ENTREVISTA: El Nobel de Literatura se
queda en Suecia - La entrevista TOMAS TRANSTRÖMER Escritor
"La poesía es algo parecido a un
sueño en la vigilia"
Por J. Antonio GONZÁLEZ IGLESIAS
El autor sueco fue galardonado ayer con el
gran premio de las letras universales. Días antes había conversado por correo
electrónico para EL PAÍS con el poeta Juan Antonio González Iglesias. Desde
1990 sufre una afasia que le impide hablar
Parece fácil decir que a los poetas todo
se les convierte en acontecimientos, pero es así. Hace unas semanas recibí una
llamada de Babelia -el suplemento cultural de este periódico-
proponiéndome entrevistar a Tomas Tranströmer. Un diálogo de poeta a poeta, así
me lo dijeron. Ajusté la idea, pensando que al menos un poeta grande iba a ser
entrevistado por uno de sus lectores.
Nacido en Estocolmo en 1931, puede
asegurarse de él, sin que suene anacrónico, que es un poeta. También traductor,
músico, y psicólogo en instituciones penitenciarias suecas. Es uno de los
poetas suecos más influyentes en las letras universales, traducido a más de
cuarenta idiomas y galardonado con importantes premios internacionales. Aun
así, el Nobel me parecía difícil, porque no deja de ser sueco y la paradoja
persigue especialmente a los poetas.
Tomas Tranströmer responde mis preguntas
por escrito. No por la moda electrónica de nuestra época, sino porque hace dos
décadas que se comunica así con el mundo. Él mismo hará alusión en la
entrevista al ictus que sufrió hace unos años. Aquello lo privó del habla, y
dejó paralizada la mitad derecha de su cuerpo. Sus lectores siguen asombrados y
desconcertados porque el propio poeta había publicado varios años antes unos
versos que anunciaban una hemiplejia. Está reconocido internacionalmente como
alguien que pone absolutamente al día las antiguas funciones del poeta. Hemos
intercambiado correos electrónicos con la ayuda de su traductor, el poeta
uruguayo Roberto Mascaró.
Pregunta. Pocos poetas actuales han
dejado tan claro que Horacio se encuentra en su principio. En su primer libro,
escrito en plena juventud, guardó usted un torrente poético vanguardista en las
serenas formas horacianas.
Respuesta. En la década de los
cuarenta, el estudio del verso clásico, además de la lectura y la traducción de
Horacio, estaban incluidos en los estudios secundarios. Los alumnos tenían 17 o
18 años, y fue por ese tiempo que empecé a escribir poesía. Sentíamos a Horacio
tan contemporáneo como René Char y los otros surrealistas. Realmente, era
"tan ingenuo que se transformó en sofisticado", es decir, se
confundió lo que para mí era algo cotidiano y normal (recibir influencia de
Horacio) con un gesto de "vanguardia".
P. Veo, por cierto, muy horaciana su
percepción del hielo y la nieve, en la medida en que propician el apartamiento.
¿Sigue usted reclamando diez minutos de soledad poética para inaugurar el día y
clausurarlo?
R. Ahora, ya cumplidos los 80, tengo
tiempo de sobra para satisfacer mi necesidad de soledad. Hoy son otras las
dificultades para mi ejercicio de la escritura.
P. La sonoridad de su poesía es un
placer. Por ejemplo barkborrarnas protokoll suena también rotundo en
la traducción: "El protocolo de la termita".
R. ¡El sonido de las palabras me
proporciona una inmensa alegría!
P. Hablemos también de la metáfora,
el recurso al que un poeta recurre con la mayor naturalidad del mundo, y que a
veces es rechazada, especialmente por parte de los jóvenes. Es preciosa la
sencillez de esta metáfora: "Un kilo pesaba apenas setecientos
gramos". No hay modo mejor de expresar la ligereza proporcionada por la
luz de la nieve.
R. Para mí, el pensamiento en forma
de imágenes es una base fundamental para la poesía. Los jóvenes, y en general
todos nosotros, somos hoy inundados de información, imágenes y un perpetuo
fotografiarlo todo que, sin duda, embota nuestro pensamiento en imágenes. Sin
embargo, tengo la sensación de que el rechazo a la metáfora que se notaba
claramente en Suecia hace como un lustro se ha modificado; y la metáfora no es
algo que produzca hoy rechazo.
