dimanche 23 octobre 2011

Patricio TAPIA/Entrevista a Julia KRISTEVA


Entrevista | La autora visitará Chile
Julia Kristeva: la revuelta como reinvención de la cultura
Por Patricio TAPIA

"Es importante que el intelectual muestre una dimensión espiritual de la existencia humana que está enraizada en el lenguaje, en la historia del arte y en las distintas formas de espiritualidad. Es algo que no debe olvidarse en situaciones de crisis, afirma la intelectual franco-búlgara, que tendrá actividades en Santiago y en el festival "Puerto de Ideas" en Valparaíso, durante su primera visita al país.

Hubo un tiempo en que Francia parecía ser el centro de la cultura mundial. Y si París era el centro cultural del país, ¿cuál era el centro del pensamiento en la ciudad? Hubo varios, probablemente. Pero más de alguien pudo considerar que Tel Quel -la revista, el grupo que la apoyaba y la orientación de su gusto- lo fue durante un tiempo. En torno a la revista y sus libros se reunió lo más vivo de la vanguardia intelectual francesa de los años 60 y 70, al punto que sus páginas podían ofrecer una síntesis teórica de la época: desde el nouveau roman y el estructuralismo hasta la deconstrucción y el maoísmo, desde Barthes o Derrida hasta Foucault o Lacan, todo bajo la atenta mirada de su editor, Philippe Sollers. En el corazón de esta cadena de círculos concéntricos estaba Julia Kristeva.

Su nombre evoca la idea más pura del "intelectual francés" (y, para algunos, los excesos galos de un lenguaje impenetrable y complejidades innecesarias). Pero ella, en realidad, no es francesa, sino búlgara. Veinteañera abandonó su país para estudiar en Francia. Desde entonces, destacó en diversos ámbitos, tempranamente en la lingüística para pasar al feminismo y luego proseguir en el psicoanálisis y también en la novela. Sus libros son importantes y su voz, influyente. Es justamente su voz, clara y precisa, la que responde desde París.

-Usted llegó a Francia a mediados de los 60, en un momento de ebullición política y cultural. ¿Qué significó para usted y qué intelectuales la influyeron?
"Fue un momento de gran ruptura respecto de mi país de origen. Llegué con solamente cinco dólares en el bolsillo, pues mi padre no pudo conseguir más. Mi beca comenzaba a fines de enero de 1966 y llegué en vísperas de Navidad de 1965. Me encontré con un país muy conmocionado por la Guerra de Argelia y muy replegado en sí mismo. Al mismo tiempo, con una clase intelectual joven muy acogedora, particularmente en el barrio de Saint-Germain-des-Prés, donde se juntaban los intelectuales de la revista Tel Quel; allí conocí a mi marido, Philippe Sollers. En la École des Hautes Études hablé mucho del estructuralismo con Lévi-Strauss y Roland Barthes y aporté el postestructuralismo surgido de los trabajos del ruso Mijail Bajtín. Tuve el privilegio de ser acogida como alguien que viene de un mundo nuevo, sin tenerle miedo al extranjero (como ocurre ahora con la mundialización) y, al mismo tiempo, con la curiosidad por lo que podía aportar yo como mujer, lo que era entonces relativamente raro, no obstante los libros de Simone de Beauvoir".

-En "El porvenir de la revuelta" y "Sentido y sinsentido de la rebeldía" señalaba que la "revuelta" era un componente esencial de la cultura europea más allá de lo político...
"Yo entiendo la revuelta en el sentido inmediato del término, el de la gente de la calle, la que sale a protestar por sus salarios o sus jubilaciones, en medio de crisis económicas, y otras manifestaciones insurgentes en todo el mundo. Pero pienso que esa dimensión no puede cumplirse si no se considera la revuelta en el sentido digamos más etimológico, el que nos lleva a su raíz sánscrita, varutram , que significa vuelta atrás y recomenzar. Hay que apropiarse de la memoria y transformarla, transmutar sus valores, como dice Nietzsche, analizarla y adaptarla a las condiciones modernas. Ese es el trabajo del intelectual. No ocuparse sólo del pasado, sino encontrar nuevas significaciones para los viejos valores. Este trabajo es el que me parece más importante en el contexto de las ciencias humanas y del reencuentro con otras culturas (hablo de los extranjeros) y de la relación de los sexos. La revuelta como reinvención de la cultura".

