1928-2011 | El autor, Premio Nacional de
Literatura 2006, murió este viernes
José Miguel Varas y su inagotable cantera
de la realidad
Por María Teresa CÁRDENAS
Narrador y periodista, no se decidió a
escribir memorias, pero en sus novelas, cuentos y crónicas es posible seguir la
huella de las experiencias y personajes que lo marcaron en sus 83 años de vida.
"Imposible decir que no. Aguardo
instrucciones". La invitación de "El Mercurio", el 24 de agosto
de 2010, era a visitar junto a otros dos escritores -Marta Blanco y Diego
Zúñiga-, el Campamento Esperanza de la mina San José, luego que los mineros
fueran encontrados con vida en su encierro. Con la disciplina del antiguo
comunista, la sensibilidad del escritor y el interés propio de quien no
abandonó nunca el periodismo, José Miguel Varas aceptó de inmediato y se puso a
la orden. Un día después, a las cinco de la mañana, lo pasarían a buscar a su
casa, y a las ocho, ya viajaba en el avión rumbo a Copiapó.
Iba como testigo, pero también
comprometido con la causa de esos trabajadores que, curiosamente, se habían
hecho visibles gracias a su desaparición. La experiencia dio por resultado
-aparte de una rotura del tendón de Aquiles que soportó con estoicismo y humor-
la crónica "La espera y las banderas". A sus 82 años, José Miguel
volvía a inspirarse en la realidad para dar vida a un texto. Lo mismo que hizo
en tantas crónicas periodísticas y entrevistas que se transformaron en libros,
así como en sus novelas y relatos. Leer hoy sus Cuentos completos ,
publicados por Alfaguara en 2001, permite, de alguna manera, reconstruir la
biografía de este escritor que con apenas 18 años dio a conocer su primer
libro, Cahuín .
Así lo reconocía el crítico Ignacio
Valente, gran admirador de su obra:
"Su pluma es sumamente versátil: se
ha paseado por los diversos géneros que se escriben en prosa, tanto
periodísticos como narrativos, sin solución de continuidad. La crónica, a veces
casi indiscernible del relato, está presente y subyace en todos sus libros.
(...) La sujeción a una historia 'real' y a su correspondiente documentación se
prolonga en esos extraños y extensos libros que son -después del
inicial Chacón (1967)- La novela de Galvarino y
Elena (1995) y Los sueños del pintor (2005)".
Basada en la realidad, pero tamizada por
la experiencia de este hombre algo tímido y con un fino sentido del humor, su
literatura portaba la sencillez que sólo consiguen los grandes.
"Varas escribe como si todo fuera
llegar y contar -así de simple-, saber y contar, saber contar. De allí su
parentesco con esos cuentistas natos que son Maupassant o Chéjov, Singer o
Naipaul; de allí su pertenencia a una familia chilena de narradores hoy casi
olvidados de puro directos y sencillos, como Carlos León, Olegario Lazo,
Ernesto Montenegro... En otras palabras, Varas lleva medio siglo fuera de toda
corriente de moda, como tocado por la gracia de lo casi intemporal",
destacó también Valente.
A propósito del Premio Nacional de
Literatura que se le otorgó en 2006, el crítico Jaime Concha señaló: "El
Premio distingue a un escritor del linaje de los destacados realistas del siglo
pasado: Joaquín Edwards Bello, Manuel Rojas, Francisco Coloane, entre otros.
Varas prolonga y renueva esa herencia a la entrada del nuevo milenio. (...) Es
parte de la postura ética de Varas el no haberse dejado seducir por éxitos
comerciales facilones y haber aspirado a expresar -contra viento y marea, con
vibración y fervor- la entraña histórica de un país y del mundo en que le tocó
vivir".
Una opción literaria que el propio Varas
manifiesta en la voz de El Huerqueo, el protagonista de El correo de
Bagdad :
"Más que narrar, lo que intento es
perfilar, dibujar, con la mayor exactitud que permite la memoria, las cosas que
me han pasado a lo largo de mi existencia desde muy temprana edad, con la
ilusión de que esos sucesos y sus respectivos escenarios, aparezcan en la
imaginación de los que leen como las imágenes de una linterna mágica o de una
película, proyectando en sus pantallas interiores, los hechos recordados y
otros que tal vez nunca ocurrieron realmente, pero que permanecen difusos en el
fondo de la memoria".
Recuerdos del pintor Julio Escámez
Desde Costa Rica, donde se radicó en 1974,
Julio Escámez recuerda al escritor que lo hizo protagonista de su
novela Los sueños del pintor (2005), en la que recrea literariamente
las historias reales y oníricas que contaba el artista plástico en las
tertulias chilenas de los años cuarenta y cincuenta.
"José Miguel Varas fue un excelente
amigo -dice Escámez-, muy talentoso como escritor, muy consecuente con sus
ideas, muy íntegro. Siento una gran pena, pero recibo la noticia con cierta
resignación que da la cercanía de la muerte, porque los dos teníamos casi la
misma edad, nacimos en la misma década. Él había realizado su obra, la había
culminado y había obtenido el mayor galardón que se da a un escritor en Chile,
por lo tanto había cumplido su ciclo creador. Eso es un consuelo también".
-¿Qué sintió usted cuando Varas escribió
"Los sueños del pintor"?
-La hicimos juntos: yo le proporcioné
todos los apuntes que tenía.
-¿Pero le gustó el resultado?
-Bueno, tuvimos discusiones al respecto,
pero en fin, es una obra de él. Hizo una versión de los hechos. Es un buen
libro, independiente de la percepción que yo haya tenido. Porque diferíamos. Y
es natural, yo digo. Todo lo que se describe ahí fue una experiencia profunda
mía, y él la interpretó. La verdad es que eso era inevitable.
-¿Cuándo se conocieron?
-Uf, por los años cuarenta o cincuenta. Yo
lo conocí en el ámbito artístico y literario de Santiago. Él era muy amigo del
escritor costarricense Joaquín Gutiérrez, y vino varias veces a Costa Rica, se
hospedaba en la casa del escritor y de su esposa chilena, Elena Nascimento. Yo
estuve en el extranjero con él varias veces, cuando vivió en Checoslovaquia, en
Praga, y siempre nos mantuvimos en contacto tanto en una relación política como
literaria, porque trabajamos mucho en el acopio de elementos para el libro.
Después vino el éxodo de los chilenos a raíz del golpe militar que nos disparó
a distintas regiones de la Tierra. Yo a Costa Rica y él a la ex Unión
Soviética. Es el periplo de nuestra vida.
Articulo : http://diario.elmercurio.com
25/09/2011
