samedi 17 septembre 2011

Patricio TAPIA/ J. M. COETZEE: informes sobre la experiencia humana íntima


Visita de Premio Nobel sudafricano a Chile
J. M. Coetzee: informes sobre la experiencia humana íntima
Por Patricio Tapia 

Es uno de los más importantes escritores en activo. Dos veces ganador del premio Booker en Inglaterra y del premio Nobel en 2003, es autor de algunas de las novelas más inquietantes y logradas de las últimas décadas. Esquivo y reservado, este martes hará una lectura en el ciclo La ciudad y las palabras, de la Universidad Católica.

Trabajando en una biografía del escritor J. M. Coetzee, un joven académico inglés decide entrevistar a varias personas. Una de ellas le pregunta por qué la ha elegido, en vez de basarse en sus diarios, cartas y notas. El biógrafo le responde que ha consultado esos documentos, pero no puede confiar en ellos totalmente, no porque Coetzee sea un mentiroso, sino porque es un creador de ficciones: "En las cartas crea una ficción de sí mismo para sus corresponsales; en los diarios hace algo muy similar para sí mismo, o tal vez para la posteridad".

Si todo el mundo, entonces, crea ficciones, si todo el mundo inventa la historia de sus vidas, no habría nada que reprochar al biógrafo. Lo que resulta curioso, en todo caso, es que esta escena forma parte del último libro de Coetzee y que sería la tercera parte de sus "memorias".

Subvirtiendo géneros

Después de una serie de severas, implacables y brillantes novelas, dando cuenta de horrores diversos -desde Tierras de poniente (1974) hasta Desgracia (1999)-, atravesando zonas más alegóricas sobre la violencia - Esperando a los bárbaros (1980) o Vida y época de Michael K . (1983)- o vueltas de tuerca sobre la historia literaria -su versión de Robinson Crusoe en Foe (1986) o de un momento en la vida de Dostoievski en El maestro de Petersburgo (1994)-, Coetzee ha ido en una escalada de trastoques o deformaciones a las convenciones del género. Sus novelas más recientes han sido reuniones de conferencias académicas ( Las vidas de los animales , Elizabeth Costello ); ensayos con opiniones ( Diario de un mal año ), o, de manera inversa, las conferencias y lecturas han tomado la forma de una ficción (como su discurso de aceptación del Premio Nobel).

Si todas ellas se centraban en cuestiones específicamente literarias y rehuían los gestos más obvios del compromiso político, no esquivaban ningún extremo de degradación o dolor: el juez que se arrepiente de colaborar con los torturadores en Esperando a los bárbaros , el jardinero obligado a vivir como un animal en Vida y época de Michael K ., la mujer madura que está muriendo de cáncer en La edad de Hierro , la joven que es violada enDesgracia o el fotógrafo atropellado y luego amputado enHombre lento . Son novelas que en un estilo que "imita" la simplicidad exponen una visión del mundo que dista de ser radiante o tranquilizadora.

Coetzee, por otra parte, es un muy buen ensayista que ha escrito sobre temas que van de la censura al legado modernista y la reseña de libros. Pero ha sido en sus novelas que ha ido incorporando ideas y debates, radicalizando el ímpetu ético que yace en toda su obra, documentando su compromiso con temas de orden más general, como los derechos de los animales o la situación de los inmigrantes. .

Son lecturas exigentes y esquivas a la interpretación. Y lo mismo puede decirse de su autor: distante y retraído, renuente a la exposición pública y, sobre todo, a las entrevistas. Siendo Coetzee un escritor tan escrupuloso con su vida privada, en sus últimos libros ha expuesto detalles íntimos de ella, o al menos ha invitado a la especulación sobre tales detalles.

Vida y época de John C.

De su vida se conocen tantos rumores como escasos hechos, hay dudas que corren desde el significado de las iniciales de su nombre hasta la correcta pronunciación de su apellido. Se sabe que es abstemio, vegetariano, esquivo y reservado; que suele declinar ir a recibir los premios que le otorgan (no fue a los dos premios Booker) y que pueda llegar a parecer catatónico en las reuniones sociales; que no habla de sus obras; que en las raras entrevistas que ha dado suele confinarse en monosílabos, y cuando se espera que indique su opinión sobre algo, entrega un relato cuyo sentido hay que desentrañar.

Si los pormenores de su vida privada son escasos y no del todo verificables, paradójicamente, desde hace un tiempo, sus escritos adoptan la forma confesional, con importantes elementos autobiográficos. Los libros más obvios son Infancia (1997) yJuventud (2002), que abordan, desde sus 10 a 13 años en Sudáfrica, el primero, y su vida entre 1959 y 1964, centrándose en sus años formativos en Londres, el segundo. Ambos libros comprenden exactamente los hechos sabidos de la vida de Coetzee en los años respectivos. Debería agregarse como fuente la tercera parte de su autobiografía, Verano (2009), pero si todos los datos anteriores deben tomarse con cautela, los de este último libro aún más.

