samedi 3 septembre 2011

Pedro Pablo GUERRERO/ LOSADA: vida y milagros de una editorial legendaria


Editor argentino José Juan Fernández Reguera
Losada: vida y milagros de una editorial legendaria
Por Pedro Pablo Guerrero 

Desde Buenos Aires, habla el editor de Losada, quien llegará a Chile este martes para estar presente en el lanzamiento de la nueva edición de "Arte de pájaros", de Pablo Neruda.

Resistió censuras, crisis económicas y las operaciones de compra que, durante la última década, absorbieron a otras editoriales dentro de conglomerados internacionales. A sus 73 años, Losada es el único sobreviviente de los grandes sellos argentinos surgidos a fines de los años treinta -tras la guerra civil española-, que llegaron a dominar la escena librera latinoamericana a mediados del siglo XX.

Creada el 18 de agosto de 1938 por el español Gonzalo Losada -quien había llegado a Buenos Aires a hacerse cargo de la sucursal de Espasa-Calpe-, la editorial contó entre sus confundadores a humanistas de excepción: el erudito dominicano Pedro Henríquez Ureña, el filólogo español Amado Alonso, el crítico Guillermo de Torre, el penalista Luis Jiménez de Asúa y el filósofo argentino, nacido en Sevilla, Francisco Romero.

Unamuno, García Lorca y Antonio Machado fueron algunos de los primeros autores publicados en un catálogo de clara inspiración hispánica, al que no tardaron en incorporarse latinoamericanos como Jorge Luis Borges ( El Aleph ), Miguel Ángel Asturias ( El señor Presidente ), Pablo Neruda ( Residencia en la tierra ), Gabriela Mistral ( Tala ) y Augusto Roa Bastos ( Hijo de hombre). Otra fuente de prestigio fueron sus traducciones. Aurora Bernárdez trasladó al castellano Estos trece , de William Faulkner, mientras que La metamorfosis , de Franz Kafka, fue traducida por Borges, y El hombre que fue jueves , de G. K. Chesterton, por Alfonso Reyes.

Hasta hoy, Losada se ufana de los premios Nobel incluidos en sus colecciones, desde Maurice Maeterlinck (1911) hasta Albert Camus (1957) y Harold Pinter (2005), estos dos últimos editados por el sello trasandino varios años antes de obtener el Nobel de Literatura.

"¡Que cien soles iluminen a la Editorial Losada!", escribió Camus. Con este mensaje el autor francés saludó el vigésimo aniversario del sello en 1958. Como de costumbre, Camus tenía razón. Losada es perenne, igual que la rama de laurel de su logotipo, diseñado por el artista italiano Atilio Rossi.

Salvada de la quiebra

Con el tiempo, el reconocimiento de la casa de publicaciones fue creciendo hasta el punto de convertirse en la única editorial de habla hispana que cotizó en la Bolsa, durante 51 años. Pero vinieron tiempos difíciles y, a pesar de los esfuerzos de Gonzalo Losada, muerto en 1981, a fines de los ochenta el sello se encontraba al borde de la quiebra. Fue entonces cuando otro español entró a escena. José Juan Fernández Reguera (1948) les compró a los herederos de Losada el 49 por ciento de las acciones. Fue nombrado presidente, negoció con los acreedores, reeditó los títulos agotados y, a medida que reflotaba la empresa, siguió adquiriendo acciones hasta controlar el 80 por ciento. Presentó entonces una oferta en la Bolsa (OPA) y terminó por hacerse con el resto de los títulos.

Desde su librería de 450 metros cuadrados, situada estratégicamente en Avenida Corrientes 1551 -polo cultural de Buenos Aires-, Fernández Reguera evoca sus orígenes familiares. "Yo soy la tercera generación de emigrantes asturianos a la Argentina", declara. Su abuelo llegó en 1896 a trabajar como peón en una estancia de otro asturiano: José Menéndez, "el rey de la Patagonia". En una de las idas y vueltas de sus padres a España, José Juan Fernández nació en Oviedo. A los cuatro meses se lo llevaron a Argentina, donde vivió hasta los 12 años. Hizo el bachillerato en España y regresó a Buenos Aires en 1969. Trató de estudiar periodismo, pero cerraron las dos escuelas privadas en que se matriculó.

