CRÍTICA:
Juan Benet - Variaciones sobre un tema
romántico
Eterno retorno de la metáfora
Por Vicente MOLINA FOIX
Las hasta ahora inéditas Variaciones, los Ensayos y
las Cartas a Martín Gaite reúnen algunas de las mejores páginas de
Juan Benet
Hay dos romanticismos en estos relatos
inéditos de Juan Benet que ahora se rescatan. El primero lo pone la imagen
memorable del mechón de pelo de la larga melena de un librero y periodista
español afincado en México, Cipriano de las Cagigas, amigo y protector de José
Zorrilla en su larga estancia centroamericana. La amistad, los viajes conjuntos
y la muerte, atacado por el "vómito negro", de Cagigas, ocupan una parte
importante de las extraordinarias memorias de Zorrilla, Recuerdos del
tiempo viejo,contando el poeta cómo ese mechón de Cagigas quedó fuera por
descuido al cierre del ataúd y se fue meciendo al viento en el largo trayecto
hasta el cementerio, donde el autor de Don Juan Tenorio no pudo
contenerse más y cortó, antes del sepelio, "aquel flotante rizo". Y
añade Zorrilla: "Sobre mí lo he llevado mucho tiempo, y aún lo
conservo".
El tema del título (que lleva
como pórtico la escena del pelo suelto y cortado de Cagigas) es la breve
historia, una sola página, de una pareja de novios a la que un macabro
accidente de moto impedirá casarse. Y a continuación empieza a sonar el teclado
romántico de Benet, componiendo las cinco variaciones del libro, al que le falta
una, encontrada entre sus papeles de un modo demasiado fragmentario como para
aconsejar su inclusión. Hay que decir, sin embargo, que esa ausencia, por mucho
que nos pese o intrigue, de ningún modo deja insatisfecho al lector; la última
variación, 'El legado', no sólo es, junto a la primera y única conocida de
antemano, 'Amor Vacui', la mejor, sino que cierra perfectamente, en su final
asombroso y esclarecedor, el bucle narrativo de la obra. Las cinco variaciones
son, en todo caso, un maravilloso ejercicio de virtuosismo, a la altura de las
mejores páginas benetianas del periodo en que este libro se fue escribiendo y
guardando en una carpeta, los años 1975-1985, es decir, entre otras, las
de En el estado, El aire de un crimen, Saúl ante Samuel, Trece fábulas y
media y las dos primeras entregas de Herrumbrosas lanzas. La
brevedad de los movimientos, la alegre soltura delimpromptu, así como la
autoimpuesta plantilla de la variación temática a partir del motivo fúnebre y
capilar de Cagigas, permiten al autor el juego de un intérprete inspirado que
se desmelena sin perder de ojo las notas de su aleatoria partitura.
Es particularmente apropiado por ello que
Lumen haya hecho coincidir, en elegantes volúmenes de tapa dura,
las Variaciones con los Ensayos de incertidumbre, una
antología al cuidado y criterio de Ignacio Echevarría, quien además de haber
elegido inteligentemente las piezas (todas posteriores al libro ensayístico
seminal de Benet, La inspiración y el estilo) la prologa y la culmina
con un prontuario de opiniones y dichos benetianos sin duda útil para lectores
curiosos y neófitos, aunque tal vez impertinente al espíritu del novelista
madrileño. Echevarría retoma los cuatro ensayos capitales de la que a mi juicio
es la obra de pensamiento artístico más radical y vigente de Benet, En
ciernes (1976), donde destacan dos conferencias originalmente dictadas en
Salamanca y Berlín, y que leídas ahora, en conjunción con la escritura alada,
de pérfida belleza, que caracteriza estas Variaciones, alumbran y
sostienen vigorosamente la naturaleza del arte literario del creador de Región,
su singular potencia verbal, la poética del eterno retorno de la metáfora, la
comicidad entre sublime y astracanada, que alcanza un hito en las páginas
104-106 del libro al describir los preparativos y efectos, inducidos por el
bicarbonato francés, de un eructo en el vestíbulo de techo neomudéjar de una
sede provincial de Correos: el Benet del rechazo a "la determinación y la
funcionalidad" de la novela, y la defensa del "componente de arbitrariedad
de toda creación artística".
