CRÍTICA: Narrativa Jordi Soler - Diles que
son cadáveres / Jordi Soler - Salvador Dalí y la más inquietante de las chicas
yeyé
Entre Artaud y Dalí
Por Ana RODRÍGUEZ FISCHER
Narrativa. "Diles que son cadáveres y
que jamás resucitarán de entre los muertos", les espetó Antonin Artaud a
sus colegas antes de abandonar el salón donde celebraban un cóctel literario
una noche de mediados de agosto de 1937, cuando el poeta se disponía a
abandonar París y embarcarse rumbo a Irlanda en busca de los rastros de los
celtas y de la cultura precristiana, siguiendo un impulso análogo al que, a
principios de 1936, lo había llevado a México, al país de los Tarahumara, de
donde, con ayuda del peyote et alii, regresó poseído de una violenta
pasión crística que poco después le llevaría a "buscar este Dios de
caridad eterna entre los irlandeses", breve viaje del que -tras ser
detenido, encerrado en un sanatorio y finalmente expulsado de allí- regresaría
a París para ser ingresado de por vida en un asilo.
Las peripecias de este viaje (y cuanto lo
precedió) nos las cuenta Jordi Soler en Diles que son cadáveres a
través de un narrador devoto de Artaud, que prepara una antología y un ensayo
sobre el poeta en el tiempo libre que le deja su trabajo como agregado cultural
de la Embajada mexicana en Dublín (lo que propicia salpicar el relato con
jugosos apuntes sobre ciertos eventos de la cultura oficial o institucional) y
al que un buen día el presidente de Artaud & Co. le encarga
"rescatar" de la catedral dublinesa el bastón de San Patricio, que en
su viaje Artaud devolviera al pueblo irlandés, tarea en la que al narrador,
como antes al poeta, lo acompaña un estrambótico personaje.
Hay una relación especular entre ambos
viajes y hay, sobre todo, un magnífico y sugestivo juego literario porque la
relación entre una y otra aventura está invertida, reflejándose al par la
inicial dimensión mítico-poética y el orbe de una realidad sobre la que después
pivotaría el conflicto del nacionalismo armado. Además de la aventura, repleta
de episodios de muy varia naturaleza (incluido un breve psicodrama), esta novela
tiene también su dosis de intriga detectivesca y una inflexión metaficcional
que da entrada a anotaciones sobre una narración (y su proceso: modos,
objetivo, indagación, selección, etcétera) que, en parte, acabará siendo
"la (hilarante) historia de mí mismo con el bastón de Artaud", según
advierte el propio narrador.
Jordi Soler combina y dosifica muy bien
los ingredientes de su novelesco puzzle, sin caer en la tentación de explayarse
innecesariamente sobre Artaud y su obra ni tampoco desviarse por las demás
filiaciones literarias que colindan con la aventura esencial (el posible
encuentro de Malcolm Lowry y Artaud en México o la omnipresente sombra de Joyce
en Dublín, por ejemplo) y mantiene un ritmo muy equilibrado entre la acción y
sus remansos discursivos. El juego literario latente (que no tiene por qué
advertirlo el lector) añade un plus de diversión y, desde luego, eleva la
valoración crítica de Diles que son cadáveres, novela en la que Soler
fusiona varios moldes narrativos, pues a los ya señalados deben añadirse
retazos quijotescos, resortes apicarados, o el muy joyceano modo de trocear la
realidad que tanto inquieta a este atribulado narrador, cuya aventura (como la
de Artaud) no tiene un desenlace airoso: en un modesto barrio parisino,
gritando por las calles la historia de su bastón, y... ¿lo adivinan?
Una mirada igual de incisiva, atenta al
dato revelador, detalles o anécdotas de naturaleza ingenua, grotesca o trágica
pero siempre sorprendentes en tanto que singulares y a menudo anunciadores de
una vida o de un destino, sobrevuela los retratos de -entre otros- Al Capone,
Charles Manson, Dennis Hopper, Elvis, Nadia Comaneci, El Zorro o la
liliputiense Lucía Zárate, protagonistas de los textos que
componen Salvador Dalí y la más inquietante de las chicas
yeyé, título procedente de una de las tres crónicas autobiográficas que
también incluye este divertido libro, donde se evoca el encuentro, más
psicodélico que surrealista, del "genio" y la cantante Françoise
Hardy (¿recuerdan? Tous les garçons et les filles de mon âge...) en el
Ritz de Barcelona en 1970. Hay más encuentros y desencuentros: los de Janis
Joplin y Leonard Cohen, los de Edmond Wilson y la poeta Edna St. Vicent Millay
o los oscuros y dramáticos reveses de la realidad contra la que Andersen
levantó el mundo luminoso de sus cuentos. Y hay también en estas páginas muchos
enigmas e intrigas que Jordi Soler nos cuenta maravillosamente, en un recorrido
tan sentimental como irreverente por esta galería de retratos compuesta por
personajes legendarios e inmortales, tribus ancestrales, aventureros varios,
iconos de la cultura pop o frikies.
Diles que son cadáveres
Jordi Soler
Mondadori. Barcelona, 2011
195 páginas. 18,90 euros
Salvador Dalí y la más inquietante de las
chicas yeyé
Jordi Soler
Mondadori. Barcelona, 2011
215 páginas. 16,90 euros
Articulo : http://www.elpais.com 29/10/2011