P. Usted ha escrito: "Esta tarde
se refleja la belleza del mundo". Quizá los poetas y sus lectores sean los
más sensibles al bien y al mal en estado puro. Es apasionante esa voz que usted
guarda en un poema, la que dijo "Hay uno que es bueno / hay uno que puede
verlo todo sin odiar".
R. Esas últimas líneas pertenecen a
un poema que se llama En el delta del Nilo, y que está basado en un
hecho auténtico y en un sueño que tuve cuando viajaba por Egipto con mi esposa.
La zona rural de Egipto era, hace 50 años, parte del mundo subdesarrollado, y
el encuentro con esta realidad fue para nosotros muy provocador. En el sueño llegó
esta voz, que no sé qué representaba, pero sé que me dio una especie de
consuelo; no provocó una aceptación pasiva a esa realidad, sino más bien brindó
un sentimiento de esperanza y de la posibilidad de transformación.
P. Imagino que haberse formado y
haber ejercido su profesión fuera de la literatura le ha permitido mayor
libertad. Me refiero tanto a la creación misma de los textos como a su
independencia personal.
R. Siendo joven, reconocí que no
podía mantenerme ni alimentar a una familia con la escritura de poesía; de modo
que elegí una profesión que no perturbase la escritura, sino que le agregase
experiencia. Por esto elegí la profesión de psicólogo, de lo cual nunca me he
arrepentido.
P. Es muy valiosa la poesía que
circula fuera de los libros. Usted envió algunos de sus primeros haikus como
felicitación de Año Nuevo para su amigo Åke Nordin. ¿Fueron escritos también
pensando en ese formato más breve, más poético que literario?
R. Åke Nordin, que era también poeta
y psicólogo, trabajaba como director de una prisión para jóvenes. Fue a través
de Nordin que yo también comencé a trabajar en la prisión de Roxtuna. Los nueve
haikus fueron escritos como agradecimiento de una visita a la prisión. Fueron
enviados en forma de carta. Eso fue en 1960, sin que tuviese planes de
publicarlos. Cuarenta años después, alguien descubrió la carta y los haikus se
publicaron hace poco, junto con mis poemas completos.
Estamos conversando sobre el mapa de
Europa, de norte a sur, como si nada. Pero quizá haya algo que matizar ahí. La
Europa profunda que Tranströmer ha detectado en sus libros va más allá de las
descripciones: "La catedral ennegrecida, pesada como una luna, hace flujo
y reflujo". En esas líneas se contiene una definición simbólica de Europa.
Cosa que no debe desdeñarse, porque es actualidad pura.
P. Ante la fragilidad económica de
Europa, ¿podemos pensar en una poesía europea, con independencia de los
idiomas?
R. El poema va a depender siempre de
la lengua en que nació. Pero tal vez en el futuro va a ser más fácil para el
poema atravesar fronteras.
P. El sueño (de dormir) y los sueños
(de soñar) son constantes en su obra. No ha tenido miedo a ver en el despertar
una resurrección. ¿Es el poeta el que mejor puede convertir el sueño o los
sueños en lenguaje?
R. Un poema no es otra cosa que un
sueño que yo realizo en la vigilia. El sueño y el poema vienen de la misma
persona. Tienen algunas leyes compartidas. Tengo una relación de mucho amor con
el sueño. Me voy a la cama como si fuese a una fiesta. El despertar es casi
siempre una desilusión.
P. A un poeta tan cercano a la
música, que también es músico, atento a la escultura, a la pintura, le
pregunto: ¿corresponde a la poesía ser el arte que contiene todas las demás
artes?
R. Si la poesía contiene todas las otras
artes, eso no lo sé. Pienso a menudo en imágenes, y la música es una parte
importante de mi vida. Esto se expresa, naturalmente, en mi escritura de
poemas.
P. Convierto en pregunta una
afirmación suya. No le pido más que un monosílabo. ¿Todo canta?
