Nuevos filósofos
Pensar para sobrevivir en un mundo
globalizado
Por Jacobo MUÑOZ
Las engañosas sombras de la caverna
entenebrecen nuevamente la realidad. A lo largo de la historia, distintas escuelas
de pensamiento abordaron las sucesivas crisis, pero nunca esa reflexión se
impuso más necesaria. ¿Hacia dónde va el pensamiento nuevo español, hacia donde
debe ir? ¿Ofrece alternativas, se atreve con los retos del presente? Nuestro
crítico, el filósofo Jacobo Muñoz, señala el lugar de la filosofía española hoy
y los nuevos y pujantes pensadores españoles -Jorge
Fernández Gonzalo, José Sánchez Tortosa, Rocío Orsi, David Casacuberta, Eduardo
Maura, Belén Altuna, Luis Sáez, Inmaculada Murcia, Joaquín Fortanet y Domingo
Hernández, que apenas rondan los 40 años- disparan sus respuestas.
Durante los años de la Transición los
filósofos “jóvenes” más activos concentraron sus esfuerzos en la
“normalización” de la filosofía española. O lo que es igual, en su puesta
al día, percibida por ellos como un auténtico imperativo categórico
profesional. Fueron los años de la introducción en España de los grandes
paradigmas de la filosofía contemporánea tras decenios de rígido menú
escolástico: el Análisis, el pensamiento negativo de inspiración nietzscheana,
los diferentes marxismos, la hermeneútica y el posestructuralismo. Pero también
fueron años de renovación de la filosofía académica que pasó a centrarse, en lo
esencial, en la interpretación de los textos histórico-filosóficos valorados
como “canónicos”.
Varias décadas después, y cumplido con
éxito entonces difícilmente imaginable el proyecto renovador -o “modernizador”,
como con tanto optimismo fue adjetivado- , el pensamiento que hoy despunta
en España, que no necesita ya partir desde cero, tiene que hacer frente a retos
muy distintos. Esto es, a los retos y patologías del presente, lo que
explica que la “ontología del presente” -obviamente crítica- ocupe en los
últimos tiempos buena parte del territorio. El catálogo temático abarcaría
desde el descrédito de lo político a las más recientes teorías de la materia,
pasando por el impacto de las nuevas tecnologías y, muy especialmente, de la
biotecnología, por la desmoralización social y la (complementaria) estatización
de la vida, por las nuevas formas de explotación, por el imponente proceso de
banalización de los códigos culturales, por la creciente desintegración social,
por los nuevos fundamentalismos, por la pérdida de vigencia de valores ayer
indiscutidos y, en fin, y sin ánimo de agotar la lista, por los devastadores
efectos de la actual crisis y de una globalización percibida por muchos como
una amenaza.
Los filósofos hoy emergentes en nuestra
sociedad cultural no parecen, por otra parte, sentirse tan condicionados como
sus antecesores por las constricciones tanto sustantivas como metodológicas de
los grandes paradigmas, lo que en ocasiones puede dar cierta impresión de eclecticismo.
O de transversalidad, si se prefiere. Sea como fuere, los temas tienen hoy más
capacidad definitoria que los paradigmas, salvo, tal vez, en el estrecho marco
académico. Hijos ya emancipados de las sucesivas crisis de la filosofía durante
el siglo XX, inseparables de sus crisis y revoluciones científicas y sociales,
los nuevos filósofos a los que El Cultural interroga en las siguientes páginas
parecen compartir, en cualquier caso, el interés por las “impurezas” de la
razón, por su imbricación en la cultura y la sociedad, por sus nexos con el
poder y por el carácter corpóreo, sensual y prácticamente comprometido de sus
portadores. Como parecen también reclamarse todos ellos, con cuantas
matizaciones tendrían que hacerse, de la idea de que la razón ha de entenderse
como encarnada, mediada culturalmente y entretejida con las prácticas
sociales y de que, consiguientemente, la circunstancialidad y variabilidad
de las categorías, principios o procedimientos básicos obligan a la crítica de
las formas dominantes de racionalidad a ser ejercida en conjunción con análisis
sociales, culturales o históricos muy precisos.
Las coincidencias no deberían ocultar, por
último, el pluralismo vigente en este grupo generacional. Por un lado están, en
efecto, y por concretar un poco, los que ponen el énfasis en lo particular, lo
variable y lo contingente y anteponen a lo universal, lo particular e
irreductible, y a la identidad, la diferencia. Más cerca del ideal clásico de
la universalidad están, por otro, los que buscan, a pesar de todo, estructuras
formales con valor universal. Y prefieren recomponer un sentido a la
Modernidad antes que seguir socavando sus cimientos. O dotarla, al menos,
de una dimensión reflexiva y de un horizonte normativo eficaz. Algo que no
pocos consideran particularmente urgente en un presente -ese presente que debe
ser pensado- en el que nos estaría dando asistir, a lo que parece, al declive,
en un escenario globalizado, de una noción de temporalidad marcad por las ideas
de progreso, desarrollo y revolución, con la consiguiente tiranía de la
inmediatez.
