El Cultural conversa con algunos de los
más destacados escritores y editores helenos, indignados con la clase política
La nueva tragedia griega. Según sus
escritores y editores
Por Nuria AZANCOT
Grecia agoniza a golpe de comunicados
interbancarios, inevitables rescates y rumores de quiebra. Son horas (días,
semanas, meses ya) muy complicadas, acaso inimaginables para un Sófocles que
quizá pudiese escribir una comedia con las conversaciones entre Merkel,
Papandreu y Sarkozy, o para un Homero enfrentado a la odisea que el pueblo
griego padece hoy. ¿Cómo lo viven los escritores y editores helenos?
El Cultural ha conversado esta semana con algunos de los más destacados de ellos, indignados con una clase política que olvidó a los ciudadanos hace tiempo. Se saben unos privilegiados porque publican en todo el mundo y han ganado y ganan dinero sin suspensiones de pago. Pero, como subraya Vassilis Vassilikos, “sentimos en nuestra carne la crisis, porque somos el alma de nuestros compatriotas”.
Vassilis Vassilikos (1934)
Vassilis Vassilikos (Kavala, 1934) es
quizá el escritor griego más conocido en todo el mundo, gracias a su novela Z,
llevada al cine por Costa Gavras con guión de Jorge Semprún. Tras el golpe de
Estado de 1967 se exilió a Francia siete años. Desde 1996 ha representado a
Grecia ante la Unesco, viviendo entre París y Atenas. Entre sus 120 libros
destacan también The Few Things I Know About Glafkos Thrassakis, Hors les murs,
The Harpoon Gun y K.
Comprendí la profundidad de la crisis
económica en la primavera de 2010, como todos, pero confieso que estaba más que
avisado: sabía lo que se nos venía encima desde septiembre de 2004, cuando George
Alogoskoufis, nombrado ministro de economía por el partido demócrata que
acababa de llegar al poder, me confesó en privado que íbamos a estar
pagando al menos durante una década, y de una manera muy, muy amarga, los
elevadísimos gastos que los Juegos Olímpicos de Atenas, que acababan de
celebrarse, habían supuesto.
No nos engañemos: la crisis viene de
lejos, animada por la euforia de los mercados de los años 90, pero ahora se ha
agravado hasta extremos inimaginables, y el saber que estas situaciones estimulan
la imaginación, la creatividad de los escritores y artistas, no nos sirve de
consuelo, por mucho que seamos conscientes de nuestros
privilegios. Quienes ahora lo están pasando realmente mal son, en primer
lugar, editores y libreros, pero resulta inevitable que tanto creadores como
lectores suframos las consecuencias de la crisis por una suerte de efecto
boomerang. Es imposible evitarlo: como escritor, como griego, sufro en mi
propia carne nuestro drama económico, porque escritores y artistas somos la
piel y el alma de nuestros compatriotas.
Lo sabíamos en los años 90, nos lo
confirmaron en 2008: ¿lo denunciamos entonces, lo haremos ahora? Sí. En 1992 en
K, una novela traducida a muchísimos idiomas (aunque no al español) , avisé
sobre los problemas del “dinero virtual”. El eje del libro era algo así como
que “los bancos te ofrecen un paraguas cuando sale el sol, y te lo arrancan
cuando llueve”. Pero, ¿qué quieren?, soy por naturaleza optimista: me gusta ver
la botella medio llena. A lo largo de mi vida he comprobado cómo Grecia ha
sobrevivido a muchos periodos trágicos, y, sin embargo y por primera vez me
siento desarmado. Ahora los griegos nos encontramos en un punto muerto,
porque no estamos en una guerra, ni en un conflicto civil o una dictadura. La
crisis es algo virtual y no puedes luchar virtualmente contra cambios de
cotización virtuales también.
Pietros Márkaris (1937)
Márkaris (Estambul, 1937) ha convertido al
comisario Jaritos en un personaje popular en medio mundo. Estudió Economía en
Viena y Stuttgart y desde 1965 vive en Atenas. Colaborador de Theo Angelopoulos
en filmes como La eternidad y un día, Tusquets publicará en octubre Con el agua
al cuello, con la crisis griega como protagonista. Nada explica mejor cómo ve
Márkaris la situación que esta novela.
En Con el agua al cuello, que pronto
podremos leer en España, el comisario Jaritos investiga el asesinato de un
antiguo director de banco. Nada de lo que Márkaris explique sobre la crisis es
más elocuente que lo que hace decir a sus personajes (“sólo hay un camino para
Grecia: ¡marcha atrás a toda velocidad!”, pág. 54). Un alto cargo de una
agencia de calificación, que también acabará asesinado, proclama: “Verá, Grecia
es como una piedra que cae en el agua: mientras se hunde genera ondas. La
primera onda abarca a los países del sur de Europa. Si éstos no se hunden
también, Grecia tendrá más posibilidades de salvarse. La segunda onda, más
amplia que la primera, abarca a Europa entera, tiene una moneda común pero
carece de una política económica general, y se rige por políticas nacionales
diferentes y contradictorias. [...] En Europa, como en Grecia, sólo
existen grupos e intereses en conflicto, aunque utilicen la misma moneda. En
consecuencia corren el riesgo de cobrar todos en la misma moneda: la
bancarrota” (pág. 129).
