dimanche 6 novembre 2011

Con-fabulación periódico Virtual


Con-fabulación periódico Virtual


Sobre Azul@rte:


Tras las huellas de Pessoa
“El tedio es una dolencia”
Por Carlos Vásquez*

Cuando Pessoa dice de sí mismo que es él, está aludiendo a su alma desasosegada, desesperanzada, inquieta prácticamente hasta el absurdo, un alma que no se conforma, que está más allá del ser y del no ser, que no es ella sino su sombra, y que vaga por los muros, y que va flotando con las nubes, y va amarilleando el paisaje, y lo va analizando y desvaneciendo; un alma intranquila hasta la saciedad, insaciable en su intranquilidad: un alma. Un alma que no se refleja en nada, que no se reconoce en nada, que no puede quererse a sí misma, un alma transida, siempre en tránsito, desbordad, sin límites: un alma.

Pero al mismo tiempo un alma completamente lúcida en esa oscuridad, en ese desapego, en esa imposibilidad de ponerse límites, de recogerse en una palabra o en la gratitud del silencio; aún en esa condición de desarraigo tan pleno, esa alma no deja de inquirir, de preguntar, no se solaza nunca. El tedio no es un estado de satisfacción, ni siquiera es una inercia, es inquietud de no poder ser alguien, por no poder llegar a ser nadie, pero inquietud a fin de cuentas. Oscuridad que se agrega a la oscuridad, y de allí luz (en el sentido de una lucidez de la oscuridad misma), es una especie de sol negro que acompaña los estados espirituales de Fernando Pessoa, y que aquí adquiere el nombre de tedio. Podemos ir percibiendo en ese sentido por qué este tedio no se solaza ni se acomoda con el aburrimiento, ni con el malestar o el cansancio, ni con el sentimiento del vacío de todo, ni con la incertidumbre, aunque tenga de todo eso. El tedio no está por encima de lo anterior sino que está más allá, en ese más allá que las palabras no recogen; la palabra tedio es siempre provisional, es buena porque apunta a un estado huidizo. La indefinición del tedio no denuncia la impotencia de las palabras para decir las cosas, sino el hecho de que hay cosas que no se pueden decir, que no pertenecen al orden de lo que las palabras pueden decir, hay una cierta condescendencia del tedio con el lenguaje. Todos los estados raros, fluidos, caracterizados por la pasajeridad, son indulgentes con el lenguaje, no son un desafío para él, no son arrogantes en relación con los límites que él tiene; más bien se pegan a él, como se pegan las sombras a las paredes, solicitando la misericordia de las palabras para con las cosas que no se pueden decir. De hecho, el alma tediosa sabe que una de sus tablas de salvación es ésa: poderme decir algo, por qué amanecí hoy así si todo estaba predispuesto para que estuviera de otra manera: voy a mi trabajo, lo cumplo de una manera bien intencionada, tengo cosas importantes qué hacer, me esperan, y sin embargo estoy así, ¡misericordia, palabras, dadme un poco de esa gota de luz en esta alma sedienta! ¿Por qué estoy así, triste, aburrido, cansado, con este malestar tan indefinible y, al mismo tiempo, potente, capaz de hacer cosas, de hecho las sigo haciendo y sin embargo el alma rumia su tedio? Y suena en el fondo de mí esa cadena, y se arrastra en el fondo de mí ese ripio, y el alma intenta sobrevivirme. Me miro y no veo sino vacío, y detrás del vacío más vacío, y me enojo, y reacciono y protesto, y pido a alguien que me saque de aquí; pero al mismo tiempo hay esa vocación –especie de maldición o bendición– que me dice que persevere, que siga ahí, que eso no tiene sentido ni lleva a ninguna parte, pero que estoy tocando el corazón de algo, que palpita en todas partes, y que sólo me habla a mí. El estado tedioso es un estado de límite en el sentido en que me vuelvo completamente poroso para que el mundo exterior entre en mí, como entran las nubes y viajan por el cielo, y mi cabeza es ese cielo con nubes, entran y salen del mundo exterior, y llueve en mi corazón, y silba el viento en mi alma, y soy un terreno vacío, infértil, pero vivo.

