"¿Yo un canon literario? No, por
favor"
Por Ignacio ECHEVARRÍA
El crítico y colaborador de El Cultural
selecciona en un volumen cargado de subjetividad los cien libros esenciales de
la literatura en español... aunque él habría dicho "recomendables"
Ignacio Echevarría no es un canon, o no
quiere serlo. Es "un lector de sexo varón, nacido en Barcelona,
España, en el año 1960, con un interés más o menos continuado por la narrativa
que se escribe en su propia lengua". En cuanto a tal, ha diseñado una
lista de los cien -aunque él preferiría suprimir el los- libros esenciales de
la literatura en español para un volumen que publica Lunwerg, editorial que
hizo lo propio con otras materias como la música. ¡Cien! Si hubieran sido sólo
25 ó 30 la historia habría cambiado, pero tal profusión de obras le ha
dado fuertes dolores de cabeza al colaborador de El Cultural.
Desde Atenas, Echevarría asegura que se resistió al término "esencial", que ya venía impuesto por la colección, porque le resultaba "difícilmente aplicable" al número de libros exigidos. No se pudo hacer nada. En su opinión, no hay tradición literaria que supere la treintena de obras esenciales. En todo caso, podría hablarse de libros "interesantes o recomendables" y, en función de ese criterio, ha tratado de hilvanar el crítico esta lista atípica letanía hecha desde el espíritu. "Es un libro a medias divulgativo y lúdico, sin ínfulas canónicas", empieza aclarando. "¿Yo un canon? No, por favor, eso es lo peor que me pueden hacer, aunque doy por hecho que los malentendidos son inevitables".
El libro apenas lleva una semana en la
calle y ya padece el autor auto reproches y arrepentimientos: "Habría
necesitado más tiempo, más lectura...", se queja, pero a la vez insiste en
que en todo momento pensó en libros que fueran accesibles para el lector. Entre
ellos, lamenta no haber metido, por ejemplo, El río de la luna, de José
María Guelbenzu, pero reconoce que ha habido importantes "olvidos
deliberados". En otros casos, decidió suprimir entradas por la
dificultad que entrañarían esos libros para el lector que se acerquecase a
ellos, como sucedió cuando eligió no recomendar Paradiso, de Lezama Lima.
"No he pensado en un lector iniciado, en ese que ya sabe lo que ha de leer
y lo que lee". Aunque, opone, "también las hay difíciles, pero son
obras que un lector medio puede afrontar y que tendrá su recompensa si las
afronta".
Su homólogo musical (el
seleccionado, casi a modo de memorias, por el periodista radiofónico Jesús
Ordovás) se vendió prácticamente como una biografía sonora de quien lo firmaba.
En el libro de Echevarría el lector también asiste a subjetividades que emanan
de su experiencia, pero como subjetivos son también los manuales y los libros
de texto. Él sostiene que más o menos la mitad de obras se repetirían en
cualquier selección, pero en el resto, ay, también están las lecturas de
Echevarría amoldadas, esto sí, a la óptica del lector al que va dirigido:
"Había que asumir que resultaría una lista absolutamente personal. Es la
de una persona de mi generación. Al menos Ordovás incluyó un bonus track,
pero yo pensé que ese premio de consolación con escritores no incluidos no
habría resultado".
Las mayores dificultades las encontró en
la narrativa española de las dos últimas décadas, porque la perspectiva
histórica no ha acabado de consolidar el canon. Ahí es donde el lector
encontrará de forma más descarada el gusto del seleccionador. ¿Un
ejemplo? Missing, de Alberto Fuguet. Aunque cualquier lector atento
encontrará disonancias a lo largo de toda la cronología que abarca el libro. De
Delibes, sólo está Las ratas, no La sombra del ciprés..., no Los
santos inocentes; de Vargas Llosa, La tía Julia y el escribidor.
No La casa verde, noConversación en La Catedral, no La fiesta del
Chivo. De Borges escoge La muerte y la brújula y Crónicas de
Bustos Domecq. En lo más cercano, de Chirbes está La buena letra; de
Vila-Matas, Suicidios ejemplares. De Marías ha elegido Todas las
almas. "A veces preferí coger a los autores por los libros menos
consagrados. En el caso de Marías, en ese libro ya se aprecian sus maneras ¿Por
qué elegir otro?", defiende.
Y luego se repiten libros de sólo
cuatro autores: Bolaño, Benet, Cela y Onetti, escogidos deliberada y
estratégicamente por Echevarría, pues mantienen la estructura y la tesis de las
primeras páginas del libro. En ellos está el siglo XX. "Podría haber
metido cinco títulos de cada uno de ellos que son mejores que 40 de los que
hay, pero me enfrentaba al problema de representatividad. En algunos casos,
como en el de Vargas Llosa, he puesto un título nada obvio. Todo ha estado atravesado
por criterios subjetivos", abunda.
De momento, no tiene constancia de ninguna
reacción por parte de los autores citados: "Y espero que nadie lo haga,
estoy a favor de los editores y de la iniciativa,no quiero crear
polémica", confiesa con tono de súplica, dando a entender que el libro es
más amable y blanco que otra cosa, como cuando uno le graba un mix de canciones
a un amigo. Él precisa: "Es como si hubiera configurado una biblioteca
para alguien cercano y lo cierto es que me arrepiento de no haber hecho
una lista incluso mucho más inesperada. Eso era lo que me apetecía en origen,
hacerlo a contrapelo, pero luego tuve que pensar en quién lo iba a comprar, así
que me quedé en un terreno medio.
Por último, el volumen, como todos los de
esta colección, otorga un peso especial a las portadas, seleccionadas aquí
solo por ser primeras ediciones. A lo largo de sus páginas, el lector puede
tener una panorámica de las modas en el diseño de las cubiertas de los libros
desde los 50 a
la actualidad: de los austeros 50 al color de los 60, de la sobriedad y la
concisión de las imágenes de los 70 al nuevo diseño gráfico.
Incapaz de elegir uno por encima de todos
los libros, Echevarría recuerda que, de haber sido sólo 40, los habría
defendido a capa y espada. Aunque quizá el cuarteto señalado (Bolaño, Benet,
Onetti y Cela), da una pista de sus imprescindibles. "Si el libro da
qué hablar, bien. Si no, mejor. Yo disimulando", bromea.
