dimanche 23 octobre 2011

José Luis PARDO/ Incertidumbre


PENSAMIENTO
Incertidumbre
Por José Luis PARDO

Un nuevo orden moral aflora en tiempos de crisis mundiales e inseguridad, e invita a repensar sobre el optimismo y la felicidad. El filósofo José Luis Pardo y el poeta Juan Gelman reflexionan para Babelia sobre la dicha y el desastre, dos sentimientos antagónicos por los que nos movemos sin transición

La decepción de nuestros días ha erosionado el contrato social y los compromisos moralesSaben aquel que diu...? Se levanta el telón y, en total oscuridad, se escucha una voz profunda que dice: "Soy un optimista nato. Allí donde otros ven riesgos, yo veo oportunidades". El escenario se ilumina poco a poco, hasta que vemos al autor de la declaración: en lo alto de un pico montañoso, se dibuja la siniestra y a la vez esbelta figura de un gran buitre). De pronto, la psicología parece haber pasado a primer plano. Los hechos, otrora punto de anclaje de una realidad incontrovertible, se han vuelto tan enigmáticos y volubles debido a la fluctuación de los valores financieros que los estados de ánimo se han convertido en una variable independiente: si alguien puede modificar el precio de una mercancía -a veces desde millones de kilómetros de distancia- únicamente con la energía mental de sus expectativas de futuro, ¿por qué no podríamos contribuir a mejorar nuestras propias posibilidades simplemente creyendo muchísimo en ellas? Es una causa basada en nada, como decía Max Stirner, pero, ¿no es en eso mismo -o sea, en nada- en lo que se basaban nuestras esperanzas de crecimiento hace sólo unos años, según hemos descubierto repentinamente en los últimos tiempos? ¿No fue una causa con el mismo fundamento -es decir, ninguno en absoluto- la que hizo grandes a Lehman Brothers y a tantos otros? ¿Por qué no podríamos volver a inflar la burbuja deshinchada de nuestro porvenir con una inyección reforzada de autoestima? La realidad se nos resiste, sin duda, y quienes nos aseguran ahora que nos dicen la verdad desnuda sobre ella no dejan de constatar nuestra quiebra y nuestro naufragio en todos los órdenes, pero los indicadores de los que se sirven para ello no los pone la terca realidad, que como antaño gusta de ocultarse a nuestros ojos, sino aquellos mismos -los calificadores profesionales del riesgo- que nos aseguraban hasta hace poco que lo real era tan elástico como nuestros deseos y que la verdad dependía estrechamente de nuestra mirada sobre el mundo. Incluso en los peores momentos y ante las más drásticas medidas de reajuste presupuestario, la naturaleza psicológica de las políticas de austeridad parece innegable: se diría que no se toman tales medidas para restaurar la solvencia perdida o para recuperar el equilibrio contable, sino para convencer a nuestros acreedores de que podremos pagarles o para recobrar la credibilidad perdida en los mercados, sin que la cruda realidad parezca tener nada que ver con ello. Y es incluso así como se calcula (de acuerdo con el efecto psicológico que pueden causar en los inversores) la oportunidad de las convocatorias electorales, las iniciativas parlamentarias, las sentencias judiciales o los titulares de prensa. Llevamos muchos años oyendo que la incertidumbre era el signo mayor de nuestra época, que se jactaba de haber derribado todas las seguridades antes tenidas por inquebrantables, y que debíamos asumir gozosa y festivamente esa inseguridad en lugar de dejarnos arrastrar por el espíritu reaccionario hacia la nostalgia de las firmezas metafísicas del pasado; hemos oído que debíamos olvidarnos felizmente de cosas tales como las newtonianas y pre-cuánticas cadenas de la estabilidad laboral, de la rigidez jurídica del Estado de derecho o de los dogmas atávicos de las ciencias deterministas y mecánicas. Así que la gran decepción de nuestros días ha consistido en descubrir que los promotores de esta doctrina de la incertidumbre gloriosa, los propagandistas de la ilimitada flexibilidad de nuestras vidas, de nuestras moradas, de nuestros empleos, de nuestras familias y de nuestras propiedades, tenían una agenda oculta y un as en la manga: con toda esa defensa de la inconsistencia, de la variabilidad, no buscaban en el fondo más que una sola cosa: seguridad absoluta para sus beneficios. Pero su búsqueda ha sido tan afanosa y desmedida, tan irrestricta, que ha acabado por erosionar aquello mismo que, como ya sabía Hobbes, es la fuente principal de las seguridades humanas -incluida la del retorno de las ganancias esperadas-: el contrato social que nos hacía preferible vivir políticamente vinculados a nuestros semejantes que hacerlo en estado de guerra de todos contra todos. Ahora va a resultar muy difícil convencernos de que renunciemos a nuestros apetitos, porque ellos se han puesto por encima de cualquier otro compromiso moral y civil, incluido el que los gobiernos democráticamente elegidos tenían con sus soberanos legítimos, los ciudadanos.

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ANÁLISIS: PENSAMIENTO
Y conversación
"¿No sabés que hay una crisis económica terrible?". "¿Qué será el optimismo?
Por Juan GELMAN

Un nuevo orden moral aflora en tiempos de crisis mundiales e inseguridad, e invita a repensar sobre el optimismo y la felicidad. El filósofo José Luis Pardo y el poeta Juan Gelman reflexionan para Babelia sobre la dicha y el desastre, dos sentimientos antagónicos por los que nos movemos sin transición

"Le gritó exasperado a la mujer, cada vez pedís más plata, ¿no sabés que hay una crisis económica terrible? Contáselo al verdulero, al carnicero, a ver si dejan de subir los precios, andá al mercado, gran filósofo. Silencio en la mesa. Los chicos.

Habló con un colega de la cátedra, no entiendo un pito, los economistas anuncian una doble recesión, Obama proclama su optimismo eterno, el director de Microsoft dice que la crisis obliga a mantener el optimismo, ¿qué será el optimismo? Cada vez que llovió, paró. Está lloviendo hace rato. Pensá en Leibniz, no hay que juzgar cada mala situación aisladamente de la totalidad del mundo, gracias a la infinita bondad de Dios no puede ser mejor de lo que es. ¿No puede, no serás vos el pesimista?

Por cada minuto de rabia te perdés 60 segundos de felicidad. La vida tiene un lado bueno y otro malo, un lado hermoso y otro feo, hay que aceptar los dos. De bueno y hermoso cada vez veo menos, cambiaré de oftalmólogo. Es cierto, hay una crisis económica mundial, pero podríamos estar peor, hay enfermedades en el mundo, pero seguimos vivos. Y así.

La humanidad sólo produce optimistas cuando ha dejado de producir seres felices (Chesterton). Más triste que ver a un joven pesimista es encontrar a un viejo optimista (Mark Twain). Llegó la hora del optimismo, guardemos el pesimismo para días mejores (grafito). Si lo asalta el pesimismo, mire una rosa (Albert Samain). Me siento muy optimista acerca del porvenir del pesimismo (Jean Rostand). El pesimista piensa que todas las mujeres son livianas, el optimista espera que así sea (Marcel Achard). Si no puedo cruzar una puerta, cruzaré otra o haré otra, algo maravilloso vendrá, no importa lo oscuro que sea el presente (Rabindranath Tagore). Y así.

Como sea. Nadie recorre a fondo la experiencia interior de la dicha y el desastre y las farmacias del alma están cerradas.

Juan Gelman (premio Cervantes 2007) ha publicado recientemente El emperrado corazón amora (Tusquets. Barcelona, 2011. 304 páginas. 19 euros).

Articulo : http://www.elpais.com 22/10/2011

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