La desgitanización del flamenco
Por Ricardo PACHÓN
Los gitanos llevan cinco siglos asentados
en España, y perseguidos desde su llegada (Pragmática de Medina del Campo, de
1492) hasta las últimas leyes de vagos y maleantes del franquismo. Un pueblo
nómada que se hizo sedentario en la Andalucía atlántica, ubicándose en una
estrecha franja de terreno que corre paralela a la margen izquierda del río
Guadalquivir, entre Sevilla y Cádiz.
En ese pequeño territorio nació uno de los
géneros musicales más rico de nuestro universo: el flamenco. Hablamos de las
gitanerías de Triana (destruida en 1957), Alcalá, Utrera, Lebrija, Morón,
Jerez, Arcos, Los Puertos y Cádiz. Hablamos de un género musical compuesto en
un ritmo alterno de 12 tiempos, que combina compases binarios y ternarios:
tonás, martinetes, livianas, seguiriyas, corridos, soleares, cantiñas y
bulerías. Y hablamos de la larga nómina de los creadores gitanos del flamenco,
desde El Fillo a Camarón, pasando por Tomás El Nitri, Manuel Cagancho, Tío José
de Paula, Enrique El Mellizo, Ramón Montoya, Manuel Torre, La Niña de los
Peines, Fernanda de Utrera, Juan Talega, Antonio Mairena...
Los artistas gitanos han iniciado su
particular 15-M, indignados contra la Administración cultural andaluza que los
viene marginando desde que se arrogó, en el Estatuto de Autonomía, "la
competencia exclusiva en materia de conocimiento del flamenco como elemento
singular del patrimonio cultural andaluz" (artículo 68, punto número 1). Y
no se trata solo de reivindicaciones laborales o económicas, como han
interpretado algunos medios de información. El problema es de más calado: la
confusión entre el flamenco y el folclore andaluz que viene propiciando la Consejería
de Cultura. En el formulario presentado ante la Unesco por las comunidades de
Andalucía, Extremadura y Murcia se define el flamenco como "expresión
popular", es decir, que el pueblo llano canta y baila por bulerías o
soleares. En la página tres del formulario ya se atreven a enumerar las
"formas musicales del flamenco" entre las que incluyen las
sevillanas, los fandangos, los verdiales, etcétera, modalidades todas del
folclore andaluz, en ritmo bailable de 3×4, que nada tienen que ver con la
compleja métrica del flamenco. Aquí radica la indignación de los artistas
gitanos: que el estamento político haya decidido que todo el folclore andaluz
sea considerado flamenco.
Para que no quepan dudas sobre sus
competencias, la Junta de Andalucía, se dirige a la Unesco en los siguientes
términos: "En estos momentos se encuentran en fase de tramitación para su
inscripción, por parte de la Consejería de Cultura, diferentes manifestaciones
flamencas como la escuela sevillana de baile, la escuela bolera, los verdiales,
los trovos...". ¡Mande!
El problema de los gitanos indignados
podría agravarse el próximo noviembre con motivo de la celebración del I
Congreso Internacional de Flamenco, organizado por la Consejería de Cultura.
(Extraño caso, ya que el I Congreso Internacional de Flamenco lo organizó la
Unesco, en Madrid, los días 18, 19 y 20 de junio de 1969). Y digo que la
situación puede empeorar porque el Comité Científico del congreso está formado
por 81 miembros y, naturalmente, no hay un solo gitano. Al menos en los
congresos de flamenco organizados por la Unesco se sentaron, junto a Fernando
Quiñones y Caballero Bonald, tres "cayos reales gitanos": Antonio
Mairena, Juan Talega y Melchor de Marchena.
La consideración del flamenco, por parte
de la Unesco, como bien inmaterial de la humanidad, junto a la Patum de Berga,
el silbo gomero, los castellets, la cetrería o la dieta mediterránea, solo
manifiesta su peligro de extinción. Lo que es lamentable en los momentos
actuales es que el flamenco no exista como "género musical" en los
servidores y portales de Internet. Seguimos figurando como "latin
music" o "world music". Y es en Internet donde se va a
desarrollar todo el futuro económico y comercial del arte flamenco. Y es ahí
donde los profesionales del flamenco (artistas, críticos, investigadores,
productores, etcétera) tienen que definir, de una vez por todas, lo que es y lo
que no es flamenco. Por otra parte, pueden coexistir, como ocurre con el blues
o el rock, diversas denominaciones dentro del genero musical. Por poner un
ejemplo: flamenco (para las formas clásicas antes
aludidas); flamenco-folk (para el folclore andaluz que se ha
aflamencado) latin flamenco (para los estilos americanos, como la
rumba); flamenco-fusíon (para todas la experiencias recientes con el jazz,
blues o rock...). Solo hay que ponerse a trabajar.
Ricardo Pachón es productor de discos
de flamenco, entre ellos de Camarón de la Isla, Veneno y Pata Negra.
