Novedad Por primera vez completa en
castellano
"Cosmos": la obra con la que
Humboldt quiso recrear el universo
Por Juan Ignacio Rodríguez Medina
Del cielo a la Tierra pasando por el
hombre. Eso, ni más ni menos que eso es lo que el naturalista alemán reunió en
una sola obra, convencido como estaba de que los fenómenos son muchos, pero la
naturaleza una: "Las miras generales nos acostumbran a considerar cada
organismo como una parte de la creación entera".
Hablar de "la ciencia" a estas
alturas parece un anacronismo. Tal vez habría que decir "las
ciencias": cada una con sus métodos, problemas y conceptos. Quizás con un
anhelo de confluencia, pero con una realidad de divergencia. Ni siquiera es que
estén de un lado las ciencias naturales, por otro las exactas y más allá las
sociales; es que ni esa clasificación da cuenta del estallido de disciplinas
durante el siglo XX.
Y si "la" ciencia es un
anacronismo, qué decir de algo así como una ciencia global, que entregue una
imagen total del mundo, desde el abismo de la naturaleza terrestre y humana,
hasta el de la naturaleza celeste... un imposible. No, sin embargo, para el
naturalista alemán Alexander von Humboldt en 1834, cuando en una carta le
reveló a un amigo una "disparatada idea", la de "plasmar en una
sola obra todo el universo material, todo lo que hoy en día sabemos de los fenómenos
de los espacios celestes y de la vida terrestre, desde las nebulosas estelares
hasta la geografía de los musgos en las rocas de granito, con un estilo vivo
que causará deleite y cautivará". ¿Su título?: "Cosmos".
Ese portento de casi mil páginas es el que
se editó este año en español y que ahora se publica en Chile. La gracia es que
por primera vez se incluyen las cinco partes de la obra, pues las antiguas
ediciones no traducían el último y póstumo tomo. Ahora se lo hace debido al
trabajo conjunto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de
España; la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam); el Centro de
Investigaciones Barros Arana, y la Universidad Católica de Chile.
Una física del mundo
El "Cosmos" de Humboldt es el
resultado de una vida de experiencias alrededor del mundo. Como buen hombre de
ciencias, lo suyo fue tener la idea, salir a recoger datos y luego darles
sentido en lo que llamó, indistintamente, "física del mundo",
"geografía física", "teoría de la Tierra" o "ciencia
del cosmos". Una cosmología, entonces: "Ensanchando los límites de la
física del globo, reuniendo bajo un mismo punto de vista los fenómenos que
presenta la Tierra y los que abarcan los espacios celestes, se llega a la
ciencia del cosmos, es decir, que se convierte la física del globo en una
física del mundo", escribe Humboldt.
Y aunque el subtítulo de la obra habla del
"ensayo de una descripción física del mundo", lo cierto es que el
alemán va más allá de la mera recolección enciclopédica de hechos". Así lo
explica Sandra Rebok, especialista del CSIC y autora del estudio preliminar:
"El 'Cosmos' está basado en su concepto holístico de las ciencias: la idea
que todos los fenómenos de la Tierra están interconectados. Estudiar estas
conexiones, ver como también el hombre forma parte de este conjunto, fue lo que
más le interesaba a Humboldt".
Un interés -agrega Rebok- que ganó la
atención de Humboldt desde su juventud. Nacido el 14 de septiembre de 1769 en
Tegel, cerca de Berlín, el futuro naturalista creció en la época de las grandes
expediciones; por ejemplo, las de James Cook entre 1768 y 1780. Y según narra
la misma Rebok en su estudio, fueron los relatos de esas aventuras, junto a la
lectura de autores como Rousseau, Buffon y Goethe los que inspiraron en
Humboldt la fascinación por la naturaleza y los parajes extraños a Europa.
De ahí a imaginar sus propias sendas había
un solo paso. Primero intentó formar parte de un viaje alrededor del mundo y
luego de otro por África, pero ambos fueron abortados, por lo que Humboldt
solicitó respaldo a España para emprender rumbo hacia América (ver infografía).
Acompañado por el naturalista Aimé Bonpland, partió desde La Coruña en la
corbeta Pizarro, en junio de 1799: "Una colección de 6.000 especies diferentes
de plantas, de la que una gran parte es nueva, observaciones mineralógicas,
astronómicas, químicas y morales fueron el resultado de esta expedición",
escribe Rebok.
Y es que claro, Humboldt descubrió en
América una diversidad natural que plasmó en "Viaje a las regiones
equinocciales del Nuevo Continente" (escrita junto a Bonpland) y que luego
le servirían para dibujar su "Cosmos"; así lo reconoce él: "Ésta
es la parte de la superficie de nuestro planeta en que la naturaleza da vida a
la mayor variedad de improntas en la menor extensión".
Como destaca Miguel Ángel Puig-Samper,
impulsor de la publicación de "Cosmos" y miembro del CSIC, la labor
de Humboldt cambió radicalmente la imagen que se tenía de América en el Viejo
Continente: "Europa tenía en su imaginario una América salvaje, con una
naturaleza disminuida -por influencia de los trabajos de Buffon o de Paw-, y
noticias distorsionadas por los prejuicios medievales de la propia
Europa". Si Buffon juzgaba que la naturaleza en América y los americanos
había "degenerado", Humboldt la consideraba grandiosa y destacaba
"la existencia de civilizaciones avanzadas como la inca o la azteca,
aunque es verdad que sobre todo hacia la primera de estas muestra algo de
aversión por su carácter despótico", explica Puig-Samper.
