Subvenciones a quién, cómo, cuánto, por
qué
Por Nuria AZANCOT
El Cultural se centra en las ayudas a las
editoriales para compras destinadas a las bibliotecas públicas.
La cultura subvencionada ha encendido siempre los mejores debates de los medios, pero ahora, cuando la crisis económica aprieta, se multiplican las voces que cuestionan las ayudas que concede un Ministerio de Cultura descapitalizado y que ha perdido la mayor parte de sus competencias. El Cultural se centra hoy en las subvenciones a las editoriales para compras destinadas a las bibliotecas públicas. Superan los 3,5 millones de euros, y suponen casi 800.000 más que en 2010, aunque no tienen nada que ver con los 8 millones que Sinde reparte en ayudas al cine. Pero, ¿con qué criterios se conceden? ¿Son rigurosas o, entre grandes aciertos, estas ayudas encubren intereses y amigos? En próximas semanas visitaremos las cuentas culturales de comunidades autónomas, ayuntamientos y diputaciones. Los resultados son asombrosos.
Este año, el Ministerio de Cultura va a dedicar 3.649.601,50 euros para comprar libros españoles destinados a las bibliotecas públicas. Las beneficiadas son 275 editoriales de muy diverso pelaje y condición, treinta más que en 2010, cuando el montante ascendió -¿sólo?- a 2.891.712,32 euros. Nada que ver con las ayudas, más generosas, que recibe el cine, aunque eso sea cuento largo, mucho más polémico y largo...
Los problemas para las subvenciones a los
libros, sin embargo, comienzan desde el principio: editores que prefieren
no decir su nombre -“para no perjudicarnos ni perder subvenciones futuras”-
lamentan la composición de la comisión que el Ministerio designa para examinar
y valorar las propuestas. La de este año estaba formada por Rogelio
Blanco, director general del Libro; Mónica Fernández, subdirectora general;
Antonio María Ávila, director de la Federación del Gremio de Editores, mientras
que como expertos en creación aparecen Ramón Irigoyen; Clara Sánchez, Rosana
Acquaroni y Ángel Zapata (los más cuestionados por editores y autores, al ser
jueces y partes interesados). También hay una representante de las Bibliotecas
de la Comunidad de Madrid (María Jesús Martínez); uno del área de Edición y
Prensa de la Generalitat catalana, Marià Martí; una experta en el área de
biblioteca (Maribel Cuadrado), y como secretario, Javier Pascual, Jefe de Área
de las Letras Españolas, al que algunos editores agradecen personalmente las
ayudas recibidas.
Entre los criterios fundamentales para
conceder las ayudas se subraya que cada editorial puede presentar un máximo de
10 títulos y que el número máximo de proyectos será el 50% de la producción editorial
de la empresa en 2010; que los libros deberán tener una tirada mínima de 1.200
ejemplares, deben ser inéditos, o bien ha de tratarse de una obra cuya última
edición date de más de 15 años. También se priman obras de referencia y
consulta (enciclopedias, diccionarios, historias, bibliografías, etc.); de
pensamiento, de ficción, y de carácter infantil y juvenil. Y, sin
embargo, los editores pequeños o bibliodiversos lamentan que el Ministerio
destine parte de las ayudas a los grandes grupos tipo Planeta o Random House,
que poseen recursos propios más que sobrados; los medianos denuncian el trato
de favor a los bibliodiversos y la ignorancia del jurado a la hora de
seleccionar libros que ya existen en el mercado, y los grandes grupos apuestan
por mantener la confidencialidad y el secreto, como hacen también las
editoriales universitarias, que, en algún caso, admiten haber solicitado sin
fortuna esas ayudas -¿existen obras de referencia más seguras que las suyas?-,
“porque las gestiones para hacer la petición son muy costosas (en tiempo y en
dinero) y los requisitos suelen ser excluyentes para editoriales universitarias
que no publican traducciones de otras lenguas extranjeras”.
