dimanche 9 octobre 2011

Pedro Pablo GUERRERO/ Élmer MENDOZA y el narcopolicial mexicano


En "Santiago Negro" | Segundo Festival Iberoamericano de Novela Policiaca:
Élmer Mendoza y el narcopolicial mexicano
Por Pedro Pablo Guerrero 

Invitado al encuentro de novela negra que se inicia el miércoles, el escritor mexicano habla del origen de la saga que protagoniza el Zurdo Mendieta y se refiere al género como un "acucioso testigo" de las sociedades latinoamericanas.

"No me da frío ni calor", reacciona tranquilo Élmer Mendoza cuando le preguntan si le molesta el término "narcoliteratura" para referirse a la novela negra que cultivan él y otros narradores del norte de México: reflejo de la violencia, la corrupción y el tráfico de drogas. Género al que no llega por un oportunismo de última hora, pues han sido los ambientes que ha descrito, con minuciosidad, desde las primeras crónicas que dedicó al narcotráfico -"Cada respiro que tomas" (1992) y "Buenos muchachos" (1995)-, desde su primera novela ( Un asesino solitario , de 1999) y desde el libro que lo consagró ante la crítica: El amante de Janis Joplin(2001).

En esta última novela, a través de la vida de un beisbolista, Mendoza se interna en el oscuro Triángulo Dorado: las tierras de Sinaloa dominadas por los narcos a fines de los sesenta, y escenario actual de los enfrentamientos entre carteles a los que el gobierno declaró, hace cinco años, una guerra que ha provocado más de 40 mil muertos.

Por los bajos fondos de este mundo se mueve el Zurdo Mendieta, policía de la Col Pop, barrio populoso de Culiacán donde nació Élmer Mendoza en 1949. El detective apareció hace tres años en su novela Balas de plata y regresó en La prueba del ácido (2010), siguiéndole la pista a un misterioso asesino de bailarinas de clubes nocturnos. Crímenes en serie que coinciden con la presencia de un contrabandista que provee de armas a las mafias locales.

En la novela, el brazo de la ley no es todo lo fuerte que requieren las circunstancias. Mendieta, admite su creador, "es poco honesto, un tanto corrupto, algo incapaz, pero también es temerario, reflexivo y tiene una ayudante mujer, Gris, que es probablemente más inteligente que él". El nacimiento del personaje fue producto de un encargo, según cuenta el escritor: "Me hallaba en proceso de invención de un detective. Un día, Tere Margolles, artista instaladora, me pidió una crónica sobre la violencia en la ciudad: ahí nace el Zurdo".

Sus modelos fueron los detectives clásicos Philip Marlowe, Sam Spade, Carlos García (de Dante Liano), Belascoarán (de Paco Ignacio Taibo II) y Ohayon, de la escritora israelí Batya Gur. "Además de un poli bastante afectado que tengo por amigo en mi ciudad", agrega Mendoza.

"La realidad siempre te sobrepasa"

Aunque siempre quiso escribir una saga policial, recién lo consiguió en Balas de plata . "Cuando la terminé no podía parar", recuerda Mendoza. Puso punto final a la novela, pero no al conjunto de historias del Zurdo Mendieta. Continuó escribiendo un par de meses y prácticamente armó la base de lo que sería La prueba del ácido.

"Me quedé muy sorprendido y además tuve un poco de temor. Siempre permito que la novela me proponga cosas, pero no me gusta perder el control de mis historias y ahí lo había perdido completamente", comenta.

-¿Por qué Mendieta llega tan deprimido a esta segunda novela?
-Por insuficiencia social: no lo aman ni ama, no tiene ideas políticas ni religiosas, no tiene ídolos deportivos ni de ningún tipo, no le preocupa la crisis. Con este perfil cualquiera puede pensar en el suicidio.

-¿Sientes que a veces te sobrepasa la superabundancia de materiales que proporciona la realidad?
-La realidad siempre te sobrepasa y si es una novela sobre las condiciones de violencia que vivimos ahora, te sobrepasa más rápido. Pero el oficio, el entrenamiento, te impide caer en el pánico. El trabajo consiste en seleccionar los eventos que te sirven para crear un símbolo que represente todos los demás. El cuidado de la prosa impide también que se convierta en un discurso panfletario.

-¿Has pensado que así como hubo una música, el narcocorrido, de la que se apropió la cultura narco, puede pasar lo mismo con la narcoliteratura: que los narcos empiecen a leer estas novelas y se vean reflejados en una épica?
-No tengo idea. Yo creo que ellos andan demasiado ocupados haciendo sus negocios como para convertirse en lectores. Pero si lo hacen, no lo pasarán mal, y serán los primeros en comprender que lo único que hemos hecho los escritores es crear símbolos. Yo pienso que es una de las diferencias con los libros de periodismo. A mí me gusta que haya suficientes libros de no ficción, eso invita al análisis del fenómeno que estamos viviendo, y al final todos salimos ganando. Si los narcos se convirtieran en lectores, pues no son tantos. No creo que se reflejarían demasiado en las regalías que las editoriales nos pagan de vez en cuando.

