La juventud perpetual
Frédéric Beigbeder es, junto a Michel
Houellebecq, el autor más exitoso y traducido de la Francia actual.
Figura muy mediática, ha colaborado como
cronista de la noche o crítico literario en revistas, periódicos y televisión,
hasta que publicó 13.99 euros , que permaneció meses en las listas de
bestsellers, pero fue la causa de su despido en la agencia de publicidad en la
que trabajaba, al revelar los secretos de la propaganda moderna. Windows
on the World ySocorro, perdón , así como Último inventario antes
de liquidación , en el que reseña en forma desprejuiciada los 50 mejores
libros del siglo XX, confirmaron a Beigbeder como heredero de la tradición
satírica o del furor declamatorio que ha producido a esos genios del
descontento que son Molière, Voltaire, Diderot, Victor Hugo, Zola y tantos
otros que han iluminado a una de las grandes literaturas del mundo.
Una novela francesa , su último título,
merecedor del prestigioso Premio Renaudot, es parecida y distinta a todo lo que
antes ha concebido Beigbeder. Parecida, porque se basa, de manera exclusiva y
excluyente, en sus propias vivencias, y distinta, ya que ahora no hay disfraces
u omisiones, sino el retrato descarnado de él mismo, de su familia, de lo que
es capaz de recordar. Hacia el final, en el capítulo llamado
"Mitómanos", nos dice lo siguiente: "Es la historia de una Emma
Bovary de los setenta; es la historia de un niño melancólico porque creció en
un país suicidado, criado por unos padres deprimidos por el fracaso de su
matrimonio; es la historia de la muerte de la gran burguesía cultivada; es la
historia de un país que consiguió perder dos guerras haciendo creer que las
había ganado: es la historia de una nueva humanidad, o de cómo unos católicos
monárquicos se convirtieron en capitalistas mundiales. Así es la vida que he
vivido: una novela francesa".
El suceso que gatilla la escritura es el
arresto de Frédéric, a las puertas de una discoteca, por consumo de cocaína en
la vía pública y los días siguientes bajo detención preventiva en condiciones
infrahumanas. Irónicamente, muy poco después, su hermano, el empresario Charles
Beigbeder, recibirá la Legión de Honor de manos del Presidente de la República.
El problema más grave es que Frédéric, adolescente perpetuo que a los 45 años
se niega a madurar, no logra rememorar nada de su niñez ni de sus primeros
años: "Mi infancia está por reinventarse: la infancia es una novela. Dado
que Francia es una nación amnésica, mi ausencia de memoria es la prueba
irrefutable de mi nacionalidad".
Sin embargo, de modo imperceptible, en la
soledad de la prisión se van abriendo espacios, luces, empiezan a aparecer
rostros, personas, fragmentos de diálogos y aunque Beigbeder no posea la
gigantesca memoria de Proust, a quien cita en un par de pasajes, se las arregla
para componer un cuadro vívido y elocuente de los cataclismáticos cambios que
ha experimentado su patria. La mayor virtud de esta obra es, sin duda, su
honestidad. Y cuando estamos frente a un texto tan honesto, podemos, casi sin
percibirlo, encontrar verdaderos descubrimientos sobre la naturaleza humana,
terreno en el que la literatura mantiene varios cuerpos de ventaja sobre las
ciencias, como lo señala Houellebecq en el prólogo. EnUna
novela... notamos que, en el presente, la vida de un hombre se divide en
dos períodos, la infancia y la edad adulta y que resulta inútil discutir lo
contrario. Quizá en otro tiempo existía una tercera fase, llamada vejez, que
hacía de nexo, pues volvían las reminiscencias de la infancia y ello otorgaba
unidad a una vida humana. Hoy por hoy, eso parece estar desapareciendo.
La familia de Beigbeder, mezcla de la alta
burguesía y la aristocracia provincial, es examinada desde el heroísmo absurdo
de la Primera Guerra Mundial, el comportamiento cuasi suicida de la Segunda
para ser, a partir de 1945, dominada por un intenso apetito de consumo, que
alcanzará un nivel de paroxismo con posterioridad a 1968. El acontecimiento más
divertido y escalofriante tiene lugar cuando los abuelos de Frédéric,
monárquicos, católicos, derechistas, dieron refugio a una familia judía durante
la ocupación alemana porque el arzobispo de Toulouse dijo en una homilía que
todos somos hermanos. Y también, claro está, porque eran gente rica y
distinguida.
Una novela... podría resentirse por
el acusado narcisismo de Beigbeder, que centra la narración en un solo punto de
vista. Aún así, es una crónica fascinante y desmitificadora del mundo
contemporáneo.
Articulo : http://diario.elmercurio.com
18/09/2011