R. Le respondo con tres sílabas
españolas: ¡a veces!
Tomas Tranströmer contesta de tres modos
muy distintos, y en los tres se aprecia su trato poético con el lenguaje.
Normalmente "responde respondiendo", si se me permite la obviedad (y
se nota al poeta en su amor al sonido, a las sílabas, en las metáforas, como la
de la fiesta). Sin embargo, también se ha explayado por su cuenta, fuera de lo
que le propongo, en una excursión por las cosas que también es propia de un
artista. A raíz de la última pregunta, que le obligaba a sujetarse a un
monosílabo, ha querido desbordarseañadiendo una serie de preciosos
comentarios sobre la música, lo que da la clave de la enorme importancia que
este arte tiene para él: "A menudo me preguntan qué significa para mí la
música. Hoy podría responder que la música significa si no todo, una inmensidad
de cosas. No tengo oído absoluto y tampoco una buena memoria musical, pero la
música me mueve de una manera muy intensa. En mi temprana adolescencia, yo
creía que la música sería mi profesión. Mi camino hacia la música fue entonces
el piano. Comencé a tocar en serio a los 16 años, y el pasaje por mi primera
crisis vital lo hice martilleando el piano. Más tarde en la adolescencia, la
escritura de poemas fue lo dominante, pero la música ha sido siempre mi refugio
durante toda mi vida, y he tocado el piano diariamente. Después
del stroke que me afectó en 1990, he seguido tocando con la mano
izquierda. La música para la mano izquierda era para mí entonces un territorio
desconocido, y fue con asombro que fui descubriendo todas las obras que se han
escrito. He dedicado mucho tiempo, en los últimos años, a buscar esas obras,
con mayor o menor éxito. También se han escrito algunas piezas para mi mano
izquierda; como aficionado que soy, esto lo he sentido como un gran
honor".
Y, casi a modo de compensación, hay varias
preguntas a las que no ha respondido, después de tomarse tiempo para pensarlo.
Tal como está el mundo, y siendo el tipo de poeta que es, estos silencios
resultan tan significativos como las respuestas, si no más.
No ha respondido nada a una cuestión sobre
los mitos, él, que sentenció hace años que "el círculo interior es el del
mito". Tampoco a la posibilidad de que el poeta fuera un mediador entre la
naturaleza y los ciudadanos, cuando nos ha invitado a fluir "con el
arroyo". Y en fin, destaco aquí sus dos intensos silencios, que lo dicen
todo, ante estas dos preguntas:
-No sé si quiere añadir algo nuevo sobre
la vieja cuestión del compromiso político. No sé si quiere añadir algo a estas
palabras de uno de sus versos: "El funcionario del Partido...".
-Usted ha anotado que Dios escribe en la
arena y lo ha sentido como un soplo de viento. ¿Dónde queda, después de que
estas dos líneas suyas "Y la energía de Dios / arrollada en la oscuridad"?
Estos silencios probablemente no sean una
omisión o una negativa explícita a contestar, sino algo mucho más fino:
generalmente los grandes poetas no tienen nada que añadir a lo que ya dijeron
en verso. Prefieren no incurrir en declaraciones que podrían alcanzar la
categoría de ocurrentes o actuales, pero siempre serán inferiores a lo que
dijeron en un poema. Por no hablar de que los asuntos muy delicados -mitos,
Dios, naturaleza, ciudadanos, compromiso- requieren la precisión máxima del
lenguaje, y esta se logra en el lenguaje poético. Así que los versos citados
quizá sean respuestas dadas con antelación. Quizá las únicas posibles.
El séptimo sueco
- "Porque, a través de
sus imágenes condensadasy translúcidas, nos da un acceso fresco a la
realidad". Esas son las razones de la Academia Sueca para premiar a Tomas
Tranströmer.
- El poeta, nacido en Estocolmo en 1931,
es el séptimo autor sueco premiado en los 110 años de historia del
Nobel. Los últimos habían sido, en 1974 y ex aequo, Eyind Johnson y Harry
Martinson.
