LITERATURA
Paulo Coelho: “Soy adicto al Twitter”
Por Julie BOSMAN
En esta entrevista, el autor best seller
habla de cómo usa las redes sociales para conectarse con sus lectores, de su
reverencia por Borges, y sobre cómo piratear sus propias obras lo llevó
–paradójicamente– a incrementar sus ventas.
La industria editorial que ha sido
transformada por la revolución digital podría aprender algunas cosas de Paulo
Coelho, el novelista brasileño de 64 años. Hace varios años, al piratear su
propia obra, dio vuelta las convenciones del negocio de los libros. En rigor,
subió varios de sus textos a la red pensando en los países donde no estaban
disponibles –argumentando que las ideas tienen que diseminarse gratis. Más
recientemente, también demostró que los autores pueden construir con éxito un
público fiel a través de las redes sociales. Coelho provoca conversaciones
sobre su trabajo discutiéndolo abiertamente con sus fanáticos.
Esa filosofía lo ayudó a vender millones
de libros, en particular El alquimista, una novela alegórica que ha
ocupado un lugar en la lista de los best sellers de The New York
Timesdurante 194 semanas.
Coelho acaba de publicar su última
novela, El Aleph. El libro cuenta su propia epifanía, la que tuvo durante
un peregrinaje por Asia en 2006
a bordo del Transiberiano. Mientras pasó cuatro años
investigando, lo escribió en sólo tres semanas.
Difundir noticias sobre el libro le
tendría que resultar fácil; es que se ha convertido en una especie de místico
del Twitter, escribiendo mensajes en inglés y portugués a sus más de 2 millones
de seguidores. En el 2010 la revista Forbes lo nombró la celebridad
con más influencia en Twitter después de Justin Bieber.
Pero Coelho sigue regalando su obra
linkeando a sitios Web que han posteado copias pirateadas de sus libros,
pidiendo solamente que si a los lectores les gusta el libro que compren un
ejemplar. Espera que de esta manera se pueda convencer a la industria de que
compartir no es una amenaza a su modelo de negocios.
Desde su hogar en Genova, Coelho habló de
su nuevo libro, de su conexión con Jorge Luis Borges y de su tiempo libre, que
pasa hablando con sus lectores vía redes sociales.
Lo que sigue es una versión editada de esa
conversación.
El protagonista de su nueva novela, El
Aleph, suena a alguien conocido: un autor famoso y best-seller, viajero y
buscador espiritual. ¿Cuán autobiográfico es este libro?
Cien por ciento. Estas son todas mis
experiencias. Quiere decir que todo lo que parece real es real. Tuve que
abreviar mucho, pero veo el libro como mi propio viaje. Lo veo como un libro de
no ficción.
El título es el mismo que el de un cuento
de Borges. ¿Fue una influencia para usted?
Es mi ícono. Es el mejor escritor en el
mundo de mi generación. Pero no fue una influencia en este libro; sí lo fue la
idea del Aleph, el concepto. En la tradición de los clásicos espirituales
Borges hace un muy, muy buen resumen de la idea donde todo se convierte en uno.
¿Cuándo decidió ser escritor?
Me llevó 40 años escribir mi primer libro.
Cuando era niño no fui alentado para seguir la carrera de escritor porque mis
padres temían que me iba a morir de hambre. Pensaron que nadie podía ganarse la
vida escribiendo en Brasil. No estaban equivocados. Pero aun así tenía una
vocación, estas ganas de expresarme escribiendo.
Su libro más famoso, El alquimista, ha
vendido más de 65 millones de copias en todo el mundo. ¿Le sorprende el éxito
continuo de este título?
Por supuesto. Es difícil explicarlo. Uno
puede tener 10.000 explicaciones para el fracaso, pero ni una para el éxito.
También ha tenido éxito distribuyendo su
obra gratis. Es famoso por haber pirateado su propia obra, algo poco ortodoxo…
Vi la primera edición pirateada de una de
mis obras y entonces decidí postearlo a la red. En ese momento Rusia pasaba un
momento difícil, no tenían mucho papel. Entonces puse una copia online y en el
primer año vendí 10.000 copias allí. Y el segundo vendí 100.000. Entonces pensé
“esto está funcionando”. Comencé a subir libros a la red sabiendo que si la
gente leía un poco y les gustaba iban a ir a comprar el ejemplar. Mis ventas
estaban creciendo y creciendo y un día durante una conferencia tecnológica lo
hice público.
¿No tenía miedo de enojar a sus editores?
Sí, por supuesto que tuve miedo.
Pero ya era tarde. Cuando volví a mi casa la primera llamada era de mi editora
en los Estados Unidos que me dijo: “Tenemos un problema”.
Y yo le dije “¿qué quieres que haga?”. Y
ella propuso que lo hiciéramos deliberadamente, oficialmente. Gracias a ella mi
vida en los Estados Unidos cambió.
¿Es adicto al Twitter?
Sí, lo confieso públicamente. Twiteo en la
mañana y en la noche. Después de escribir 12 horas por día, llega un momento en
el que uno se siente agotado. Ese es mi momento de relajarme.
Es el método opuesto a alguien como
Jonathan Franzen, que se aísla totalmente para escribir.
Si uno mira los orígenes de la escritura,
los escritores eran vistos como unos sabios que vivían en una torre de marfil,
intocables. Ya no existe la torre de marfil. Si el lector no le gusta algo, te
lo dice. No están aislados tampoco.
Una vez que vi la posibilidad de usar
Facebook y Twitter y mi blog para conectarme con los lectores y compartir
pensamientos con ellos, me dije “lo voy a usar para mostrar cosas que no
entraban en el libro”. Hoy en Facebook tengo seis millones de personas. Tengo
más que Madonna. Es increíble.
¿Eres más grande que Madonna?
No, no, no. No estoy diciendo eso.
