Alberto Olmos
"Estoy harto de la impostura de la
solidaridad: ha sido una broma, una estafa difícil de criticar
Por Nuria AZANCOT
Que su aspecto tímido, de hombre tranquilo
y “gafapasta”, como dice él, no les engañe. Alberto Olmos (Segovia, 1975) tal
vez susurra más que habla, pero esconde al mayor provocador de nuestras letras,
un narrador, crítico y doblemente bloguero que lanza estos días Ejército
enemigo (Mondadori), una diatriba implacable contra la solidaridad y su
fracaso, pero también sobre cómo internet ha transformado el concepto de
intimidad.
“Yo sé -dice Olmos, mientras vamos hacia Malasaña- que como tengo barba y no me parezco a Juan Manuel de Prada se da por hecho que soy superprogre y que tengo que movilizarme por todas las causas, no sé, por Egipto... Bueno, yo no sabía que en Egipto había un dictador, pero qué fácil es decir al día siguiente que estás a muerte con la ‘primavera árabe'”. Así que, para empezar, el novelista y bloguero niega la mayor: no quiere ser, dice “uno de esos articulistas de izquierdas que, pase lo que pase, están en lucha y que, sin saber cómo funciona la Bolsa, en cuatro tardes denuncian que los banqueros son todos unos hijos de puta. Es como esa gente que protesta contra Berlusconi mientras calla, sumisa, ante un jefe brutal. ¿No es ridículo tanto ruido para nada?”
Esta rabia tan desolada resulta difícil de comprender sin conocer al escritor; “incoherente”, como él mismo se retrata, debutó en 1988 con A bordo del naufragio, finalista del premio Herralde el año en que lo obtuvo Roberto Bolaño por Los detectives salvajes. Después vendrían Trenes hacia Tokio, El talento de los demás, Tatami, y El estatus (Lengua de Trapo), algunos premios, y muchas críticas “aburridamente buenas”.
Filólogo y periodista, pasó tres años
dando clases de inglés y español en Japón. De vuelta a Madrid, es desde hace
años un bloguero desdoblado que en Hikikomori trata sesudamente de literatura,
mientras que en Juan Mal-herido comenta, brutal, libros y autores, con mucho
sexo y ninguna compasión. Elegido en 2010 por la revista Granta como uno de los
22 mejores narradores jóvenes en español,estos días publica Ejército enemigo,
una novela “obscenamente actual” sobre Santiago, un publicista decadente
al que la muerte inesperada de un amigo solidario y de clase alta, cambia la
vida. Escrito con las tripas y el corazón, el origen del libro tiene nombres y
apellidos:
-Desde luego, el de todos esos artistas que disfrutan de vidas regaladas desde que vinieron al mundo, que jamás han tenido problemas para conseguir trabajo ni han tenido que cargar cajas o atender en un call center. Que estas personas vinieran a darme lecciones sobre cómo salvar el mundo me irritó profundamente. Con algunos me he “reconciliado”, como con Willy Toledo, que en ese libro que ha sacado se atreve por fin a jugarse algo dando nombres de personas de su entorno, y no apuntando siempre tan alto que a nadie le importa.
El fracaso de la solidaridad
-Desde luego, el de todos esos artistas que disfrutan de vidas regaladas desde que vinieron al mundo, que jamás han tenido problemas para conseguir trabajo ni han tenido que cargar cajas o atender en un call center. Que estas personas vinieran a darme lecciones sobre cómo salvar el mundo me irritó profundamente. Con algunos me he “reconciliado”, como con Willy Toledo, que en ese libro que ha sacado se atreve por fin a jugarse algo dando nombres de personas de su entorno, y no apuntando siempre tan alto que a nadie le importa.
El fracaso de la solidaridad
-¿Realmente cree, como afirma en el libro,
que la solidaridad tal como se concibe hoy es una “forma de ocio, una ficción
para gente con mucho tiempo”, y que “ha fracasado”?
