dimanche 6 novembre 2011

Especial 100 años de Roberto MATTA



ENTREVISTA EXCLUSIVA Sus recuerdos a los 85 años:
Malitte Pope y las aventuras surrealistas de Matta
Por Marilú Ortiz de Rozas

Penúltima esposa de Roberto Matta, esta refinada bostoniana que vivió quince años con él y le dio dos hijos, comparte por primera vez sus recuerdos con un medio de prensa. Malitte ejerció un importante rol en la vida de Matta y aún se desempeña activamente en el medio cultural francés.

Sencilla y distinguida a la vez, culta y chispeante, Malitte Pope se reconoce de lejos por unos intensos ojos azules, que no han perdido ni un ápice de su inteligencia y belleza. Los mismos que hipnotizaron a Roberto Matta, hace 57 años, en Italia. Malitte tenía 28 años y se encontraba en exilio, ya que fue una de las primeras víctimas del macartismo, sometida a juicio por negarse a revelar la filiación política de los miembros del Cornell Jazz Club, al que pertenecía. Roberto Matta tenía 43, había regresado hace poco a Europa, tras su estadía en Nueva York, donde el grupo surrealista se refugió durante la Segunda Guerra Mundial. Si bien Matta y Malitte estuvieron juntos hasta 1969, conservaron una gran amistad y complicidad. "Hasta el final de su vida, nos juntábamos a conversar, a escondidas, en uno que otro café", cuenta ella, aún instalada en la ciudad donde llegó del brazo de Matta: París.

Justamente, en un café muy parisino del Barrio del Once, donde vive, nos juntamos a almorzar. No es cualquier café. Se emplaza ante "el Muro de Oberkampf", asociación que ella misma contribuyó a fundar, en 2003. Inspirándose de la lógica de los afiches publicitarios, ofrecen este muro de 3 x 8 metros como espacio expositivo callejero a diversos artistas, y, cada quince días, renuevan su propuesta plástica, con grafitis, collages y las más diversas técnicas mixtas. Malitte conoce el oficio, fue también una de las creadoras del Centro Georges Pompidou, que abrió sus puertas en 1977 en el corazón de París, para albergar la primera colección de arte moderno y contemporáneo de Europa. "Inicialmente, muy poca gente creía en este proyecto", revela Pope, que formó parte del equipo que trabajó en la concepción del Pompidou, hasta su concreción y consolidación.

A primera vista

Roberto Matta conoció a Malitte Pope en Roma, un día sábado del año 1954. Tres días después la invitó a comer y el sábado siguiente se fueron a vivir juntos. "Como yo estaba en Italia con mi marido georgiano y Matta con una siciliana, la única alternativa era partir. Por eso nos vinimos a París", cuenta con picardía.

El prontuario sentimental de Matta ya era bastante nutrido. Se casó primero con la norteamericana Anne Clark, que conoció en Francia dos años antes de emigrar, en 1939, a Nueva York. Se separaron un poco antes del nacimiento de los gemelos Gordon y Batan, en 1943; en ese entonces Matta ya se había enamorado de Patricia O'Connors, una joven irlandesa, con quien permanece hasta 1948. En 1949 se empareja con la actriz italiana Angela Maria Faranda, madre de su hijo Pablo, relación que no dura más de cinco años, como había sido la tónica de todos sus compromisos anteriores, hasta la entrada en escena de Malitte.

"Matta, ante todo, era un gran seductor. Era muy inteligente, muy imaginativo y había tenido, gracias a los Padres Franceses de Santiago, una magnífica educación, lo que lo volvía muy interesante. A Matta lo marcó su formación. Sus conocimientos de historia, de literatura y de tantas disciplinas, le permitían aportar una reflexión continua, todos los días. Además era muy guapo".

Malitte asegura que conoce muy pocas personas que no hayan caído subyugadas ante el encanto de Matta. "Incluso Breton, que lo expulsó del surrealismo por 'ignominia moral' -luego del 'caso Gorky'-, terminó por reincorporarlo, porque en realidad lo adoraba. Era un placer almorzar con ellos dos".

El suicidio del pintor de origen armenio Arshile Gorky, ocurrido en julio de 1948, fue uno de los episodios más duros en la vida de Matta, porque se le acusó de haberlo provocado, debido a un supuesto romance con su mujer. Matta se defendió, argumentando que Gorky estaba deprimido a causa de un accidente automovilístico; pero el grueso del movimiento surrealista no le creyó y decidió expulsarlo. "Para él todo esto fue un shock", revela Malitte.

La familia

Malitte da a luz en 1955 a la primera hija del artista, Federica, que lleva el nombre de quien realmente cambió la vida de Matta: García Lorca. Lo conoció en Madrid, en la casa de Carlos Morla Lynch, que fue también alguien que le aportó mucho. "Carlos y su mujer, Bebé Vicuña, fueron muy importantes para Matta, porque le mostraron otra faceta de la burguesía. Sus padres eran gente muy educada y amable, pero no tenían curiosidad, ni libertad intelectual. A Matta le gustaba la aventura".

Cinco años después, nace Ramuntcho, el cuarto de sus hijos hombres. Con Malitte, Matta forma su familia, a la cual también se integran los gemelos, que pasaron largos períodos en París, y de vez en cuando, su hijo romano, Pablo.
"Anne, la madre de los gemelos, fue como una hermana para mí. En un momento se sintió sobrepasada por la crianza de Gordon y Batan, que además se llevaban muy mal con la nueva pareja de ella, y me los mandó a París. Era 1958, tenían quince años. Gordon, que era autónomo, después se devolvió a terminar sus estudios en Nueva York".

El caso de Batan fue diferente. "A él se le diagnosticó esquizofrenia, lo que en esa época era un gran misterio", precisa Malitte, que durante su juventud cursó estudios de Medicina. En París, Batan fue tratado con un neurólogo y se le administraban medicamentos en forma controlada, situación que se desordenó cuando regresó a Nueva York, con el lamentable desenlace que ya se conoce.

