Entrevista Pensadores chilenos:
Carla Cordua y Roberto Torretti: La
complicidad de un matrimonio de filósofos
Por Juan Ignacio Rodríguez Medina
Los recientes ganadores del Premio
Nacional de Humanidades hablan de filosofía y literatura, de actualidad y de
sus gustos: "Este premio pudiera darles que pensar a esas personas que
creen que la filosofía no tiene nada que agregar a la educación de un
adolescente", dice ella.
Seamos sinceros. La filosofía no importa
mucho en Chile (lo que importe o no en el resto del mundo sería tema de otro
artículo). Claro, están las declaraciones que hablan de la necesidad de
desarrollar el pensamiento crítico, de cultivar el espíritu, de que el
desarrollo no se reduce a lo material, etcétera. Pero los hechos dicen que la
filosofía ha retrocedido en los programas de estudio de la enseñanza media: que
ha retrocedido en horas y que lo poco que queda se ha salvado a costa de pasar
por filosofía lo que más bien son cursos de psicología o de orientación para
formar buenos ciudadanos.
En ese Chile, toca que dos filósofos,
Carla Cordua (Los Ángeles, 1925) y Roberto Torretti (Santiago, 1930), que son
marido y mujer, acaban de ganar el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias
Sociales. ¿Puede leerse esto como una reivindicación de la disciplina
socrática? "Como usted sabe -responde ella-, hace pocos días Arturo
Martínez dijo algunas lindezas sobre la filosofía, y en ese sentido el premio
es muy oportuno porque se ve que no todo el mundo comparte esas ideas tan
feas". Y tras reír agrega: "Además, encuentro que este premio pudiera
darles que pensar a esas personas que creen que la filosofía no tiene nada que
agregar a la educación de un adolescente. No sé si ese será el resultado, pero
podría ser".
Sentado frente a ella, en la casa que
ambos comparten, Roberto Torretti se suma al diálogo y complementa: "Creo
que minimizar el horario de filosofía en la enseñanza media es tan
cuestionable, por último, porque justamente es en la adolescencia, o al menos
en mí adolescencia fue decisivo tener un profesor de filosofía que despertó mi
interés en el mundo y en la sociedad".
Comunidad intelectual
Este matrimonio de filósofos vive en Las
Condes, en una casa que esconde sus paredes tras estanterías llenas con libros,
unos siete mil, y que posee una escalera que pone al visitante en la
encrucijada de girar a la izquierda e ingresar en el escritorio de Carla
Cordua, o hacerlo a la derecha donde está el de Roberto Torretti: "Sí, sí,
porque tenemos horas separadas -explica ella-. Yo duermo muy poco y muy mal y
además llevo una casa. Entonces no podríamos trabajar en el mismo sitio.
Además, Roberto se queda hasta muy tarde en la noche...". "Pero no
trabajando, más bien escuchando música", aclara él.
-"Películas, de noche ve películas.
Yo hace años que no veo una, soy completamente ajena al cine".
-"En realidad tuve un par de años de
cine, cuando compré una computadora con una pantalla grande, de 23 o 21
pulgadas. Ahí me dio un ataque de comprar devedés, primero de ópera y después
películas clásicas, o sea: Bergman, Chabrol y... ¿cómo se llama este loco que
es tan bueno?"
-"Iñarrartu".
-"¿Quién?".
-"Iña..."
-"Ah, no, ese me encanta, pero ese es
actual, yo estoy pensando... Godard. Y después lo dejé porque empecé a
aburrirme y me dediqué a la biología; pasé dos años estudiándola y publiqué un
par de artículos".
Escritos separados, entonces. Pero una
vida en conjunto -se casaron hace 58 años- y una comunidad intelectual que
trasciende las aparentes diferencias de sus respectivas preocupaciones; la
filosofía de las ciencias en el caso de Torretti; la filosofía y la literatura
en el de Cordua: "A partir de un momento, trabajamos en temas distintos.
Sin embargo -explica Torretti-, cuando yo, por ejemplo, y no ella, estudio la
Teoría de la Relatividad lo hago con un enfoque esencialmente
histórico-cultural, entendiéndola como obra humana, lo que sería...".