-Actualmente la revuelta parece estar revitalizada, después de un aparente eclipse. ¿Considera que hay alguna razón?
"En un plano de posicionamiento social, hay situaciones de crisis que todos conocemos -crisis financieras; más profundamente, crisis del modelo político: el bipartidismo, izquierda-derecha, que por poderoso que sea ya no satisface- y que buscan nuevas formas de protesta y de cambio. Es muy importante no quedarse prisionero de las utopías, no sucumbir a la desesperación o la melancolía. Hay que ser realistas y tratar de llevar a cabo cambios, especialmente en el ámbito de la justicia y atendiendo a los más frágiles. Pero es importante que el intelectual muestre una dimensión espiritual de la existencia humana que está enraizada en el lenguaje, en la historia del arte y en las distintas formas de espiritualidad. Es algo que no debe olvidarse en situaciones de crisis. El trabajo del intelectual que estudia la historia religiosa, que investiga las relaciones entre los sexos o sobre los extranjeros, tiene que ver con la moral y las mentalidades. No puede haber cambios sociales sin que el rol del pensamiento sea tomado en consideración".

-¿Cree que eso es lo que está pasando ahora?
"No sé. A veces tengo la impresión de que los momentos de intransigencia, de revuelta, son un estado de desesperación, que la gente que protesta no cuenta con un programa y no tiene otra alternativa. Al mismo tiempo, tengo el sentimiento que el trabajo intelectual que continúa, esas transmutaciones en la teoría de la religión, en la teoría del inconsciente, o incluso en los grandes inventos en astrofísica ahora (como el descubrimiento del neutrino, etc.), que son extremadamente importantes, diría que están disociados, lejanos, de lo que pasa en la calle. A un nivel más profundo, no estoy segura de que sean distintos. Lo que necesitamos es encontrar pasarelas entre esos dos mundos".

-En sus primeros trabajos como teórica del lenguaje se abocó a las nociones de "semiótica" y de "intertextualidad". ¿Le continúan interesando esos temas o más bien se ha alejado de ellos?
"Sigo interesada en ellos. La semiótica la trabajé en mi libro 'La revolución del lenguaje poético' y corresponde a una dimensión, digamos, 'arcaica', muy cerca del cuerpo y de las pulsiones sexuales. Una dimensión del sentido que se relaciona con la melodía, con el ritmo, con la voz. El sentido del cuerpo, si se quiere. Llamo 'simbólica' a toda la dimensión lógica del lenguaje. Entonces, la relación entre los dos, la coexistencia del conflicto o la armonía, se manifiesta en distintas formas del discurso. Utilicé mucho esta noción en todo el período que me llevó a crear, junto a Roman Jakobson y Émile Benveniste, la Association Internationale de Sémiotique. Y he pensando en ella recientemente, porque se pretende editar el último curso de Benveniste en el Collège de France, que data de 1969 y para el cual yo haré un prefacio. En cuanto a la intertextualidad, es una noción que desarrollé a partir de los trabajos de Bajtín, a quien introduje en Francia. Pero si bien me mantuve fiel a esas ideas, creo haberlas desarrollado y profundizado, particularmente por mi interés en el psicoanálisis. Porque la pregunta que me hice fue saber cómo estas lógicas del lenguaje se realizan en la experiencia de cada persona, en la subjetividad, lo que me condujo al psicoanálisis. Luego, en un plano más colectivo, me interesé en los márgenes del contrato social, en la novedad, en la revuelta, que intervienen en el ámbito común y que, en el mundo moderno, se manifiestan en tres niveles que llamo neurálgicos: los extranjeros, la mujer y la religión. Últimamente son estas tres áreas las que me han interesado, siempre a través del lenguaje, el discurso y la creatividad. Entonces, no estoy tan lejos de los comienzos, pero sigo tratando de innovar".