- Aunque Herta Müller (2009) ha publicado
poesía, ningún poeta a tiempo completo había ganado el premio desde
la polaca Wislawa Szymborska (1996). Según Peter Englund, secretario
de la academia, tanto ella como Seamus Heaney o el
fallecido Joseph Brodskyfueron años atrás los grandes valedores de la
candidatura de Tranströmer.
Articulo : http://www.elpais.com 07/10/2011
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El Nobel de
Literatura se queda en Suecia - La entrevista
A la vez topo y águila
Por Javier RODRÍGUEZ MARCOS
Los buenos poetas son todos zurdos.
Escriban con la mano que escriban, lo hacen desde el lado imprevisto del mundo
y del lenguaje. A veces desde el lado inexplicable también. En 1990 un ictus
paralizó la mitad derecha del cuerpo de Tomas Tranströmer, afectado de afasia
desde entonces. La paradoja es que en 1974 había escrito estos versos:
"Entonces llega el derrame cerebral: parálisis en el lado derecho / con
afasia, solo comprende frases cortas, dice palabras / inadecuadas". Forman
parte de Bálticos, un largo poema en el que la geología se mezcla con
la genealogía.
La suerte editorial de Trans-trömer en
España ha cambiado radicalmente en dos años. Si en 1991 el sello Hiperión
publicó la antología Para vivos y muertos, traducida por Francisco
Uriz y Roberto Mascaró, el año pasado este último amplió su obra en la
imprescindible selección El cielo a medio hacer, con prólogo de Carlos
Pardo y publicada por Nórdica. La misma editorial acaba de presentar, en
edición bilingüe del propio Mascaró, Deshielo a mediodía. Con ambas
antologías se completa la traducción de la docena de libros que Tranströmer ha
publicado entre 1954 y 2004, un panorama que incluye Visión de la
memoria, las breves pero intensas páginas autobiográficas publicadas en
1996 y recogidas en El cielo a medio hacer.
Así, el lector español tiene acceso a la
obra de un autor cuyo papel en la literatura mundial está, según Kjell Espmark
-poeta y académico sueco-, a un peldaño del que jugaron paisanos suyos como
Swedenborg para el romanticismo y el simbolismo o Strindberg para mundos tan
dispares como el intimismo dramático, el expresionismo alemán o el teatro del
absurdo. Tranströmer comenzó a publicar en los años cincuenta y en los sesenta
pasó por el purgatorio de no ser un escritor escolásticamente comprometido,
pese a la carga crítica de poemas como En los suburbios del
trabajo oZona de arrabal. En los setenta las consignas volvían a dejar
sitio a alguien al que se había tratado de coleccionista de imágenes y al que
alguna vez se quiso descalificar con un elogio: espíritu contemplativo.
Traducido universalmente por grandes
poetas como Robert Bly (al inglés) o Bei Dao (al chino) y santo de la devoción
del fallecido Nobel ruso Joseph Brodsky, la poesía de Tranströmer ha sido
vertida a más de medio centenar de lenguas. El propio Brodsky reconoció haberle
"robado" más de una metáfora, y la metáfora es una de las piedras
angulares de una obra que, por buscarle vecinos, está más cerca del laconismo cercano
a la narratividad de los imaginistas anglosajones que de la exuberancia de los
surrealistas franceses pese a que no ha faltado quien lo llamase surrealista
descarriado. Su enorme capacidad metafórica y de asociación de imágenes no
viene de la escritura automática, sino de la contemplación, ese insulto, del
sueño pasado por el matiz de la vigilia.
Tomas Tranströmer ha escrito un buen
puñado de haikus y toda su obra parece atravesada por el espíritu de
observación, precisión y sugerencia de la estrofa japonesa. Sin necesidad, eso
sí, de limitarse a los famosos tres versos. Para el autor de títulos comoVisión
nocturna, La barrera de la verdad o El gran enigma, la
inspiración es muchas veces un simple abrir los ojos y un poeta, alguien que
intuye antes que nadie que "la semilla golpea bajo la tierra",
alguien que está ahí pero que también, dice él mismo, sabe desaparecer, "a
la vez topo y águila".
