dimanche 11 septembre 2011

Pedro GANDOLFO/ Mil una caras


Mil una caras
Por Pedro Gandolfo 

Lo que predomina es el retrato de una galería de figuras representativas de los diversos ámbitos de la vida cultural mexicana, aquellos "ídolos" a los que hace referencia su título.  

"El ensayo -escribió una vez el ensayista inglés G. K. Chesterton- es el único género literario cuyo propio nombre reconoce que el irreflexivo acto conocido como escritura es en realidad un salto en la oscuridad (...). Un ensayo, por su propio nombre y su propia naturaleza, es verdaderamente un intento y un experimento". Sería difícil encontrar una frase más adecuada para caracterizar la que fue, durante varias décadas, la labor ensayística de una figura como la del escritor Carlos Monsiváis (1938-2010). Auténtico emblema de la vida cultural mexicana por más de medio siglo, opinólogo mordaz, periodista, intelectual, crítico y escritor, las mil caras de Monsiváis bien pueden sintetizarse en una búsqueda única, en un proyecto preciso: el intento de encontrar una voz personal, una peculiar modalidad de escritura que, desafiando las limitaciones genéricas y las convenciones formales al uso, fuera capaz de ensayar una visión de la realidad social y cultural del México del siglo XX y, un poco más allá, de la realidad latinoamericana en su conjunto.

La fascinación ante el riesgo que involucran y la dificultad de encasillarlos en los paradigmas habituales de escritura es, de hecho, lo que prevalece en la lectura de los dieciséis textos que conformanLos ídolos a nado , cuidada antología de algunos de los trabajos más destacados de Monsiváis. Emprendida por Jordi Soler en conversación con el propio autor, la selección cumple con creces los propósitos que se plantea de antemano: por un lado, promover la circulación y la visibilidad de una escritura; por otro, ofrecer una muestra representativa del quehacer de un escritor que, a estas alturas, merece sin dudas contarse como un hito en la tradición ensayística de lengua hispana. Y es que cada pieza de Los ídolos a nado , en su mezcla inclasificable de recursos y elecciones formales, en la manera en que tensionan el límite entre la crónica periodística, el ensayo literario y la ficción, en su diversidad temática y en su asombrosa capacidad de hacer de cualquier asunto materia de reflexión y de escritura, confirman a Monsiváis como un maestro en el ejercicio de aquel discurso que, por definición, implica menos la proclamación de certezas preparadas de antemano o la corroboración de convenciones que un temerario "salto en la oscuridad".

Observador privilegiado de la vida pública mexicana del último siglo, los textos de Monsiváis parecen apuntar, pese a la amplitud de sus intereses, siempre a un mismo horizonte: el de la realidad profunda de aquello que podríamos llamar la "mexicanidad", reconocible para el ensayista en el más mínimo detalle de la sociedad, en los hábitos sociales y culturales, en los fetiches y las estatuas que se ha construido la tradición en todas sus esferas. Todos los textos de Los ídolos a nado ensayan, con un conocimiento y un detalle sólo permisible para un testigo de primera fila, la historia y el sentido de una constelación de expresiones propias de la creatividad popular: desde el fenómeno de la "cursilería" en la poesía modernista y el habla coloquial hasta el trabajo de los pintores muralistas, desde el dandismo literario hasta la rutina diaria de los usuarios del metro del D.F., desde el auge del bolero y el mambo en las primeras décadas del siglo veinte hasta el levantamiento de los zapatistas en el 2001.

Lo que predomina en el libro es el retrato de una galería de figuras representativas de los diversos ámbitos de la vida cultural mexicana, aquellos "ídolos" a los que hace referencia su título; las efigies de Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Mario Moreno Cantinflas, Paquita la del Barrio, María Conesa, Dolores del Río, María Félix, Salvador Novo y el Subcomandante Marcos, encarnaciones sobresalientes, para el autor, de aquel sustrato popular que busca bosquejar su escritura, serán la materia de la mayoría de los textos. Monsiváis, si lo requiere, echará mano al monólogo en primera persona para asumir la voz de un cantante de rancheras que se pasea con su trío por las pocilgas del D.F., de una estudiante de sociología que abandona sus investigaciones para convertirse en cabaretera o de un anónimo pasajero del metro en la hora punta; si lo requiere, también, acudirá a la estructura más clásica del ensayo académico para conjeturar en torno a los orígenes decimonónicos de la cultura iberoamericana. Las claves son la versatilidad y la voracidad de una escritura que no se prohíbe ningún tema y no descarta ningún medio.

Que el ensayista voraz y erudito, el cronista lúcido, el escritor comprometido, el sociólogo, el intelectual, el humorista, el crítico y el intérprete privilegiado de las manifestaciones culturales, tanto del mundo popular como del académico, se fundían fructuosamente en la persona de Carlos Monsiváis, es algo que las páginas de Los ídolos a nado , a un año de su muerte, sólo vienen a recordar y confirmar.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  04/09/2011 

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