El tedio no se parece a la inercia, o al abandono de los muertos; el tedio palpita, respira, palpa, quiere ser tocado, sueña, vigila despierto, noche, noche, y más noche, cayendo en la oscuridad; entre tanto esta medianía de la luz de todos los días, la conversación entre las personas, los trabajos, los esfuerzos, la calma, el reposo, los afectos, la fraternidad, la malquerencia, entre tanto todo, y el alma sumida ahí.

Fernando Pessoa dice que el tedio es una dolencia, y que es un estado de excepción, pero no creo que con eso está diciendo que es un estado para privilegiados, o para originales, o para determinados seres, sino que el tedio está aconteciendo en todos nosotros, en cada uno de nosotros en distintos grados. Es ese estado en el que uno no está tanto del ser como del no ser, es un estado de fisura: gotea en nosotros el misterio cuando estamos tediosos. Y ese goteo dice la verdad de lo no verdadero, y nos eleva –es lo que mencioné hace un momento y quiero ratificar– a una condición que está más allá del ser o del no ser. A esa condición allende a lo ontológico es a la que denomina Fernando Pessoa el misterio, o el enigma, o lo desconocido, o lo imponderable, aquello que no se puede definir y que es lo que realmente importa. El tedio es uno de esos estados –quizás no el único– en que uno se mira cara a cara con lo que no tiene nombre.

*Poeta y ensayista colombiano

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Entrevista con Yolanda Castaño
“La belleza corrompe”

Con-Fabulación conversó con la poeta y guionista gallega Yolanda Castaño invitada al Festival de Literatura de Bogotá 2011, quien leerá sus poemas el sábado 29 de octubre en el Teatro Julio Mario Santo Domingo (Av calle 170 No 67 – 51) a las 3 pm en compañía del escritor y traductor austríaco Christoph Janacs. Aquí este diálogo como preámbulo a la ceremonia de su palabra poética.

“La belleza corrompe”, dices en tu poema “Historia de la transformación”. Este objetivo estético que para los griegos permanecía aliado a lo armónico, para ti está provisto de un carácter aciago...

Mucho han mudado las cosas —lamentablemente— desde aquella sociedad griega! Puede que la belleza se haya ido cayendo de la vieja tríada clásica. Reflejada en la sociedad actual —mucho más socialmente corrupta y desconfiada— me parece ver a la belleza levantar más suspicacias que respeto, restar credibilidad, hacerse sinónimo biunívoco de superficialidad y provocar recelos. Esa ha sido la experiencia que yo he podido observar. Al menos, cuando se maneja en ámbitos supuestamente “intelectuales”, donde suele tener bastante mala prensa...

“El poema es el amor realizado del deseo que permanece deseo”, había dicho genialmente René Char. En tus poemas el deseo es recurrente… ¿Qué podrías agregar sobre ese animal que nos vigila sin piedad?

Que sin él —en todas sus múltiples formas— estaríamos muertos y muertas. Cuando no existe deseo nada se puede alcanzar, las cosas y sus emociones pierden sentido. Cuando todo nos es dado nada nos mueve, y precisamos de ese perpetuo combustible para nuestro íntimo motor. Que nos dure mucho el deseo, que sea largo y multiplicado para no dejar de proponernos retos que hagan de nosotros algo mejor.

Naciste poco después de la muerte de Franco, en una época que despertaba de una petrificación de cuatro décadas. La droga como divertimento o aguda forma de la percepción, y la liberalidad en conductas antes proscritas generan imágenes en tu poesía...

Aunque efectivamente yo ya no conocí otra cosa que democracia y por lo tanto no tuve la sensación de algo nuevo, me doy cuenta de que había que aprender a manejar la libertad, a modelarla desde la imperiosa y delicada práctica de responsabilidad, a decidir lo que queríamos, a encontrar quienes éramos. La libertad es a veces un pájaro delicado entre nuestras manos, a quien no sabemos bien cómo alimentar. Pero soy plenamente consciente de que es el único oxígeno que hace la vida posible, y es un deber ejercitarla y cuidarla como un serio tesoro también.

Durante las últimas décadas ha surgido en el universo femenino la moda de una escritura de provocación erótica. ¿Es que la mujer empieza a descubrir poéticamente su cuerpo o una frívola tentativa de eficacia mediática?

