dimanche 25 septembre 2011

Daniel ARJONA/Vicente VERDÚ: “El que quiera morir respirando naftalina, que muera”


Vicente Verdú
“El que quiera morir respirando naftalina, que muera”
Por Daniel ARJONA 

Escritor, periodista, sociólogo en estado de alerta, Vicente Verdú (Elche, 1942) se estrena en La Esfera de los Libros con La ausencia (2011), una paciente decantación del amargo vino de estos tiempos de crisis: la palpitante y múltiple sensación de vacío que ciega las líneas de fuga y con la que hay que aprender, por ende, a vivir. O como dice aquí: “la Nada en la que guarecernos”.

Pregunta: La idea del libro surgió a la muerte de su mujer en 2003, pero no lo escribió hasta 2010. ¿Por qué?
Respuesta: Nunca pensé en hacer un libro sobre ese dolor personal. Más bien la intensa experiencia de la ausencia me dispuso para verla presente casi por todas partes. 

P: Si la “ausencia” es una pérdida que la Nada llena, ¿cómo desalojar esa Nada?
R: La Nada, si se pudiera materializar, sería la mejor defensa física y personal contra la muerte. No hay que desalojarla, sino guarecerse en ella. 

P: Dicen que la postmodernidad flaquea y que adviene una nueva autenticidad.
R: Siempre pasa así con los cambios de época. Pero la postmodernidad no es buena ni mala, ni frívola ni impertinente, se ha comportado y se comporta comoun pasaje desde cuyo puente hemos oteado el fin de la cultura tradicional, ya pesadísima. 

P: ¿En qué funda su denuncia de la obligación de ser feliz ?
R: La idea de felicidad se hace infeliz cuando se convierte en una idea. Somos felices cuando no lo sabemos. Mucho menos cuando nos lo proponemos. 

P: Ni los “ciegos mercados” ni una instancia política “que hiede”. ¿Entonces qué?
R: No me convence, como a tantos otros, la organización democrática actual, no importa en el país que sea. La Gran Crisis tiene su origen no ya en el podrido mundo financiero sino previamente en la corrupción del sistema político y su venenosa decadencia. 

P: Advierte del contraste entre las coloridas revoluciones de hoy, (verdes, naranjas...) y nuestros blancos e inanes políticos.
R: Así como las nuevas guerras no serán ya conducidas por generales sino por anónimos piratas informáticos, en el mundo de la Red no hay movimientos dirigidos por un líder y un programa único, revolucionario o no, sino por la colaboración y “el saber de la muchedumbre”. 

P: ¿Y qué opina del 15M, nuestra revolución indígena?
R: Que se trata del primer conato vertido sobre la realidad física desde las fuerzas, cada vez más importantes, de la virtual. No sabemos qué mundo nos espera pero el principio se encuentra ahí. 

P: ¿Le impresionó ver a Chávez paseando El capitalismo funeral?
R: Chávez enarboló mi libro en la Gran Vía de Madrid, recién comprado, como un panfleto. A él le sirvió el título como una proclama ideológica, al libro le sirvió de propaganda. Nada más. Ni El capitalismo funeral es un panfleto ni jamás habría elegido a Chávez para promocionarlo. Fue una suerte de marketing accidental. 

P: Dígame, ¿los galeristas le han vetado la entrada tras aquella famosa columna?
R: Lo más curioso del caso es que la columna trataba de enaltecer a los galeristas. Ahora que pinto y deseo, obviamente, exponer ¿cómo iba a cerrarme el camino de las galerías que, dicho de paso, son de los mejores lugares para visitar? 

P: No menos comentadas fueron sus “Reglas para la supervivencia de la novela”, una apuesta por los nocilleros que entonces descollaban. Cuatro años después, ¿cumplieron sus expectactivas?
R: Me llevo muy bien con los nocilleros porque han perdido tanto el respeto por la novela convencional y porque no siguen creyendo que el novelista es el heroico escritor por excelencia. Mis reglas no arreglan nada. Sencillamente el que quiera morir respirando naftalina, que muera. La escritura creativa es un bello pulmón que no merece ese insufrible y decimonónico veneno. 

P: Hace poco sugería “tomar la patria a broma”. ¿Carecen los nacionalistas de humor y no se les puede tomar por ello en serio?
R: Efectivamente. Pocos personajes hay más acartonados, antiguos y próximos al autoritarismo reductor que los nacionalistas. Auténticos suicidas ideológicos. 

P: ¿Y después de la ausencia qué? ¿Decadencia o renacimiento?
R: Un renacimiento, siempre. De no haber sido así, habría terminado la especie o habría evolucionado. Lo peor de este momento es la larga y penosa espera que requiere su actual y profunda metamorfosis. 

Articulo : http://www.elcultural.es  23/09/2011

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