Por otra parte, Malitte fue un gran apoyo para Matta en el plano económico, ya que la situación de él entonces era inestable y bastante precaria. "Afortunadamente, nunca he tenido problemas para ganarme la vida e incluso obtuve mucho dinero gracias a lo que para mí era un pasatiempo de infancia: el diseño de vestuario".

A Malitte, de niña, la vestían con modistos privados y ella solía dibujar sus prendas. Proviene de una acomodada familia de Massachusetts, con una madre austríaca y un padre estadounidense, que incursionó tempranamente en la industria aeronáutica y era mestizo. Al parecer, tenía un abuelo negro. "No se sabe exactamente en qué momento de la historia se produjo el cruce de razas, esos temas entonces no se hablaban, pero eran bastante comunes en la sociedad norteamericana", cuenta riendo.

Malitte comenzó trabajando como diseñadora para Jacques Fath, pero a la muerte de él, dejó el puesto a su cuñado Serge Matta y ella se fue a la Casa Dior. "Serge siguió en el mundo de la alta costura. Fue el hermano de Roberto a quien más conocí, aunque los adoraba a todos, eran tan divertidos. Mario era un gran polero, no se sentía muy a gusto en París; Mercedes, mucho menor, encantadora. Eran también mi familia".

Casas y anécdotas

Malitte adquiere en 1953 una casa en la virginal isla de Panarea, al sur de Italia, la que restaura a lo largo de varios años y se transforma en un mítico enclave, donde se reúnen todos los amigos de la pareja. Posteriormente compran una vivienda campestre en Boissy, en las afueras de París, que también reconstruyen piedra a piedra, donde se instala la familia y el taller de Matta. Luego, progresivamente se trasladan a un pequeño departamento en París, cuando los niños entran al colegio.

A mediados de los sesenta viajan mucho a Cuba, donde participan en faenas agrícolas como en la formación de Casa de las Américas, y en experiencias artísticas colectivas. Ella es una mujer de avanzada conciencia social, cuyos ideales comulgaban con los de Matta. Incluso, según su hijo Ramuntcho, ella contribuyó a la formación política de él.

En 1967, Matta adquiere un convento en ruinas cerca de Roma, en Tarquinia, pero Malitte está cansada. "Él ya había conocido a la que fue su última esposa -Germana Ferrari-, ella tenía una gran situación económica y yo no tenía ganas de restaurar otra casa. Entonces le dije a Matta: hay que divorciarse", cuenta con humor.

No le causó gracia, sin embargo, enterarse que su matrimonio, celebrado en Francia, no tenía validez, por lo tanto no podía disolverse. Tampoco habría sido válido el con Patricia O'Connors, efectuado en Nueva York. En realidad, él nunca se habría divorciado de su primera mujer, por lo que todos sus enlaces posteriores sólo serían simbólicos. "¡Otra de sus aventuras surrealistas!", exclama Malitte, a cuatro décadas del incidente. Sin embargo, en muchas instancias ella sigue firmando "Malitte Matta".

"Matta fue una persona que amé profundamente y que respeté mucho como artista", recalca y declara que aprecia por igual las distintas épocas y etapas de su trayectoria pictórica. "La valorización que hacen algunos de un período u otro, son sólo cuestiones de mercado".

Ella sostiene que sigue en comunicación con Matta a través de su obra. No le gustan las conmemoraciones. "Aún más complejos son los centenarios de los amigos vivos y peor si son famosos, porque el asedio suele ser indecoroso", agrega. Y antes de despedirse, recuerda una última anécdota, que se refiere a ese legendario primer encuentro de Matta con Breton, instigado por Dalí y García Lorca. Aquella vez que Matta le mostró sus dibujos, y Breton, sorprendido, le dijo que era un surrealista nato, y Matta le preguntó qué era el surrealismo...

"En realidad, esa noche, Breton fue al café donde se reunían todos los surrealistas, en Saint-Germain-des-Prés. Y uno de los asistentes me contó que Breton les dijo tras el encuentro con Matta: 'Esta mañana vi unos dibujos absolutamente excepcionales, pero el tipo, pero el tipo, es un pelmazo'".

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Aprender a ver Ideas para intentar mirar su obra
Cuatro ejes que dibujan el arte de Matta
Por Juan Ignacio Rodríguez Medina 

Hablamos con el artista y académico Gaspar Galaz para emprender la difícil tarea de delimitar las claves del maestro chileno. 

No es fácil definir categorías en el arte de Matta. No lo es, porque supone fijar y delimitar una pintura que reivindica lo ilimitado y móvil: "Yo no sé nada de nada. Yo no comprendo nada de la estética. Soy un inocente. Yo no soy un insecto y detesto que me clasifiquen entre los insectos. No me gusta que me nombren, ni siquiera que me llamen Roberto", decía en 1961. Que no sepa entonces Matta, que de la mano del escultor y profesor Gaspar Galaz intentaremos nombrarlo, aunque sea por aproximación y a veces recurriendo a sus propias palabras. Que no sepa que intentaremos cuadrar el círculo, precisamente, en cuatro ejes: espacio, ser humano, visión y la libertad. "Matta fue el último artista de la modernidad -aventura Galaz-, proviene de allí, es el gran artista de la modernidad epigonal, que creyó que el artista, que el arte era un motor del cambio".

El espacio infinito o el paisaje del ser

¿Cuál es la novedad que introduce la pintura de Matta? "El cuadro clave para responder eso -explica Galaz- es El vértigo de Eros (1944)". Allí se descubre la propuesta fundacional sobre la reflexión y puesta en escena del concepto de infinitud. "En ese cuadro Matta suprime las referencias espaciales que construyen la ficción tridimensional, la 'veracidad espacial' en el plano de la tela. La historia de la pintura es la construcción de esa ficción. Matta, en cambio, va a crear un espacio sin fin". Para eso elimina, por ejemplo, los puntos de fuga y la línea del horizonte: "En esta y en las demás obras de Matta, sobre todo a medida que avanza a los años 50 y a los 60, la tradición de la concepción espacial, incluyendo la manera de situar las cosas en el espacio, se desintegra por completo. Advertimos en El vértigo de Eros la profundización de la escritura gestual anicónica, directa e inmediata, inaugurada por Kandinsky en su Primera acuarela abstracta de 1910".