Pero sus personajes, desesperados, dicen
más: “Toda Grecia funciona a base de préstamos. Sean hipotecarios, al consumo,
a las empresas o para ir de vacaciones, los préstamos son la palanca que mueve
al mercado griego. Los bancos tienen como rehén a más de la mitad de la
población griega. Ahora, con la crisis, las cosas han empeorado” (pág.
231).
Apostolos Doxiadis (1953)
Nacido en Brisbane, Australia, en 1953,
Doxiadis creció en Grecia e ingresó con 15 años en la Universidad de Columbia
para cursar estudios de Matemáticas. También estudió en la École pratique des
hautes études de París matemáticas aplicadas al sistema nervioso. Novelista,
dramaturgo y cineasta, en 1992 publicó El tío Petros y la conjetura de
Goldbach. Su último libro es una novela gráfica, Logicomix, sobre ciencia.
Dicen que la crisis comenzó hace apenas 20
meses, pero cualquiera podía ver lo que se nos venía encima. Un país, como
un hogar, no puede gastar más de lo que gana ni sobrevivir a base de préstamos. Lo
sabíamos, pero políticos, banqueros y gran del sector público siguió
empujándonos más y más profundamente en esa senda autodestructiva.
Como consecuencia, hoy los griegos nos
sentimos aburridos y deprimidos; apenas hablamos de otra cosa que no sea de
política, y la vida cultural se ha resentido. Las editoriales están sufriendo
especialmente la crisis. Las ventas de libros se han derrumbado los
últimos dos años, descendiendo casi hasta la mitad, aunque paradójicamente la
gente lea más, ya que se prestan muchos más libros de los que se compran.
Como a muchos intelectuales griegos, me
preocupa que la crisis pueda empujarnos a asumir soluciones destructivas,
fáciles y populistas. Creo en Europa, y creo que Grecia debe cumplir con honor
con sus compromisos olvidando la corrupción y la incompetencia de muchos
políticos. Por eso soy y no soy optimista. Creo que debemos pasar a la
acción. Es una de las paradojas de nuestro pasado: cuando un país es pobre
como Grecia lo ha sido 30 de los últimos 40 años, el pueblo está lleno de
energía, esperanza y voluntad. Cuando se siente rico, pierde su
espíritu.¡Déjenme creer que podemos recuperar esa fe en nosotros y en nuestro
porvenir!
Yanis Varoufakis (1961)
Desde hace meses su Vocabulary of the
crisis figura en los primeros puestos de los libros más vendidos de no ficción
en Grecia. Yanis Varoufakis (Atenas, 1961), que rechazó un puesto en el
gobierno Papandreu, ha dado clases en universidades de Reino Unido y Australia,
y en la actualidad dirige el Departamento de Política Económica de la
Universidad de Atenas.
No es la primera vez que Varoufakis lo
dice ni será la última: los nuevos planes de ajuste griegos no pueden funcionar
porque sólo pretenden “exprimir a los ciudadanos; es como matar a la vaca de la
que quieres sacar la leche”. Más aún: “ni siquiera si se nombrara a Dios
todopoderoso como ministro de Finanzas podría arreglar nuestro tremendo
problema actual”. Su visión, despiadadamente objetiva, hace furor en su país,
donde también son bestsellers títulos como Greece, land of crisis, de
Vassilios Markezinis, los libros de Stephane Hessel, o el manifiesto anónimo de
los economistas aterrados. De gira los últimos días por Irlanda, Varoufakis ha
vuelto a dejar claro que no “podemos permitir que el colapso económico destruya
una generación entera de jóvenes griegos. Esa no puede ser la
respuesta. No sólo el futuro económico de Europa que está en peligro. Es
la misma democracia occidental la que estamos poniendo en juego.” Por eso,
habla del efecto dominó de la crisis no sólo en Italia o España, sino también
en Francia e incluso Alemania. Y sigue pensando que ahora mismo “la Unión
Europea es un bebé roto”, y que, lamentablemente, todas las medidas
comunitarias para proteger al euro y a Grecia sólo han servido para ganar
tiempo, “aunque no saben qué van a hacer con él”.
Evgenía Fakínou (1945)
De Evgenía Fakínou (Alejandría, 1945) se
ha escrito que es mejor que Salman Rushdie o Pamuk. En 1976 creó el
Denekedoupoli puppet theatre, se consagró como autora para niños y alcanzó la
fama con sus libros para adultos con obras como Astradhení, Tyflómyga :
mythistórima, To Évdhomo Roúho, o el libro de poemas Amor, verano y
guerra (Sirpus, 2005). Su obra se ha traducido al francés, al inglés, al
ruso, al alemán, al italiano y al español.
