samedi 15 octobre 2011

José Manuel SÁNCHEZ/ Ciencia y sentimientos


PENSAMIENTO
Ciencia y sentimientos
Por José Manuel SÁNCHEZ

Los Escritos biográficos de Marie Curie revelan aspectos emocionales y científicos hasta ahora poco conocidos de la vida de la premio Nobel

Querido Pierre, a quien nunca volveré a ver aquí, quiero hablarte en el silencio de este laboratorio, donde no pensaba que tendría que vivir sin ti". Fue Marie Sklodowska-Curie quien escribió estas líneas, en unas notas privadas datadas el 30 de abril de 1906, que como casi todo lo que una vez fue pensado para la propia intimidad terminaron viendo la luz pública. Pierre era su marido, que había fallecido pocos días antes, el 19 de abril, arrollado por un vehículo tirado por caballos cuando cruzaba una calle de París.

Las notas en cuestión se incluyen, junto a otros documentos, en un libro que ahora ve la luz en castellano. Contiene, además de un estudio introductorio del profesor Xavier Roqué, encargado de la edición, una biografía de Pierre escrita por Marie, unas Notas autobiográficas de la propia Marie y una selección de su diario personal, más un estudio, debido a su hija Irène, sobre los cuadernos de laboratorio en los que sus padres anotaron los pasos que les condujeron en 1898 al descubrimiento del polonio y el radio. Se trata, cierto es, de un conjunto de textos en los que domina lo subjetivo; no obstante, nos permiten obtener visiones poco habituales de uno de los grandes iconos de la ciencia: Marie Curie, la, como rezan muchos de los estereotipos que han surgido en torno a ella, heroína de la radiactividad, una mujer en un mundo de hombres. Marie Curie -y estos ya son hechos-, la mujer humanitaria y progresista que organizó servicios médicos radiológicos durante la Primera Guerra Mundial y que sirvió con esperanzas en la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones. Marie Curie, la primera persona en obtener dos premios Nobel (el de Física, compartido con Becquerel y Pierre Curie, en 1903, y el de Química en 1911).

Que personas de tan altas habilidades científicas no son inmunes a las emociones, a, por ejemplo, el dolor y la desesperación que produce la pérdida de un ser querido, no debería constituir una sorpresa, por mucho que todavía haya quienes piensan en los científicos como individuos en los que el razonamiento lógico impone siempre sus leyes. Y que nadie piense que la cita -"querido Pierre..."- con que comenzaba estas líneas se explica basándose en que quien la escribió era mujer: podría recordar, por ejemplo, el pozo negro de tristeza en el que se sumió Charles Darwin cuando perdió a su hija Annie.

Me gusta también cómo Marie Curie describía el momento en que conoció a Pierre. Fue en 1894, cuando acababa de terminar sus estudios de Física y Matemáticas en la Sorbona, mientras que Pierre Curie, ocho años mayor que ella, ya era profesor en la Escuela Municipal de Física y Química Industriales de la ciudad de París y podía presumir de algunas contribuciones destacadas a la física (como el descubrimiento, junto a su hermano Jacques, de la piezoelectricidad). ¿Qué pensó Marie? ¿Dominó en ella la admiración por el cerebro y los conocimientos de Pierre, o el interés por el mundo de relaciones científicas que él le podía abrir? No. "Al entrar en la habitación", escribió, "vi, de pie, enmarcado por la ventana acristalada que daba al balcón, un hombre joven y alto, de pelo castaño y ojos claros. Reparé en la grave y gentil expresión de su cara, así como en cierto abandono en su actitud, propia de un ensoñador ensimismado en sus reflexiones". Una vez más, la biología imponía sus leyes al cerebro, a la evaluación desapasionada y racional.

Es gratificante para los que no poseemos sus habilidades, encontrarnos en grandes científicos con muestras de "primitiva emocionalidad". Constituye una forma de acercarnos a la ciencia a través de sus protagonistas; de hacérnosla menos extraña, más familiar. Si ellos son como nosotros, acaso también podremos ser nosotros como ellos.

Escritos biográficos. Marie Curie. Selección y prólogo de Xavier Roqué. Traducción de Palmira Feixas. El Espejo y la Lámpara / Edicions de la UAB. Barcelona, 2011. 243 páginas. 18 euros. José Manuel Sánchez Ron es autor de Marie Curie y su tiempo (Crítica 2000, 2009. 216 páginas. 9,95 euros).

Articulo: http://www.elpais.com 15/10/2011

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