Visita de Premio Nobel sudafricano a Chile
J. M. Coetzee: informes sobre la
experiencia humana íntima
Por Patricio Tapia
Es uno de los más importantes escritores
en activo. Dos veces ganador del premio Booker en Inglaterra y del premio Nobel
en 2003, es autor de algunas de las novelas más inquietantes y logradas de las
últimas décadas. Esquivo y reservado, este martes hará una lectura en el ciclo
La ciudad y las palabras, de la Universidad Católica.
Trabajando en una biografía del escritor
J. M. Coetzee, un joven académico inglés decide entrevistar a varias personas.
Una de ellas le pregunta por qué la ha elegido, en vez de basarse en sus
diarios, cartas y notas. El biógrafo le responde que ha consultado esos
documentos, pero no puede confiar en ellos totalmente, no porque Coetzee sea un
mentiroso, sino porque es un creador de ficciones: "En las cartas crea una
ficción de sí mismo para sus corresponsales; en los diarios hace algo muy
similar para sí mismo, o tal vez para la posteridad".
Si todo el mundo, entonces, crea
ficciones, si todo el mundo inventa la historia de sus vidas, no habría nada
que reprochar al biógrafo. Lo que resulta curioso, en todo caso, es que esta
escena forma parte del último libro de Coetzee y que sería la tercera parte de
sus "memorias".
Subvirtiendo géneros
Después de una serie de severas,
implacables y brillantes novelas, dando cuenta de horrores diversos
-desde Tierras de poniente (1974) hasta Desgracia (1999)-,
atravesando zonas más alegóricas sobre la violencia - Esperando a los
bárbaros (1980) o Vida y época de Michael K . (1983)- o vueltas
de tuerca sobre la historia literaria -su versión de Robinson Crusoe
en Foe (1986) o de un momento en la vida de Dostoievski en El
maestro de Petersburgo (1994)-, Coetzee ha ido en una escalada de trastoques
o deformaciones a las convenciones del género. Sus novelas más recientes han
sido reuniones de conferencias académicas ( Las vidas de los
animales , Elizabeth Costello ); ensayos con opiniones
( Diario de un mal año ), o, de manera inversa, las conferencias y
lecturas han tomado la forma de una ficción (como su discurso de aceptación del
Premio Nobel).
Si todas ellas se centraban en cuestiones
específicamente literarias y rehuían los gestos más obvios del compromiso
político, no esquivaban ningún extremo de degradación o dolor: el juez que se
arrepiente de colaborar con los torturadores en Esperando a los
bárbaros , el jardinero obligado a vivir como un animal en Vida y
época de Michael K ., la mujer madura que está muriendo de cáncer
en La edad de Hierro , la joven que es violada enDesgracia o el
fotógrafo atropellado y luego amputado enHombre lento . Son novelas que en
un estilo que "imita" la simplicidad exponen una visión del mundo que
dista de ser radiante o tranquilizadora.
Coetzee, por otra parte, es un muy buen
ensayista que ha escrito sobre temas que van de la censura al legado modernista
y la reseña de libros. Pero ha sido en sus novelas que ha ido incorporando
ideas y debates, radicalizando el ímpetu ético que yace en toda su obra,
documentando su compromiso con temas de orden más general, como los derechos de
los animales o la situación de los inmigrantes. .
Son lecturas exigentes y esquivas a la
interpretación. Y lo mismo puede decirse de su autor: distante y retraído,
renuente a la exposición pública y, sobre todo, a las entrevistas. Siendo
Coetzee un escritor tan escrupuloso con su vida privada, en sus últimos libros
ha expuesto detalles íntimos de ella, o al menos ha invitado a la especulación
sobre tales detalles.
Vida y época de John C.
De su vida se conocen tantos rumores como
escasos hechos, hay dudas que corren desde el significado de las iniciales de
su nombre hasta la correcta pronunciación de su apellido. Se sabe que es
abstemio, vegetariano, esquivo y reservado; que suele declinar ir a recibir los
premios que le otorgan (no fue a los dos premios Booker) y que pueda llegar a
parecer catatónico en las reuniones sociales; que no habla de sus obras; que en
las raras entrevistas que ha dado suele confinarse en monosílabos, y cuando se
espera que indique su opinión sobre algo, entrega un relato cuyo sentido hay
que desentrañar.
Si los pormenores de su vida privada son
escasos y no del todo verificables, paradójicamente, desde hace un tiempo, sus
escritos adoptan la forma confesional, con importantes elementos autobiográficos.
Los libros más obvios son Infancia (1997) yJuventud (2002), que
abordan, desde sus 10 a
13 años en Sudáfrica, el primero, y su vida entre 1959 y 1964, centrándose en
sus años formativos en Londres, el segundo. Ambos libros comprenden exactamente
los hechos sabidos de la vida de Coetzee en los años respectivos. Debería
agregarse como fuente la tercera parte de su
autobiografía, Verano (2009), pero si todos los datos anteriores
deben tomarse con cautela, los de este último libro aún más.
Verano
Infancia y Juventud eran
las parciales, desoladas y extrañas (narradas en tercera persona y en presente)
primeras partes de la autobiografía de Coetzee. Verano es un libro
considerablemente más complejo. Según él, el escritor J. M. Coetzee ha muerto
en 2006 y un biógrafo está intentando reconstruir su vida entre los años 1972 y
1977, cuando ha publicado sus primeras obras. El biógrafo cuenta con unas pocas
notas del muerto, por lo que decide contactar a personas que lo conocieron.