Y en esto, piensa Galaz, tiene mucho que ver su formación como arquitecto: "Yo creo que el haber estudiado arquitectura le dio una conciencia, con mayúscula y negrilla, una Conciencia de cómo el espacio se resignifica en el arte, de cómo se construye de otra manera en su trabajo, sin recurrir al espacio euclidiano proyectivo. Él elimina todo el concepto de la pintura como escenario, como ventana, para producir un mundo completamente inédito, esa es la clave, el espacio es el centro operacional de su trabajo".

Lo dice el propio Matta: "Siempre se usó geometrías. Con la geometría euclidiana se ven las cosas desde un punto. Tenemos que usar otra geometría para la realidad: mientras se observe una realidad desde más diversos puntos, ella será más completa (...) Supongamos, por ejemplo, el pasaje de un cometa desde la Tierra; su observación, desde este único punto de vista, va a ser unilateral. Situémonos, en cambio, con Einstein, para verlo desde la Tierra, así como desde los diversos puntos de observación del espacio estelar y aun dentro del cometa mismo, y entonces veremos lo necesario para saber todo acerca de ese cometa. De este modo habremos comunicado la realidad misma del fenómeno". La realidad misma, y es que, claro, lo de Matta es pintar "el paisaje del ser", realizar un "ser-saje", según uno de los tantos neologismos con los que explicaba su labor. "Para él lo más importante es el paisaje del ser y todo el comportamiento del ser: el amor, la amistad, el arte, la naturaleza", concluye Galaz.

El ser humano al descubierto

El espacio infinito, entonces. Y en ese espacio, el ser humano: "Comparece con partes de flores, elementos galácticos, puede ser un astronauta. O sea, el ser humano habita ese espacio infinito de las pinturas de Matta, son hombres que flotan allí", explica Galaz. Por eso Matta, junto a su idea de pintar ser-sajes, señala que "hay que representar los cuadros como mapas de la naturaleza humana y de sus energías".

Galaz estima que la figura humana aparece a mediados de los 40 en la obra de Matta (lo que comienza a alejarlo del surrealismo). Junto a Milan Ivelic, habla en "Chile arte actual" de una "antromorfía mattiana", que enraíza al ser humano en el erotismo y la agresividad, por ejemplo en X-Space and the Ego (1945); pero también en su contingencia histórica para denunciar la agresión de la naturaleza, y del hombre contra el hombre, como en Etre avec (1945) o Crucifixhim (1947). "La gran preocupación de Matta es lo que pasa con el ser humano como individuo que habita este mundo", dice Galaz. Y lo que pasa es que el hombre está encerrado. Luego, debe descubrirse, despabilarse. Matta, agrega Galaz, propugna una "revolución interior". O como el propio artista escribe: "Hagamos la guerrilla interior para parir un hombre nuevo", según el título de su óleo de 1970.

Desde esa perspectiva, la preocupación de Matta por el espacio no es antojadiza, pues hacia él debemos abrirnos. De ahí, por ejemplo, Le cube ouvert (1949), donde el cubo, explica Galaz, "es la caja que encierra aquella parte del ser que no ha sido registrada en el mapa ontológico". Un cubo que vuelve a abrirse en L'impensible (1957), y que muestra que hay fuerzas opuestas que tienden a cerrarlo, configurándose así la tensión o débil equilibrio en el que está situado el ser humano. "Para Matta la conquista del espacio, la conquista del universo es la gran tarea del hombre del futuro. A eso nos invita su pintura".

La visión... la crisis del ojo

Y esa invitación es concreta y se dirige al espectador. La revolución interior no es otra cosa que "adquirir la libertad de mirar, de ver, y convertirse en un vertor", expone Galaz. ¿Vertor? Otro neologismo mattiano: "Lo que a mí me interesa es el verbo ver, no pintar, y entonces soy más bien algo como un "vertor". Trato de detectar dónde están los escándalos, las cadenas, las trampas. Y no se trata de pintarlo: la gente debe aprender a abrir los ojos, no a mirar pinturas". El espectador debe ser un espectador activo: "Quiero que la gente se dé cuenta que tiene un 'ojo-ser' no para mirar las obras, sino para mirar la realidad de nuestro mundo". "Para Matta el ver significa todo... todo, porque es la única manera de abrir la conciencia y reponer el asombro en el ser humano", acota Galaz.

El artista, entonces, tiene que hacer ver. Matta quiere inquietar al espectador, liberar su imaginación, que no sea él quien posea al cuadro, sino que "sea el cuadro el que lo posea a él". El espectador debe entrar en el cuadro, pero ¿cómo? Volvamos a El vértigo de Eros . "Allí -dice Galaz- Matta coloca una cantidad importante de elementos pictóricos, de todo tipo: gestos, aparatos hiperrealistas -como unas piedrecitas que están colgando en el espacio-, y va configurando entonces una escena en la cual están todos los sistemas de la pintura, pero para acentuar efectivamente la carencia de lugar donde el ojo pueda posarse. El ojo va a viajar al infinito en ese espacio infinito que le propone El vértigo de Eros . El ojo no tiene descanso, es una suerte de acción sin fin".