Para el autor sueco, además, la música es
un refugio personal y una ética pública: "Izo la bandera Haydn -significa:
/ 'No nos rendimos. Pero queremos paz'. / La música es una casa de cristal en
la ladera / donde vuelan las piedras, donde las piedras ruedan. / Y ruedan las
piedras y la atraviesan / pero cada ventana queda intacta", dice
en Allegro.Lo salvaje no tiene palabras, advierte, pero la música llega
adonde el lenguaje no podrá llegar nunca. "Lo único que quiero decir /
reluce fuera de alcance / como la plata / en la casa de empeños", reza el
primer poema del primer libro que publicó tras el ictus. Basta con cerrar los
ojos, también el aviso es suyo, para oír claramente.
Articulo : http://www.elpais.com 07/10/2011
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El Nobel de Literatura se
queda en Suecia - Dos visiones íntimas
Diálogo con el misterio
Por Antonio COLINAS
Parece ser opinión generalizada que la
concesión del premio Nobel de Literatura (en particular si atañe a la poesía)
despierta dos comentarios. También, creo yo, se dan este año. Por un lado, la
insatisfacción ante la no concesión a otros poetas verdaderamente grandes; en
los dos casos que voy a citar, representativos no solo de una obra sino de
sendas culturas. Me refiero al coreano Ko Un y el sirio Adonis.
Por otro lado, el Nobel -al margen de sus
grandes aciertos: Juan Ramón, Neruda, por citar a poetas de nuestra lengua-
permite la sorpresa de descubrirnos a otros que no siempre son excesivamente
conocidos fuera de sus países. Recordaría los nombres de Seferis, Quasimodo o
Elytis. Creo que la concesión a Tomas Tranströmer despertará esta última
sensación de sorpresa frente a la autenticidad. Y será así aunque dispongamos
últimamente de dos traducciones recientes, El cielo a medio hacer (2010)
y Deshielo a medianoche (2011).
Diría, en primer lugar, que estamos ante
una poesía empapada de misterio y que, sin tener nada que ver, nos recuerda a
obras atmosféricas como las de Poe o Dylan Thomas. A este último por el vigor y
la fuerza de su palabra, siempre rica y llena de claroscuros. El poeta
auténtico se permite, a la vez, transmitirnos un lirismo a fogonazos, intenso,
sin ignorar la realidad, que él revela en el uso de términos actuales, de la
cotidianidad. Pero, como buen poeta nórdico, la naturaleza es la raíz nutricia
de sus poemas, expresada a través de símbolos como el del bosque (sobre todo),
las estaciones, pájaros y plantas, o la noche. De él destacaría también la
libertad expresiva, manifestada en poemas escritos en versículos, en poemas en
prosa o en sus siempre logrados haikus. Y la memoria, esa otra raíz
de la infancia y de la adolescencia sin la que no hay poeta; tiempo que
Tranströmer fijó en su texto autobiográfico Visión de la
memoria (1966). En él aparecen otros símbolos igualmente claves: la
biblioteca, el museo, el maestro, cuanto le debió a las enseñanzas primaria y secundaria,
el latín o el siempre entrañable recuerdo de un poeta especial: Horacio.
Tomas Tranströmer: levemente surrealista,
en posesión de algo que él diferencia -la palabra, el lenguaje, la música-,
sirviendo a una realidad que nunca es "realismo"; pero, por encima de
todo, vigoroso en su expresión y dialogando con el misterio; yendo, como el
poeta debe ir, con la palabra más allá. A veces nos entrega sus poemas desde un
sabroso hermetismo o un surrealismo leve. Pero por encima de estas
características literarias brilla siempre, como fogonazos, con frases que
restallan, "la otra realidad": esa que, sin más, revela lo auténtico.
Antonio Colinas es poeta.
Articulo : http://www.elpais.com 07/10/2011
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El Nobel de Literatura se
queda en Suecia - Dos visiones íntimas
Grandes cosas con palabras pequeñas
Por Roberto MASCARÓ
Después de pacientes años de espera para
todos los que lo rodeamos, Tomas recibe el Nobel. Para mí ha sido una gran
alegría, acompañada por un sentimiento de justicia, ya que mi intuición me ha
dicho siempre que Tranströmer expresa grandes cosas con palabras pequeñas.
