Grupo Carvajal Decisión estratégica
La polémica caída de Editorial Norma
Por Pedro Pablo Guerrero
La retirada del sello colombiano se
atribuye en el medio editorial a los malos resultados obtenidos por su política
de pagar onerosos anticipos a escritores de éxito.
Un comunicado de prensa difundido desde Colombia remeció la semana pasada al mundo del libro. El Grupo Carvajal, propietario de Norma, arguyendo una "focalización en el sector de educación", acordó "desinvertir" en cuatro líneas de negocio que "no atienden de manera directa este mercado": libros de ficción adultos, no ficción, bolsillo y autoayuda. De ahora en adelante, la editorial concentraría sus esfuerzos en literatura infantil y juvenil, textos escolares, diccionarios, manuales de gerencia y papelería; es decir, cuadernos, lápices de colores y mochilas.
Un comunicado de prensa difundido desde Colombia remeció la semana pasada al mundo del libro. El Grupo Carvajal, propietario de Norma, arguyendo una "focalización en el sector de educación", acordó "desinvertir" en cuatro líneas de negocio que "no atienden de manera directa este mercado": libros de ficción adultos, no ficción, bolsillo y autoayuda. De ahora en adelante, la editorial concentraría sus esfuerzos en literatura infantil y juvenil, textos escolares, diccionarios, manuales de gerencia y papelería; es decir, cuadernos, lápices de colores y mochilas.
Si bien esta decisión se dio a conocer el
viernes a los medios, tres días antes se había comunicado a los empleados de la
filial chilena. "Nos reunieron a todos los trabajadores y se nos informó a
través de una teleconferencia que se transmitió a todos los países donde el
grupo tiene operaciones", dice una fuente de la empresa, quien revela,
además, que el sello se retira de España y que después de una etapa de
transición, dejará de usar la marca Norma para adoptar el nombre de Carvajal
Educación, expandiendo sus negocios en esta área con nuevos productos,
contenidos digitales y pizarras interactivas. Los libros pertenecientes a las
líneas clausuradas se continuarán vendiendo hasta diciembre. Sigue en pie,
asimismo, la participación de Norma en la Feria del Libro de Santiago.
Esta drástica reorientación comercial, que
en la práctica significa el cierre de Norma, ha implicado la salida, en Chile,
de seis empleados, incluido su editor, Sergio Gómez, quien se excusó de hacer
declaraciones, y debería dejar la empresa en diciembre.
El escueto comunicado del Grupo Carvajal
no entrega explicaciones para esta decisión, que supone eliminar áreas
consideradas estratégicas. Lo preocupante -observan muchos- es que ni siquiera
se trate de una venta, sino lisa y llanamente de un cierre, algo que no se veía
hace décadas en el mundo editorial.
El fin de Norma se interpreta como un
repliegue forzado por el fracaso en la política de posicionamiento entre las
grandes editoriales de habla hispana que inició hace tres años la presidenta
María Fernanda Carvajal. Un proceso impulsado mediante el pago de anticipos
para reclutar autores con éxito de ventas. En el caso de la filial chilena, los
narradores Roberto Ampuero, Pablo Simonetti y Sebastián Edwards, a quienes
Sergio Gómez -antes editor de Planeta-, conquistó para Norma en estrecha
alianza con el agente literario argentino Guillermo Schavelzon.
Aunque los libros de estos autores se
vendieron bien en el mercado local, ocupando durante meses los primeros lugares
de los rankings , no alcanzaron a compensar los anticipos que, en los casos de
Ampuero y Simonetti, fluctuaron entre los 170 y 200 mil dólares. "Las
operaciones no dieron los resultados esperados. En Chile no han recuperado lo
que gastaron", asegura una fuente que trabajó en Norma.
El tema de los anticipos es sensible al
interior del conglomerado. "En toda la industria editorial se pagan
anticipos; unos se recuperan y otros no. El punto es el proceso de focalización
en el mercado de la educación al que quiere apostarle la compañía",
asevera Gladys Helena Regalado, presidenta de Carvajal Educación, quien añade
que la medida se venía analizando desde hace meses.
Hacia la anticoncentración editorial
Andrea Palet, directora del Magíster de
Edición de la UDP, interpreta la decisión "como un fracaso total, aunque
nadie puede esperar que una empresa asuma abiertamente que lo hizo muy mal; de
ahí los eufemismos". A su juicio, "la política de anticipos
abultados, aunque tiene un sentido comercial, siempre ha sido mala idea; eso se
ve antes o después, y habla de lógicas de management que no siempre se pueden
trasladar al mundo del libro". Es imposible pretender -dice Palet- que la
industria editorial aporte excedentes propios de la industria del espectáculo o
que trate de imitar sus códigos para funcionar.