Eso por un lado, pero también está la estrategia de ampliar, cada vez más, los límites de la tela. De modo que tal como no hay un centro donde posar el ojo, tampoco hay un espacio delimitado que permita abarcar de una sola mirada la pintura. Escriben Galaz e Ivelic: "La mirada, necesariamente, se fragmenta". Y a tal nivel, por ejemplo con los cuatro por diez metros de Cogitum , que Matta rompe el esquema del cuadro y, en 1966, busca reemplazarlo por un cubo -el suelo, las paredes y el techo con pintura- donde el espectador deberá ingresar: "Es decir, meterse, involucrarse en el gran misterio, vivir el misterio. Es la obra como recinto para el espectador, donde reside la gran conciencia sobre lo inefable, sobre lo desconocido, sobre lo absolutamente inmedible", analiza Galaz. Y, así -volvemos al principio-, hacer de él un "vertor".

Libertad, ¿surrealista?

Conciencia sobre lo inefable. Guerrilla interior. Matta pasa por surrealista. Fue parte de dicho movimiento. Cuando llegó en 1939 a Nueva York compartió -entre otros- con sus amigos André Breton, Ives Tanguy y Max Ernst. Y allí también, recuerda Galaz, vio la obra de Kandinsky en el MoMA, quien propuso con su Primera acuarela abstracta "la autonomía del artista respecto de la naturaleza".

Matta se empapa de esa autonomía, de esa abstracción, lo que le permite a Galaz hablar de un "surrealismo abstracto" (el chileno influyó en el expresionismo abstracto norteamericano). Un surrealismo diferente, por ejemplo, del surrealismo figurativo de Dalí: " El vértigo de Eros es una nueva proposición para eliminar la razón, la conciencia del quehacer pictórico, para hacer más revelador aún el contenido de la obra".

De modo que sí, el chileno es un surrealista, utiliza el "automatismo psíquico" que define a esta tendencia para liberarse y liberar al espectador. Mancha una tela con negro, lanza brochazos y luego, con un paño con diluyente o con alguna punta, comienza a descubrir colores, luces, figuras "y de repente refuerza con blanco, con amarillo". "Eso también forma parte de la búsqueda de un trabajo inconsciente, azaroso, pero al mismo tiempo -cuidado con Matta- con un trabajo hipermeticuloso, rigurosísimo, absolutamente racionalizado", advierte Galaz. Ahí Roberto Matta supera al surrealismo. Va más allá, como se ve, por ejemplo, en Ilumina el tiempo (1975). Detalla Galaz, y con esto cerremos el intento de cuadratura del círculo: "Mira el grado de concentración que hay en esa forma, mira el toque blanco, mira estas formas, viejo, mira la precisión de estos punto redondos, cómo los va colocando uno por uno. Son ¡cuatro metros por ocho!, o sea, ¡meses y meses de trabajo arriba del andamio! Mira esto, esto no es azar, esto tampoco, mira el cubo, mira todo lo que sucede con estas líneas, ¡una por una!, para construir esa textura visual, esa complejidad visual. Aquí hay una cantidad de estrategias para hacer el cuadro, qué surrealismo, eso es Matta ciento por ciento, no tiene antecedentes ni seguidores".

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MEGAEXPOSICIÓN Más de cien pinturas en el Centro Cultural Palacio La Moneda
8 obras emblemáticas de la muestra "Matta Centenario 11-11-11"
Por Marilú Ortiz de Rozas  

"HOW EVER" (DETALLE), 1947.

La mayor exhibición organizada para el centenario del creador desplegará en La Moneda obras nunca expuestas en Chile. Provienen de más de 28 coleccionistas privados e instituciones, entre ellas, los museos Reina Sofía y Thyssen-Bornemisza, Tate de Londres y Stedelijk de Ámsterdam. 

 A partir de este cuadro, Matta comienza a alejarse del surrealismo y la abstracción: emprende como misión denunciar los horrores de la humanidad. "Esto le valió la expulsión de la Escuela de Nueva York, porque ya no validaba los postulados abstractos, que tantos seguidores cosecharon", explica Ortega-Márquez. En "How ever" comienza a surgir la figuración y se aprecia una proliferación de escenas eróticas violentas, que representan en el imaginario mattiano una alusión al abuso de poder.

"PSYCHOLOGICAL MORPHOLOGY", 1939.

La serie de las morfologías surge cuando Matta emigra a Europa y se vincula con el surrealismo. Hoy, esta obra es de un coleccionista estadounidense y vale cerca de 3 millones de dólares. "Son óleos pequeños, donde Matta pinta la morfología de los espacios de la mente y la de ciertos estados emocionales", precisa la curadora Inés Ortega-Márquez. Quien empujó a Matta a pintar fue Gordon Oslow-Ford, quien le entregó telas y pinceles para que plasmara lo que aparecía en celebrados dibujos. Años más tarde, Matta pintó un "Homenaje a Gordon", que viene a la muestra.

"VERTU NOIRE", 1943.

A partir de 1942, Matta comienza a aplicar en su obra nuevos conceptos derivados de teorías de Marcel Duchamp y André Breton. "Este tríptico, procedente de la Tate, forma parte de la 'suite duchampiana', tres trípticos de la misma época, que aluden a la guerra, homenaje y resultado de la influencia de Duchamp y su obra maestra 'El Gran Vidrio'", asegura Ortega-Márquez. En la tela, esto se traduce en la presencia de algunas transparencias, las que según Matta permiten que los seres humanos puedan comunicarse entre sí, a pesar de su incapacidad crónica. Los planos transparentes serían posibles "puertas de escape hacia el otro", y para Matta significaba la búsqueda de un hombre nuevo.

Este cuadro se enmarca también dentro de las primeras obras donde aborda valores y antivalores, en el contexto de la II Guerra. Él precisa que habría una virtud negra (la capacidad de matar) y una blanca, opuesta. "La virtud negra sería no el bien en el sentido bíblico, sino el anti-bien -dijo Matta. Trato de comprender lo positivo y lo negativo de los polos contrarios".

