dimanche 9 octobre 2011

El fin de la terapia


El fin de la terapia

Una destacada siquiatra sicoanalista, Natasha, invita a nueve pacientes mujeres a reunirse en una parcela cercana a Santiago con el propósito de que cada una de ellas -que antes no se conocían- cuente en público sus vidas en una suerte de acto final de apaciguamiento y, de ese modo, dar por concluida la terapia con una "sanación" -en la medida en que las complejidades de la psiquis lo permitan- que tiene un cierta convergencia en la propia Natasha. Hay también una "undécima mujer", una argentina que Natacha conoció de joven cuando estudiaban en la Universidad en Buenos Aires, que es, desde hace largos años, su asistente y entrañable amiga.

La percepción, que aparece señalada en el epílogo, de que "el valor de los humanos es su capacidad de separación, de ser independientes, se pertenecen a sí mismos y no a la manada" y que ese camino de individuación y autonomía pueden ser llevado a cabo con la ayuda esencial del terapeuta, son los presupuestos antropológicos y sicológicos del relato, que jamás se cuestionan y más bien son axiomas o tesis de las cuales la novela es corolario o demostración.

La estructura narrativa de la novela es bastante simple: un prólogo y un epílogo relatado por un narrador autoral, focalizados en la interioridad de Natasha, que observa desde una ventana la llegada y partida de sus pacientes, y diez capítulos -titulados con el nombre de cada una de las mujeres- en que ellas cuentan, cada una a su modo, sus respectivas vidas. Entre estas también el lector puede enterarse de la vida de Natasha, contada no por sí misma, sino por su fiel y amante asistente.

Serrano se impuso un desafío creativo enorme, porque, en su esfuerzo por mostrar la diversidad de lo femenino, escoge diez vidas (casi once) y personalidades diversas entre sí, y para ello va combinando las distintas variantes de manera que ninguno de sus personajes tiene que ver con el otro: estrato social y económico, oficio o profesión, estudios, edad, preferencia e identidades sexuales, lugares de origen, etcétera, cambian llamativamente en cada historia. En esta novela, una paciente no se distingue de otra por la edad, sino que también tiene que ser lesbiana, medio cuica, haber estudiado informática, vivir en otra parte. Usando un símil manido, son como un bello y abigarrado manojo de distintas flores. Desde lo alto de la ventana, el narrador autoral que toma la voz de Natasha presenta, con humanidad, a cada una esas distintas flores que conoce por su consulta ya muy bien. Es difícil construir diez (u once) historias con protagonistas deliberadamente diversos hasta este extremo, cuyo único elemento común es que son mujeres y pacientes de Natasha. A su vez, como el grueso de la novela está narrado en primera persona por diez narradores distintos, Marcela Serrano se esfuerza por traspasar al lenguaje, a la superficie del texto, las marcas que permiten identificar a cada una de esas monadas femeninas. En ambas operaciones, la novela actúa con eficacia pero con simplificación excesiva y, por ende, sólo en algunos casos sus personajes logran plena verosimilitud y, paradójicamente, a contrapelo de su total diferenciación exterior, sus vidas se parecen a otras historias de mujeres y sólo en algunos capítulos alcanzan la total individuación del personaje.

Marcela Serrano construye la relación con el lector en base a la "empatía", un recurso literario por completo legítimo y de uso muy frecuente. El disfrute estético obedece, en buena medida, a que el lector pueda lograr ponerse en el lugar del personaje, sentir que hay aspectos en él que le son íntimamente pertinentes. Ese contacto es el buscado aquí. Es bastante difícil que entre el público no se produzca algún tipo de empatía con alguna (o con varias) de las mujeres que integran este verdadero tarot femenino propuesto por la autora.

Hay que señalar que Serrano tiene buena prosa, simple y clara, que se lee con facilidad. La novela, con todo, parece fracasar en su intento de retratar diez vidas distintas en 300 páginas. Son diez biografías diferentes en una sola novela, biografías que únicamente tienen en común lo señalado: ser mujeres, pacientes de Natasha y ser "algo neuróticas". El arte de la biografía breve (y estas son breves) es un arte mayor, en extremo complejo, que implica una gran habilidad en la selección de los hechos narrados. El relato literario de una vida no se parece al relato histórico-biográfico y, a veces, Diez mujeres cede hacia una retahíla de hechos, que como las fechas de los reinos, van jalonando estas vidas. Así, las sensibilidades, imágenes y detalles concretos se pierden en el recuento desnudo, superficial y acelerado de los hechos. Contar el otro lado de éstos, en un relato breve, exige menos informar que apelar a la filigrana que los desfamiliariza.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 02/10/2011

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