Desde que Tomas sufriese un ataque
cerebral, su comunicación con el mundo se realiza gracias a la única persona
que lo entiende, su esposa Mónica. Y también ha estado activo en el arte, a
través de los conciertos de piano de obras para la mano izquierda que Tomas ha
seguido brindando, con su constante buen humor y su tranquilidad asombrosa.
Creo que hoy, cuando recibe el Nobel (seguramente con su risa cascada e
infantil) hay que hacer justicia también a Mónica, que ha sido su mágica
intérprete durante estos años. Sin ella, no hubiésemos sabido casi nada de lo
que pasa en la mente misteriosamente "bloqueada" del poeta.
Cuando los conocí, Mónica trabajaba como
enfermera en un centro de refugiados de Suecia. Allí, los Tranströmer
conocieron a familias uruguayas y chilenas que llegaban en los años setenta
para rehabilitarse de las torturas recibidas en sus propios países. Hablábamos
a menudo de Uruguay. Ellos siempre se asombraban mucho de que en un país de
tradición democrática gobernasen los militares, unidos a los civiles arribistas
y despóticos, con crueldad extrema, con las consecuencias físicas y psíquicas
que Mónica se ocupaba de mitigar en su trabajo cotidiano. Entendían que los
militares se mantuviesen en el poder solamente con la ayuda de ese terror que
ejercían, sin el más mínimo apoyo popular.
He sido amigo personal de los Tranströmer
durante algunos años. Tomé contacto con Tomas al año de haber llegado a Suecia.
Hace más de 30 años lo llamé una noche por teléfono, sin conocerlo, para
contarle que había traducido un poema suyo y que deseaba enviarle una copia. Yo
era un poeta incipiente y extranjero y no había practicado lo que yo llamo el
arte de la traducción. Él no conocía el castellano, ni la poesía
hispanoamericana (fuera de las obras de García Lorca, Vallejo, Borges, Neruda y
García Márquez), pero su respuesta fue amistosa y natural: me expresó gratitud
por el interés. Yo tenía la impresión de que sus poemas se prestaban para
versiones que realmente fuesen reescrituras y no simples transcripciones. Esta
era para mí una manera fascinante de emprender mi viaje hacia el corazón del
idioma sueco. Unos días después de mi llamada llegó Tomas a mi casa, en el
barrio obrero-estudiantil de Estocolmo, Södermalm. A pocas cuadras estaba
ubicada la Editorial Nordan, creada por uruguayos, que presentó en los años
ochenta, entre otras cosas, una novela de Juan Carlos Onetti en sueco; y más allá,
el boliche uruguayo Cono Sur, donde cantaron, entre otros, Los Olimareños y
Susana Rinaldi. Nosotros, un grupo de refugiados, lanzábamos la revista Saltomortal. Tomas
me contó que Söder-malm era su barrio de infancia; de niño, había estado
jugando en las calles cercanas a mi departamento de Bondegatan: es decir, en mi
barrio de adopción. Me pareció una coincidencia bastante asombrosa;
especialmente porque yo ambicionaba transformarme en su álter ego en
castellano. Le hizo mucha gracia que yo viviese sin agua caliente ni lavadero
en mi anticuado departamento (yo me bañaba en una enorme olla que calentaba en
el gas de la cocina) en el país del confort. Lo convidé a comer asado hecho en
la estufa a leña de cerámica, que era a la vez mi calefacción: mi kakelugn.
Así, Tomas tuvo la oportunidad de presenciar otra vez un modo de vida que en
los años cuarenta era seguramente muy extendido y normal, y de esa manera
realizó una especie de visita al museo de su propia vida. Nuestra relación
siguió con visitas mutuas esporádicas, noches de grillos y vino tinto en los
jardines estivales de Suecia, noches en las que no hablábamos de nada especial,
pero compartíamos todo. Con el tiempo, me transformé en su amigo y traductor al
castellano.
