dimanche 18 septembre 2011

Vicente MOLINA FOIX/ Eterno retorno de la metáfora


CRÍTICA:
Juan Benet - Variaciones sobre un tema romántico
Eterno retorno de la metáfora
Por Vicente MOLINA FOIX 

Las hasta ahora inéditas Variaciones, los Ensayos y las Cartas a Martín Gaite reúnen algunas de las mejores páginas de Juan Benet

Hay dos romanticismos en estos relatos inéditos de Juan Benet que ahora se rescatan. El primero lo pone la imagen memorable del mechón de pelo de la larga melena de un librero y periodista español afincado en México, Cipriano de las Cagigas, amigo y protector de José Zorrilla en su larga estancia centroamericana. La amistad, los viajes conjuntos y la muerte, atacado por el "vómito negro", de Cagigas, ocupan una parte importante de las extraordinarias memorias de Zorrilla, Recuerdos del tiempo viejo,contando el poeta cómo ese mechón de Cagigas quedó fuera por descuido al cierre del ataúd y se fue meciendo al viento en el largo trayecto hasta el cementerio, donde el autor de Don Juan Tenorio no pudo contenerse más y cortó, antes del sepelio, "aquel flotante rizo". Y añade Zorrilla: "Sobre mí lo he llevado mucho tiempo, y aún lo conservo".

El tema del título (que lleva como pórtico la escena del pelo suelto y cortado de Cagigas) es la breve historia, una sola página, de una pareja de novios a la que un macabro accidente de moto impedirá casarse. Y a continuación empieza a sonar el teclado romántico de Benet, componiendo las cinco variaciones del libro, al que le falta una, encontrada entre sus papeles de un modo demasiado fragmentario como para aconsejar su inclusión. Hay que decir, sin embargo, que esa ausencia, por mucho que nos pese o intrigue, de ningún modo deja insatisfecho al lector; la última variación, 'El legado', no sólo es, junto a la primera y única conocida de antemano, 'Amor Vacui', la mejor, sino que cierra perfectamente, en su final asombroso y esclarecedor, el bucle narrativo de la obra. Las cinco variaciones son, en todo caso, un maravilloso ejercicio de virtuosismo, a la altura de las mejores páginas benetianas del periodo en que este libro se fue escribiendo y guardando en una carpeta, los años 1975-1985, es decir, entre otras, las de En el estado, El aire de un crimen, Saúl ante Samuel, Trece fábulas y media y las dos primeras entregas de Herrumbrosas lanzas. La brevedad de los movimientos, la alegre soltura delimpromptu, así como la autoimpuesta plantilla de la variación temática a partir del motivo fúnebre y capilar de Cagigas, permiten al autor el juego de un intérprete inspirado que se desmelena sin perder de ojo las notas de su aleatoria partitura.

Es particularmente apropiado por ello que Lumen haya hecho coincidir, en elegantes volúmenes de tapa dura, las Variaciones con los Ensayos de incertidumbre, una antología al cuidado y criterio de Ignacio Echevarría, quien además de haber elegido inteligentemente las piezas (todas posteriores al libro ensayístico seminal de Benet, La inspiración y el estilo) la prologa y la culmina con un prontuario de opiniones y dichos benetianos sin duda útil para lectores curiosos y neófitos, aunque tal vez impertinente al espíritu del novelista madrileño. Echevarría retoma los cuatro ensayos capitales de la que a mi juicio es la obra de pensamiento artístico más radical y vigente de Benet, En ciernes (1976), donde destacan dos conferencias originalmente dictadas en Salamanca y Berlín, y que leídas ahora, en conjunción con la escritura alada, de pérfida belleza, que caracteriza estas Variaciones, alumbran y sostienen vigorosamente la naturaleza del arte literario del creador de Región, su singular potencia verbal, la poética del eterno retorno de la metáfora, la comicidad entre sublime y astracanada, que alcanza un hito en las páginas 104-106 del libro al describir los preparativos y efectos, inducidos por el bicarbonato francés, de un eructo en el vestíbulo de techo neomudéjar de una sede provincial de Correos: el Benet del rechazo a "la determinación y la funcionalidad" de la novela, y la defensa del "componente de arbitrariedad de toda creación artística".

