samedi 15 octobre 2011

Luis VARGAS SAAVEDRA/ Misteriosa novela de Sándor MÁRAI


Misteriosa novela de Sándor Márai
Por Luis Vargas Saavedra 

En "La gaviota" lo esencial sería el prodigio de la personalidad humana, la individualidad del ser, actuada en un hombre y una mujer que conversan. Su diálogo y su monólogo (él la eclipsa hablando) rastrean en ese enigma-dilema: "¡Qué poco sabemos de nosotros mismos!

Como esta novela sucede con sorpresas y suspensos, no conviene estropearle al lector tales efectos; por lo tanto, su argumento no ha de ser relatado aquí. Más cortés y deferente es comentar el trasfondo de La gaviota. Allí lo esencial sería el prodigio de la personalidad humana, la individualidad del ser, actuada en un hombre y una mujer que conversan. Su diálogo y su monólogo (él la eclipsa hablando) rastrean en ese enigma-dilema: "¡Qué poco sabemos de nosotros mismos! ¡Qué poco de nuestro cuerpo! ¿Qué podemos saber, pues, de nuestra alma, cuya naturaleza desconocemos por completo y de la que sólo percibimos reacciones? ¿Y del alma de los demás, que conocemos menos aun que la nuestra? ¿Qué podemos saber los hombres unos de otros?...". Con tales dudas desafiantes comienza la novela y parte con un brío y una hondura magistrales. Escasas obras poseen un inicio tan airoso y que provoca a ser leído en voz alta.

En las sucesivas páginas el hombre se preguntará qué, quién y cómo es alguien cuando los gobiernos reducen a los individuos en meras variables numéricas. ¿Puede la repetición tener diferencias? Dicho de otra manera, ¿puede el zapato fabricado en serie ser distinto a los zapatos que lo preceden y a los zapatos que lo siguen en una cadena sin fin?

De ese efecto masificante la obra pasa al contraste esperanzador del ser y los seres únicos, que lo son gracias a sus matices de siquis y de cuerpo. Personalidad versus multitud. Personajes inequívocos y no enjambre de semejantes, como la abeja a la abeja.

Kafka ha expresado el horror de la anulación del individuo en una aglomeración despótica. Márai batalla aquí contra ese mismo cancelamiento empobrecedor, así él viene a ser un aliado de Kafka. Ambos denuncian, alertan y claman contra la impersonalidad amaestrada de la gente en un régimen inescrupuloso.

Esa especie de diálogo platónico provoca una pregunta inquietante: ¿hasta dónde eso le ha ocurrido a uno: hasta qué punto estamos exentos de deformaciones circunstanciales, en qué grado ha podido quedar intacta nuestra personalidad a pesar de las presiones y compresiones del entorno social? En suscitarnos esa inquietud existencial consistiría la misión de esta breve novela que a su autor debe haberle servido de terapia en medio de circunstancias dolorosas.

A Márai lo carcome la pérdida de los valores europeos anteriores a la Primera y a la Segunda Guerra Mundial. Eso se capta en la mayoría de sus libros; en éste la acción sucede en Hungría en 1943. La población funciona tensa pero desinformada del inminente peligro de guerra y de invasión que los noticiarios de cine no pueden desplegar porque carecen de evidencias sobre un conflicto que culebrea con sigilo para morder de sorpresa.

La "gaviota" es una finlandesa llamada Aino Laine, que significa "La única ola", un nombre paradójico pues cada ola es otra ola en una repetición nunca repetida, en la cual cada compuesto del incesante conjunto posee rasgos únicos (tal como las rayas de las cebras y las motas de las jirafas).

"La única ola" y "la gaviota", las dos metáforas vertebrales de la novela, generan conjeturas, disquisiciones, utopías, repasos. Para mi gusto, todo eso se espesa en tratado. El amontonamiento de conceptos que adornan el monólogo del hombre frena el suspenso y la fluidez de la acción. Muchas de sus frases son de bronce o, mejor, de platino, y darían para un florilegio estupendo. Pero cuesta creer que pueda darse en la realidad de esa noche húngara, una meditación oral tan extensa, tan vericueteada de asuntos, tan filosóficos, escuchados además por una mujer de exquisita paciencia que no lo interrumpe... En todo caso, me parece que la novela desmerece con ese acopio de ensayos, le sobran. Más aun, sugiere que ellos han sido novelados para inquietar amenamente, para ofrecernos en aspecto entretenido lo que en tratado hubiera sido fatigoso.

En suma, el abultamiento de opiniones que derrama el funcionario ministerial estraga el suspenso y sólo se tolera por el misterio de...

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