Ordenar con conceptos la realidad y
enseñar a habérselas creativamente con ella en un marco global de complejidad
ya casi inabarcable: esa es, o podría ser, una vez más, la tarea.
***
Qué piensan los nuevos filósofos españoles
Jorge Fernández Gonzalo, José Sánchez
Tortosa, Rocío Orsi, David Casacuberta, Eduardo Maura, Belén Altuna, Luis Sáez,
Inmaculada Murcia, Joaquín Fortanet y Domingo Hernández
Las engañosas sombras de la caverna
entenebrecen nuevamente la realidad. A lo largo de la historia, distintas
escuelas de pensamiento abordaron las sucesivas crisis, pero nunca esa
reflexión se impuso más necesaria. ¿Hacia dónde va el pensamiento nuevo
español, hacia donde debe ir? ¿Ofrece alternativas, se atreve con los retos del
presente? Nuestro crítico, el filósofo Jacobo Muñoz, señala el lugar de la filosofía española
hoy y los nuevos y pujantes pensadores españoles -Jorge
Fernández Gonzalo, José Sánchez Tortosa, Rocío Orsi, David Casacuberta, Eduardo
Maura, Belén Altuna, Luis Sáez, Inmaculada Murcia, Joaquín Fortanet y Domingo
Hernández, que apenas rondan los 40 años- disparan sus respuestas.
Jorge Fernández Gonzalo
Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982) es
doctor en Filología y especialista en las imbricaciones de Literatura y
Filosofía. Se siente deudor de Foucault, Blanchot o Deleuze y, en España, de
José Luis Pardo o Beatriz Preciado. En 2011 ha sido finalista del Anagrama de Ensayo
con Filosofía zombie.
“La Filosofía debe abandonar la academia.
Y dentro de unos años, la escuela. No se puede mantener una crítica y reflexión
sobre el sistema si es el sistema quien gobierna las herramientas para la
crítica. Ya cayeron todos los sistemas filosóficos y el único sistema estable
en la actualidad es el capitalismo, tan capaz de adaptarse al cambio. La
postmodernidad gobernará mientras no gobierne un sistema único, porque propone
la desconexión de diferentes juegos de lenguaje, la caída de los grandes
relatos, etc., aunque esos restos fragmentarios que componen nuestra realidad
sean distintos a los de los años 70 y 80. Platón se quejó de la escritura tanto
como hoy viejos (y nuevos) académicos se echan la mano a la cabeza por la
rapidez de la información y la mala calidad de los textos que pasan por la
red. Hay muros de Facebook que no tienen nada que envidiar de El
Fedón o La República, y tweets que alcanzan en excepcionalidad y
condensación a los aforismos de Nietzche y a los fragmentos de
Benjamin. Internet es una máquina emocional, una complejidad en sí misma
que debe ser pensada. Y eso es ya filosofar”.
José Sánchez Tortosa
José Sánchez Tortosa (Madrid, 1970) es
profesor de Filosofía en el FUHEM. Discípulo de Heráclito, Aristóteles, Marx o
Arendt, defiende hoy el magisterio de Gustavo Bueno, prueba, afirma, de un
sistema filosófico que resiste la “aniquilación postmoderna”. Es autor de El
profesor en la trinchera (La Esfera, 2008).
“El heroísmo de la filosofía, aunque
resulte decepcionante para el idealismo y el voluntarismo, esos infantilismos
del pensamiento, groseros y hegemónicos, radica exclusivamente en describir la
realidad, en mostrar sus miserias, en analizar las causas que permitan entender
la idiotez que nos rodea, que nos constituye, y en ocasiones también su
belleza. Sin olvidar que los grandes discursos han sido sepultados
mediáticamente por la hegemonía del relativismo postmoderno que neutraliza y
anula la posibilidad misma de pensar al haber devastado las bases de la
racionalidad finita sin la cual no hay manera de entender nada. Hoy hay que
estudiar. Está muy bien tener cuenta en Facebook y Twitter, pero con eso no
basta. Lo que pueden ofrecer las redes es poner en contacto a los sujetos y
difundir referencias. El problema es que debido a la ausencia de un
sistema de instrucción pública digno de tal nombre, la masa de la población
condenada a la escuela pública está sin defensas intelectuales y a expensas del
propagandista más hábil”.