Dice Evgenía Fakínou que ni en sus peores
pesadillas podía imaginar una realidad tan triste como la que atraviesa su
país. Sus relatos para niños no contemplaron jamás un monstruo como la crisis,
ni sus poemas más tristes contemplaron un dolor peor que la pobreza que amenaza
a la mayor parte de Grecia. “No me imagino -ha explicado- lo que las
protagonistas de To Évdhomo Roúho, que soportaron sobre sus hombros grandes
tragedias, hubieran podido hacer en estas circunstancias”. Y eso que las tres
generaciones de mujeres de la novela se enfrentaron con la guerra de
independencia contra el Imperio Turco o con la invasión nazi durante la segunda
guerra mundial. La diferencia, subraya, es que entonces las mujeres dependían
de ellos, de los ausentes, esos pares, maridos o amantes asesinados, exiliados,
prisioneros, y hoy “nosotras podemos tomar el rumbo de nuestras vidas”. No
es fácil, subraya, pero parece que el Banco Central Europeo no permite que “nos
rindamos precisamente ahora. El futuro de nuestro país, de nuestros hijos, está
en juego. Como escritores y como personas, no podemos bajar los brazos”.
Lo malo, descubre la escritora, “es que
ahora nos sobran argumentos para escribir relatos de terror realmente
espeluznantes y cotidianos. Cada familia que no llega a fin de mes porque a lo
peor el padre, funcionario, lleva meses sin cobrar, merece que contemos su
historia y que ayudemos a la sociedad a no conformarse y a luchar”.
Antonis Malliaris (1941)
Antonis Malliaris fundó en 1960 su
editorial. Desde entonces, ha publicado más de 1.800 títulos, entre los que
destacan enciclipedias como Paedia (20 volúmenes) o Greece,
History and Civilization. La editorial posee sus propias librerías, que son las
más importantes del país.
La crisis económica está castigando
brutalmente a toda la sociedad griega , sin excepciones, y el mundo del libro
no ha sido una excepción. No importa si tu trabajo es cultural o económico, si
eres editor, librero o tienes un supermercado o un taller... el cataclismo
nos ha golpeado a todos, pero quizá más violentamente incluso a quienes nos
dedicamos a esas delicadas áreas, más espirituales y menos necesarias
aparentemente para la vida cotidiana como las relacionadas con la
cultura.
Para que el lector español se haga una
idea, nuestras ventas este año han descendido un veinte por ciento respecto al
año pasado. Por otra parte, el precio de los libros aumentó por culpa de los
impuestos de manera desorbitada, así que títulos que hace diez años costaban
unos 13 euros ahora superan los 20, y el número de novedades ha tenido también
que descender dramáticamente. ¿Lo mejor? Que a pesar de todo, los lectores no
nos han abandonado y siguen comprando libros, pero con las limitaciones que
impone la crisis y la falta de ayudas al sector. Las clases más necesitadas son
las que están sufriendo la crisis con más fuerza, aunque todos estamos
padeciendo un durísimo castigo en nuestros hombros porque los impuestos han
aumentado ya tres veces en lo que va de año. Tenemos la sensación de que se ha -de
que hemos-, perdido el control.
¿Lo peor? Que eso hace que el futuro
parezca incierto y difícil. La situación nos obliga a pensar con inevitable
pesimismo que van a hacer falta muchos años para volver a sostenernos en pie
nosotros solos.
Stefanos Pataki (1945)
Creada en 1974 por Stefanos y Melpomeni
Pataki, la editorial Patakis cuida especialmente los libros educativos, las
enciclopedias y los diccionarios. Posee además una importante cadena de
librerías que comercializa sus libros en todo el país.
Hace siete años, coincidiendo con los
Juegos Olímpicos de Atenas, la editorial Patakis era, según el ministerio
griego de Cultura, la más importante del país, con 367 títulos editados. Siete
años después conserva el primer puesto, con 381 libros anuales, lo que en
realidad no supone un crecimiento muy exagerado teniendo en cuenta que las
cifras de ventas han disminuido dramáticamente, “entre un 20 y un 50 por ciento
respecto al año anterior”.
“Los editores -prosigue un portavoz del
sello- estamos sufriendo la crisis muy especialmente porque se han multiplicado
los impuestos y disminuido los ingresos, pero ¿cómo quejarnos cuando el
país está sumido en la peor crisis económica de su historia y se habla sin
cesar de una posible salida del euro?”. Y, sin embargo, la editorial ha
decidido apostar por el ebook, incluyendo en este formato algunos de sus
bestsellers más populares a pesar de que no parezca el mejor momento.
A diferencia de otros editores que se han
enfrentado con acusaciones de algunos de sus autores por impagos y deudas,
Patakis apuesta por mantener su relación “privilegiada” con sus autores, para
conservar, la misma fidelidad que sellos griegos centenarios como Hestia (120
años de historia) o Ikaros (50 años) han perpetuado con los suyos. En cualquier
caso, si de algo se lamenta es del desconocimiento que de su labor y de
sus autores existe en el resto de Europa, “aunque nos tememos que es algo
mutuo. En los últimos años el número de libros traducidos de otros idiomas
también se ha visto reducido en más de un 20 por ciento, porque ahora al lector
griego le interesa sobre todo leer sobre su crisis”.
Articulo : http://www.elcultural.es 23/09/2011
