vendredi 18 novembre 2011

Álvaro OJEDA/ Un género efímero y poderoso


JOSEPH PULITZER Y EL PERIODISMO
Un género efímero y poderoso
Por Álvaro Ojeda

EN LA NOTABLE película de Ettore Scola La noche de Varennes -de 1982-, el argumento gira alrededor de un encuentro imaginario, un periódico y una fuga abortada. En junio de 1791 en plena Revolución Francesa y en una comitiva que abandona Francia, viajan el escritor Restif de la Bretonne, el legendario Giacomo Casanova, el intelectual estadounidense Thomas Paine y una enigmática y vencida dama de la nobleza. 

Discuten, inquieren, cuentan sus vidas. Cuando arriban al pueblo de Varennes, los viajeros comprenden que su viaje coincide con la fuga que intenta el rey Luis XVI para reunirse con los emigrados monárquicos que están en guerra con los revolucionarios. El monarca es descubierto por algunos Guardias Nacionales y retenido en una posada. Durante una calurosa noche de verano el destino del rey se transforma en el centro de sinuosas, febriles cavilaciones: pueblo liso y llano, autoridades provinciales de segunda categoría, burgueses, muchedumbre confundida que ha quedado fortuitamente a cargo de la historia. Con las primeras luces del día llega a Varennes la última edición de una hoja revolucionaria, acaso El amigo del pueblo de Jean-Paul Marat o Las revoluciones de Francia y de Brabante de Camille Desmoulins. La masa alerta y confundida se acerca a escuchar la lectura a voz en cuello que alguien realiza del periódico revolucionario. El corolario es una consecuencia directa de esa entusiasta lectura de barricada: el rey es arrestado y enviado de regreso a París.

Antecedentes. Joseph Pulitzer habría ratificado gustoso la escena filmada por Ettore Scola. La letra impresa inclina la balanza de la historia por medio de la generación de esa fuerza avasallante e intangible que es la opinión pública. Este emigrado húngaro nacido en 1847, que llegó a los Estados Unidos en 1864, justo a tiempo para participar de la Guerra de Secesión; que inició su carrera periodística como reportero del Westliche Post en la ciudad de Saint Louis, Missouri, y que desde 1872 compró diarios a precios ridículos hasta convertirse en uno de los zares de la prensa escrita, comprendió antes que nadie la responsabilidad cívica que el periodismo, en plena expansión capitalista, cargaba sobre sus hombros. Así queda consignado en el excelente prólogo de Irene Lozano a los escritos de Pulitzer reunidos bajo el más que exacto título de Sobre el periodismo: "Como hombre de ideas, Joseph Pulitzer responde al patrón de comportamiento de los poseedores del lenguaje tal como lo describió Julien Benda en La traición de los intelectuales: `Gracias a ellos durante dos mil años la humanidad ha practicado el mal, pero ha honrado el bien`. En este sentido, Pulitzer no hace sino administrar una herencia. Y se debe admitir que fue un albaceas ejemplar." Es que este hombre que se hizo miembro del Partido Liberal Republicano para luego abandonarlo ingresando al Partido Demócrata; que en Nueva York adquirió el periódico The World emprendiéndola contra William Randolph Hearst (inmortalizado en la película Citizen Kane de Orson Welles) para obtener el control de la que luego sería llamada infotainment -esa mezcla de información y entretenimiento-, era en esencia un hombre de encrucijadas morales. Como señala Lozano en el antedicho prólogo:"su gran preocupación consistió en atraer a las masas a sus publicaciones, para lo cual combinó los reportajes de investigación con el periodismo sensacionalista, introdujo las viñetas, amplió el uso de las ilustraciones, incluyó la información deportiva y de moda y practicó una impúdica promoción de sí mismo. Junto a estas innovaciones de carácter populista, no dejó de batallar contra la corrupción política y la injusticia social."

Principios. En mayo de 1904, en la revista North American Review, Pulitzer publica un ensayo llamado "La Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia". Dicho ensayo es una lúcida descripción del periodismo como profesión universitaria y necesidad social, a la vez que una encendida defensa de la escuela universitaria que Pulitzer ayudó a fundar y financiar. El método que utiliza para redactar el ensayo deriva de su peripecia personal: está casi ciego y debe corregir oralmente lo que dicta. El texto así compuesto posee dos sectores y presenta una fluidez asombrosa. Se apoya en algunas preguntas que operan como ordenadores de las distintas disciplinas que deben enseñarse en la escuela, haciendo hincapié en el modo de enseñanza de las mismas. Estas preguntas funcionan además como capítulos en los que se divide el ensayo y no dejan terreno sin explorar. En el capítulo "Un periodista, ¿nace?", luego de enunciar la posición sugerida en el título señala: "¿Podrían acaso nombrar ellos a algún gran redactor que haya nacido con las alas de Mercurio, el mensajero de los dioses? Yo no conozco a ninguno. El único puesto en nuestra república que se me ocurre que pueda ser cubierto por un hombre por el mero hecho de haber nacido es el de imbécil." Afinando su aseveración dice: "la educación empieza desde la cuna, en casa, con las enseñanzas de una madre, y continúa durante toda la vida con muchas otras influencias. La universidad es una de esas influencias: útil pero no milagrosa. Un tonto que arrastre una retahíla de títulos tras su nombre seguirá siendo un tonto, y un genio, si se ve en la necesidad, inventará su propia universidad, aunque malgastando un esfuerzo que bien podría haberse empleado en un trabajo productivo. Creo recordar que Lincoln, cuya formación académica consistió en un libro prestado que leía a la luz del hogar, estudió a Euclides en el Congreso cuando tenía casi cuarenta años. Pero, ¿no habría sido mejor si ese trabajo se hubiera realizado a los catorce?"

Algunas reflexiones de Pulitzer recuerdan más a un pecador arrepentido (la prensa amarillista es una de sus creaciones comerciales), que a un santurrón hipócrita. Reflejan el mejor rostro de la burguesía liberal estadounidense, que veía en la disputa ideológica y en la honestidad de procedimientos sendos aliados en la búsqueda de la transparencia que debe exigirse a los poderosos de turno y al ávido estado. Pulitzer clama por un Jean Jaurès estadounidense, un líder socialista cabal al estilo del francés, que estigmatice a los corruptos, que haga su tarea. En el capítulo titulado "Ética" señala con vehemencia: "Sin unos ideales éticos, un periódico podrá ser divertido y tener éxito, pero no sólo perderá su espléndida posibilidad de ser un servicio público, sino que correrá el riesgo de convertirse en un verdadero peligro para la comunidad." La enumeración que realiza a continuación es taxativa: "por encima del conocimiento, las noticias y la inteligencia, el alma de un periódico yace en su sentido moral, en su coraje, su integridad, su humanidad, su consideración por los oprimidos, su independencia, su devoción al bienestar público." Un medio periodístico cumple su cometido torciendo una decisión gubernamental venal, temerosa, torpe: "En 1895, presionado por la creencia de que un sindicato controlaba todo el oro del país, el Gobierno se dispuso a venderle a dicho sindicato sus bonos por valor de 100 millones de dólares a 104,5 dólares cada uno. Sin embargo el New York World envió un telegrama a 14.000 bancos y recibió 7.100 respuestas en sólo 12 horas. Y el Gobierno recibió en total una oferta de más de 235 millones de dólares en oro a cambio de sus bonos."

SOBRE EL PERIODISMO, de Joseph Pulitzer. Gallo Nero, 2011. Madrid, 142 págs. Aún sin distribución en Uruguay.

Articulo : http://www.elpais.com.uy Nov 2011 

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