dimanche 23 octobre 2011

Pedro Pablo GUERRERO/Entrevista a Olivero COELHO


Entrevista | Narrador argentino
Oliverio Coelho y la épica del viaje
Por Pedro Pablo Guerrero 

Incluido por Granta en Los mejores narradores jóvenes en español, el autor argentino vendrá a la Feria Internacional del Libro con su más reciente novela bajo el brazo: Un hombre llamado Lobo.

Cuando los editores de la prestigiosa revista Granta le pidieron un texto para armar la "selección" sub 35 de la narrativa en español, Oliverio Coelho (Buenos Aires, 1977) envió un fragmento de su novela Un hombre llamado Lobo. Duomo Ediciones, sello que publicó el año pasado la antología en España, se interesó de inmediato en el nuevo trabajo de Coelho. Ahora el narrador trasandino lo presentará en la próxima Feria Internacional del Libro de Santiago, el domingo 6 de noviembre, a las 18:30 horas, con la participación de Luis López-Aliaga.

Durante el encuentro editorial, Coelho además intervendrá en los Diálogos Narrativos Latinoamericanos (jueves 3 de noviembre, 18:00 horas), a los que también han sido invitados los escritores de Granta Carlos Yushimito (Perú), Rodrigo Hasbún (Bolivia) y Patricio Pron (Argentina).

Autor de seis novelas -entre ellas Ida , publicada en Chile por La Calabaza del Diablo- y un volumen de relatos, Coelho escribe sobre libros en la revista bonaerense Los Inrockuptibles y en su bitácora conejillodeindias.blogspot.com. De su peculiar trabajo narrativo, el escritor trasandino Martín Kohan ha dicho que "Coelho tiene con las palabras una relación privilegiada; puede usarlas para describir un mundo desguarnecido, pero aun así hay algo siempre en ellas (su perfección) que preserva la promesa de ponernos a resguardo".

En efecto, la pérdida ronda a los personajes de Coelho. Un hombre llamado Lobo es la historia de un sujeto gris al que deja su mujer, quien se lleva más tarde a su hijo de meses. El abandono da lugar a una pesquisa. Junto a un investigador privado excéntrico, obsesivo y ludópata, el protagonista -un inspector municipal recién despedido de su trabajo- emprende una búsqueda alucinada por el interior de Argentina.

"El libro tiene algo de road novel , de policial y quizás de novela psicológica", dice Oliverio Coelho. Y agrega que "fue un placer escribirlo".

-¿Te interesan especialmente las novelas de carretera?
-Casi todas mis novelas tuvieron ese formato. Road novel , o novela traccionada por la aventura. En grandes espacios, pequeños, reales o fantásticos. Me interesa la épica del camino y el viaje. Como lector y como escritor. Siempre en la búsqueda, en el desvío respecto a un trayecto opaco y uniforme, se encuentra la posibilidad de narrar algo extraordinario. De ahí que, con variaciones, trate de narrar un momento epifánico de una vida: llámese autodestrucción o redención.

-En tu libro aparecen con fuerza el suburbio y el interior de Argentina, ambos ruinosos. ¿A qué obedece este cambio de escenario, que se aparta de Buenos Aires?
-Creo que este cambio de paisaje en efecto obedece a viajes que hice por el interior argentino y que en cierto momento decantaron y dejaron un interrogante. Me di cuenta de que en el suburbio y en la pampa estaban cifrados secretos de la sociedad argentina, como si a trasluz ahí se vieran los efectos de la dictadura a nivel microscópico. Había todavía costumbres arraigadas, como la misoginia, o relaciones de poder bastante arcaicas que regulaban la vida social. Por eso también el relato transcurre en los noventa, ahí hay una réplica de lo que sucedió en los setenta, y me resultaba más fácil ambientar la impunidad.

-Como en "Ida", vuelves a contar el fin de una relación.
-El desamor, la alienación y el lugar de la institución familiar son tópicos que me gusta explorar. Me interesa narrar el derrumbe, la vuelta a la realidad rasa, la supervivencia y la redención de un hombre que debe inventar de cero una ética posterior al abandono. Los protagonistas de las dos novelas son grises, pero se humanizan de a poco. Son antihéroes que mudan en héroes y terminan siendo queribles, porque al menos apostaron.