Extremadamente sencillo, de pocas
palabras, de risa fácil, conocedor de la vida y de muchas regiones del mundo,
respetuoso de todas las culturas y posturas. Ha ejercido la poesía con orgullo
pero sin ostentación alguna, sin complejos ni culpas y también sin exigir
privilegios por haber sido uno de los poetas más nombrados y traducidos del
planeta. Siempre me ha asombrado la serenidad y libertad con que critica a su
propio país, siendo a la vez un sueco tan integrado, tan favorecido por su
prestigio, tan normal. Sobre todo ha criticado la destrucción de la sociedad
sueca humanista en la que él se formó a favor de una vaciedad funcionalista que
detesta. Un día, en una zona de depósitos y fábricas, me contó que allí había
estado la ciudad vieja de Västerås (en una época capital del reino), que habían
demolido siguiendo la planificación correspondiente. Cuando le pregunté el
sentido de la tropelía urbanística, me respondió: "Lo hicieron para
eliminar todo signo de humanidad". Me llamaron la atención las palabras,
pronunciadas con buen humor, pero llenas de una crítica implacable y exenta de
odio.
Al mismo tiempo, yo he sentido en él
siempre al místico sin dios a la vista y al misionero (aunque jamás me habló de
su trabajo en cárceles y en hospicios) que también aparece en sus poemas. Y
habló siempre de su poesía sin citar escuelas ni fórmulas (salvo los maestros
griegos) con una llaneza digna de artesano fino.
Roberto Mascaró es traductor al
español de Tomas Tranströmer y poeta.
Articulo : http://www.elpais.com 07/10/2011
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FRAGMENTO LITERARIO: El Nobel de
Literatura se queda en Suecia - Retazos autobiográficos y una valoración
literaria
Mi recuerdo más temprano
07/10/2011
"Mi vida". Cuando pienso estas
palabras veo frente a mí un rayo de luz. En una aproximación mayor, el rayo de
la luz. En una aproximación mayor, el rayo de luz tiene la forma de un cometa,
con cabeza y cola. La extremidad más intensa, la cabeza, es la infancia y los
años de crecimiento.
El núcleo, su parte más densa, es la más
temprana infancia en la que los rasgos más importantes de nuestras vidas se
definen. Intento recordar, intento deslizarme hacia allí. Pero es difícil
moverse en esas densas regiones, es peligroso; siento como si me acercase a la
muerte. Hacia atrás el cometa se adelgaza -es la parte más larga, la cola. Se
hace más y más densa pero también cada vez más ancha-. Ahora estoy en el
extremo de la cola del cometa, tengo sesenta años cuando escribo esto.
Las vivencias más tempranas son en su
mayor parte inalcanzables. El relato, las memorias de las memorias, las
reconstrucciones en función de estados de ardor repentinos.
El recuerdo más temprano que puedo
registrar es un sentimiento. Un sentimiento de orgullo. Acabo de cumplir tres
años y alguien dice que esto es muy importante, que ahora ya soy grande. Estoy
acostado en una habitación luminosa y luego me levanto y camino sobre el piso,
increíblemente consciente de que me estoy volviendo grande. Tengo una muñeca a
la cual he puesto el nombre más hermoso que pude encontrar: Karin Spinna. La
trato maternalmente. Ella es más bien una compañera, o un amor.
Fragmento del
texto memorialístico Los recuerdos (1996), incluido en El
cielo a medio hacer(Nórdica).
Articulo : http://www.elpais.com 07/10/2011
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El Nobel de Literatura se
queda en Suecia - Retazos autobiográficos y una valoración literaria
Animal de fondo
Por Jesus FERRERO
Tomas Tranströmer es un animal de fondo,
tentado desde su primer poemario por la noche oscura y las luces que estallan
en sus adentros. Amante de las palabras más temblorosas y sustanciales, padeció
sin embargo una hemiplejía que lo dejó mudo, circunstancia que no le ha
impedido seguir escribiendo.
Tranströmer es un poeta que busca la
música "de los que mueren de frío", que se sumerge en los círculos
más hondos del mito del Hombre, que explora "las fronteras del ser",
donde "caen todas nuestras acciones, / claras como el cristal, / no hacia
otro fondo que el de nosotros mismos", que percibe el despertar "como
un salto en paracaídas del sueño", y que sabe situarse "en la misma
latitud que la aniquilación".
