CRÍTICA
Adivina quién viene esta noche...
Por Ignacio VIDAL-FOLCH
Estoy seguro de que Kadaré subscribiría
aquel comentario del geógrafo más literato que ha dado el siglo XX cuando
define los temas que le interesan: "Para mí es en la proximidad de los
cruces entre poesía, geografía e historia donde se alojan en gran parte los
temas que merecen ese nombre". Esto lo dice Julien Gracq precisamente
en Carnets du grand chemin (hay traducción al español como A lo
largo del camino).
Porque la historia, la extrema geografía
albanesa y el cancionero medieval son fundamentales en la estética y en la
estrategia narrativa de su ya caudalosa producción novelística; el legado de
temas tradicionales y costumbres ancestrales le aporta una vertiginosa
profundidad de atavismo y la grandeza del sentido de la fatalidad que poseen
las tragedias antiguas. Ese epos es tétrico, abunda en crueldades y
fantasmagorías, en emparedados que hechizan los puentes y las casas, caballeros
muertos que regresan del más allá para cumplir la palabra dada, que es sagrada,
rapsodas ciegos que presagian lo inevitable con sus cantos, leyes de la
hospitalidad que provocan la catástrofe, venganzas seculares entre clanes o
familias que tienen que ir ejecutándose recíprocamente generación tras
generación, en obediencia al código del honor...
Sobre la supervivencia y vigor de este
universo mitológico que, según cuenta Kadaré en un prólogo al cancionero
medieval albanés pervivió en ese país hasta entrado el siglo XX, cuando ya en
el resto de Europa había perecido, sigue atrapando a los contemporáneos se
organizan El expediente H, El puente de los tres arcos, Abril quebrado,
¿Quién ha traído a Doruntina? y otras novelas de Kadaré. Una de esas
leyendas cuenta que un padre de familia, en cumplimiento de un pacto según el
cual debe invitar a cenar a un desconocido, le entrega a su hijo la tarjeta de
invitación y le confía la tarea de dársela al primer desconocido que le salga
al paso. Las calles están desiertas, la noche cae, y el niño, asustado, arroja
tras la verja del cementerio la invitación a cenar, sin percatarse de que cae
sobre una tumba, cuyo inquilino se presenta esa noche a cenar.
A partir de ese cuento, de los recuerdos
de sus vecinos en su ciudad natal (Girocaster, ciudad de piedra) y de la
historia de Albania en el siglo XX desde la invasión italiana, pasando por la
ocupación de los nazis y hasta el régimen policial-comunista, concretamente con
la exportación a Albania de la purga estalinista de los médicos -la última
batalla de Stalin, contra "la conjura de las batas blancas"-, se
organiza esta fábula que participa de la atmósfera tétrica, ominosa, fatalista,
característica del autor. Hay también un humor distanciado y malicioso -ese
humor algún crítico lo emparenta con los grandes satíricos rusos Gógol y
Bulgákov-, propio de los grandes descreídos y de los que estudiando la historia
llegan al escepticismo. Probablemente no sea la mejor de sus novelas, ya que se
ven a veces las costuras de la trama, pero la peripecia del doctor Guramato el
Grande es de lectura grata; el aficionado a Kadaré no quedará decepcionado y
para quien no lo conozca es una buena puerta de acceso a su universo mítico,
tan característico e inconfundible.
La cena equivocada
Ismaíl Kadaré
Traducción de Ramón Sánchez Lizarralde
Alianza. Madrid, 2011
230 páginas. 16,50 euros
Articulo: http://www.elpais.com
15/10/2011