"Como siempre me gustaron los papeles, dije, bueno, ya que no puedo entrar al periodismo por aquí, entraré por otro lado, y me compré un quiosco de diarios y revistas en la estación Retiro. Ahí estuve muchos años. Después me hice distribuidor y así empezó mi vida dentro del sector editorial", dice Fernández.
Trabajaba en su propio sello de publicaciones, cuando le propusieron hacerse cargo de Losada. Tras controlar la propiedad, Fernández la sacó de la Bolsa y la convirtió en una sociedad anónima cerrada. "Me costó mucho trabajo levantar la editorial, pero siempre confié en los autores y hasta hoy les agradezco por haber decidido seguir publicando en este sello editorial. No en exclusiva, como antes, pero por lo menos no se fueron. Varios se quedaron por gratitud con don Gonzalo Losada. Él fue casi un mecenas que ayudó a muchos escritores. Algunos vivieron 17 años en Argentina, como Rafael Alberti, y cuando él no tenía trabajo hacía traducciones para la editorial".

"Mi financiera es la librería"

-¿Cómo califica la situación actual de Losada?
-Está bien, porque es la editorial más independiente de todas las independientes: dependo de si vendo o no vendo. Cuando yo no esté, no sé qué pasará, pero mientras tanto sigo editando 50 libros por año en España; otros 50 en Argentina y como 100 reposiciones. Para mí, la editorial es un hobby , no un negocio, yo no vivo de ella. Lo único que me interesa es no perder a los autores de libros que vistos desde un punto comercial no se editarían, porque a lo mejor venden nada más que 300 ejemplares al año. No puede ser que un autor bueno desaparezca porque no es "comercial".

-¿Por eso reedita "Arte de pájaros", de Pablo Neruda?
-Yo trato de que estén todos los libros de Neruda, no solamenteVeinte poemas de amor y una canción desesperada o Cien sonetos de amor . A lo mejor Arte de pájaros no es muy comercial, porque es un libro caro, pero no puede ser que esté agotado desde hace veinte años y que haya gente que nunca lo haya visto. En España me preguntaban si este libro era de Neruda.

-¿Cuánto vende Neruda?
-Yo vendo bastante, dentro de lo que cabe. Tenga en cuenta que también lo publican otras editoriales. A lo mejor yo vendo más de los títulos menos conocidos. Ahora, por ejemplo, hicimos una edición en la serie 70 Aniversario, de Estravagario , que no es un libro muy conocido comparado con Residencia en la tierra , pero para algunos es casi una novedad. Y este mes sale Alturas de Machu Picchu en bolsillo. En mi librería escucho a los chicos: "mirá, un nuevo libro de Neruda". Y me río.

-¿Fundó la librería para dar salida directa a su producción?
-Sí, yo fui uno de los primeros editores que pusieron una librería. Una sola, no me interesa más. Pero no únicamente por mis libros. Yo aquí tengo un termómetro. A mí me puede decir una editorial importante: "de este libro vendimos 58 mil". Pero si yo vendí en mi librería 38, es imposible que haya vendido esa cantidad. No es verdad. Tengo un termómetro para ver las tendencias, qué es lo que se vende y qué no. Tengo un termómetro para saber lo que falta, los libros que no hay. Un día aprendí que no existían las obras completas de Shakespeare en castellano. La única edición que había, de Aguilar, está agotada hace treinta años. Y además en traducciones de la época franquista: no dice "teta" ni "culo", siendo Shakespeare un pícaro que escribía para el pueblo. Me puse en campaña y en tres años hice cuatro tomos de 1.100 páginas cada uno con las obras completas de Shakespeare. Yo sólo tenía ocho títulos, de 48; entre ellos Romeo y Julieta , traducida por Neruda. Puse a trabajar a una docena de traductores para que me hiciesen el resto.