-Así, tan tajantemente, suena fuerte, pero
la verdad es que sí me planteé este libro para explicar hasta qué punto estoy
harto de toda esa impostura. No sé, a los catorce años tenías que estar
concienciado y en lucha por la capa de ozono o lo que fuera, pero todo eso fue
una gran broma, una estafa verbal simbólica muy dificil de criticar, porque
parece que si no estás en contra del cambio climático eres un
antiecologista. Por eso me pareció interesante crear un personaje que
fuese un hijo de puta desencantado, un tipo a la contra, para intentar que la
gente se indigne con el libro. Hoy todo el mundo es solidario y
bueno.
-¿Y eso es malo?
-¿Y eso es malo?
-No necesariamente, pero es que el
discurso del progre solidario me pone histérico: me ofende esa gente que
disfruta el capitalismo salvaje pero que, como está afiliado a Unicef o a
Greenpeace, se siente libre de toda culpa, va a manifestaciones y da lecciones
para salvar el mundo. La dificultad era que a partir de estas ideas se
podría hacer un ensayo, pero yo quería hacer una novela con esas ideas filtradas
en ella, sin que deje de haber personajes e historias. No quería hacer una
novela de tesis.
Confiesa Olmos que la idea central de la
novela lleva obsesionandole mucho tiempo, pero que cuando comenzó a escribirla
pensó “que no me la iban a publicar jamás, porque como España es tan santurrona
y políticamente correcta...”
-¿También en lo literario?
-¿También en lo literario?
-Desde luego. Si tengo una idea clara en
literatura es que en este país se confunden las buenas intenciones con la
calidad de la obra: si un tío escribe una novela políticamente correcta contra
el maltrato doméstico, esa novela nunca va a ser mala, porque parece que lo que
importa es demostrar que se sufre solidariamente, aunque eso no tenga valor
artístico. Lo tiene ponerse en el lugar del maltratador, crear personajes
malos, incluso lamentables, pero escribir desde ese punto de vista aquí está
mal visto. Por eso los premios nacionales se lo dan a santos. Aquí sería
imposible premiar con el Goncourt de turno a ese Houellebecq al que la prensa
española describe como depresivo, racista, machista y todo eso. Y esto va de
literatura, no de buenos sentimientos.
Obsesión por el cibersexo
Obsesión por el cibersexo
-En ese sentido, el protagonista del
libro, Santiago, cumple todo el plan porque es machista, depresivo, está
obsesionado con el sexo, espía en internet...
-Lo del sexo me parece interesante porque
entre los autores de mi generación el sexo es el tema menos tratado de todos:
todo el mundo es tan intelectual y tan limpio que apenas se menciona, a pesar
de que internet ha creado fenómenos fascinantes como el de todas esas
jovencitas que llegan a su casa, se graban desnudas y lo suben a la red, a
través de webcams que testimonian esa sexualidad.
-Sí, pero ¿qué le ha prestado a Santiago
de sí mismo?
-Es complicado: la primera persona te
devora, parece que pones yo y eres tú siempre, pero en este caso hay un pasaje
de la novela, al hablar de su antagonista, en el que acaba confesando que “no
sabe uno ni ser”. A Santiago le he dado mis momentos de atasco, mi afición a
internet, a la pornografía, y muchas ideas corrosivas . Es el mismo rollo
del blog Malherido, que me ha servido como campo de ensayo para la novela, y ha
sido un entrenamiento para este discurso trasgresor.
-¿Qué es, entonces, Ejército enemigo?
-El cruce de caminos de varios temas que
me obsesionan, como la falsa solidaridad y la relación entre intimidad e
internet, porque la red ha dinamitado nuestra privacidad. Ya no existen
vidas privadas, sobre todo si se es menor de cuarenta años: solo googleando y
sin hacer nada ilegal, puedes averiguarlo todo de un tipo. No tienes más
que ver su perfil de facebook, sus amigos, la música que escucha... Luego, si
la policía te pide el DNI la acusas de fascista, aunque tú le hayas regalado
todo, incluso lo más íntimo, a una red social que se queda con tus fotos. Ése
es un tema que me parece interesante tratar en una novela a pesar de que este
exceso de modernez resulte raro a los críticos...
-La última novela de Gopegui también tenía mucho que ver con internet...
-La última novela de Gopegui también tenía mucho que ver con internet...