De hecho, el alemán fue un declarado
antiesclavista y hasta apoyó a Simón Bolívar: "Evidentemente hay
conocimientos que ya están superados por la ciencia actual, pero el enfoque
antropológico de Humboldt, con una valoración especial de las otras culturas,
es muy actual", señala Puig-Samper. "Hoy en día -complementa Sandra
Rebok- su visión sobre los 'otros' con tolerancia máxima puede ser muy útil en
las actuales sociedades multiculturales, algo que se debate en Alemania,
especialmente en Berlín".
Luego de su travesía americana, Humboldt
regresó a Europa en 1804. Ya en Berlín, fue nombrado chambelán del rey de
Prusia, una posición que lo llevó a ejercer de consejero y diplomático en medio
de las tensiones entre Alemania y Francia por las ambiciones de Napoleón.
También siguió con su labor intelectual, fundó la Universidad de Berlín (que
hoy lleva su nombre), publicó libros como "Ensayo sobre la geografía de
las plantas" y "Ensayo político sobre el reino de Nueva España",
y en 1829 inició un nuevo periplo, esta vez a Asia, lo que plasmó en "Asia
Central" (1843).
Recién a los 76 años, con la publicación
del primer tomo de "Cosmos" en 1845, Humboldt concretó en papel el
mundo que había descubierto en sus viajes e investigaciones. Catorce años después,
el 6 de mayo de 1859, murió cuando preparaba el quinto tomo, que fue publicado
finalmente en 1862.
Bello y sublime
Bueno-bello-verdadero-útil. Una conjunción
que escandalizaría a Heidegger y otros críticos de la modernidad, pero que
Humboldt -amante como era de la naturaleza- enarbolaba sin dudas: si el fin de
las ciencias es el descubrimiento de las leyes de la naturaleza -pensaba-,
también serán útiles "a los progresos de la industria, que también es una
noble conquista de la inteligencia del hombre sobre la materia. Por una feliz
conexión de causas y de efectos, generalmente aun sin que el hombre lo haya
previsto, lo verdadero, lo bello y lo bueno, se encuentran unidos a lo
útil".
Fiel de la fe en el progreso, la de
Humboldt era una ciencia vivificadora. Seguramente fue influenciado por los
círculos filosóficos y poéticos de Weimar (Goethe, Schiller, Herder), según
reflexionan Puig-Samper y Rebok. Se entiende entonces que la expresión bella de
la sublimidad de la naturaleza fuese para el naturalista algo más que un
detalle: "La naturaleza es el reino de la libertad, y para pintar
vivamente las concepciones y los goces que su contemplación profunda engendra
espontáneamente sería preciso dar al pensamiento una expresión también libre y
noble en armonía con la grandeza y majestad de la Creación", escribe en
"Cosmos".
Expresión libre y noble que en su
"Cosmos" nos muestra el contenido de 'los espacios celestes', la
relación 'de la vulcanidad con la naturaleza de las rocas' o el 'reflejo del
mundo exterior en la imaginación del hombre', donde "se relaciona
expresamente el mundo físico, natural, con el pensamiento, la imaginación, y
las impresiones que la realidad natural pueden causar en el espíritu",
según explica Rafael Sagredo, historiador de la UC y coeditor del libro.
Ilustración y Romanticismo, entonces, e
incluso un incipiente positivismo y evolucionismo. Expone Puig-Samper: "El
positivismo lo alcanzará muy mayor pero su obsesión por los instrumentos en la
observación científica para llegar a un conocimiento positivo lo acerca a esta
corriente filosófica. En su obra aparece a veces un cierto evolucionismo muy
primitivo. Lo cierto es que se contactó con Darwin y lo cita en el 'Cosmos',
aunque casi siempre como geólogo destacado. Hay que recordar que 'El origen de
las especies' se publica en 1859, el año de la muerte de Humboldt, por lo que
no pudo ser darwinista". De todos modos Darwin dijo de él: "Antes
admiraba a Humboldt, ahora casi lo adoro".
Ciencia alegre
De un tiempo a esta parte se habla de
"holismo" para referirse a las visiones abarcadoras sobre la
realidad. Una perspectiva que, hemos visto, es la de "Cosmos" y que
el mundo académico valora, según puntualiza Puig-Samper.
Una ciencia integral que en el alemán no
significa ciencia dogmática, sino alegre: "¿Quién se atreverá a afirmar
hoy -escribe Humboldt- que conocemos con precisión la parte de la atmósfera que
no es oxígeno? ¿Quién, que las miles de sustancias gaseosas que obran sobre
nuestros órganos no están mezcladas de ázoe, o que se haya descubierto el
número total de las fuerzas que existen en el universo?". "Esta
intuición vaga de tantos misterios por descubrir, estimulando en nosotros el
ejercicio del pensamiento, nos causa, en todos los grados del saber, un asombro
mezclado de alegría".
La plaza de Humboldt en Chile
Humboldt no vino ni le interesó venir
a Chile, ni en general a las zonas meridionales de América . Así se
ve en la presentación que escribió Rafael Sagredo a
"Cosmos". "Podríamos señalar -declara- que es el entusiasmo que
le provocó el trópico lo que explica su actitud". Claro, ahí Humboldt
tenía todas las posibilidades de la naturaleza, incluida la cordillera andina.
Pero vínculos con Chile hay. El jardín junto al Museo Nacional de Historia
Natural lleva el nombre de Humboldt y tiene un monumento donde se
transcribe la recomendación que redactó para su alumno Rudolph Philippi, cuando
éste viajó a Chile: "Tenemos la esperanza que allí también continuará
prestando servicios en las ciencias", escribió. Y por supuesto está su
impronta intelectual. "Claudio Gay y Philippi -puntualiza Sagredo-,
pero tambiénRaimondi en Perú, por nombrar a los que trabajaron en América,
son muy claros en sus obras en orden a seguir su forma de trabajo".
Articulo : http://diario.elmercurio.com
02/10/2011