Y el ganador es: Tierno Galván
Las setenta páginas de la resolución del
Ministerio de este año, pendiente de posibles recursos y reclamaciones
imposibles, está cuajada de sorpresas. Para empezar, llama la atención que
Aranzadi resulte la editorial más beneficiada, teniendo en cuenta el número de
obras subvencionadas de este sello (1), el número de ejemplares comprados
(400), y, sobre todo, el título del libro y el autor: Tomo
VII de las Obras Completas (1982-1986) de Enrique Tierno Galván.
Total, sólo 17.680 euros.
Más. Abada, la editorial cofundada por
Juan Barja, director del Círculo de Bellas Artes, y muy vinculada a este centro
patrocinado por la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento y el Ministerio, recibe
28.050 euros por la compra de ejemplares de seis de sus minilibros.
Las más beneficiadas
Además, el Ministerio ha comprado 500
ejemplares del último premio Biblioteca Breve, Leonora, de Elena
Poniatowska (Seix Barral) por un importe de 8.925,00 euros. “Como si lo
necesitara el Premio, tan generosamente dotado, la promoción en los medios, o
el poderosísimo sello”, deslizan los mismos editores anónimos que se muestran
“escandalizados por ayudas” como los 3.000 euros dedicados a la reedición
de Memorias de un desmemoriado, de Benito Pérez Galdós (Nadir), publicada
hace menos de cuatro años por Visor, por lo que difícilmente puede considerarse
como el rescate de un titulo perdido hace más de tres lustros.
¿Las editoriales más favorecidas? Marcial
Pons y Ramón Alba Sanz, editor de Polifemo (destacado miembro de los editores
bibliodiversos de Madrid). Mientras la primera recibe 43.562,50 euros por la
compra de ejemplares de nueve novedades (es la más subvencionada, con
diferencia), Ramón Alba (sic) obtiene por la compra de 300 ejemplares de
cinco títulos un total de 43.350 euros, por obras como Las Guardias Reales
de los Austrias hispanos, de José Eloy Hortal (por 300 ejemplares de esta obra,
el Ministerio paga 11.475 e.), mientras dedica 8.925 a otros 300
de Báltasar de Zuñiga: una encrucijada de la Monarquía hispana, de Rubén
Gónzalez. Por su parte, Akal consigue 40.460 euros por siete novedades y
Galaxia Gutenberg, 37.825 euros por la adquisición de ejemplares de cinco
novedades entre las que destaca el recentísimo Diario anónimo de
Valente.
Ediciones del Viento alcanza 34.850 euros
por cuatro títulos. Su editor, Eduardo Riestra, confirma que su experiencia con
las ayudas “es muy buena. Este año presentamos seis proyectos y nos concedieron
cuatro, pero con un incremento total importante. Eso se debe a un proyecto
concreto, el de la Historia de Etiopía, de Pedro Páez, un jesuita español
del siglo XVI que descubrió las fuentes del Nilo blanco, y cuya obra íntegra se
encuentra inédita en español. Es un proyecto caro que el Ministerio decidió
apoyar. En general, reconocemos un esfuerzo por parte de Rogelio [Blanco]
de repartir mucho las ayudas para que todo el mundo se beneficie. En cambio, en
nuestro caso, es muy mala, nefasta, la experiencia con la Xunta de Galicia y su
Consellería de Cultura, que tiene un procedimiento similar al del Estado, pero
que sólo subvenciona libros en gallego (independientemente del domicilio de los
editores). También ha sido muy decepcionante y oscura la concesión de las
ayudas de la Dirección general de Política e Industrias Culturales, para
incrementar contenidos culturales en internet. Aquí presentamos un proyecto de
digitalización y comercialización de contenidos, muy bien armado, y sin embargo
apoyaron cosas más estrafalarias, y eso que el presupuesto de la obra era de
casi seis millones de euros y sólo pedímos 23.000” .