No creo que ninguna poeta honesta escoja sus temáticas en base al mayor rendimiento mediático, en absoluto! Y lo frívolo es —precisamente— el pensar que se pueda responder a “una moda”. La poesía es una pulsión mucho más honda, esencial, casi necesaria. En ella habla más bien lo que no podría callar de otro modo. Así es que, en determinado momento, el cuerpo femenino necesitó alzar la voz que se le había negado y conquistar espacios que le habían sido ajenos. Nuestro cuerpo y nuestro deseo pasaba de ser objeto pensado a sujeto pensante. Con todo, en Galicia y en España esta tendencia ha resultado ya superada —o sometida a una decidida evolución— desde hace más de diez años. En mi propio caso, hace unos catorce que no escribo un poema de temática erótica.

¿Cuál es tu definición del viaje, misteriosa forma temporal, que ejercitas con tanta febrilidad?, ¿y cuál paraje de los últimos que has visitado te ha trastornado poéticamente?

Aciertas de pleno cuando lo calificas de “forma temporal” porque en el viaje, paradójica y sorprendentemente, mientras muda para nosotros de un modo evidente la perspectiva espacial, al final no lo hace menos la del tiempo: el que viaja o la que viaja carece apenas de pasado, es ya sólo presente y futuro inmediato, suspendido en una realidad fuera de la propia. Viajar es lo más parecido que se puede hacer a emborracharse sólo que sin resacas del día después, es vivir doblemente, es sentir al cuadrado.

Algunos de los paisajes que me han conmovido más en los últimos tiempos podrían ser el templo de Angkor Wat al atardecer, la antigua gloriosa ciudad abandonada de Palmira o la Laguna Azul en Islandia.
¿Adviertes alguna diferencia sustancial entre la poesía que se escribe actualmente en España y la realizada en América Latina?

Aunque a algunos les cueste admitirlo, parece evidente que actualmente la mejor poesía que se está escribiendo en español no es la que se produce en la Península Ibérica. La poesía latinoamericana es capaz de un frescor, una especie de perplejidad transcendente, de fantasía libérrima, de arrojo visionario difíciles de encontrar en la España de hoy. Afortunadamente hay honrosas excepciones que compensan la balanza, pero no pocos/as poetas españoles actuales resultan voces cargadas de lecturas y referencias, con un excelente, correctísimo oficio, pero a veces incapaces de zarandearte como lector, de aportar algo nuevo o de “mojarse”, lanzarse al vacío (incluso si alguna que otra vez meten la pata, lo que también está muy bien). En descargo de todo esto y sin querer pecar de chauvinismo, he de decir que —quizá por todo esto— siento más cerca incluso de Latinoamérica que de España a la poesía que se escribe hoy en día en Galicia en gallego (que obviamente es otra literatura y responde a otra tradición). Y os animo a conocerla y comprobarlo por vosotros mismos!

Yolanda Castaño nació en Santiago de Compostela, Galicia, España, en 1977. Poeta, videocreadora y articulista de opinión en varios periódicos y revistas gallegas. Es Licenciada en Filología Hispánica, ha realizado también estudios audiovisuales. Por su obra poética ha obtenido los siguientes galardones: Premio Espiral Maior, Premio Nacional de la Crítica (1999) y Premio Ojo Crítico (2009).

Dirigió, presentó y elaboró los guiones de su propio programa de TV dedicado a las vanguardias artísticas gallegas: “Mercuria”, por el que fue galardonada como “Mejor Comunicador/a de TV 2005”. En 2011 recibió dos Becas Internacionales de Creación en Residencia en instituciones de Rodas (Grecia) y Munich (Alemania). Poemas suyos han sido traducidos (en libros colectivos o revistas) al español, euskera, alemán, italiano, francés, inglés, árabe, chino, ruso, lituano, polaco y japonés. Es autora de: Elevar as pálpebras (Premio Fermín Bouza Brey, Espiral Maior, 1995); Delicia (Espiral Maior, 1998); Vivimos no ciclo das Erofanías (Premios Johán Carballeira y Nacional de la Crítica, Espiral Maior, 1998); Vivimos en el ciclo de las Erofanías (Huerga & Fierro, 2000); Edénica (antología personal + CD con versiones cantadas de sus poemas, Espiral Maior, 2000); O libro da egoísta (Galaxia, 2003); Libro de la egoísta (Editorial Visor, 2006); Profundidade de campo (XV Premio de Poesía Espiral Maior Espiral Maior, 2007); Profundidad de campo (Premio Ojo Crítico de Poesía 2009, Editorial Visor, 2009).