-Sí, y me gustó mucho, porque también
tiene un punto de thriller. Nos diferencia la intención política, porque creo
que los escritores no somos ni sacerdotes ni moralistas y que la literatura
debe ser espectáculo: a mí me gustan las palabras, las metáforas, la retórica,
la sintaxis variadita. Me gustaría que la gente se enganchara al libro como a
un best seller. Cada vez tengo más respeto a lo que la gente compra y estoy más
harto de esa actitud nuestra de que cuanto menos venda un libro mejor será. O
no. Entre Belén Gopegui y un tipo supercomercial no hay tanta
diferencia. Yo no puedo ir a la calle y creerme escritor si sólo me leen
quinientas personas. No quiero que me conzocan sólo en el mundillo. Leí el otro
día, en la calle Huertas un fragmento de “Una carta a Andrés”, de Larra, que
decía, “Terrible y triste me parece escribir lo que no ha de ser leído”. Y
sigue siendo verdad...
-Para aumentar la difusión del libro, ¿ha
pensado utilizar otros soportes, como vídeos?
-No, no me interesa demasiado, porque si ya es difícil escribir, imagina poner música, dibujitos, cositas... no me parece mal, pero me gustan mucho las palabras y más allá de lo que me puede permitir word no quiero líos...
-No, no me interesa demasiado, porque si ya es difícil escribir, imagina poner música, dibujitos, cositas... no me parece mal, pero me gustan mucho las palabras y más allá de lo que me puede permitir word no quiero líos...
-¿Cuánto tiempo dedica diariamente a sus
blogs?
-No demasiado; a veces, cuando hago una de
las minitesis de Hikikomori tardo varios días, pero en los del Mal-herido
normalmente mucho menos que la gente en leerlos. Lo que sí me lleva mucho
tiempo, como a la gente de mi edad, es navegar por internet.
-Su blog Juan Mal-herido es un ejercicio
de provocación en un país sin demasiado sentido del humor....
-Bueno, antes lo teníamos... en la antigua
Grecia los yambógrafos hacían poemas brutales, los goliardos también, están los
textos de Quevedo contra Góngora y viceversa, o los pasquines del XIX. Parece
que internet ha facilitado el anónimo, el insulto, pero de toda la vida de dios
existe la literatura sangrante. Todos tenemos cápsulas de mal humor que a
veces estallan y que nos emparentan con los nazis, aunque no queramos
reconocerlo. Como todos, tengo malos días y quería desintoxicar este miedo a
expresar las emociones. Siempre me fascina que cuando pasa algún suceso
muy dramático, no sé, un tipo que ha matado a su esposa o así, los vecinos
siempre declaren que era un tipo muy normal. Pues claro. Ése es el problema de
los autores santurrones de este país, que creen que los malos son monstruos
ocultos en cuevas, sin admitir que el monstruo eres tu. Yo no me siento
inocente, no creo que nadie lo sea, aunque ahora el buenismo esté tan de
moda.
-¿También culturalmente?
-Sobre todo. Cuando Unai Elorriaga ganó el
premio Nacional de narrativa por Un tranvía en SP, un periódico describió
su novela como un relato sobre okupas y alzheimer. ¡Y no era verdad! Pero
parece que si sólo hablas de cualidades literarias no cumples las expectativas
del buenismo y el premio no tiene sentido. ¡Es flipante! Claro que eso
viene de la Edad Media, cuando se creía que los libros tenían que moralizar:
hoy ese papel lo desempeña la izquierda.
¿Cargado de prejuicios?
En este punto Olmos se revuelve incómodo,
casi tanto como mientras posa ante un grafitti malasañero y ve acercarse a los
perros que rondan una de las plazas más castizas de Madrid y que tan poco le
gustan (los perros). Como las entrevistas, las capillas literarias o la
promoción. Hace unos meses estuvo en Estados Unidos de la mano de Granta para
presentar la narrativa española más joven, y aunque de primera diga que le fue
bien, en seguida reconoce que acabó “hartito” y que le horrorizaría vivir como
Vargas Llosa, “un día en Suiza, otro en Londres y al siguiente en Estocolmo.
Sinceramente, esa vida es un infierno... ¡¡Si sólo ir a Zamora o Lugo (que
no se ofenda nadie) me parece un coñazo, si me roba tiempo para escribir!!”.