-Ha dedicado una trilogía de libros al "genio femenino". ¿Podría explicar qué entiende por tal?
"Mis estudiantes me pidieron que hiciera ese libro. Yo había trabajado sobre grandes personalidades de la cultura francesa (Mallarmé, Lautréamont, Proust) y también sobre la sexualidad femenina, pero no había escrito un libro sobre la mujer en general. Había mostrado interés por el movimiento de la emancipación de la mujer, pero tenía algunas diferencias con él. Pienso que una de las dificultades del feminismo consiste en que quiere liberar a todas las mujeres (como otros movimientos providenciales a lo largo del siglo XX). Al querer liberarlas a todas y tratar de igualarlas al hombre, olvidamos la especificidad de la mujer (su distinta sensibilidad, expresión, goce) y olvidamos su persona singular. Me parece que la persona femenina es -respecto del hombre, comprometido en sus abstracciones- más específica y preocupada de la singularidad, de la especificidad. No es narcisismo. Es una particularidad que nos lleva a poner el acento en nosotras mismas y en nuestros hijos. En esta perspectiva, pensaba que mi contribución al feminismo era pedirles a las mujeres, darles valor, para que sean creativas, para que se superen a ellas mismas, siendo singulares y compartiendo lo que tienen de singular. Entonces me apareció la palabra 'genio', que es un poco provocadora, y que, justamente, apela a la creatividad de la mujer-persona, de la mujer-individuo, de la mujer-sujeto".

-¿Qué determinó la elección de Hannah Arendt, Melanie Klein y Colette como muestras de ese genio?
"En este orden de ideas, tres nombres de las áreas culturales del siglo XX que conozco se me vinieron a la mente. Hannah Arendt, en la filosofía y la vida política: una judía alemana, casi deportada y que escribió sobre el totalitarismo y el antisemitismo. Otra gran personalidad judía era Melanie Klein, quien desarrolló el psicoanálisis de los niños. Y, para terminar, una mujer alegre, que superó la melancolía, porque también sufrió mucho: la escritora Colette. Doy así tres gamas del genio femenino del siglo XX".

-Ha escrito varias novelas, entre ellas algunas policiales. ¿Es un ejercicio totalmente separado de su labor académica?
"Parece algo muy alejado de mi actividad académica, pero yo lo considero una profundización y continuación de ella. No podemos expresar la singularidad, que para mí es sinónimo de libertad, únicamente con conceptos. El lenguaje de la novela, de la ficción, del imaginario y, en particular, del género policial, que yo llamo 'policial metafísico', que se ocupa de dónde viene la muerte o, más bien, el asesinato, y debe llevar adelante una investigación, que a lo mejor es la única forma de optimismo hoy en día, para entender de dónde viene el deseo de muerte en el hombre. Es una dimensión absolutamente importante de la vida psíquica y de la cultura. El imaginario de la novela es la forma más apropiada para entrar en esta profundidad de lo sensible y de los afectos".

-Ha sido de los pocos intelectuales que se han ocupado de las personas minusválidas, pero no desde una perspectiva de caridad, sino social. ¿Podría resumir su punto de vista al respecto?
"Creo que la órdenes caritativas fueron muy importantes para hacer de la persona minusválida un ser digno de amor y de cuidado. Pero hubo una gran revolución en esta óptica, llevada a cabo por la Ilustración francesa en particular, con los textos de Diderot sobre los ciegos y los sordomudos, que hacen del sujeto minusválido una persona política, no solamente digna de cuidado, sino que, con ciertas limitaciones, alguien que tiene los derechos de toda persona, el derecho de beneficiarse de la solidaridad ciudadana. Esta movilización de la opinión ha cambiado la mirada sobre la persona minusválida, para integrarla, asegurarle un trabajo, el acceso a la cultura, favorecer su creatividad, darle plenitud. Y nos permite a nosotros, que no nos creemos minusválidos, estar más atentos a nuestras propias fragilidades y captar la mortalidad en nosotros mismos".