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Desde Austria
Christoph Janacs

Nació en Linz, Alta Austria, en 1955, y vive en Niederalm, Salzburgo. Poeta y narrador; ha publicado dos novelas, cuatro libros de cuentos, once libros de poesía, una colección de aforismos y una de textos cortos. Ha traducido poemas y textos de diferentes autores latinoamericanos. Janacs ha participado en diversas ferias del libro, entre otras, en Argentina, Cuba, México y Nicaragua; y ha ganado múltiples becas y premios. Actualmente se encuentra en Colombia, como invitado al Festival de Literatura de Bogotá, organizado por la Fundación Fahrenheit 451. A continuación tres poemas de su autoría.

POÉTICA

Porque crees que me has comprendido
has dejado de comprenderme.
Antonio Porchia
en este poema no hay
hombres ni animales
ni cosas. en este poema
no hay sentencias
ni metáforas. en este poema
sólo hay palabras que dicen:
en este poema no existe
nada salvo nosotros


PÁTZCUARO

para abrazar la luna
él contraría
a la noche
ara con el remo
el silencio
hasta que –
aguas adentro en el lago
– levanta la voz
comienza a cantar
y se convierte en parte
de un poema


COMALA
para Juan Rulfo

¿quién arrastró mi pueblo hasta mi cuarto? pues aquí está, polvoriento, empollando al mediodía, aquí y allá una contraventana tablatea, un quicio se queja, si no, silencio. en la sombra los carniceros dormitan, el sacristán trae de la iglesia cubetas llenas de sangre, la derrama, dejando manchas oscuras

¿qué hago en mi cuarto con estos jacales, las callejuelas empedradas, el polvo? ¿qué me importa el sueño de los carniceros? el sacristán con sus cubetas, debe tañer las campanas, si le sirve

las paredes retroceden en su lugar, el cuarto se abre, mi madre me lleva hacia escaleras arriba, me muestra el corazón con las gotas, la espada, le oigo decir: mira, mira bien lo que has hecho

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Un minuto de palabras 
Por Germán Villamizar

“Nos separamos para reunirnos y separarnos de nuevo, en el único lugar donde se encuentran los hombres muertos: en los labios de los amigos”. Samuel Butler
La semana pasada, después de un aciago trabajo de varios meses, la Dama de la Guadaña irrumpió bajo una lluvia torrencial por uno de los más generosos e irónicos confabulados: el poeta y traductor Germán Villamizar.

Nacido en San Jacinto del Cauca, departamento de Bolívar, en 1953, este escritor y catedrático, versado en ironía, falleció en Bogotá, el 19 de octubre de 2011, después de vivir durante dos décadas en la capital del país.

Villamizar, quien solicitó que se reemplazara la ventanita del ataúd por un espejo para atemorizar a los amigos que asistieran al velorio, publicó sus textos en revistas y periódicos culturales de América Latina, y fue catedrático de literatura de la Universidad Pedagógica Nacional por varios años. En 2003 publicó su libro Silencio de la Huella, en la Colección Los Conjurados, obra de la cual tomamos los siguientes poemas para poblar este minuto de palabras, en memoria fraterna del amigo desaparecido.

It´s just a dirty trick.
Ernest Hemingway

Ayer enterró su perro negro.
De noche, otro rastro tras las hojas.
Desgarraba la luna entre los ojos
y aullidos de sombras en la lengua.

Cuando duerma y sueñe con su dueño
recorrerá un sendero de pasos imposibles
o husmeará una corona trenzada con los miedos.
Ignoro si el hombre también sueña,
perdido con la muerte entre los ojos.

ESTE HOLLÍN de cuerpo que se estira
esta feria de carne que adelgaza la mañana
este frío pegajoso de la piel entre los árboles
esta ola de espuma rezumante en muchas manos
este aire de huesos que atenaza las narices
esta fiebre de espirales y metales
esta sombra y estos pasos
esta espera y estos pasos
esta furia y estos pasos
que atormentan nuestros pasos
en la noche que gira sin cansarse
y enciende en el vientre los recodos
funden un ridículo compás de grito y hombre.
Y en esta espera de metales dislocados
en esta árida gruta de espirales
en esta feria de rojos ademanes
sin huellas sin recodos sin caminos,
no sé por qué guardo entre los pasos
la absurda esperanza de encontrarme.

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...