Entrevista, entonces, a cinco personas: cuatro son mujeres, de las cuales dos
fueron sus amantes. La mayor parte del libro son las transcripciones de esas
entrevistas, aunque ellas están atravesadas por diversas formas de distancia
(por ejemplo, una de las entrevistas fue convertida en un relato por el
biógrafo, tomándose todo tipo de libertades de forma y contenido). El libro
cambia algunos hechos: Coetzee aparece soltero y viviendo con su padre, pues la
madre ha muerto (en realidad, Coetzee entonces está casado, con hijos y su madre
vivirá hasta 1985); el principal hecho alterado, con todo, es que Coetzee no
está muerto, sino que justamente escribe el libro.
Si es un autorretrato es uno cubista
(hecho de los pedazos de las entrevistas) y tan poco halagador como el de
Dorian Gray. La figura, a menudo desagradable que surgía
de Infancia y Juventud , aparece ahora igualmente
ensimismada, socialmente inepta, reprimida, ingenua y a veces poco
apropiadamente romántica, carente de atractivo, atormentada por la culpa y el
remordimiento (aunque entre sus pecados se cuentan unos tan menores como,
cuando niño, arrancarle la pata a un saltamontes o haber rayado un disco de su
padre). Él mismo se considera un tipo lúgubre, un aguafiestas, un hombre
rutinario e inflexible. Las personas entrevistadas lo califican de sexualmente
autista. Una piensa que "no estaba a gusto dentro de su cuerpo" y
otra lo considera demasiado frío, demasiado pulcro, demasiado falto de pasión.
"Parecía fuera de lugar, como un pájaro, una de esas aves que no vuelan; o
como un científico abstraído que ha salido por error de su laboratorio. También
tenía un aire de sordidez, un aire de fracaso", afirma una tercera.
Por otra parte, Verano tiene
sorpresivas muestras de humor. Es cierto que en Desgracia había algo
de sátira sobre la corrección política, pero no se acerca a los momentos
cómicos de este libro: como el encuentro con un antiguo y torpe compañero de
escuela, ahora exitoso; o, sobre todo, en el capítulo relativo a la bailarina
brasileña de la que Coetzee se enamora y la explicación que él le da de sus
teorías educativas o el fallido día de campo que planea.
Informes
Hay gente que considerará a J. M. Coetzee
como un escritor frío. Él mismo parece pensarlo y ese juicio lo desliza en
varios de sus últimos libros ("La calidez no está en su naturaleza"
se dice de John en Juventud , y que el arte del escritor
de Diario de un mal año"carece de amor"). Su voz, con todo,
puede lograr tonos de dolorosa intensidad, estremecida a veces. Por otra parte,
ha logrado abordar voces distintas. En su ensayo sobre Robert Walser, incluido
enMecanismos internos (2007), Coetzee cuenta que en una novela el autor
suizo se dejaba, al escribir, llevar por el impulso de "experimentar una
vida femenina con la imaginación y desde dentro". Él ha hecho algo
parecido, con la señora Curren en La edad de hierro o Elizabeth
Costello, y quizá si más convincentemente en Verano . Una de esas
mujeres opina: "Nos encontramos ante un hombre que, en la más íntima de
las relaciones humanas, no puede sintonizar, o sólo puede hacerlo brevemente,
con intermitencias. Sin embargo, ¿cómo se gana la vida? Escribiendo informes,
informes de experto, sobre la experiencia humana íntima. Porque de eso tratan
las novelas, ¿no?, la experiencia íntima". Más allá de si es una definición
correcta,Verano no parece ser una confesión sino la escenificación de ella
y demostrar la futilidad de conectar la vida del artista con su obra. Pero
Coetzee, quien nunca se consideró una figura pública, ha hecho de su vida (o
más bien de la cuestión de cómo estructurar la vida) el centro de su obra más
reciente y de esa manera ha tornado borrosos los límites entre verdad y
ficción, entre novela y autobiografía.
"En Santiago leeré
ficción"
En el libro Doubling the
Point Coetzee incluye algunas "entrevistas" y en una explica por
qué no le gusta ser entrevistado. "Una entrevista no es solamente un
'intercambio': en nueve de cada diez casos, es un intercambio con un completo
desconocido, y un desconocido al que se le permite por las convenciones del
género cruzar los límites apropiados en la conversación entre desconocidos. No
me considero una figura pública, una figura en el dominio público. Me disgusta
la violación de lo apropiado, sin hablar de la violación del espacio privado,
que tiene lugar en la entrevista típica". En Verano se comenta
su respuesta poco adecuada en una entrevista de trabajo: "Siempre ha
tenido ese defecto: tomarse las preguntas demasiado al pie de la letra, así
como responderlas con excesiva brevedad".
Antes de llegar a Santiago, Coetzee
responde con excesiva brevedad. En Juventud relata sus lecturas de
Neruda y Vallejo; en Verano se habla de un curso que impartió sobre
Neruda. De manera que tiene cierta familiaridad con la literatura sudamericana.
No así en cuanto a viajes: "He visitado Brasil; también, en la esfera
latinoamericana, México".
-¿Tiene alguna noción de la literatura
chilena?
-Además de Neruda, conozco sólo unos pocos
escritores chilenos: José Donoso, Roberto Bolaño, Isabel Allende, Ariel
Dorfman.
-¿Qué leerá en Santiago?
-Leeré ficción.
Articulo : http://www.emol.com/
11/09/2011