Más cifras, con perdón: Analecta recupera
33.872,50 euros por ocho títulos sobre filosofía, arte e historia; Trotta ve
recompensados sus desvelos con compras de 300 ejemplares de cuatro novedades
por un total de 32.640 euros, cerca de Nórdica (32.298 euros por siete
novedades), y Anaya, 31.722 euros por la edición de siete títulos publicados
por Tecnos, Pirámide, Cátedra y Anaya Infantil con laHistoria del urbanismo en
España, de Mª del Mar Lozano (7.776 euros) como estrella. Además, Alianza, que
forma parte del grupo, también solicita sus propias subvenciones: en 2011
pidieron ayudas para cinco libros y las obtuvieron para cuatro, hasta obtener
un total de 20.654 euros. Casi 6.000 euros menos que Siruela, que tambien
obtuvo ayudas para siete títulos (25.901 e.). “Aunque el Ministerio no
comunica los motivos que le llevan a aprobar una ayuda, nosotros pedimos ayudas
para aquellos títulos que son proyectos onerosos, con dilatadas investigaciones
académicas detrás para los que no se prevén ventas masivas”, explican los
editores de Alianza.
Desde el grupo Prisa (Alfaguara,
Santillana, Taurus, Aguilar) comentan que “sí hemos pedido en algún caso
subvenciones a entidades extranjeras que subvencionan la traducción de sus
libros a otras lenguas, pero no al Ministerio de Cultura español”. ¿Por qué? Al
parecer, según la editora Natalia Rodríguez, “pedimos en 2010 una subvención
para unos 10 libros de Alfaguara y Taurus. La ayuda consistía en una compra
para bibliotecas con pago anticipado, y nos la concedieron para cuatro títulos
(uno de Alfaguara y tres de Taurus). En 2011 no llegamos a tiempo”.
Mucho más discretos, los responsables de
Tusques, con Beatriz de Moura a la cabeza, prefieren “mantener la información
confidencial”. El Ministerio de Cultura, más locuaz, confirma que ha concedido
a la editorial en 2011 más de 27.000 euros por la compra de novedades como los
Cuentos de Pinilla, y los últimos libros de Fernando Aramburu, Antonio Orejudo,
Eloy Sánchez Rosillo; Rivero o Corredor Matheos. Por su parte, hace tiempo
que Anagrama, la editorial de Herralde, no pide subvenciones a Cultura sino al
de Industria -Nuevas tecnologías- Plan Avanza para los ebooks, a
través del gremio de Editores.
El grupo Planeta se muestra dividido: sus
responsables no quieren no dar cuentas de lo recibido, aunque las ayudas ya
estén publicadas: el sello madre (Planeta) ha conseguido 17.368 euros por la
compra de ejemplares de cuatro títulos. En cambio, los responsables de Ariel,
Temas de Hoy, Crítica y Paidós no piden ayudas.
El silencio de los corderos
Tampoco el grupo Península/Ediçions 62/El
Aleph busca estas subvenciones salvo para su colección de Clásicos rusos “y el
Ministerio suele concederlas. Pero en nuestro caso son excepciones las veces
que solicitamos ayudas”, destaca el editor Manuel Fernández Cuesta. ¿Por qué?
“Por ninguna razón especial”. Silencio, una vez más... Por su parte, Gredos,
del grupo RBA, obtiene 30.345 euros por cinco títulos, y como tal RBA
otros 22.950 por libros de Ramón J. Sender, Ibargüengoitia, Enrique Moradiellos
y una Historia del Anarquismo español de Josep Termes, sin que los
responsables de la editorial quieran valorar los criterios del Ministerio ni
las ayudas...
