Parra en las casi dos décadas de su maduración como poeta.
Como sea, de la actitud recalcitrante de
Parra deja constancia el título que, echando mano de su característica ironía,
él mismo escogió para sus Obras completas: Obras completas & algo
? . Aunque, en rigor, mejor le habría correspondido el de "Obras
completas & algo -", como no se deja de advertir al frente de este
segundo y último volumen, del que no figuran tantas piezas de las últimas
décadas que no ha sido posible incluir debido, entre otras razones, a
dificultades técnicas.
Quien ha estado en la proximidad de
Nicanor Parra y lo ha visto trabajar, sabe que todo aquello que -cada vez con
más reticencias, y siempre subrayando su carácter inacabado- consiente dar a la
luz es producto de interminables asedios a una idea, a una expresión, a un
giro, a una locución dada que para él adquiere valor en la medida en que
alcanza la natural redondez de un canto rodado. A cada antipoema, artefacto,
chiste o trabajo práctico -pero también a cada uno de sus discursos de
sobremesa, o a su deslumbrante versión de Rey Lear- subyacen capas y más capas
de escritura tentativa, que ensaya matices, variantes a veces sutilísimas,
actuando sobre la materia verbal como lo hace el agua de un río sobre las
piedras de su cauce.
Mucho de lo publicado por Parra en las
últimas décadas elude la composición tipográfica y se da en la propia
caligrafía del autor, a menudo con tachaduras, dando a entender así ese
carácter non finito de los textos en cuestión, que por otro lado se presentan
aquí o allá -a veces con varios años de diferencia- con ligeras pero
significativas alteraciones.
No es de extrañar, siendo así, que con el
paso del tiempo Parra no sólo se haya mostrado cada vez más remiso a publicar,
sino que, cuando por fin ha accedido a hacerlo, lo haya hecho a regañadientes y
poniendo más obstáculos que facilidades a sus editores. Lo saben bien Matías
Rivas y los editores de Ediciones Universidad Diego Portales, a quienes
correspondió lidiar con el antipoeta para poner a punto sus esmeradas ediciones
de Lear Rey & Mendigo (2004), Discursos de sobremesa (2006)
y La vuelta del Cristo de Elqui (2006), que tanto han facilitado los
trabajos del segundo volumen de las Obras completas.
Muy consciente de su mala disposición a
dejarse editar y ser publicado, Nicanor Parra dio desde muy pronto por sentado
que era mejor no contar con él para discutir los criterios conforme a los
cuales fijar sus Obras completas, en las que su intervención -importa
dejarlo bien claro- ha sido más bien escasa, más allá de algunas cuestiones
fundamentales, como las dos a las que se ha hecho alusión. Depositó toda su
confianza en Niall Binns, en Adán Méndez (que ha tenido una participación
destacada en el segundo volumen) y en mí mismo, y adoptó el papel de espectador
de nuestro trabajo, que ha "autorizado" en la doble acepción del
término: la que se deriva de su condición de autor de las obras en cuestión, y
la que se desprende de su autoridad para dejarnos hacer más o menos a nuestro
antojo.
Los trabajos relativos al primer volumen
contaron con el estímulo que suponía sacar a la luz abundantes textos que
llevaban mucho tiempo apartados de la circulación y que arrojaban una luz nueva
sobre la que podemos considerar la "etapa heroica" de la antipoesía.
Los relativos al segundo, han contado con el aliciente aún mayor de seleccionar
y ordenar un magma muy confuso de materiales cuya dispersión amenazaba con dar
la impresión de que, concluida esa "etapa heroica", la antipoesía se
había limitado a sobrevivir a los tiempos, cuando la verdad es muy otra: en el
camino que va desde la publicación de los primeros Sermones y prédicas del
Cristo de Elqui hasta la edición autorizada, en 2006, de
los Discursos de sobremesa (que según Parra suponen el
"aterrizamiento" de la antipoesía, el desenlace de "todos los
experimentos anteriores") se despliega una operación poética cuyos alcances
van mucho más allá de las fronteras ya en su momento dinamitadas por
los Artefactosde 1972, que como Parra dijo venían a ser "la explosión
del antipoema".
Con todas sus limitaciones (indicadoras
tanto de la vastedad como de la naturaleza irreductible de los materiales
comprendidos), este segundo volumen de sus Obras completas contribuye
a dar a conocer a un poeta con una abrumadora capacidad de renovación, al que
de ningún modo pueden dar por leído, mucho menos por conocido, quienes lo toman
solamente por el autor de Poemas y antipoemas o de Obra
gruesa . Un poeta que aparece y desaparece bajo máscaras sucesivas,
siempre cambiantes, y que ha acertado a encontrar en cada ocasión la adecuada
para, reinventándola, hacer prevalecer su voz insumisa aun en tiempos tan difíciles
como fueron los años negros de la dictadura pinochetista.