"EL PROSCRITO DESLUMBRANTE", 1966

Este políptico de cinco piezas es una de las obras más espectaculares de "Matta Centenario 11-11-11", y proviene del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Recoge un proyecto conceptual de Matta, cuando empezó a experimentar sobre la multidimensionalidad del espacio, pintando las distintas caras interiores de una figura cúbica, que luego abre. En ésta, cada una de las caras representa una etapa dentro de la vida del ser humano. "Para él, la apertura del cubo representa la expresión completa del mapa del ser", agrega Inés Ortega-Márquez. De esta obra de inmersión, a la que el espectador puede ingresar, seleccionamos el lienzo "Grandes expectativas".

"LES JUGES DE NUREMBERG", 1967

En noviembre de 1945 se lleva a cabo el más importante de los juicios de Nuremberg, que enjuicia a dirigentes nazis. Matta lleva a la tela este hito en varias oportunidades, incluso más de veinte años después, como en el caso de esta obra, donde el dedo acusador designa a un uniformado sin cabeza. El color rojo simboliza la sangre; el exterminio está claramente graficado en las calaveras y en la esvástica. Este óleo tiene escrito en el reverso: "Gran Burundum?", que es el otro nombre por el que se le conoce. Ramuntcho Matta, propietario de este cuadro, explica que Matta quiso aludir a la obra poética "El gran Burundún-Burundá ha muerto" del colombiano Jorge Zalamea, donde se manifiesta la relación entre el poder y la palabra, en una narración carnavalizada de órdenes destinadas a anular el lenguaje.

"LA QUESTION - DJAMILA", 1958

Matta fue uno de los primeros artistas en denunciar las torturas cometidas durante la guerra de independencia de Argelia, tema de esta obra. Su título alude al libro "La question" (de Henri Alleg), que describió los métodos de tortura del ejército francés en Argelia. "Presté esta obra para que, así como mi padre se preguntó por la tortura durante la guerra de Argelia, Chile también se interrogue al respecto. Matta quería participar en la creación de un mundo nuevo y estar en él", señala Federica Matta. Djamila fue una combatiente que los franceses torturaron y condenaron a muerte en 1957. La pintura incorpora transparencias y se sitúa en el período de maduración de Matta.

"MUNDA Y DESNUDA", 1986

Es la obra más tardía de esta selección y fue realizada por encargo del gobierno español, para la legendaria exposición "Chile Vive", organizada en Madrid en 1987. También se inscribe dentro de las obras marcadas por su compromiso político y su título completo es "Munda y desnuda: la libertad contra la opresión". "En esos años, Matta se había distanciado de las obras de denuncia y estaba retomando inquietudes más metafísicas. Solamente pintó cuadros relacionados con la dictadura en Chile, como es el caso de éste, centrado en esa problemática", asegura la curadora. Tras la muestra, Matta dona esta obra al gobierno español.

"NACIMIENTO DE AMÉRICA", 1952

Esta obra (restaurada para la muestra) "sintetiza en su visualidad el concepto de 'expansión del horizonte interior' que rigió la producción del artista", afirma Caroll Yasky, conservadora del MAC. Para Matta, la energía es el motor de todo. "Esta energía se percibe en esta obra, donde se manifiesta una naturaleza exuberante con explosiones de luces que representan fuerzas germinadoras, reflejo de un dinamismo y de la unidad del sistema solar", agrega Soledad García. A partir de los años 50, Matta toma plena conciencia de la realidad política latinoamericana y toma partido.

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Conversaciones con el sur-realista De 1990, al obtener el Premio Nacional, y 1991 ante su retrospectiva en el MNBA
Matta y Artes y Letras: "Chile es una rosa separada"
Por Cecilia VALDÉS URRUTIA 

Matta vivía su surrealismo, su poesía a cada instante. Y sus conversaciones -francas y sin filtro- eran una creación en sí. Sus juegos de palabras -hasta las más irreverentes- contenían la esencia de su obra. El artista conversó con Artes y Letras en momentos significativos.

En Matta fue inseparable el artista del hombre. Como surrealista, ambas facetas se entrecruzaban. Ello descolocaba a muchos y hacía creer a otros sus frases al pie de la letra. Eso no era conocer a Matta. Él mismo decía: "No hay que creerle todo a un surrealista como yo. Puedo estar comiéndome una manzana y darle un mordisco y puedes preguntarme si me gustan las manzanas y diré: las odio". Había que leer el verdadero sentido de sus palabras, muchas veces encubiertas en juegos e ironía.

"Su lenguaje verbal es una plataforma desde donde partió su concepción del mundo. No hay instante, conversando con Matta, en que no se aprenda algo, inclusive sobre el propio lenguaje. Sus salidas son como instancias, sorpresas. Se parpadea pero la cosa tiene su lógica interna", afirmaba el historiador del arte, artista y gran amigo de Matta, Alberto Pérez, a fines de los años 80. Época en que el creador del "Verbo-América" aún era en Chile, para muchos, casi un perfecto desconocido, y para otros, un artista incomprensible.

Hoy sus conversaciones -informales, usualmente irreverentes y llenas de poesía- toman un especial valor. Más aún por lo infrecuente de estos testimonios. Fue un personaje que rehuía los medios, y cuando accedía, lanzaba sus dardos. Matta conversó con "Artes y Letras" y lo hizo especialmente al obtener el Premio Nacional de Arte y antes de que se inaugurara su esperada retrospectiva en el Museo de Bellas Artes en 1991. La primera muestra de magnitud de su obra en décadas en nuestro país.

"Soy un especie de subdesarrollado que se ha desenrollado"

El artista estaba en su hermosa casa en Tarquinia frente al mar, un ex convento italiano, al enterarse del Premio Nacional de Arte 1990. Eran cerca de las 8 de la noche en Europa, cuando hablamos. Su voz era juvenil y muy chilena, a pesar de que vivía hace más de 50 años en el exterior.

