dimanche 9 octobre 2011

Pablo E. CHACÓN/ El amigo argentino de T, el nuevo Nobel de literatura


Escritor y periodista, Christian Kupchik vivió más de 15 años de exilio sueco.
Allí conoció y tradujo al poeta Tomas Tranströmer, flamante premio Nobel.
El amigo argentino de T, el nuevo Nobel de literatura
Por Pablo E. CHACÓN

Christian Kupchik le cuenta Ñ Digital que en sueco, lo primero que empezó a leer, fue poesía. “Había dos líneas, una ultraexperimental, y otra realista, real-socialista, que me interesaba poco”, dice. Y casi puede unir aquél primer vínculo con la poesía sueca y esta realidad de que alguien a quien leyó, conoció y tradujo le dieran el Nobel de literatura. “Me desperté con la noticia, fue una gran alegría”, dijo.

¿Cómo se acercó a la obra de Tranströmer?
Me cayó un volumen de poemas, muy chiquito, llamado “Secretos en el camino”, muy interesante. Empecé entonces a leer toda su obra para atrás, fundamentalmente un libro que había tenido cierto éxito, “Bálticos”. Estoy hablando de comienzos de los 80.

¿Qué se decía de él en el ambiente literario sueco?
En ese momento, T no era visto con muy buenos ojos por los críticos y los poetas, decían que tenía una lírica demasiado fría, que tomaba distancia de su tiempo, cosas así, y eso no era así. T tiene una gran sensibilidad para la música. Es pianista. Trabajó con el ritmo, con el lenguaje y con la metáfora, de una manera muy poco habitual para lo que era la poesía sueca.

¿Y cómo fue que se acercó a él en persona?
En un acto de locura, traduje y publiqué una plaqueta que se llamó “Postales negras”, que tenía una particularidad, cada plaqueta tenía una estampilla de un país distinto. Le mandé una cantidad de plaquetas de regalo a T que entonces no vivía en Estocolmo sino en un pueblo del sur de Suecia. En ese momento trabajaba como psicólogo, con delincuentes juveniles, discapacitados, etcétera. Y me mandó una carta, sumamente afectuosa. Así empezamos a establecer una relación.

Hasta que se encontraron…
Un día, en el 89, me tocó el timbre de mi casa, con un libro de regalo. En ese momento estaba por nacer mi hija, lo dedicó, nos pasamos toda la tarde caminando, conversando. Lo recuerdo como un tipo muy sereno, estaba más allá de todo lo que es el establishment. De hecho, tiene una obra que no es muy extensa. Unos meses después, sufre ese accidente cerebrovascular, en septiembre del 90, que le provoca una afasia, dificultades para moverse y demás.

¿Cómo evolucionó la valoración de su obra para que le den el Nobel?
Este año estuve en Suecia. Sabía que estaba en Estocolmo. Y entro a una librería donde había una especie de altar dedicado a Tranströmer. Queda en el sur de la capital, en un barrio muy lindo, donde vive él. Le cuento al librero todo esto, y el tipo me dice que la posición del Nobel se había modificado mucho, que a raíz de ‘Bálticos’, el poeta norteamericano Robert Bly lo traduce al inglés y de ahí a una cantidad de lenguas. Y su obra es muy apreciada por los propios suecos. Su nombre venía dando vuelva hace muchos años.

Poeta, sueco y Nobel, una fórmula difícil de repetir…
Hubo algunos otros Premios Nobel suecos. Ninguno alcanzó su calidad, ni su profundidad. Su fama, posiblemente, sólo sea comparable a la de Par Lagerkvist, el autor de “Barrabás”, “El enano”, otros más. La obra de Tranströmer, además, no es muy larga, debe llegar a cuatrocientas páginas.

¿Se esperaba está noticia?
Hablando con gente cercana a los miembros de la Academia, me decían que la posibilidad de que le dieran el premio era remota. Y sin embargo, para mí gran alegría, hoy me desperté con esta noticia.

Articulo : http://www.revistaenie.clarin.com 06/10/2011

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