-Las relaciones de pareja en tus novelas se describen en términos de impersonalidad e incomunicación. ¿Es una mirada personal o de tu generación?
-No, no es una mirada generacional. Tampoco una mirada personal sobre la pareja en sí. Es más un abordaje crítico sobre ciertos contratos amorosos y morales que en el fondo son sociedades comerciales, involucran intereses, como la posibilidad de un ascenso social, y en los hechos se cumplen bajo un gran desamor y una gran incomunicación oculta bajo el ruido de la televisión, los hijos, el auto, el perro, las vacaciones, hasta que toda esa liturgia del bienestar estalla en una separación y luego en una guerra o, como en esta novela, una persecución.

-Lobo no es un personaje especialmente simpático. ¿Esto no crea una distancia con el lector?
-Bueno, Lobo en realidad es un prototipo, un hombre sin atributos, simplemente, con su corrupción cotidiana y la ambición mezquina y casi terapéutica de forzar una familia que lo normalice a ojos de su madre y compañeros de trabajo. Creo que cada lector es diferente, algunos pueden mantener distancia respecto al personaje y otros abismarse en sus miserias.

-¿Marcusse, el nombre del investigador privado, es una alusión al pensador alemán Herbert Marcuse? ¿Dirías que es un personaje paranoico a la manera de Arlt?
-A Marcusse lo concebí más como un místico que como un paranoico. Un paranoico al revés: alguien que dedicó la vida a descifrar la causalidad del azar y cree ver más allá. No piensa en las causas sino en los efectos. Puede ser arltiano en tanto cree que la conspiración sistematizada es un modo de evolución. Sólo que esta es la conspiración de un solo hombre, la conspiración de un quijote que encuentra en Lobo a su escudero. Su apellido podría asociarse con el del pensador marxista, pero es un malentendido, en un momento intenté reemplazarlo, no funcionó, y para distinguirlo del apellido del pensador le agregué una "s".

-"No conocer a su padre es peor que tener a un hermano muerto", dice alguien al comienzo de esta novela que dedicas "a la memoria de mi padre". ¿Es la paternidad y la búsqueda del padre el denominador común con otros narradores de tu época?
-Creo que es un tema universal y muchos escritores, desde Balzac a Philip Roth, en algún momento lo exploraron. En mi caso se presentó como un asunto inminente. Trabajo con lo que se me presenta, porque cada año mis recursos son más limitados. Y con la muerte de mi padre, hace unos años, heredé cierta curiosidad por la paternidad e imaginé a un joven que nunca había conocido a su padre: una especie de Oliver Twist. Ese fue el punto de partida. Un poco esa fue la historia de mi padre, que sin saberlo se pasó la vida buscando rastros de su propio padre.

-Ya conoces Chile. ¿Qué narradores te han interesado?
-Tendría que escribir un ensayo para responder, así que me voy a atener a lo que leí recientemente. Me han llamado mucho la atención dos narradores jóvenes: Pablo Toro y Simón Soto. Ambos tienen una capacidad de anecdotizar que va más allá de ese lugar común "contar una buena historia". Recientemente me embelesé conNaturalezas muertas , de Alejandra Costamagna, que aborda los laberintos de la masculinidad de manera extraordinaria, y conArmas arrojadizas, de Marcelo Mellado, que en su prosa presenta una cadencia y una potencia irónica admirables.

-Finalmente, ¿te ha servido formar parte de un seleccionado literario?
-No sé si pensarlo en términos de utilidad. Formar parte de una selección como Granta da visibilidad ante lectores y editores extranjeros, son las reglas de juego, como los premios, que se instituyeron como modos de promocionar a un autor. Pero las reglas de juego de la escritura son otras, esas sí son reglas personales, uno está atrapado en un laberinto y en cada libro tiene que encontrar una salida para no repetirse y para que escribir sea una experiencia vital.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 16/10/2011

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