vendredi 18 novembre 2011

Camilo MARKS/ Chechenos, rutulsios, osetios


Chechenos, rutulsios, osetios
Por Camilo Marks 

Iulia Latínina (1966) es una de las voces más destacadas del periodismo y la literatura en la Rusia de hoy. Entre otros medios, colabora para "Novaya Gazeta" y mantiene un programa semanal en la radio "Claves de Moscú", que es escuchado por millones de personas.

Latínina es una feroz opositora al régimen instaurado por Vladimir Putin y ella es quien ha bautizado con el nombre "petrocracia" a su autocrática forma de gobernar; las denuncias de la autora han puesto al desnudo una red de censura, espionaje y extorsión, una escalada sin precedentes de la represión desde que retornó la democracia y el manejo, en pocas manos, de los recursos naturales, el comercio exterior y el sector financiero en el ex paraíso socialista.

Estos datos son relevantes para situar las ficciones de Latínina, todas best sellers en su nación y muy leídas fuera de ella, así como el rol que hoy juegan los escasos intelectuales que se enfrentan a la nueva casta dominante. El caso más conocido fue el de Anna Politovskaya, colega de Iulia, asesinada en misteriosas circunstancias, en tanto esta última ha sufrido tantos ataques que es casi imposible enumerarlos.

El caos del Cáucaso , primera novela de ella traducida al español, está escrita a la manera de un thriller en el estilo de Le Carré, Mankell o Paretsky; la prosa agitada, con uso frecuente de raccontos , veloces cambios de perspectiva, abundante diálogo, hace pensar en el floreciente género negro actual. No es una comparación gratuita, ya que la literatura eslava del presente parece más bien alejada de formas populares, como los relatos de suspenso o las intrigas policiales.

El caos ... sigue la trayectoria de dos personajes de recio carácter, Vladislav Pánkov, educado en Harvard, de refinada cultura, y Niyazbek Malíkov, líder checheno que controla el movimiento terrorista que continúa actuando sin freno tras la guerra civil que asoló esa vital área geográfica. Pánkov había sido secuestrado por las bandas de Niyazbek mientras era funcionario del Banco Central; luego de un cautiverio en el que presenció escenas horripilantes, fue liberado, pero las secuelas no tardaron en manifestarse: alcoholismo, drogadicción, insomnio, de los que se recupera mediante severos tratamientos en una clínica de Washington. De regreso en su tierra natal, es nombrado Ministro Plenipotenciario para la imaginaria República de Avaria del Norte, a orillas del Mar Caspio.

Pánkov está decidido a terminar con el terrorismo, la corrupción y el autoritarismo, combinación perversa que impide a la sociedad funcionar de una manera mínimamente civilizada; a su postura pragmática, se añade la amistad íntima con Igor, hermano de Niyazbek. Sin embargo, al arribar a Torbi-kalá, capital de Avaria, Igor es despedazado con bombas en un atentado sin precedentes, aún para los estándares locales. En verdad, el objetivo era Pánkov y los criminales se equivocaron, creyendo que el recién llegado venía a poner orden en la zona. De ahí que Niyazbek culpe a Pánkov por la muerte de su hermano mayor, con quien no mantenía relaciones. Para los musulmanes -y los musulmanes chechenos son cosa seria- los lazos de sangre son sagrados e inviolables.

En adelante, El caos ... es una sucesión de episodios de tal violencia, tal depravación, tal brutalidad, que serían insoportables si no fuera por el humor y el tono clínico con el que Latínina va construyendo la enrevesada maraña de sucesos. Avaria está regida por Ajmednabí Aslánov, el cual oficia de Presidente; sus hijos, Gamzat y Gazi-Magomed detentan todos los cargos que sean fuentes de dinero, en especial las empresas petrolíferas, vitivinícolas, las fábricas de armamentos y sus derivados. En el campo enemigo, el panorama tampoco mejora. Niyazbek, orgulloso de sus principios y su dignidad, carece de escrúpulos a la hora de matar a miles de seres humanos y derramar sangre por su causa. El cuadro se torna espinoso debido a la lucha entre clanes y los enmarañados lazos de parentesco que unen a cuantos participan en la historia.

El caos... , fiel a la tradición de las novelas rusas, tiene tantos personajes que es habitual perderse. Y si es difícil recordar nombres cirílicos, mucho peor resulta con los patronímicos rutulsios, daguestanos, osetios y de otras etnias que pueblan la convulsionada región. Además, Latínina parece suponer que cualquier lector está al día en el pasado reciente de su patria. Con todo, su libro es un estimulante descubrimiento, que refleja la vitalidad de la narrativa poscomunista.
  
Articulo: http://diario.elmercurio.com 06/11/2011

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