-De cuando en cuando el psicoanálisis es atacado, de forma más o menos caricaturesca. ¿Podría decir algo para defenderlo?
"El psicoanálisis está cuestionado por las neurociencias, que aportan las píldoras para modificar el sufrimiento y que, aunque brindan cierto alivio, no cambian en profundidad la vida psíquica y la posibilidad de vivir con nuestras limitaciones. Por otra parte, están quienes por razones ideológicas y por desencanto personal critican fuertemente el psicoanálisis, ignorando su profundidad y asimilándolo a una especie de oscurantismo religioso. Tuvimos esos ataques recién en Francia. Pienso que el psicoanálisis es una gran aventura, que incluyó en la persona de Freud, a la vez, la historia religiosa de Occidente, judía y cristiana, y la gran ruptura de la Ilustración. La propuesta freudiana está en el cruce de esos dos grandes componentes de Occidente, que puede conducir a una visión universal del hombre, universal y diferenciada, siempre y cuando seamos capaces de llevar a cabo la investigación psicoanalítica. Porque, contrariamente a lo que se cree, existe una investigación psicoanalítica después de Freud. Por ejemplo, se está trabajando sobre los estados límite de la persona (neurosis y psicosis); también sobre el autismo y otras formas de discapacidad. Se trabaja mucho sobre la relación precoz entre la madre y el hijo y sobre la experiencia de la maternidad: la mujer como amante y como madre (son dos experiencias distintas pero complementarias, las cuales el feminismo recién empieza a tomar en cuenta). El psicoanálisis está extremadamente vivo".

Esta entrevista contó con la indispensable colaboración de Marilú Ortiz de Rozas

Desde Freud a la fe

Nacida en 1941, en Bulgaria, Julia Kristeva emigró a Francia en 1965 para realizar sus estudios doctorales. Rápidamente se incorporó al grupo Tel-Quel. Asistió a los seminarios de Lacan. Enseñó en las Universidades de París y de Columbia (Estados Unidos). En 1979 comienza su carrera como psicoanalista. Actualmente es profesora en la Universidad París VII "Denis Diderot". Su último libro es "Leur regard perce nos ombres" (Fayard, 2011), un intercambio epistolar entre Kristeva (cuyo hijo padece una enfermedad neurológica) y el filósofo Jean Vanier (creador de la comunidad Arche, que reúne a personas minusválidas y "normales") sobre la manera de abordar la experiencia de la discapacidad.

En castellano, entre otros libros, están disponibles sus estudios sobre la revuelta y la influencia de Freud de "Sentido y sinsentido de la rebeldía" (Cuarto propio, 1999) y en "Al comienzo era el amor" (Gedisa /Océano, 2002) recoge sus reflexiones sobre las relaciones entre psicoanálisis y fe.

Sus actividades en Chile

Invitada por el Festival Puerto de Ideas , por el Instituto Francés de Chile y por la Vicerrectoría de Extensión de la Universidad de Chile , Julia Kristeva intervendrá en el Festival Puerto de Ideas en la actividad "El genio femenino", el domingo 6 de noviembre, a las 11.00 horas, en el Parque Cultural Valparaíso , en diálogo con la antropóloga chilena Sonia Montecino. Entradas ($1500) disponibles en www.ticketpro.cl.

Ella también intervendrá en la Feria del Libro de Santiago(FILSA). A instancias de la Vicerrectoría de Extensión de la Universidad de Chile, la intelectual impartirá la conferencia "Políticas de la Diferencia", el miércoles 9 de noviembre, a las 19:30 horas, en la Feria del Libro.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 16/10/2011

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