Empezó riéndose y de inmediato lanzó: "Yo no sé recibir premios. Nunca, por principio (propio de los surrealistas). ¿A quién se lo puedo pasar? Me gustaría cedérselo a un artista joven que valga la pena. Lo vamos a dar. Porque soy un especie de subdesarrollado que se ha desenrollado y se ha desarrollado. Hay que darle un valor al alma".

Luego insistió. "Gracias por esto, pero yo no recibo premios. No quiero tener honores en la vida. Me voy para no tenerlos. Siempre me he escapado". En forma repentina cambió de tema. Había recibido un ejemplar de "Artes y Letras" en el que habíamos investigado sus pasos en Chile, desde niño y con sus más cercanos, la mayoría hoy muertos. Matta usualmente no leía mucho los diarios. Pero en este caso hizo una excepción: aparecían su querida hermana menor y ahijada suya, Mercedes Matta, más conocida como Chita. Hoy la única viva de los hermanos Matta, quien prestó obras a la exposición de la Moneda, y en cuya chacra en San Damián, durante la Unidad Popular, se reunieron -por última vez- los 4 hermanos Matta Echaurren.

Estuvimos con sus amigos Nemesio Antúnez, el arquitecto Luis Mitrovic -con quien estuvo en casa de Gabriela Mistral, en Lisboa-, Carmen Waugh, entre otros. Y descubrimos a un amigo suyo de los Padres Franceses, compañero desde segunda preparatoria. Integrante del trío de inseparables. Ese compañero de infancia y juventud optó por no aparecer con nombre, no quería aprovecharse de su fama. Pero Matta nos impeló: "¿Y ese amigo del colegio quién es?". Le explicamos la razón de su anonimato. "Está bien..., pero es Exequiel Balmaceda", contrapreguntó. Decidimos contarle:
-Es Jenaro Prieto, hijo del autor del libro "El Socio ".
"¡Sí! Por supuesto. Dale muchísimos saludos míos a él. Yo también tengo varias fotos aquí con él, cuando niños. Le guardo muchísimo cariño".

Ese destacado empresario e hijo del famoso escritor, contó que Matta había obtenido el primer premio en religión en el colegio. Y que junto a Alberto Cruz eran los dos mejores en dibujo en los Padres Franceses. Confidenció también que su amigo artista solía dibujar a los curas, "con sus intimidades agrandadas. Hasta que lo pillaron". Costumbre que después reincidió en sus personajes mattianos.
"¡Celébrenlo ustedes!"
Le preguntamos si pensaba venir a Chile. "No puedo viajar tan lejos. A la gente se le olvida que voy a cumplir 80 años y con los cambios de horario no duermo nada. Es desastroso. La última vez que viajé largo fue a Nicaragua, en 1981, y me vino un especie de colapso".

Pero precisó. "Los viajes no significan nada. Es más eficaz el recado, como lo hacía Gabriela Mistral. Para mantener la atención no hay que estar ahí. Estas son ideas mías que las he practicado en lo que se llama pintura".
-¿Y podremos contar con pinturas suyas para una retrospectiva ?
"Hablé con Nemesio y le dije que hay algunas obras mías en Buenos Aires, en una galería. Le comenté que las pueden traer. Una retrospectiva sería carísima, pero ¡hagan lo que quieran! Aunque mi ayuda ya la hice cuando realicé estos monos. Soy un tipo que he construido un especie de conciencia, partiendo primero de arquitectura y de cosas así. Y he dejado una huella por donde pasó la construcción de esa conciencia. Eso es todo. Es una cosa así. Una cosa a patadas y a patas peladas. Simple muy simple. Les doy un gran beso y ¡celébrenlo ustedes!".

"Quieren transformarme en una empresa..."
Un año después, la esperada retrospectiva de Matta se concreta. Corría noviembre de 1991. En diversos países se celebraban los 80 años del surrealista con exposiciones sobre él. En París, su mujer, Germana Ferrari, le organizó una fiesta sorpresa en el Museo de Cera de Grévin, uno de los más antiguos del mundo. Asistieron cerca de 200 amigos, entre ellos Elisa Breton, Madame Danielle Mitterrand, el filósofo Emil Cioran y el entonces embajador de Chile, José Miguel Barros, entre otros, quienes disfrutaron de una singular y excelente comida -Matta era un gran gourmet-, acompañada de música gitana, con mesas dispuestas en medio de los más diversos personajes de la historia moldeados en cera.

La antología de Matta, en tanto, en el Museo de Bellas Artes -con obras procedentes de Europa- fue organizada por Nemesio Antúnez, director del museo, junto a coleccionistas. Participó el entonces ministro de Educación, Ricardo Lagos. Y "El Mercurio" fue auspiciador. Matta nos manifestó su agradecimiento, a su manera: "¿Quiere que les ponga un anuncio en los avisos clasificados?".
Se encontraba en su magnífico departamento en París, de varios pisos y con jardín privado, ubicado detrás del Museo de Orsay. Estaba contento. La carcajada sería su pausa al querer cambiar de tema o retomar otro. Parte de lo que dijo levantó revuelo.
-Matta, hay una gran expectación por la inauguración de su retrospectiva en el museo.
"De esas cosas no tengo idea. Es algo de ustedes. El hecho de que hagan una exposición es un homenaje simpático, de una idea que ustedes se hacen de mí. Pero no tengo nada que ver con eso".
-Pero entendemos que personalmente ayudó en la selección y prestó obras suyas .
"¡No he ayudado! El museo de aquí prestó algunas cosas, pero la verdad es que en París ahora hay poco. Todo se está moviendo por España. Pero, en fin, esta es una ocasión para trabajar sobre esta cosa que es discutir un concepto. Otra manera de servir a la conciencia".