Más horrores: asegura ser un lector “cargado de prejuicios” que no lee novelas
sobre la guerra civil, el holocausto ni premiadas, pero que siente gran
curiosidad por los creadores más jóvenes, aunque algunos “sean
deleznables”.
-Como saben quienes siguen sus blogs,
pocos han leído a más autores españoles nacidos en los 80 que usted. ¿Aún no ha
encontrado a alguno que le entusiasme...?
-La verdad es que aún no. Cuando salió el
rollo Nocilla había ideas, intenciones, estaban Fernández Mallo, Manuel Vilas,
Álvaro Colomer, y había esa expectativa de lo nuevo, pero ya está aposentado y
algo pasado. No veo el panorama muy interesante y la gente nacida en los
80 tampoco me deslumbra. Por otra parte, lo último de Marías es lo peor
que ha escrito. Tampoco el último libro de Orejudo me convence, aunque, en cambio,
el de Reig me parece el mejor de los suyos. No sé, la cosa literaria española
no está hoy en su mejor momento.
-Pero menciona positivamente a Vila-Matas
en el libro...
-Sí, me gusta mucho. Incluso
en Ejército enemigo hay un personaje que dice textualmente lo mismo
que me comentó un buen amigo, de 32 años: Vila-Matas es el único autor
español que nos habla a nosotros. Me parece fascinante que con un tipo de 60
años sepa escribir para gente de 30, 40 o de su misma edad, y eso lo ha
conseguido porque es una persona curiosa, que no teme apadrinar a jóvenes
autores como Elvira Navarro. No es como Javier Marías, que está en su nube. Y
es muy curioso, porque Marías, que tiene un acreditado historial antiCela, en
el fondo representa la misma idea de Cela: “después de mí, el diluvio, la
nada”.
-Se dice que la red está creando una nueva
literatura, pero ¿existen autores de blog que no logran llegar al papel?
-Bueno, hay gente que escribe muy bien en
internet, pero eso no significa que tenga algo que contar y narrar. Por otra
parte, no creo que con tantítimas editoriales como hay, alguien que tenga un
talento medio no publique y haya que ir a buscarlo a internet. Además, y
eso es muy sano, hay bastante gente en internet que sólo quiere pasar el rato
sin necesitar el éxito de la celulosa.
-Pero, al tiempo, muchos autores reniegan
de la red y sólo manejan referencias del XIX...
-Desde luego. Por ejemplo, la lista de
jóvenes de Granta se divide en modernos y tradicionales: los modernos están en
internet y leen literatura norteamericana, mientras que los tradicionales no
están en la red, su modo de actuar es muy presencial, de ir a fiestas y
pertenecer a capillitas, y siempre hacen novelas similares sin referencias a
cosas que consideran tan vulgares como el rock...
-Veo que sigue tan sincero como su otro
yo, Juan Mal-herido, pero ¿se atreve a señalar los falsos prestigios de hoy?
-Uy, no soy tan discrepante como parezco:
me gustan Vila -Matas y Javier Marías, pero no sé, a mí me parece que hay
algunas escritoras casi analfabetas que ganan demasiados premios.
Dispara así, sin titubeos pero sin
nombres, con la naturalidad que con que abandonó Lengua de Trapo, donde publicó
sus últimos cuatro libros, por Mondadori. Por aburrimiento y con naturalidad:
-Como en literatura hoy no hay dinero, lo unico que puede motivar a un
autor son las novedades, pero eso de publicar en una editorial como algo
rutinario me espanta. No se trata de lealtad sino de aburrimiento: cambiar de
sello te reactiva, descubres otro marco, otro público. No quiero convertime en
un fabricante de libros sin alma.
-¿Qué queda del Olmos que con 23 años
quedó finalista del premio Herralde, a la sombra de Bolaño?
-Mucho, aunque probablemente era más
infeliz que ahora... Como decía Heráclito, “el carácter de un hombre es su
destino”, y solo desgracias y alegrías te pueden cambiar: con los años me
he dulcificado, pero me queda la pasión, y ese mal pronto que en esta novela he
recuperado.
Articulo : http://www.elcultural.es 14/10/2011
