CRÍTICA:
La llaga de la guerra
Por Lluís SATORRAS
Narrativa. Obra mayor de uno de nuestros
grandes escritores, Niños feroces es una novela que mezcla
armoniosamente narración pura, análisis histórico, reflexiones sobre literatura
y discursos técnicos, en una prosa libre y natural, y plantea una estructura
narrativa envolvente que nos introduce en la vorágine del tiempo, el extenso
pasado y el ancho presente. Vemos el helado invierno que gobierna el campo ruso
y la patética desolación de Berlín en 1945, pero también el recogimiento de la
ciudad medieval de Dijon y el Madrid cotidiano de la época actual.
Percibimos al propio autor batallar con
legítima fuerza para moldear el material que tiene entre manos conociendo su
importancia y sabiendo que pertenece a su ámbito mental y tiene que ser
comunicado. Surge directamente de obras anteriores como Del Rif al Yebala,
El nombre de los nuestros y Carta blanca que abordan con
franqueza las guerras coloniales de las tropas españolas en Marruecos,
demostración del interés genuino de Silva por los temas militares. Para exponer
el hecho terrible de la guerra, un hecho sin fronteras ni límites temporales,
Silva crea un extraordinario personaje, Jorge García Vallejo, adolescente en la
Guerra Civil e hijo de militar, que asiste, impotente, a la detención de su
padre y conoce después que ha sido asesinado. Su dolor y su desconcierto le
convierten en uno de esos jóvenes "a la intemperie" que, acabada la
guerra, al leer un libro con los pensamientos de José Antonio ve el cielo
abierto y se enrola en la División Azul. La expedición fue, como se sabe, un
fracaso y su decepción por no haber podido cumplir la ilusión de llegar
victorioso a la estepa rusa es enorme. Sin embargo, cuando disparó su fusil por
primera vez sintió que había "encontrado su lugar en el mundo". Hay
otros en su misma situación. Son "niños perdidos" que en su afán de
reemprender el camino se convierten en "niños feroces". Cuando él
regresa a España siente la traición de los suyos arrimados al poder franquista
y se enrola en una compañía de las Waffen-SS para defender Berlín cuando todo
está ya perdido. Son, él y sus compañeros, "voluntarios para la
catástrofe". Poniendo como "héroe" a alguien que no puede serlo
por principio, Silva (ya ha dejado claro en otras ocasiones que él no es
políticamente correcto) plantea al lector hondos problemas morales, para cuyo
esclarecimiento son una buena ayuda las guerras actuales que también aparecen
en el libro.
Debo señalar alguna escena especialmente
memorable como la narración de la batalla de Krasny Bor con una mezcla de
implicación y distanciamiento. Lo primero compartiendo las emociones del
protagonista, lo segundo utilizando frases irónicas y comentarios técnicos. Por
otra parte, un contraste ejemplar lo constituyen las dos entrevistas con
militares que participaron en las expediciones amparadas por la ONU.
Respetuosos y civilizados, exponen unos puntos de vista que deben ser
escuchados por un público distraído. En los momentos finales, la presentación
del caos en que vive la ciudad de Berlín cuando ya Hitler encerrado en su
búnker se prepara para el suicidio posee una fuerza y emoción especiales. Sus
escenas rápidas y breves y algunos repentinos golpes de efecto producen
escalofríos.
Por encima de esas historias que se leen
con pasión sobrevuela una pregunta planteada por el narrador: ¿cómo un
novelista que nunca ha participado en ninguna guerra ni sabe nada de armas y
tropas en movimiento puede comprender a un personaje para el que todo esto es
fundamental? Qué relación hay, pues, entre la escritura y la experiencia. Esta
es la cuestión. Por eso, esta novela no sólo es una obra donde se plantea el
problema de la guerra sino también el tema de cómo se escribe una novela. Así,
la manera en que el autor acarrea sus materiales (películas como Black
Hawk derribado de Ridley Scott y libros como El arte de la guerra de
Sunzi), el aprendizaje de cuestiones técnicas y el mismo proceso de elaboración
forman parte de la novela. Silva ha ideado un complejo mecanismo narrativo que
se demuestra firme y adecuado para percibir simultáneamente hechos bien
separados en el tiempo y el espacio. Los tres narradores de la historia (Jorge,
el profesor que de joven escuchó y anotó la primera narración y el alumno que
ahora la pondrá por escrito) tienen una visión cada uno de ellos limitada, pero
cuando las tres se ensamblan es el momento en que la narración completa
adquiere toda su expresividad. Es un festín con varios comensales y cada uno
dispone de espacio para expresar sus emociones y sus ideas. Cada uno tiene una
ilusión que no puede cumplirse siempre, aunque "la vida tiende a
otorgarnos lo que le pedimos, pero lo sirve a su antojo".