Lo dejó escrito el mismo Nicanor, y sin
duda podría repetirlo en vísperas de cumplir 97 años: "No se termina nunca
de nacer".
Cuando diseñábamos el proyecto de sus
"Obras completas", a Parra se le antojó sugerir, consecuente con su
militancia en este campo, que se imprimieran en papel ecológico.
Este segundo volumen de sus Obras
completas contribuye a dar a conocer a un poeta con una abrumadora capacidad de
renovación.
La irradiación de Nicanor Parra ANTIPOESÍA
Su influencia fuera de Chile
En la misma época -comienzos de los años
50- en que Nicanor Parra se encontraba en Inglaterra estudiando cosmología, el
crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal investigaba allí sobre Andrés Bello.
Nunca lograron encontrarse, a pesar de los intentos del segundo por conocer al
primero: admiraba su obra y, sobre todo, le intrigaba la imagen que de él le
daba un amigo en común inglés como un hombre lleno de humor y agresividad, lo
que le parecía inconciliable con los poemas melancólicos y sentimentales que le
conocía. El crítico al menos pudo verlo, pues Parra viajó de vuelta a América
en el mismo barco que él: "Pequeño, compacto, con una cabeza de enorme
frente despejada y unas arrugas simiescas, cavadas sin duda desde la infancia,
que le dan una mueca permanente de feroz alegría, los ojos intensos y algo
fijos en los que también baila una risa; en la boca, en cambio, una sonrisa
triste, casi de dolor, y tierna". No se conocerían tampoco entonces, pero
más tarde serían amigos.
Que la percepción de esa contradicción, de
esa sonrisa dolorosa de Parra, ocurra antes de la publicación de Poemas y
antipoemas, quizá demuestre la importancia de esos años ingleses en la
evolución de su obra. En una famosa carta dirigida a Tomás Lago y fechada en
Oxford, en noviembre de 1949, Parra señalaba una serie de ideas y parecía que
ya entonces tenía muy claro qué deseaba y qué no deseaba hacer. Junto con
desestimar la poesía egocéntrica, la solemnidad y la gravedad, a favor de una
poesía objetiva, propugna al poeta como alguien que describe fríamente un
hecho. Agrega: "Estoy en contra de los tristes y los angustiados, de la
misma forma que estoy en contra de los bufones, estilo Huidobro. También me
rebelo en contra de los profetas y en contra de los pensadores proféticos
estilo T. S. Eliot". Podrá discutirse cuánto, para no ser triste o
angustiado, más adelante haya cedido Parra a lo bufonesco o lo profético, pero
lo cierto es que esa poesía empapada a la vez de humor y desencanto, de frustración
tragicómica, nace entonces, e irá incorporando innovaciones, su tono irónico o
sarcástico, la adopción de voces diversas en monólogos dramáticos, distintos
énfasis o incluso exacerbaciones: lo cotidiano, lo formulario o lo sentencioso.
Suele afirmarse que con Poemas y antipoemas, en 1954, cambia el rumbo de
la poesía hispanoamericana. Y que ahora Parra sería uno de los grandes poetas
vivos del idioma y tal vez el más influyente en la actual poesía
latinoamericana. ¿Es así?
En castellano
El poeta y profesor escocés radicado en
España, Niall Binns, en la "Introducción" al primer tomo de las obras
completas de Parra, lo considera "la figura más importante en la historia
de la poesía hispanoamericana contemporánea", cuya importancia se manifiesta
en toda la lengua, aunque reconoce que la poesía española ha permanecido inmune
a sus propuestas (pero es apreciado por la academia, como demuestran los
trabajos de Álvaro Salvador, María Ángeles Pérez López o del propio Binns).
Julio Ortega, profesor en Brown y compilador
de la antología de Parra Poemas para combatir la calvicie (FCE, 1993)
opina sobre su influencia latinoamericana: "Parra renueva la gran
tradición de la poesía como crítica del lenguaje. Darío se fue al francés para
poder escribir en español, Vallejo tachó la lengua natural para hacerle decir
otra cosa, Borges volvió del inglés con un lenguaje más analítico, José María
Arguedas purificó al español desde el quechua, Lezama Lima dejó de hablar en
español para hablar en un idioma barroco que forjó. En ese magnífico linaje,
Parra introdujo la idea de que la poesía sólo puede ser antipoesía. Esto es,
lenguaje hecho no en la parte del yo sino desde el lado del tú, y, por eso,
irónico, sincrético, dialogado, horizontal, crítico e inclusivo".