"Pero no quiero tener herederos -agregó-. Y con los amigos chilenos que me siento más cercano es con Sergio Larraín García-Moreno y con su mujer, la Pin. Después hay una cantidad de agitación alrededor mío, donde se mueve mucha gente. Pero eso me da un cierto temor... Quieren transformarme en una suerte de empresa de agua potable, en algo que se pueda abrir la llave y que surja un vaso Matta. ¿Me entiendes?".
"La gente ha perdido el sentido del uni-verso"
En ese momento, estaba muy interesado en sus obsesiones, como la metafísica del ser y el universo. Aspectos que protagonizaron su pintura, con el cosmos y la multiplicación de planos, que integra lo mejor de su arte. "Es cosa de usar la palabra universo. Uni-verso como universo: verso, poesía. Ahí está el asunto. La gente ha perdido el sentido del universo. Estamos todos 'californiados' en este mercado de compra-ventas. Pero la voluntad de medirse es en el universo, que da la medida de ser universal, de tener unas ganas de ser vivo".

Luego propuso: "Hablemos de algo que tiene que ver con el Verbo América, que es un proyecto que tenemos que hacer. Sería una especie de centro para discutir una alternativa sobre algo que sea verdaderamente de América. Porque América es siempre Europa. Y tiene que ser una cosa divertida, útil, para conocer el cómo ser...
"Ahora hay dos o tres exposiciones que se están paseando por España sobre esta palabra del Verbo América, para impulsar las fuerza vivas, el alma, lo que avizora el ser. Para que la gente de América principie a lo que América ser. Ese gran juego sería interesante dárselos como un desafío a los creadores en Chile".
Nuestro país sí le importaba. Y agregó: "Chile es una rosa separada. En ese sentido me identifico con Isla de Pascua. Hay que hacer algo que sea original, primitivo, mayor. Como hay que mirar al cielo... Lo que tenemos que tener en Chile es un edificio con un yo individual, que se relacione con el universo. Porque si miras al cielo te viene un curioso orgullo de ser parte del universo".

Las últimas veces que estuvo aquí, durante la Unidad Popular, sobrevoló con amigos parte de los campos chilenos. Sentía nostalgia por los fundos familiares y por el paisaje. Decía "ya no soy Matta sino Mattacama". Aludiendo también a su sensualidad innata. Se despidió con un "hasta pronto. Pero a mí lo que me interesa es la visión: el verbo verse". Otra constante de su estética..

Tiempo después murió un gran amigo , Nemesio Antúnez. Le pedimos que se manifestara. Envió un poema con geniales dibujos que hizo en homenaje a su querido amigo. Esos expresivos "monos" aludían a lo musical. Lo tituló "Nos-otros te cantamos", y decía:
" ¡Hermanador Nemesio!, y amor nuestro.
Y esto es lo que se sabe.
Que tu historia ha sido para todos nos-otros,
el encantador y re-organizador en Chile,
de un concepto nuevo de las trompetas y de la Artillería
el arte de hoy, en hoy y para hoy".
El Cosmo-now
Con un poderoso abrazo en la fuerza invencible de tus ojos ".

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Encuesta Su influencia en los creadores nacionales:
¿Existen huellas de Matta en el arte chileno?
Por Evelyn Erlij  

Diez artistas, críticos y académicos analizan el legado del artista más internacional de nuestra historia y vislumbran su impacto en el estilo y forma de ser de los pintores chilenos de generaciones posteriores. 

Claudia Campaña: "Influyó más en el expresionismo abstracto que en el arte de Chile"

"La vida adulta y la obra visual de Matta transcurren y deambulan por circuitos lejanos a estas tierras. No obstante, la distancia geográfica explica sólo en parte por qué, siendo un artista de relevancia internacional, no fue una figura gravitante en el ámbito cultural y artístico chileno. Por ejemplo, no participó de los debates y no ejerció la docencia en Chile. No es sino hasta mediados de los 50 que se organiza una muestra individual suya en el MNBA. Durante el régimen militar, hubo voluntad de bajar el perfil a su figura. Por ejemplo, en 1971, Matta pintó junto a la Brigada Ramona Parra el ahora famoso mural 'El primer gol del pueblo chileno', el cual sufrió, literalmente, un acto de borradura. Por años, la obra estuvo escondida bajo varias capas de pintura; su restauración y recuperación es muy reciente".

"Gorky y Pollock tienen una deuda con Matta, es reconocido que él los estimuló a experimentar con técnicas automáticas. Matta tuvo más 'influencia' en el expresionismo abstracto norteamericano que en Chile. Uno de los momentos que recuerdo de mayor interés por su trabajo en Chile sucede durante y en los meses posteriores a su retrospectiva en el Centre Georges Pompidou de París (1985). Por cierto, después de que se le otorga el Premio Nacional de Arte en 1990, sus pinturas, y sobre todo sus grabados, se exponen con regularidad en museos y galerías nacionales, por ende, el público chileno comienza a familiarizarse con su obra y a valorar su firma".

Claudia Campaña, académica de la Escuela de Arte UC y curadora.

Mario Toral: "Mi pintura es otra, pero sí gané una lección de Matta"

"La explosiva cualidad de Matta como persona va a la par con la vorágine de su pintura. Es una individualidad que se expande con sus formas y colores en los recovecos de las galaxias, en las circunvalaciones del pensamiento y lo hacen un original (de origen), como pintor y persona. Matta entusiasma a los jóvenes, fue joven hasta que falleció y su pintura continuará siendo joven, plena de energía, audacia, erotismo. No distribuyo medallas a granel, pero a don Roberto Matta le otorgaría la de ser genio".

"Mi pintura es otra. Pero sí gané una lección de Matta cuando era joven y estudiaba en la Escuela de Bellas Artes de París. Yendo camino a la escuela por la Place Diderot, sabiendo que Matta tenía allí su departamento, decidí de 'puro patudo' pasar a visitarlo. Toqué el timbre, y con bastante demora apareció el pintor con un pañuelo en la boca y con rastros de sangre. Viendo su molestia, después de decirle que era un alumno en el Beaux Arts le dije que volvería otro día. Más tarde, me enteré que Matta, para deshacerse de visitantes inoportunos, ponía ketchup en un pañuelo y simulaba un dolor de dientes. La lección fue respetar la privacidad de los demás, sobre todo en el arte, que nace de la soledad y la concentración.