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CRÍTICA:
El pensador vagabundo. Estudios sobre
Walter Benjamin
Por Isidoro REGUERA
Ensayo. Buena ocasión este libro para dar
la bienvenida al debate filosófico español a la editorial Eutelequia, joven
ella y dedicada especialmente a escritores jóvenes o noveles valiosos. Y para
despedir tristemente a la mejor revista electrónica de filosofía en
España, A Parte Rei, que ha venido editándose desde 1999 hasta mayo
pasado, en 75 números.
Que llevaba casi en exclusiva el coordinador de este
libro, Carlos Muñoz Gutiérrez, y de la que provienen los artículos recopilados
en él. Tiene razón Carlos Muñoz al decir que "no podemos volver a leer a
Goethe, a Proust, a Kafka, a Brecht o a Baudelaire sin tener en cuenta lo que
nos dijo Benjamin sobre ellos". Y a muchos más. Benjamin es un punto de
referencia no sólo para la literatura, sino para el arte en general y desde
luego para la filosofía. El abanico inmenso de posibles referencias de sus
escritos, su pensamiento poliédrico, el collage o fusión de
horizontes de su método, su escritura fragmentaria, se evidencian también en
los diferentes enfoques de este libro, que son como una serie de
"pasajes" por donde acceder a Benjamin. Cada uno de los catorce autores,
siete españoles y siete iberoamericanos, afronta libremente desde su tema el
todo benjaminiano, sin sentirse encerrados en una estructura forzada de
especialistas. Un bello abanico de singularidades, llenas de frescura, sin
vocabulario trasnochado, imaginativas. Señal de la filosofía, sociología y
crítica literaria jóvenes hispanoamericanas, cultas y originales, al menos
interpretativamente. Un abanico que despliegan temáticamente y al que dan
sentido pleno estas palabras de la introducción: "Todos los conceptos
creados por Benjamin o su recreación de los tradicionales (verdad, aura,
historia, experiencia, dialéctica, alegoría, metáfora, redención, etcétera)
edifican esa búsqueda de lo eterno, eso que llegando del pasado nos sobrepasa y
se encamina inexorablemente hacia el futuro, dejándonos transformados,
enriquecidos".
El pensador vagabundo. Estudios sobre
Walter Benjamin
Varios autores
Carlos Muñoz Gutiérrez (coordinador)
Eutelequia. Madrid, 2011
384 páginas. 23 euros
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CRÍTICA:
De la llama a la gracia
Por Antonio ORTEGA
Poesía. Gerard Manley Hopkins (Stratford,
Essex, 1844-Dublín, 1889), en un movimiento poético innovador, establece una
especie de ontología de la gramática donde las palabras representan la relación
con las cosas y la sintaxis asume las conexiones entre sujeto y objeto:
"Estas cosas ya estaban aquí y sólo faltaba / quien las mirara", pues
"allí vive la más preciosa lozanía muy dentro de las cosas".
Siempre oscuro y difícil, estableció una
poética sustentada en la estructura profunda del lenguaje, sólo posible en
quien mantenía una visión teológica del Logos, donde la autoridad de la palabra
se hace carne en las torsiones apasionadas y el éxtasis desesperado de unos
versos que muestran "el don de Dios". Una intrépida lengua, confiada
a las vacilaciones de unos poemas que parecen tambalearse en la seguridad de
unos versos avasalladores por su plástica luminosidad y su agreste belleza. Su
mundo poético es el de una presencia divina milagrosamente contenida en el
mundo material: lo indivisible y eterno se muestran en lo imperfecto y
transitorio, pues como dice en uno de sus impresionantes sonetos, "El
mundo lo blasona: la grandeza de Dios. / En llamaradas saldrá, cual brillo de
lámina agitada; / cual rezumado aceite exprimido se engrosa en
grandiosidad". Ese brillo es lo que el propio poeta
llamó inscape, un fondo personal creado para describir esa inmanente
singularidad interior que levanta una escritura situada en medio del camino,
entre lo único y lo universal, lo temporal y lo eterno, lo material y lo
trascendente, lo creado y el Creador, "para veloz ir de la llama a la
llama y lanzarse de la gracia a la gracia". Rivero Taravillo nos ofrece
una antología vivaz, con versiones fluidas, inspiradas, a veces magistrales,
incluida la de El naufragio del Deutschland, si no la mejor, sin duda
es una de las mejores. Versiones atentas a sus juegos sonoros y aliterativos
("nerviosa nieve de brioso blanco"), a los términos compuestos y a
los neologismos hopkinianos, elementos esenciales de ese innovador sprung
rhythm, ese ritmo abrupto o saltarín que logra efectos dramáticos y
musicales inéditos. Una obra que trasciende el momento de su enunciación para
situarse fuera de la temporalidad de nuestras existencias individuales:
"Más allá del dulce hablar, de lo que la lengua dice, / eres relámpago y
amor".
El mar y la alondra. Poesía selecta
Gerard Manley Hopkins
Traducción de Antonio Rivero Taravillo
Vaso Roto. Madrid, 2011
133 páginas. 13,75 euros
Articulo: http://www.elpais.com
15/10/2011