-¿Qué ventaja le da a un editor tener su propia librería?
-En un país como Argentina, donde no existe el crédito, porque aquí el papel se paga al contado y las imprentas dan plazo a sesenta o noventa días, es horrible la situación para editoriales de mucho fondo editorial como la mía: no se sabe de dónde sacar el dinero. Entonces lo que uno consigue con una librería es tener su propio banco, porque casi todo se vende en efectivo. Mi financiera es la librería. Pero hay una ventaja más: todos los grandes grupos en España tienen cadenas de librerías. Los libros hay que exhibirlos; si no se exhiben, no se venden. Si usted exhibe su propio libro, usted es su mejor cliente.

-¿Losada está abierta a nuevos autores o es una editorial de catálogo?
-Continuamente, dentro de las posibilidades, sigo buscando cosas nuevas, pero tenga en cuenta que para mí es muy difícil. Yo no puedo competir con las grandes editoriales, porque no puedo pagar los adelantos que ellas pagan.

El libro digital

-¿Cómo cree que incidirá el libro digital en editores y libreros?
-Es un tema complicado. Otra gente ya abrió el paraguas, y yo ni siquiera lo he agarrado. Creo que lo abren antes de que llueva. En cuanto a derechos y a comercialización las cosas no están claras. Yo no puedo ceder los derechos de mis autores, porque tengo contratos antiguos que no contemplaban el formato digital. Lo que sí hay que tener en cuenta, y eso va a traer algunos problemas y juicios, son las traducciones. Nosotros tenemos los derechos de Jorge Amado, aunque ya no en exclusiva. Si otro editor lo quiere publicar, tiene que hacer su propia traducción. Traducir es una marca. Entre una traducción de alguien desconocido y otra de alguien de calidad, la gente va a preferir esta última.

-Con todas las crisis económicas de Argentina, ¿ha considerado la posibilidad de trasladar Losada a España?
-No, porque no se olvide que yo soy español y conozco muy bien a mis compatriotas. No quiero cometer el error de otras editoriales latinoamericanas que se instalaron en España. Fracasaron todas. Con esos antecedentes, ni se me pasa por la imaginación instalarme allá. Los españoles cuidan muy bien lo de ellos, y hacen bien. Cosa que no hacemos nosotros. En Argentina, para un esnob cualquier cosa de afuera es maravillosa. Yo tengo una oficina en España, trato de vender algo si se puede y hago libros, porque allá sí hay crédito. Pero verlos expuestos en una librería grande es como de ciencia ficción. El fondo nuestro se compra más en Argentina que en España. Del Leviatán , de Hobbes, llevo vendidos más de 15 mil ejemplares en siete años: 10 mil en Argentina, cinco mil en el resto de América y apenas 300 en España.

-Se puede decir entonces que "Leviatán" es su best seller.
-Puede ser. Nosotros tenemos el Curso de lingüística general , de Saussure, con el estudio de Amado Alonso, y para mí es un bestseller, porque vendo dos o tres mil por año, y para mí eso es muy importante.

-Es conocido el hecho de que Losada rechazó el manuscrito de "La hojarasca", la primera novela de Gabriel García Márquez. ¿Ha pensado qué habría pasado si lo hubiese aceptado?
-Sí, lo rechazaron y se fue a Sudamericana. Pero yo le voy a decir una cosa: de todo lo malo siempre hay algo positivo. Si don Gonzalo hubiese publicado a García Márquez, yo no hubiese podido comprar Losada. Su situación económica hubiese sido otra. Tampoco se olvide que, a la larga, eso es un martirio, porque tenemos la desgracia de estar en América. El autor va a querer estar con usted por una cuestión de amistad, de haber sido el primero que le ha publicado el libro, pero va a llegar un momento en que le van a pedir adelantos tan grandes que usted no los va a poder pagar, y va a tener que hacer una de dos cosas: vender la editorial, porque todavía tiene los derechos de ese autor, o sencillamente perderlo. Y eso ha pasado no una vez, sino muchas.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  28/08/2011

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