Schavelzon, por su parte, deslinda
responsabilidades con firmeza. "Si Norma ha decidido cerrar, estoy muy
tranquilo de que no ha sido por los autores que yo represento", asegura. Y
consultado acerca de si los anticipos que se desembolsaron están alejados de la
realidad de los mercados regionales, el agente literario responde: "¿Cómo
se amortiza un anticipo? La fórmula aritmética de tantos libros vendidos tanto
de derechos devengados es casi del siglo XIX. A veces se paga un anticipo
desproporcionado, porque ese libro sirve para que todos los libreros -si
quieren tenerlo- pongan al día sus deudas con la editorial. Nadie en la edición
-tampoco Norma- paga más de lo que corresponde. Los anticipos son la parte que
más morbo mediático tiene en esta actividad, pero no es lo fundamental ni, en
general, lo que define una contratación".
Como fuese, el terremoto de Norma se veía
venir. "Que el grupo haya cambiado cinco presidentes en cuatro años fue
una señal de alarma, ya que cada uno traía su propia visión del negocio y sus
propios planes", dice Schavelzon.
Otro especialista en edición apunta a la
presencia atípica que ha caracterizado al grupo colombiano, un holding con
áreas de negocios tan dispares como la fabricación de muebles y empaques
industriales: "Norma ha sido una incógnita. Tienen oficinas aquí, con un
editor de aquí, pero siempre ha dado la impresión, mucho más que otras
editoriales transnacionales, de ser una operación extranjera injertada.
Claramente con los anticipos fabulosos intentó conquistar un espacio y
conseguir reconocimiento como una editorial de peso".
En general, los profesionales del sector
no creen que la decisión de Norma contagie a otros sellos, aunque sí ven en
ella una señal de advertencia. "La edición -dice Schavelzon- no es un
negocio suficientemente rentable para las grandes corporaciones que tienen sus
ingresos más importantes en otras actividades. Y los accionistas tienen derecho
a decidir en qué invierten y en qué no. ¿Podemos hacerles críticas morales?
Lamentablemente, no. Quizás este hecho marque un lento inicio del proceso de
anticoncentración de la industria editorial. Pienso que ésa es la próxima etapa
de la edición mundial".
Coincide con esta mirada el argentino
Daniel Divinsky, de Ediciones de la Flor: "Lo de Norma me parece una sana
decisión: se va cada vez más a la especialización, lo que crea para las
editoriales más chicas, 'nichos' de mercado que les permiten crecer".
Sobre la suerte que correrán sus
escritores, el agente Guillermo Schavelzon pronostica: "No tendrán ninguna
dificultad para ubicarse en otra casa. Por supuesto que será un movimiento
doloroso. Lo siento muchísimo por el personal de la editorial, aunque estoy
convencido de que en unos meses los veremos haciendo lo mismo en otras casas".
Habrá que esperar. Respecto de los
escritores, al menos, en Planeta dicen que todavía no han sostenido
conversaciones con nadie. En Alfaguara tampoco.
Reacciones de escritores
Santiago Gamboa
"Tal vez Norma era una 'línea de
negocio' sin abultadas ganancias o incluso en números rojos, pero le daba al
grupo una muy valiosa plusvalía: prestigio", escribió el narrador
colombiano en El Espectador.
"Se llevan por delante a la última
gran editorial latinoamericana de origen nacional, y dejan en la calle a una
cantidad de escritores de toda América Latina que creyeron en su proyecto
(...). Ni hablar de los buenos editores Pere Sureda, en España, Sergio Gómez en
Chile o Ulises Roldán en Puerto Rico, que se la jugaron y ahora quedan
desempleados. Es cierto que una empresa privada hace con su patrimonio lo que
le place, pero al tratarse de un 'producto cultural' asume ciertos compromisos
éticos y morales".
Leonardo Sanhueza
El poeta y columnista chileno opinó en
Twitter: "Norma tiene un catálogo miserable, dos o tres títulos y montañas
de basura al kilo. ¿Por qué lloran tanto que ya no publique 'literatura'?"
Y añadió: "Qué pena, desaparece del mapa literario una editorial que paga
50.000 dólares por publicar a Sebastián Edwards". Sin embargo, también
recordó que el sello tuvo una buena -pero fugaz- colección de poesía y publicó
al brasileño Rubem Fonseca.