Esta segunda cita procede de otro texto
recogido y resaltado por Echevarría en sugestiva comparación con un
pronunciamiento de Gil de Biedma sobre Juan Ramón, la carta abierta de Benet a
Pedro Altares, entonces director de Cuadernos para el diálogo, a
propósito de Galdós, una proclama de 1970 que no tiene desperdicio, en sus
brillantes invectivas contra la "novela asertórica" y de
"levantamiento catastral" y en sus manifiestas veleidades (Benet
reconoce haber frecuentado poco la vasta obra de Don Benito), no por ello
desprovistas de gracia, como al hablar de la "imaginación
litográfica" del autor de Fortunata y Jacinta.
Variaciones sobre un tema romántico
Juan Benet
Lumen. Barcelona, 2011
119 páginas. 19,90 euros
Ensayos de incertidumbre
Juan Benet
Edición de Ignacio Echevarría
Lumen. Barcelona, 2011
526 páginas. 26,90 euros
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CRÍTICA:
La habitación partida
Por V. MOLINA FOIX
El 17 de marzo de 1986 Carmen Martín Gaite
tuvo un sueño que le contó a Juan Benet por carta, la última que se conserva de
su intercambio epistolar y la que cierra este hermoso y fascinante libro,
pugnaz, humorístico muchas veces, doliente otras, y siempre marcado por la
diferencia: la que les separaba en la literatura y en el temperamento, y la
que, en el ejercicio con frecuencia interrumpido de una correspondencia de más
de veinte años, les acercó y más de una vez les consolaba a ambos y les
iluminaba.
Esa carta de 1986 es reveladora en sus
pormenores oníricos de los altibajos y cariñosas suspicacias de la relación,
para Martín Gaite siempre más acuciante y a la postre insatisfactoria; en el
sueño, los dos compartían un cuarto, puesto o alquilado por él para ella:
"O sea que tu despacho y el mío iban a estar casi juntos, separados por
aquella media pared".
Queda claro en este conjunto de 67 cartas,
telegramas y tarjetas, muy bien presentado y anotado por José Teruel, que
Carmiña (o Calila, sus apelativos familiares) sentía una gran admiración por su
amigo, lo que nunca le impidió discrepar, tomarle el pelo zumbona o reprocharle
el "bizantinismo" de su prosa, como en la muy severa carta del 7 de
enero de 1973, la época en que ella se siente un poco dejada por el ingeniero y
tal vez suspicaz de un reconocimiento que ella misma obtendría, con mayor
amplitud, años después. Benet, sobre todo en una serie de tres importantes
cartas de marzo de 1965, le expone, y hay una crítica implícita, sus principios
literarios, en buena medida divergentes. Mas no siempre se cruzan las espadas y
los juicios. Con delicada franqueza se cuentan sus cuitas y sus pérdidas, no
sólo amorosas, y comparten con un histrionismo innato en ambos su duradera
aunque enfurruñada afición al teatro, que en Martín Gaite se extendió, incluso
vocalmente, a la tonadilla, y ya en eso Benet no la acompañó. Hay mucho sentido
y mucha sensibilidad en la descripción de Carmiña (18/11/65) de un bloqueo
literario que sufre (la dificultad de ser "al mismo tiempo lúcidos y
espontáneos"), y mucho sarcasmo en un Benet (16/8/65) poco impresionado por
la lectura entusiasta que su amiga está haciendo de La revolución
sexual de Reich: "Desde que a los diecisiete años tuve un tifus de
órdago mi cuerpo padece mucho más del problema intestinal que del sexual".
Correspondencia
Carmen Martín Gaite y Juan Benet
Edición de José Teruel
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores
Barcelona, 2011
237 páginas. 18 euros
Articulo : http://www.elpais.com 17/09/2011