Su poesía es la de la noche personal y la
mirada interior, más abisal que abismal, pero también sabe proyectarse en los
misterios del mundo, de la tierra y del mar, tan presente en sus poemas. Su
obra está llena de fulgores que pueden dejarte helado, y que se adentra por
igual en el mundo del sueño y en el de la vigilia. En un poema de 1990 dice:
"Soñé que visitaba un hospital. No tenía funcionarios. Todos eran
pacientes". ¿Hay algo más terrible que un hospital sin médicos y
enfermeras, y en el que únicamente hay enfermos? En otro poema de la misma
época dice: "Soñé que conducía doscientos kilómetros en vano. / Entonces
todo se agigantó. Gorriones enormes como gallinas cantaban de modo
ensordecedor. / Soñé que dibujaba teclas de piano en la mesa de la cocina. /
Tocaba sordamente en ellas. Los vecinos acudían a escucharme".
Es hora de escuchar la música de
Tranströmer. Nos puede llevar muy lejos y a la vez tan cerca como nuestro
propio cuerpo: "Esa región perdida bajo el mar de la insustancialidad y el
ruido aniquilador", según sus propias palabras. Es hora de acercarse a
este poeta de la profundidad que soñó que era transportado "en su propia
sombra como un violín en su caja negra", y que con humildad confiera que
lo único que ha querido decir "reluce fuera de su alcance / como la
platería en la casa de empeños". Pero no es verdad: lo que Tranströmer
quería decir en parte ya lo ha dicho en sus poemas, que brillan mucho más que
la platería perdida en el Monte de Piedad y que resultan más vertiginosos que
el silencio, ese silencio que tanto le ha seducido y que intenta acariciar
continuamente como Celan, pero que nunca le ha impedido expresar la danza de los
límites y el vértigo que siente la conciencia cuando se acerca a las fronteras
del ser. Es como si Tomas Tranströmer estuviese buscando siempre la última
palabra, la que precede a la mudez real de la muerte.
Jesús Ferrero es escritor.
Articulo : http://www.elpais.com 07/10/2011
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FRAGMENTO LITERARIO: El Nobel de
Literatura se queda en Suecia - Retazos autobiográficos y una valoración
literaria
Algo quiere ser dicho pero las palabras se
niegan
07/10/2011
2 de agosto. Algo quiere ser dicho pero
las palabras se niegan.
Algo que no puede ser dicho,
afasia,
no hay palabras pero tal vez haya un
estilo...
Sucede que uno se despierta por la noche
y arroja rápidamente unas palabras
en el papel más cercano, en el margen de
un periódico
(¡las palabras resplandecen de sentido!)
pero por la mañana: las mismas palabras ya
no dicen nada,
garabatos, lapsus.
¿O fragmentos del gran estilo nocturno que
pasaron de largo?
La música llega a un ser humano, él es
compositor, él la interpreta,
hace carrera, llega a ser Jefe del
Conservatorio.
La coyuntura cambia, las autoridades lo
condenan.
Como Jefe de la Fiscalía nombran a su
alumno K****.
Es amenazado, degradado, desterrado.
Pasan algunos años y la desgracia se
atenúa, es rehabilitado.
Entonces llega el derrame cerebral:
parálisis en el lado derecho
con afasia, solo comprende frases cortas,
dice palabras inadecuadas.
Así, no lo alcanzan ni el ascenso ni la
condena.
Pero la música permanece, sigue
componiendo en su propio
estilo,
se convierte en un fenómeno de la medicina
por todos los años
que le quedan por vivir.
Escribió música para textos que ya no
comprendía:
del mismo modo
expresamos con nuestras vidas algo
en el coro que tararea lapsus.
Fragmento del
poema Bálticos (1974), incluido en El cielo a medio
hacer, en el que el autor cuenta la historia de un hombre afectado por la
misma enfermedad que Tranströmer sufre desde 1990.
Articulo : http://www.elpais.com 07/10/2011