Rocío Orsi
Rocío Orsi (Madrid, 1976) es doctora y
profesora de Filosofía en la Carlos III. Los pensadores clásicos están en su
punto de mira y ha publicado recientemente El saber del error (Plaza y Valdés,
2008). Considera que hoy en España se hace “muy buena filosofía injustamente
acomplejada respecto al exterior”.
“La tarea de la filosofía hoy es la de
siempre: pensar de manera detenida y profunda en las cosas que creemos y nos
importan, en por qué las creemos y por qué nos importan. No nos dejemos engañar
por la virtualidad antisistémica de muchos movimientos, la propia
postmodernidad se ha convertido en un sistema con todas las complejidades y
rigideces (lingüísticas, teóricas, tribales) propias de otros sistemas
célebres. Además, la filosofía siempre fue también historia de la filosofía: un
diálogo permanente con la tradición. Esa es una tarea infinita, y no hay
postmodernidad que la agote. La filosofía es inactual e intempestiva, ahí
reside su fragilidad en estos tiempos tan proclives a interesarse por lo ‘actual',
pero también su permanente fortaleza. Porque la crisis que sufrimos es
también de ideas: hemos estado sumidos en un autoengaño colectivo insidioso e
imprudente”.
David Casacuberta
David Casacuberta (Barcelona, 1967) es
profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Barcelona. Tan
interesado por la cognición hipertecnológica como por las nuevas formas de
exclusión social. Y Wittgenstein es su profeta.
“El huracán postmoderno no resistió. Al
final, sólo eran generalizaciones apresuradas acerca de cuestiones sobre las
que cualquier pensador contemporáneo decente había llegado ya a conclusiones
profundas y sugerentes. Y no paralizaron el proyecto de la modernidad,
simplemente nos obligan a repensarlo. Con Owen Flanagan, pienso que la
filosofía ha de regresar athe really hard problem: cómo volver a darle sentido
filosófico a nuestra existencia y abordar la ‘espiritualidad' en un mundo
material y sin diseño intrínseco. Respecto a los medios digitales, los
filósofos tenemos mucho que decir. Yo en Twitter sigo a gente muy interesante
que cuelgan referencias de filosofía y ciencias cognitivas casi cada día. Hace
10 años cuando lanzaba la idea de investigar sobre ello la respuesta era: ‘eso
no es filosofía'. Pero sé que hay que compaginar esa búsqueda con el trabajo
sistemático de siempre”.
Eduardo Maura Zorita
Eduardo Maura (Valladolid, 1981) es doctor
en Filosofía por la UCM. Resalta que los filósofos jóvenes españoles “beben de
más fuentes y son más plurales que nunca”. Su última obra es Walter Benjamin.
Crítica de la violencia (Biblioteca Nueva, 2010).
“La crisis se agudiza cuando las ideas se
retrasan respecto de la sociedad, la cultura, la economía y la política que, en
todo tiempo y lugar, las configuraron, y al revés, cuando la abrasiva civilización
actual se vuelve incompatible con las ideas que la animaron en el
pasado. La filosofía podría dotar de consistencia a los intentos de pensar
hoy la totalidad social, pensar la relación entre la realidad y las
configuraciones del mundo que los poderes realmente existentes construyen y
difunden. Hoy la postmodernidad multiflexible y post-hedonista no sólo
sigue viva, sino que crece sin mesura. Y es curioso lo de las redes, porque uno
ya podía leer agudos diagnósticos filosóficos, menores de 140 caracteres, en
los aforismos de Kraus o de Nietzsche”.
Belén Altuna
Belén Altuna (Zarautz, Guipúzcoa, 1969) es
profesora de Filosofía de la Cultura en la UPV, y su revelación y encantamiento
le llegaron leyendo a Lévinas. Ha publicado en 2011 Una historia moral del
rostro (Pre-Textos).
“La filosofía tiene que... ¡hacerse oír!
Entre tanto ruido y tanta charlotada, hacerse oír. Para pensar el mundo con
honestidad, hasta el fondo, sin atajos ni trampas; aceptar la complejidad y
afrontarla con coraje; convertir los prejuicios en juicios razonados; aprender
y enseñar a ser más libres, más compasivos y más valientes.La filosofía ha
sobrevivido y sobrevivirá a todo tipo de modas que anuncien su debilitamiento,
derrumbe o defunción. La razón sigue siendo fuerte y sigue buscando una
validez intersubjetiva universal; no podría ser de otra manera. ¿Se acabaron
los grandes relatos, vivimos en una era postmetafísica? Tal vez para la mayoría
de los filósofos sí, pero para el conjunto de la humanidad, lo dudo. ¿Pero de
verdad ha habido en el pasado épocas mejores para la reflexión? ¿Cuándo, dónde,
para quiénes? Gracias a Internet, la información es mucho más horizontal y
disponible para todos”.
