dimanche 6 novembre 2011

Camilo MARKS/ Sociedad de Hombres Solos y Maltratados


Sociedad de Hombres Solos y Maltratados
Por Camilo Marks 

Es imposible leer Un hombre llamado Lobo, séptima novela del argentino Oliverio Coelho (1977), sin tomar en cuenta el arsenal de elogios con que viene precedida. Parte de ellos cubren portada, contraportada y solapas del libro, más la cinta de rigor conteniendo extáticas citas de The Times, de renombrados literatos norteamericanos y la noticia de que el autor es un favorito de la sublime revista "Granta.

Muchas reseñas provienen de "Ñ" y "Les Inrockuptibles", medios para los cuales Coelho colabora y ya sabemos que los escritores tienden a odiarse o a formar cooperativas de auxilios mutuos. La voz de Beatriz Sarlo, gran hechicera cultural trasandina, parece algo chillona, aunque lo más llamativo es la coincidencia de todos en recalcar el carácter subversivo e iconoclasta del joven narrador, así como su "relación privilegiada con las palabras", "una instrucción de lectura poética", "elección de vocablos para una prosa deslumbrante", etc.

Sin embargo, desde la primera hasta la última página del volumen, hay una explosión de relamida presuntuosidad, junto a un rebuscamiento tan estudiado, que uno termina por preguntarse si en verdad Coelho es incapaz de pensar -y escribir- de forma natural, o si tal vez pudiera ser un genio cuyos alcances son difíciles de precisar, salvo para sus colegas y promotores internacionales. "La pena de comerciantes sodomizados por la hiperinflación", "las etapas de esa implosión mamífera" (la lactancia), "como si una fuerza natural hubiera abducido los treinta pesos", "el porteño larvario prototípico", "el rencor que... había rumiado y facetado", "era un conglomerado hormonal de cemento" (Buenos Aires), "le había inspirado un sentimiento bífido", no son ejemplos buscados con lupa, sino muestras de un "estilo perfecto", presente a lo largo de la totalidad de Un hombre... .

En cuanto a la naturaleza insurreccional del relato, bien puede ocurrir que ella se oculte tras la parodia -Coelho es inteligente y a lo mejor nos está tomando el pelo- porque, hoy por hoy, es difícil encontrar un texto tan machista, tan cargado de connotaciones raciales, tan misógino, tan enconado en el inventario de la pobreza y la vulgaridad como Un hombre...

La historia concierne, grosso modo, a la investigación que Silvio Lobo, ex inspector municipal, encomienda a Marcusse, detective privado, para que encuentre a su mujer, Estela, quien lo abandonó, dejándolo a cargo de Iván, niño de meses. Lobo no era ningún ejemplo de fidelidad conyugal, ya que semanalmente se solazaba con la prostituta Belén; mucho menos fue buen padre, pues enseguida se deshizo de Iván, encasquetándoselo a su madre, Dora, un monstruo físico y moral (todos los personajes, especialmente las mujeres, son feos, sucios, calculadores, hipócritas, repulsivos). El vínculo entre Lobo y Marcusse es lo mas interesante y logrado de la narración, debido a que se profesan mutua desconfianza, ninguno es franco con el otro, si bien terminan necesitándose por motivos ajenos a la pesquisa. Otro aspecto destacable es el giro que toma la búsqueda de Elena: esposa desleal al fin y al cabo, muy luego deja de interesar a Lobo, el cual, a sabiendas, cae en la trampa de Marcusse, ludópata compulsivo desvelado por "el álgebra lúgubre del azar".

Eventualmente llegan a Viedma, en el límite con la Patagonia. En la ciudad, oscuras fuerzas acechan a los viajeros. Acosta, cacique de la región, mantuvo relaciones incestuosas con su hija Celeste, joven coja y ninfómana que se casa con Lobo. Ambos huyen del lugar y terminan en una aldea perdida en la pampa. Acosta forma la Sociedad Protectora de Hombres Solos y Maltratados y el protagonista finalmente es hallado por su hijo Iván. Entonces se completa un ciclo de casualidades en las que nada es voluntario ni elegido, puesto que impulsos ciegos e incontrolables dominan la trama.

La intriga es bastante más bizantina y compleja de lo que hemos reseñado; Coelho emplea el recurso de las asociaciones para volver, una y otra vez, al punto de partida, haciendo entrar o salir a numerosos actores, según la memoria de quien cuenta lo que pasa. O se salta décadas para trasladarse al futuro, un fantasmal presente suspendido en el inmenso territorio de su país.

Un hombre... plantea dilemas frente al rumbo que ha tomado la literatura en nuestra lengua y a la insólita atención recibida por ciertos títulos. Como sea, el morbo y la atracción por lo sórdido prevalecen y esa debe ser la razón para seguir esta obra de punta a cabo.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 30/10/2011

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