Verano

Infancia y Juventud eran las parciales, desoladas y extrañas (narradas en tercera persona y en presente) primeras partes de la autobiografía de Coetzee. Verano es un libro considerablemente más complejo. Según él, el escritor J. M. Coetzee ha muerto en 2006 y un biógrafo está intentando reconstruir su vida entre los años 1972 y 1977, cuando ha publicado sus primeras obras. El biógrafo cuenta con unas pocas notas del muerto, por lo que decide contactar a personas que lo conocieron. Entrevista, entonces, a cinco personas: cuatro son mujeres, de las cuales dos fueron sus amantes. La mayor parte del libro son las transcripciones de esas entrevistas, aunque ellas están atravesadas por diversas formas de distancia (por ejemplo, una de las entrevistas fue convertida en un relato por el biógrafo, tomándose todo tipo de libertades de forma y contenido). El libro cambia algunos hechos: Coetzee aparece soltero y viviendo con su padre, pues la madre ha muerto (en realidad, Coetzee entonces está casado, con hijos y su madre vivirá hasta 1985); el principal hecho alterado, con todo, es que Coetzee no está muerto, sino que justamente escribe el libro.

Si es un autorretrato es uno cubista (hecho de los pedazos de las entrevistas) y tan poco halagador como el de Dorian Gray. La figura, a menudo desagradable que surgía de Infancia y Juventud , aparece ahora igualmente ensimismada, socialmente inepta, reprimida, ingenua y a veces poco apropiadamente romántica, carente de atractivo, atormentada por la culpa y el remordimiento (aunque entre sus pecados se cuentan unos tan menores como, cuando niño, arrancarle la pata a un saltamontes o haber rayado un disco de su padre). Él mismo se considera un tipo lúgubre, un aguafiestas, un hombre rutinario e inflexible. Las personas entrevistadas lo califican de sexualmente autista. Una piensa que "no estaba a gusto dentro de su cuerpo" y otra lo considera demasiado frío, demasiado pulcro, demasiado falto de pasión. "Parecía fuera de lugar, como un pájaro, una de esas aves que no vuelan; o como un científico abstraído que ha salido por error de su laboratorio. También tenía un aire de sordidez, un aire de fracaso", afirma una tercera.

Por otra parte, Verano tiene sorpresivas muestras de humor. Es cierto que en Desgracia había algo de sátira sobre la corrección política, pero no se acerca a los momentos cómicos de este libro: como el encuentro con un antiguo y torpe compañero de escuela, ahora exitoso; o, sobre todo, en el capítulo relativo a la bailarina brasileña de la que Coetzee se enamora y la explicación que él le da de sus teorías educativas o el fallido día de campo que planea.

Informes

Hay gente que considerará a J. M. Coetzee como un escritor frío. Él mismo parece pensarlo y ese juicio lo desliza en varios de sus últimos libros ("La calidez no está en su naturaleza" se dice de John en Juventud , y que el arte del escritor de Diario de un mal año"carece de amor"). Su voz, con todo, puede lograr tonos de dolorosa intensidad, estremecida a veces. Por otra parte, ha logrado abordar voces distintas. En su ensayo sobre Robert Walser, incluido enMecanismos internos (2007), Coetzee cuenta que en una novela el autor suizo se dejaba, al escribir, llevar por el impulso de "experimentar una vida femenina con la imaginación y desde dentro". Él ha hecho algo parecido, con la señora Curren en La edad de hierro o Elizabeth Costello, y quizá si más convincentemente en Verano . Una de esas mujeres opina: "Nos encontramos ante un hombre que, en la más íntima de las relaciones humanas, no puede sintonizar, o sólo puede hacerlo brevemente, con intermitencias. Sin embargo, ¿cómo se gana la vida? Escribiendo informes, informes de experto, sobre la experiencia humana íntima. Porque de eso tratan las novelas, ¿no?, la experiencia íntima". Más allá de si es una definición correcta,Verano no parece ser una confesión sino la escenificación de ella y demostrar la futilidad de conectar la vida del artista con su obra. Pero Coetzee, quien nunca se consideró una figura pública, ha hecho de su vida (o más bien de la cuestión de cómo estructurar la vida) el centro de su obra más reciente y de esa manera ha tornado borrosos los límites entre verdad y ficción, entre novela y autobiografía.

 "En Santiago leeré ficción"

En el libro Doubling the Point Coetzee incluye algunas "entrevistas" y en una explica por qué no le gusta ser entrevistado. "Una entrevista no es solamente un 'intercambio': en nueve de cada diez casos, es un intercambio con un completo desconocido, y un desconocido al que se le permite por las convenciones del género cruzar los límites apropiados en la conversación entre desconocidos. No me considero una figura pública, una figura en el dominio público. Me disgusta la violación de lo apropiado, sin hablar de la violación del espacio privado, que tiene lugar en la entrevista típica". En Verano se comenta su respuesta poco adecuada en una entrevista de trabajo: "Siempre ha tenido ese defecto: tomarse las preguntas demasiado al pie de la letra, así como responderlas con excesiva brevedad".

Antes de llegar a Santiago, Coetzee responde con excesiva brevedad. En Juventud relata sus lecturas de Neruda y Vallejo; en Verano se habla de un curso que impartió sobre Neruda. De manera que tiene cierta familiaridad con la literatura sudamericana. No así en cuanto a viajes: "He visitado Brasil; también, en la esfera latinoamericana, México".

-¿Tiene alguna noción de la literatura chilena?
-Además de Neruda, conozco sólo unos pocos escritores chilenos: José Donoso, Roberto Bolaño, Isabel Allende, Ariel Dorfman.
-¿Qué leerá en Santiago?
-Leeré ficción.

Articulo : http://www.emol.com/ 11/09/2011 

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