-"Que sería mi mismo enfoque",
completa ella.
-"Un libro mío se llama 'Creative
Understanding', 'Entendimiento creador', o si usted quiere, 'Entender
creando'... creando los conceptos que le van a permitir a uno entender. Y eso
es decisivo para mi modo de ver, y creo que para Carla también".
-"Sí, naturalmente. Eso es lo que nos
da la filosofía".
-"Esa es la comunidad intelectual
inseparable a la que aludía el fallo del jurado. Eso es una realidad, de la que
no sé cómo se enteraron, pero es una realidad", remata Torretti mientras
su esposa ríe.
-Entonces discuten sus trabajos
RT : "Sí, yo leo todo lo que
ella escribe y ella lee todo lo que yo escribo".
CC : "Nos corregimos".
-Kant y Wittgenstein han sido grandes
pasiones para ustedes...
RT : "Ambos para ambos, porque a
Kant lo leíamos juntos. Como no podíamos leer del mismo libro teníamos que
hacerlo sucesivamente, pero sentados casi de espalda uno al otro, en una
piececita calefaccionada en Alemania, el año 53. Y Wittgenstein vino después.
Yo nunca lo había leído, hasta que el 55 me pidieron que hiciera una traducción
del Tractatus aquí en Chile. Yo necesitaba trabajo y el Departamento de
Filosofía me lo pidió... al final ni se publicó ni me lo pagaron".
-¿Aún tiene vigencia Wittgenstein?
CC : "Sí. El giro lingüístico es
muy importante, en el sentido de que usted ya no puede pensar, por ejemplo, que
la filosofía es un modo de relacionarse el hombre con verdades eternas. No
puede ser así porque los significados de las cosas están en juego en el
lenguaje. Es lo que descubre Wittgenstein, y el lenguaje es una realidad
histórica cambiante. No es que sea necesario citar a Wittgenstein, pero ya no
hay gente que crea que cuando escriben un librito de filosofía están agregando
algo a una gran caja en la que se guardan las verdades eternas".
RT : "Lo único que yo agregaría
es que esta afirmación tan general de ella, 'ya no hay quien crea en eso',
claro, se refiere a los que están en la punta de la historia, porque así como
todavía hay pueblos que llevan su tráfico en carretas con bueyes, también hay
filósofos -que incluso ocupan cátedras de filosofía- que no se han dado cuenta
de lo que ella dice".
-Borges escribe que "la metafísica es
una rama de la literatura fantástica". ¿Qué les parece?
CC : "Borges hizo lo posible por
crear una literatura que produjera en los lectores el asombro que produce la
existencia del mundo, y esa afirmación sobre la filosofía es parte de eso. Él
jamás puso una frase por escrito que no estuviera guiada por la intención de
producir sorpresa, de llamar la atención. Lo que quiere, o lo que querría, es
obtener ese asombro metafísico que se dice que es el origen de la filosofía,
pero como el asombro es una cosa espontánea -una cosa que tiene que ver con la
existencia de cosas difíciles de entender o con el descubrimiento de cómo son
las cosas-, no se deja manejar técnicamente, ni por el más grande de los
escritores".
RT : "Como habrá visto, Carla
conoce mucho a Borges. A mí me gusta bastante, he leído su narrativa casi
entera, pero no lo he estudiado y entonces no puedo decir algo tan interesante,
ni tan fundado como lo que acaba de decir ella. Me concentraré en la frase que
usted citó. Si uno entiende la literatura fantástica en un sentido estricto,
hasta las novelas de Dostoievsky no son literatura fantástica, sino realista.
En ese sentido, entonces, ni toda la literatura es fantástica, ni mucho menos
la filosofía. Pero si tomamos fantástico para decir «creador de algo que no
estaba ahí» -digamos, antes de que hubiera hombre en el mundo no había las
cosas que han pensado los metafísicos, se acaba la humanidad y se acaban todos
los objetos de la metafísica, los pensados por los metafísicos, aunque ellos
creen que sigue habiéndolos-, si tomamos así lo fantástico , pues es lo que le
decía antes: hasta la física y sobre todo la matemática son literatura
fantástica; y entonces, por qué no la metafísica".
