CRÍTICA
La indignación de Gracián
Por Luis Fernando MORENO CLAROS
Los clásicos siempre sorprenden por su
actualidad. Baltasar Gracián (1601- 1658), el sabio autor del Siglo de Oro
español, tiene mucho que decir en nuestra circunstancia actual de crisis e
indignación.
También él fue un "indignado" de
su tiempo que denunció la mediocridad y falta de juicio de los poderosos,
aunque sin escatimar agudezas críticas sobre la común necedad de sus
congéneres, perezosos y vulgares, necios e inmunes a la sabiduría, deslumbrados
por el falso esplendor de las apariencias. Su mayor tarea intelectual consistió
en desenmascarar la mentira y los vicios de su época: la codicia, la lujuria,
la soberbia y el afán de poder, esas malsanas pasiones humanas que transforman
el mundo en un infierno e impiden la armonía general. Leerlo hoy significa
reflexionar de nuevo sobre males congénitos, acaso insuperables.
Aunque Gracián fue miembro de la Compañía
de Jesús nunca vivió como un sacerdote rezongón y enclaustrado en su bohío,
sudando hiel sobre los libros: pasó algún tiempo en la Corte madrileña y hasta
fue capellán castrense; de manera que se codeó con políticos de toda laya,
conoció el mundo y padeció sinsabores por mostrarse rebelde con los superiores
de su Orden. Todas sus obras, exceptoEl comulgatorio -la única de carácter
religioso-, las publicó bajo seudónimo, pues resultaban incómodas y
fustigadoras al actuar como espejos en los que los dueños de la sociedad veían
reflejadas sus taras. Erudito y gran estilista, Gracián usó el lenguaje como
arma mortífera. Sometiéndolo al yunque de su ardiente indignación, lo templó
cual gélido bisturí diseccionador de caracteres y costumbres, de ahí que Gracián
haya pasado a la posteridad como el maestro por excelencia de la sentencia
lapidaria, los retruécanos y los juegos de palabras, del ingenio que espanta,
caza y mata.
Su obra más famosa, El
criticón, es una novela alegórica en la que no pasa nada y pasa todo, pues
es "el mundo" con sus incontables defectos su protagonista.
Schopenhauer la aclamó como "el mejor libro de todos los tiempos" por
su negro pesimismo. Pero Gracián era creyente y jamás fue un pesimista
metafísico; no veía el mal como algo intrínseco al universo, sino como producto
de los seres humanos. "El hombre es más fiero que las mismas fieras",
afirmaba; y de él provienen los más de los males, de modo que la vida, en la
que sólo se ve "una monstruosidad tras otra", debe ser "milicia
contra la malicia humana".
Agudísimo y esencial es el
inapreciable Oráculo manual y arte de prudencia, libro en el que
Gracián consigna 300 reglas que deben seguir cuantos quieran ir con buen pie
por el mundo y, sobre todo, defenderse de la "mala guerra" que contra
ellos oficiarán sus congéneres. Del mismo género son El héroe, El
político y El discreto, tratados en los que se proponen modelos
de comportamiento, loables ejemplos que los hombres deberían imitar para
alcanzar la probidad, y que rara vez imitan.
Este excelente tomo de Obras
completas, editado por el agudo crítico literario Santos Alonso sin el
intimidatorio aparato académico que suele lastrar los textos clásicos (las
notas pasan al final del volumen), brinda la oportunidad de saborear unos
textos exigentes, pero muy sustanciosos y oportunos.
Obras completas
Baltasar Gracián
Edición, introducción y notas
de Santos Alonso
Cátedra. Madrid, 2011
1.630 páginas. 44 euros