Elvio Gandolfo, en la
antología Parranda larga (2010), señala que su recepción e impacto en
América Latina fue y sigue siendo disparejo: en algunos es escaso, mientras en
otros (Chile, Argentina, Uruguay o Nicaragua) fue marcado. Consultado si hay
países donde su figuración ha sido mayor, Julio Ortega responde: "En
primer lugar, en Estados Unidos, donde su poesía fue traducida de inmediato por
los grandes poetas norteamericanos. Sin duda, en Perú, donde la poesía tuvo
siempre vocación civil y crítica. Y en Nicaragua, donde los grandes poetas
sumaron la poesía latina y la norteamericana en una gran conversación, hecha
más viva por un humor parriano. En México, contra el peso tradicional del
lirismo, José Emilio Pacheco ha sido un interlocutor vivo de Parra".
¿Y Colombia? El escritor Darío Jaramillo
Agudelo ha señalado la importancia de Parra para él. "Cuando descubrí la
necesidad de escribir poesía en medio del drama de mi rechazo al formalismo y
al engolamiento de la poesía que me enseñaban en el bachillerato, entonces vino
Parra y me señaló unos caminos que yo tendría que volver míos". También
habría sido esencial para María Mercedes Carranza y aprovechado por poetas de
esa generación: Juan Gustavo Cobo, Fernando Garavito, Elkin Restrepo. "Hoy
en día, conjeturo, Parra es leído por los jóvenes poetas colombianos y don
Nicanor, pienso, forma parte de su educación sentimental".
En inglés
Estados Unidos, si bien le significó a
Parra algunos incordios (el famoso té con la esposa de Nixon, en 1970, que le
valió el fin de las buenas relaciones con el campo socialista y la izquierda
latinoamericana), es donde primero fue reconocido fuera del castellano. Así, la
traducción de Poems and Antipoems (1967) -con versiones de William
Carlos Williams, Ginsberg, Ferlinghetti y otros- recibió una elogiosa y
destacada reseña del poeta Mark Strand en The New York Times.
Marlene Gottlieb, profesora en Manhattan
College y estudiosa de Parra, indica que él ha tenido mucha influencia en la
poesía del país: "Los llamados poetas de la generación beat (Allen
Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, Gregory Corso, entre otros) han reconocido
públicamente la importancia que ha tenido Parra en su poesía. De hecho, lo han
traducido y lo han recitado públicamente. Reconocen (y las generaciones más
jóvenes y actuales también) especialmente cómo Parra liberó el lenguaje poético
de la retórica académica y minoritaria, cómo actualizó la poesía metiendo
alusiones al contexto contemporáneo, cómo bajó a los poetas del Olimpo para que
no se consideraran seres especiales ni profetas". Dave Oliphant, profesor
en la Universidad de Texas en Austin, además de poeta e historiador de jazz ,
es el traductor de Discursos de sobremesa (2006), comoAfter-dinner
declarations (2009), de Parra. "La influencia de la antipoesía de
Nicanor Parra en los Estados Unidos no se nota fácilmente, pero sí existe. Yo
conozco a varios poetas que me han dicho que la obra de Parra ha sido muy
importante para ellos, a pesar del hecho de que ellos no escriban como él -y en
realidad, ¿quien puede? También conozco a lectores que no escriben que me han
sorprendido por su conocimiento de los libros de don Nicanor".
Cuando Mark Strand reseñó a Parra, sólo
había publicado un libro, pero, con posterioridad ha sido reconocido como uno
de los mayores poetas estadounidenses: en 1990 fue nombrado "poeta
laureado" de Estados Unidos y en 1999 recibió el Premio Pulitzer.
Consultado sobre Parra en Estados Unidos y su influencia, señala: "Creo
que Nicanor Parra es uno de lo mejores y más originales poetas del siglo
pasado. Las estrafalarias casi-narraciones en su libro de 'antipoemas' han sido
tanto una inspiración como una influencia en mi propio trabajo, mucho más,
digamos, que los poemas de Pablo Neruda. No puedo decir con seguridad si él es
o no muy leído por los jóvenes poetas en los Estados Unidos. No estoy seguro si
los poetas jóvenes leen mucho de alguien. Para mí y para otros poetas de mi
generación, es un maestro, una de las grandes figuras de la poesía del siglo
veinte".
Articulo : http://diario.elmercurio.com 04/09/2011
Caricatura de : Galerie
de Azarias Muñoz Zúñiga