Educación, Estado e Iglesia
Eso sobre la filosofía y la fantasía. En
un terreno más cotidiano, y puesta a pensar sobre las manifestaciones
estudiantiles, Carla Cordua confiesa que simpatiza con dicho movimiento,
especialmente si se trata del buen o mal uso de los recursos públicos:
"Que desaparezca todo beneficio económico del sistema entero de la
educación, no sé, pero hay que vigilarlo, cosa que no se ha estado haciendo, y
en ese sentido -sube la voz- reclamo que las platas públicas sean controladas
estrictamente, en eso estoy totalmente de acuerdo".
A Torretti, también le preocupa el destino
de los dineros estatales: "Darle subsidio del Estado a instituciones
confesionales, aunque pertenezcan a la iglesia que agrupa a la de la mayoría
del país -en una República en la que hay separación entre la iglesia y el
estado-, a mí me parece que es bastante problemático, por decir lo menos".
-¿Qué aficiones no intelectuales tiene
cada uno?
CC : "Me gustaría mucho poder
viajar, pero no lo puedo hacer, aunque antes lo hice y lo disfruté mucho. Me
encanta conocer cosas que no conozco, me encanta el trópico, los climas
diferentes del de aquí, me fascina el desierto -de eso tenemos bastante-.
También me gustan los museos, las obras de arte, la música. Pero básicamente
dedico mi tiempo a una actividad intelectual, tengo, cómo le puedo decir, tengo
pocas distracciones, no practico ningún deporte. Me encanta jugar, pero no
juego ningún juego -cuenta mientras ríe-, entonces no sé muy bien cómo contestarle,
¿usted me pregunta por mis gustos o por mis actividades?, porque no hago lo que
me gusta, casi nunca lo hago -vuelve a reír-, trabajo mucho y no siempre me
gusta, pero estoy acostumbrada. Querría viajar, salir de paseo, conversar con
mis amistades, pero no tengo tiempo para esos deportes"
RT : "En realidad ella es mucho
más absorbida por su trabajo, yo soy mucho más ocioso. Pero lo que yo hago
usted lo llamaría intelectual: oír música, en discos. Ahora estoy oyendo mucho
con unos audífonos muy buenos -simula estar poniéndoselos-. Cuando estoy
cansado me los pongo y me tiendo. Así es que yo llevo horas de música en las
que ella ha estado leyendo o trabajando sobre filosofía o literatura".
-¿Hay recreos comunes?
CC : "Caminar... por orden
médica eso sí, no por deporte. Porque como estamos todo el día sentados, los
médicos nos amenazan con las peores desgracias físicas si no nos movemos. Así
es que caminamos casi todos los días...".
RT : "Salvo cuando algo lo
impide o cuando está lloviendo... que también sería algo que lo impide, pero
quiero decir cuando hay otro compromiso a la hora que caminamos en la tarde,
pero hoy vamos caminar".
La filosofía y debate público
Si hay algo que se dice sobre la filosofía
chilena, es que está muy enclaustrada en la academia, muy ajena a lo que pasa
en el país. Carla Cordua no cree que sea así: "Mucho más abstraídos de la
realidad del país y de las personas están los matemáticos. Yo no diría que
la gente que se dedica a la filosofía en Chile viva en una especie de torre de
marfil, al contrario, están tal vez excesivamente interesados en lo que pasa en
el paíspara bien de la disciplina, que también es muy exigente y que para ser
bien cultivada necesita de cierta abstracción, de cierto retirarse de la pelea
de todos los días".
¿Y el debate público es bueno? Responde
Roberto Torretti: "Cuando veo, por ejemplo, que ciertos columnistas
famosos de "El Mercurio" son seguidos por el mismo público, y
entonces siempre está una cohorte cerrada en apoyarlo y otra en encontrar
todo malo, pienso que el debate público no es lo que se esperaría de él. Pero
no considero que eso sea una peculiaridad de Chile, ni siquiera de nuestra
época. No, los hombres han sido y seguirán siendo siempre así, muy pagados
en sí mismos, ideáticos, como se decía antes en el campo, o sea, con sus
propias ideas fijas".
Articulo : http://www.emol.com/
11/09/2011