Esta segunda cita procede de otro texto recogido y resaltado por Echevarría en sugestiva comparación con un pronunciamiento de Gil de Biedma sobre Juan Ramón, la carta abierta de Benet a Pedro Altares, entonces director de Cuadernos para el diálogo, a propósito de Galdós, una proclama de 1970 que no tiene desperdicio, en sus brillantes invectivas contra la "novela asertórica" y de "levantamiento catastral" y en sus manifiestas veleidades (Benet reconoce haber frecuentado poco la vasta obra de Don Benito), no por ello desprovistas de gracia, como al hablar de la "imaginación litográfica" del autor de Fortunata y Jacinta.

Variaciones sobre un tema romántico
Juan Benet
Lumen. Barcelona, 2011
119 páginas. 19,90 euros

Ensayos de incertidumbre
Juan Benet
Edición de Ignacio Echevarría
Lumen. Barcelona, 2011
526 páginas. 26,90 euros

***
CRÍTICA:
La habitación partida
Por V. MOLINA FOIX

El 17 de marzo de 1986 Carmen Martín Gaite tuvo un sueño que le contó a Juan Benet por carta, la última que se conserva de su intercambio epistolar y la que cierra este hermoso y fascinante libro, pugnaz, humorístico muchas veces, doliente otras, y siempre marcado por la diferencia: la que les separaba en la literatura y en el temperamento, y la que, en el ejercicio con frecuencia interrumpido de una correspondencia de más de veinte años, les acercó y más de una vez les consolaba a ambos y les iluminaba.

Esa carta de 1986 es reveladora en sus pormenores oníricos de los altibajos y cariñosas suspicacias de la relación, para Martín Gaite siempre más acuciante y a la postre insatisfactoria; en el sueño, los dos compartían un cuarto, puesto o alquilado por él para ella: "O sea que tu despacho y el mío iban a estar casi juntos, separados por aquella media pared".

Queda claro en este conjunto de 67 cartas, telegramas y tarjetas, muy bien presentado y anotado por José Teruel, que Carmiña (o Calila, sus apelativos familiares) sentía una gran admiración por su amigo, lo que nunca le impidió discrepar, tomarle el pelo zumbona o reprocharle el "bizantinismo" de su prosa, como en la muy severa carta del 7 de enero de 1973, la época en que ella se siente un poco dejada por el ingeniero y tal vez suspicaz de un reconocimiento que ella misma obtendría, con mayor amplitud, años después. Benet, sobre todo en una serie de tres importantes cartas de marzo de 1965, le expone, y hay una crítica implícita, sus principios literarios, en buena medida divergentes. Mas no siempre se cruzan las espadas y los juicios. Con delicada franqueza se cuentan sus cuitas y sus pérdidas, no sólo amorosas, y comparten con un histrionismo innato en ambos su duradera aunque enfurruñada afición al teatro, que en Martín Gaite se extendió, incluso vocalmente, a la tonadilla, y ya en eso Benet no la acompañó. Hay mucho sentido y mucha sensibilidad en la descripción de Carmiña (18/11/65) de un bloqueo literario que sufre (la dificultad de ser "al mismo tiempo lúcidos y espontáneos"), y mucho sarcasmo en un Benet (16/8/65) poco impresionado por la lectura entusiasta que su amiga está haciendo de La revolución sexual de Reich: "Desde que a los diecisiete años tuve un tifus de órdago mi cuerpo padece mucho más del problema intestinal que del sexual".

Correspondencia
Carmen Martín Gaite y Juan Benet
Edición de José Teruel
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores Barcelona, 2011
237 páginas. 18 euros

Articulo : http://www.elpais.com  17/09/2011

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