La enumeración de los libros comprados
para las bibliotecas (más de 2.500 títulos) resulta casi interminable. Lo importante
es saber por qué tantas editoriales (de Anagrama a Salamandra, de la Biblioteca
Castro a DVD o JdJ), grandes y pequeñas, hace mucho que han renunciado a
concurrir a estas ayudas, o por qué el silencio es la respuesta oficial cuando
las editoriales quieren saber por qué les han sido negadas. Jamás, dicen todos
los editores consultados, obtienen respuesta. Enrique Murillo, editor de
Los Libros del Lince, recuerda cómo al comienzo de su aventura “pedí ayuda para
unos cuántos títulos, ya no recuerdo. Que yo sepa no he tenido otra respuesta
que el silencio administrativo”. Humberto Pérez-Tomé, de Sekotia, insiste:
“Este año no hemos pedido subvenciones, pero el año pasado sí; no nos dieron
nada, ni una razón siquiera. Sencillamente nos dijeron que si nos hubiesen
concedido algo nos lo hubiesen dicho... Todo esto por teléfono porque nosotros
llamamos”. Elena Fanjul, de Nobel, confirma cómo “nosotros no hemos pedido
ninguna ayuda a la edición de libros. No hemos pedido porque la subvención
tarda en concederse, la aprueban en abril, mayo o junio... y en muchos casos no
da tiempo a esperar e incluir la leyenda en los créditos, condición necesaria
para la concesión. Que yo sepa, durante años hemos solicitado esa subvención, y
los del Ministerio nunca han dado razones por las que niegan las ayudas”.
Temor a represalias
Román Piña, responsable de Sloper, comenta
que “sólo he pedido una vez ayuda al ministerio, para un libro, las memorias
del genial músico Pere Bardagi, El desertor profesional, que salió en 2010. Como
ni nos dieron un euro ni nos explicaron por qué, no he vuelto a pedir ayuda”.
Otro editor de poesía y novela (que también, ay, prefiere el anonimato) ha
pedido ayudas “para dos proyectos. No nos han concedido nada y nunca hay una
explicación por parte del Ministerio. Hay mucha intrahistoria que uno no puede
contar sin temor a las represalias. pero que justifica que grupos
multinacionales como Random House o Planeta las perciban”.
Desde Demipage su editor, David
Villanueva, lamenta que sólo les hayan dado una ayuda “por el homenaje a
Queneau a través de los sonetos de Aramburu, Reig, Irazoki, Auserón, Jordi
Doce, etc, ese libro de Los cien mil millones de poemas, una ayuda que
estaba más o menos clara pues es un libro total: libro objeto, participantes de
categoría... Una tristeza, esperaba más de las siete que presenté”. Y dice más,
mucho más. Por ejemplo, “que hay editoriales que reciben subvenciones en
demasía, inexplicablemente, a dedo diría yo, porque están todo el día dorando
la píldora al jurado, me da rabia, no entiendo, siendo las ayudas compras
físicas de libros para las bibliotecas, que haya narrativa extranjera
contemporánea tan vital para las estanterías de las bibliotecas públicas, y
nosotros no hayamos recibido ningún tipo de ayuda para autores noveles, como
Ángela Medina o Eduardo Laporte (primera novela los dos), pues son quienes de
verdad necesitan promocionarse...”
Sergio Gaspar, alma mater de
DVD, cuenta que pidió hace años, en 2005, una subvención, para Campo
abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005) y se le
concedió. Nunca más lo ha intentado, a pesar de no estar en contra de las
ayudas públicas a la edición: “Al contrario, las considero necesarias, muy
valiosas para algunos microeditores, siempre que se gestionen bien, que a veces
se gestionan pésimamente. Por otra parte, ciertas subvenciones que ha
concedido el Ministerio a libros literarios en estos años son muy
discutibles...”.
Pero no todo son duelos y quebrantos:
Jesús Egido, de Rey Lear, celebra que este año le han concedido ayudas a todos
los libros pedidos, nueve en total, aunque recuerda cómo su peor experiencia
“ocurrió el primer año que solicitamos subvenciones. Nos las negaron porque nos
faltaban unos días para cumplir los dos años de existencia que establece la
ley. Nos pareció absurdo, porque en ese tiempo habíamos publicado más que
otras editoriales que llevaban el doble de tiempo que nosotros en el
mercado”.