-Pero les debe llamar la atención que haya escritores contando sus historias.
-Y eso es muy probable que lo sepan, porque en la delincuencia mexicana hay gente que está en prisión y se entretiene de alguna manera. Yo conozco una persona que purgó 25 años y cuando salió la jubilaron: le dieron casa, dinero y le dijeron: "tú ya cumpliste". Porque él no se rajó, no denunció a nadie, es decir, aguantó torturas, todo, un tipo firme. Entonces fue a la universidad, se graduó de abogado y, claro, se convirtió en lector. Es mi lector, por eso que lo sé. Aparece en mis presentaciones, yo le firmo libros, y me cuenta eso. Claro, yo no me atrevo a preguntarle si la gente con la que él tendrá relación lee. Pero cuando una vez declaré que no escribiría más sobre el tema, porque me molestaba mucho que intentaran encasillarme, él me dijo: "He leído su entrevista y creo que debería pensarlo, porque usted toca el tema con mucha propiedad". Entonces yo le dije: bueno, me lo voy a pensar, se lo prometo.

-"La sociedad del delito es sorda, ciega y acomodaticia", escribes. ¿La violencia y el miedo han embotado la capacidad de asombro de la sociedad mexicana?
-Así es, se ha ampliado el umbral de la crueldad y la indefensión está presente. No diré que no nos asombra, lo que ocurre es que ese sentimiento que está muy relacionado con el acto de conocer, ahora tiene otro matiz, impacta directamente nuestra angustia y nos vuelve fríos.

-¿La novela negra busca recuperar esa capacidad de asombro o puede adormecerla aún más?
-Contribuye a recuperarla. La novela negra es el vivo retrato de la podredumbre humana, y como tal juega un papel importante en la toma de conciencia sobre el papel del hombre en este tiempo.

-¿Fue un error del gobierno plantear el combate al narcotráfico como una guerra?
-Fue un error porque la perdieron pronto. Todos los mexicanos queremos vivir seguros y en paz; la guerra nos expuso y trajo temores profundos que preferimos no sentir.

-¿Qué salida ves para detener la violencia?
-Como el narco no se va a acabar, tienen que pactar una paz conveniente. No creo que las bandas quieran estar peleando siempre.

Prometedor futuro

Rubem Fonseca, Taibo II, Leonardo Padura, Lorenzo Silva, Santiago Roncagliolo, Haghenbeck, Marsé, Ellroy, Gur, Mankell, Márkaris, Conolly, Connelly... "Leo a los de siempre", responde Mendoza cuando le preguntan por los autores del género que le interesan. En su enumeración incluye a los chilenos Ramón Díaz Eterovic y Roberto Ampuero, a quienes verá en el Festival "Santiago Negro".

-¿Puedes adelantar algo sobre tu participación?
-Hablaremos sobre el estado del género negro en América Latina. Cómo se ha convertido en un acucioso testigo del perfil de nuestras sociedades. También quiero tocar el asunto de la forma como evolución del género.

-En tu obra se aprecia el habla popular. Si bien eso en México te ha conseguido un público amplio, ¿puede dificultar la comprensión en otros países?
-Sí, pero es inevitable. Yo creo que una de las grandezas del idioma es permitir eso, que a los autores nos guste el lenguaje de la calle. En América Latina no nos podemos permitir hacer literatura de aeropuertos, la que entiende todo mundo, sino que tenemos que expresar nuestras identidades.

-¿Cómo ves la situación de la novela policial en México?
-La veo muy bien. Creo que la persistencia de Paco Ignacio Taibo II para conseguir que sus seguidores nos convirtiéramos en escritores ha funcionado. Somos muchos los que estamos escribiendo novela policiaca y también los lectores están aumentando, y ahora incluso la crítica está dejando de pensar que es un género menor, porque ya está viendo que hay realmente trabajo, que respetamos la institución novela y la institución ficción, como cualquier autor de cualquier clase de literatura. A veces me sorprendo de todo lo que dicen de nuestras obras.

-¿Hay una generación de relevo?
-Sí. Tenemos autores que prometen y que cumplirán. Bernardo Fernández, BEF, por ejemplo.

Programa completo: www.ccespana.cl

Rosa Ribas: Crímenes en Fráncfort

La comisaria hispanoalemana Cornelia Weber-Tejedor protagoniza la saga de la escritora Rosa Ribas (Barcelona, 1963), quien afirma que su trabajo "bebe de las fuentes de la novela policíaca europea" y de su experiencia de vivir desde hace años en Alemania, "donde soy y seré extranjera, con todo lo bueno y lo malo que esto significa". Según Ribas, muchas de estas vivencias se reflejan en sus novelas y conjetura que son las responsables de la personalidad escindida de su detective.

Fráncfort, lugar de residencia de la autora, es el escenario de las tres aventuras de Weber-Tejedor publicadas en el sello Viceversa (Océano). La más reciente se titula En caída libre , y en ella la comisaria, junto a un equipo de investigadores, descubre las insospechadas artimañas de una mafia dedicada al tráfico de cocaína. Ribas participará en un panel junto a Élmer Mendoza, Bartolomé Leal y Clemens Franken (jueves 6 de octubre, 11:30 horas, Auditorio de la Facultad de Letras Pontificia Universidad Católica de Chile, Campus San Joaquín). El domingo 9, a las 17 horas, participará en la mesa "Crímenes a la española", junto a Paco Camarasa, Manuel Marlasca y Lorenzo Silva (Centro Cultural de España).

Articulo : http://diario.elmercurio.com 02/10/2011

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