Luis Sáez Rueda
Luis Sáez (Macael, Almería, 1965) imparte
Filosofía en la Universidad de Granada. Profesor invitado en Berlín, Francfourt
o México, su último libro es Ser errático. Una ontología crítica de la
sociedad (Trotta, 2009).
“El filósofo, si lo es de verdad, alcanza
su dignidad si experimenta su trabajo como un modo de crear conceptos y de
emitir juicios capaces de traducir este modo de ser crítico que habita, aunque
sea potencialmente, en toda persona. Así, el mayor reto de la filosofía hoy
consiste en vincularse con su tiempo, pensando el presente desde las
experiencias del pasado y en vista a un porvenir diferente. Ofrecer
resistencia a esta crisis de “espíritu”, sacando a la luz sus razones de fondo
y mostrando cómo, bajo las apariencias, nos encontramos en un mundo enfermo...
ésa es la tarea hoy más urgente de la filosofía. Sin semejante
desmantelamiento de la fe en que nos encontramos en el mejor de los mundos
posibles, no habrá para el futuro un amanecer y un despertar cualitativos, sino
sólo una repetición de variantes que no cambian lo esencial bajo el imperio del
progreso tecnológico”.
Joaquín Fortanet
Joaquín Fortanet (Castellón, 1978), de la
Universidad de Zaragoza, ha trabajado el hilo tendido entre Nietzsche y el
pensamiento francés contemporáneo: “la oscuridad de Bataille, la inventiva de
Deleuze, la ligereza de Rorty y la altura moral de Foucault”.
“Existen demasiadas voces que afirman con
rotundidad los caminos a seguir, las maneras de ser, los modos de pensar, hasta
tal punto que puede llegar a parecer que nuestra vida nos es ajena. Frente
a toda esa legión de respuestas fáciles y caminos trillados con los cuales el
poder nos dibuja el rostro, la tarea de la filosofía debería consistir en decir
no. Intentar abrir el camino a diferentes modos de ser, de pensar, de
sentir, en definitiva, de ser. Tanto Auschwitz como la derrota del sueño
marxista vedaron los caminos de la filosofía. Por ello, en los 70, toda una
serie de filósofos comenzó a poner en cuestión palabras como universalidad,
verdad, sistemas, objetividad… Puede que este impulso se haya olvidado demasiado
y de que estemos volviendo a los viejos recursos, a la viejas palabras
gastadas”.
Inmaculada Murcia
Inmaculada Murcia (Alcalá la Real, 1977)
es profesora de Estética en la Universidad de Sevilla. Siente predilección por
Ortega, Kant y Schiller y destaca que en la filosofía española conviven
“inquietudes comunes y puntos de vista dispares”.
“Sólo formular determinadas preguntas
puede traer consigo el derrumbe de las creencias enquistadas y nunca puestas en
cuestión, que, precisamente por eso, nos hacen más fácil la vida. La filosofía
es incómoda por naturaleza. Lo cierto es que los sistemas filosóficos se
derrumbaron mucho antes de la llegada de la posmodernidad, pero eso no quiere
decir que con ellos se desmoronase la filosofía. Incluso el que firma tantos
certificados de defunción termina muriendo. Y ya hemos pasado hasta el
velatorio. Pienso que las redes sociales deberían ser sometidas y
desdramatizadas. No son sino un medio de comunicación como cualquiera. Y no son
el mejor cauce para la filosofía (más allá de servir para poner a prueba el
ingenio o practicar el aforismo), pero tampoco pienso que se pueda hacer hoy
filosofía sin tenerlas en consideración”.
Domingo Hernández
Domingo Hernández (Ciudad Rodrigo, 1970)
es filósofo y profesor de Teoría de las Artes en la Universidad de Salamanca.
Autor de La comedia de lo sublime (Quálea, 2009). No le gusta citar nombres
propios: “Sucede como en el arte: mejor piezas concretas que artistas”.
“Los filosofos estamos determinados a
pensar nuestro tiempo, cuestionar sus insoportables bana- lidades y obviedades,
encontrar sus grietas, poner en duda todo tipo de absolutos y
sublimidades. Hoy, bastante tiempo después del final de la posmodernidad,
cuando podemos dejar de tomarla en serio y observarla desde cierta distancia,
he de decir que, sinceramente, yo cada vez le tengo más cariño. Es una
época, un contexto, algo que sucedió… Y si, por ejemplo, Eco tenía razón,
entonces volverá a aparecer, aunque lo llamemos de otra manera. Hoy, los
filósofos no debemos olvidar pensar sobre la instantaneidad de la comunicación,
o sobre la agresividad que en muchos casos encierra, o, incluso, decidir de una
vez ir más allá, mucho más, de aquel ‘contra la comunicación' que examinaba
Perniola”.
Articulo : http://www.elcultural.es
29/10/2011
