vendredi 18 novembre 2011

Elena HERNÁNDEZ SANDOICA/ Mecánica del destino


PENSAMIENTO
Mecánica del destino
Por Elena HERNÁNDEZ SANDOICA

La escritora francesa Diane Ducret repasa la vida de las mujeres que vivieron junto a los dictadores con una visión que alterna la ironía, la crítica y la piedad

El primer libro de la periodista Diane Ducret -que recibió formación filosófica en la École Normale de París- es quizá difícil de clasificar. Nacida en Bélgica, autora de guiones para documentales de historia en la televisión francesa, con un dominio de la escritura ágil y atrayente, se diría que con un tema como éste ha encontrado un filón: se anuncia en Francia ya su segundo libro sobre el mismo asunto, mujeres de dictadores, para el año próximo.

Las mujeres que amaron, fueron amadas o simplemente estuvieron cerca de los dictadores del siglo XX han sido lógicamente muy diversas. Y es esa diversidad reflejada aquí, imposible de someter a tipologías (¿por qué habrían de acomodarse a modelos específicos de mujer cuestiones como las del amor y el sexo, ingobernables en tantas ocasiones...?) y muy bien engarzada en el relato, el principal atractivo de esta obra, nada frívola a pesar de una portada que quizá quiere serlo. Mujeres distintas en carácter, papeles y destino, cuyas personalidades y actuaciones son recorridas al hilo de las vidas de sus poderosos amantes. Un repertorio de relatos independientes, siempre producto de fuentes variadas, de fácil lectura desde el principio al fin. La traducción de Núria Petit Fontserè es además excelente.

No es un texto regido por las teorías feministas, pero no por ello deja de proporcionar claves intensas de reflexión sobre el poder del varón y, en general, de la atracción. Al contrario, y por relacionarse con personajes en los que predomina la exacerbación del poder político, las posibilidades de ir más allá de lo que la propia autora propone directamente son abundantes, aunque en vano buscaremos lección política o moral alguna. Queda así fuera de lo posible el preguntarse qué tipo de mujer se acercaría con más entrega y más facilidad a la personalidad autoritaria. Aquí la encarnan déspotas de conducta privada muy diversa, desde Mussolini y Lenin hasta Ceausescu y Hitler, que van apareciendo a lo largo del relato en una acertada estructura dramática que se abre con citas directas de cartas de mujeres alemanas a Hitler, tiernas o apasionadas hasta el rubor, sin apenas haber visto al Führer sino de lejos. En la edición original francesa el libro acaba con el capítulo dedicado al propio Hitler, después de haber recorrido la vida sentimental de Stalin, Salazar, Bokassa y Mao, además de los antes citados. En la edición española se ha añadido un posfacio muy breve en el que otro autor, E. Soto-Trillo, revisa las mujeres en la vida de Franco, un objeto de menor interés.

La soltura narrativa -más aún que el morbo intrínseco de detalles míseros, terriblemente humanos a fuer de escabrosos- confiere al libro una facilidad quizá engañosa. La atracción sexual en relación con el poder político -o el económico- no es un tema original obviamente, ni siquiera cuando es eludido en más de una biografía pudibunda que pasa sobre ascuas sobre la vida íntima de los hombres de Estado. Pero la mirada de la autora -piadosa unas veces, otras agudamente crítica, e irónica las más- permite trascender cualquier lectura superficial de un asunto tan serio. No siempre hay ambición, o afán de lujo y riquezas, o romanticismo apasionado, o simple deslumbramiento del poder masculino en las conductas de mujeres que se ven reflejadas aquí. A veces hay determinación para afrontar la distorsión de expectativas en algunas de ellas, como la Catherine que se enfrenta a Bokassa, que Ducret dibuja aprisionada por la crueldad del dictador. La mecánica del destino las aplastó en sus engranajes del sexo y el amor. De no haber existido éste -al menos como escarceo o aspiración platónica-, no quedaría rastro escrito en esa documentación personal que, tomada a su vez de bibliografía reciente, la autora ha conseguido revisar y engarzar inteligentemente.
De mujeres como Krupskaia, Balabanov, Petacci o Rachele Mussolini, de Eva Braun, Inessa Armand o Jian Qing, es posible que muchos lectores tengan informaciones suficientes. Más improbable es que tan solo recuerden los nombres de otras mujeres aquí nombradas, y cuyas relaciones se recogen en la medida en que contribuyen a resaltar el perfil de un dictador concreto y la descripción de su personalidad: así la portuguesa Felismina Oliveira, eterna y fiel enamorada de Salazar. La aportación fundamental es también por ese lado biográfica, y tanto o más que a las mujeres aquí reflejadas se refiere, por fuerza con más intensidad y nitidez acaso, a las vidas y hechos de los dictadores que con ellas mantuvieron relación.

El poso que nos deja la lectura es inevitablemente triste, más de una vez enrarecido por la constatación de frecuentes usos de violencia en la vida privada por quienes no dudaron en ejercerla criminalmente en el espacio público. Como aportación específica a las formas que adopta la práctica de la virilidad -como categoría cultural producida por el género y que en algunos casos, como es el del fascismo italiano, cuentan con elaboración teórica acusada-, muchos de los aspectos que aquí se tocan y se ejemplifican resultan del mayor interés.

Las mujeres de los dictadores. Diane Ducret. Posfacio de Eduardo Soto-Trillo. Traducción de Núria Petit Fontserè. Aguilar. Madrid, 2011. 364 páginas. 18,50 euros (electrónico: 11,95).
  
Articulo : http://www.elpais.com 12/11/2011

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