Sólo que yo en vez de ketchup tengo tres pastores alemanes".

Mario Toral (1934), pintor de vasta trayectoria, creador del célebre mural "Memoria visual de una nación" de la estación de metro U. de Chile.

José Balmes: "Influyó más el Matta personaje que el Matta artista"

"Matta era fundamentalmente un pintor chileno en su forma de ser y de hablar. Lo digo porque tengo cientos de anécdotas con él en Francia. Creo que no se puede hablar de una gran influencia directa suya en el arte chileno. No hay mucho 'mattista' acá, aunque sí hay gente que escribió sobre él o que fueron sus amigos. Siendo chileno, no puedo encontrar mucha influencia en el arte nacional, más allá de artistas como Bororo".

"No tengo cercanía con su pintura, mi estilo es otro mundo. Hay artistas en Chile que pueden haber seguido sus pasos, más que nada en cuanto a Matta como personaje, con esa vivacidad y ese genio que tenía. Eso se tomó muy en cuenta en el mundo del arte chileno, esta forma de vivir y expresarse".

José Balmes (1927), pintor, Premio Nacional de Arte 1999.

Samy Benmayor: "Su principal influencia es la libertad creativa"

"Creo que Matta ha tenido un gran impacto en Chile. Ha habido muchísimos pintores que han tenido influencia de él, empezando por Rodolfo Opazo y Nemesio Antúnez. En la generación mía (de los 80) también fue importante, porque pintaba de manera muy libre, encontraba en las manchas las formas y las trabajaba con mucha libertad. En ese sentido, fue muy importante para Bororo, para mí, pero también para las generaciones anteriores a la nuestra. Esa actitud de Matta marcó a mucha gente en Chile, mucho más que en el estilo".

"En mi obra su impacto se ve quizás en la espontaneidad, en la libertad del dibujo, en encontrar una forma personal de expresión. Ése ha sido su aporte a mi trabajo, ya que no hay una cercanía en cuanto al estilo".

Samy Benmayor (1956), pintor de la Generación del 80, integrada por artistas como Bororo y Omar Gatica.

Bororo: "Antúnez y Matta eran mis ídolos"

"Ha sido un maestro no sólo afuera, aquí también. Durante mucho tiempo no fue considerado en Chile, quizás por ignorancia o falta de contacto con el arte, aunque ahora es un maestro reconocido".

"Su arte es único. Tenía un discurso absolutamente suyo, y si hablabas con él te metías en ese discurso que era tan surrealista como él. Lo admiro desde chico. Junto a Nemesio Antúnez fue uno de los primeros pintores chilenos que conocí. Ellos eran mis ídolos. Tuvo mucha influencia en mí, hay un impacto suyo en mi dibujo, en la arquitectura, en los espacios, en lo gráfico, en las figuras precolombinas; ahí hay una cultura que nos relaciona. Otros artistas pueden ser Samy Benmayor, Matías Pinto y otros de mi generación, que heredamos mucho de Matta, Antúnez y Balmes. Era un genio, un mago".

Carlos Maturana "Bororo" (1953), pintor de la Generación del 80.

Pablo Chiuminatto: "Su personalidad está presente en muchos artistas visuales"

"No es fácil establecer líneas que unan a distintos artistas chilenos o movimientos para reflejar la influencia de Matta con precisión. Su obra es tan personal que cualquier intento puede resultar forzado e incluso ingrato. Porque a su vez, él sintetiza una serie de referencias muy diversas: desde lo más abstracto, lo arquitectónico, su técnica de figuras que surgen de fondos acuosos, incluso las referencias al arte precolombino, que hacen muy difícil saber el horizonte de influencia de su obra".

"Creo que estamos demasiado cerca para ver ese tipo de herencia (en el arte chileno), sin embargo su personalidad está aún presente en muchos artistas visuales, también su figura como intelectual está viva. Era brillante, no sólo en sus obras visuales sino también en su ingenio y agudeza. Fue un referente para los que crecimos escuchando de sus invenciones y aventuras intelectuales que también siempre fueron un desafío técnico. Es importante no olvidar que estaba muy pendiente del desarrollo computacional, el video arte, la fabricación de papel coloreado, entre otras técnicas. Si hubiese que identificar un artista más reciente en el que se refleje su influencia, sin duda, Gordon Matta-Clark, su hijo ya fallecido, muestra una fuerte influencia tanto en los trabajos arquitectónicos, que prácticamente llevan a la realidad lo que Matta imagina en sus pinturas, como también en sus dibujos.

Pienso que además del hito del mural con la Brigada Ramona Parra, fueron importantes las noticias que recibimos de sus actividades en el extranjero, como la gran exposición en el Museo Georges Pompidou de 1985, con la edición del enorme libro plateado; o la muestra del año 91 en el Museo Nacional de Bellas Artes que llevó a miles de chilenos al encuentro con un artista que era casi un mito. La muestra del MNBA inauguró un proceso de apropiación de su obra en el marco del arte chileno del siglo XX. Si pensamos en su influencia, tal vez aún vivimos muy marcados por los ritmos históricos pendulares en los que los artistas que lo admiran más bien buscan alejarse de su manera de hacer, más que imitarla consciente o inconscientemente.

Pablo Chiuminatto (1965), artista visual y académico de la Facultad de Letras de la UC.

Arturo Duclos: "En Chile fue visto con mucha suspicacia"

"Creo que la única influencia de Matta en el arte chileno ha sido el fantasma de la fama y el reconocimiento que tuvo por haber salido del horroroso Chile. No tuvo ningún impacto por su distancia y desprecio a la escena local. Acá fue visto con mucha suspicacia. Y el período de activismo político de los años 70 fue parte de su compromiso político. En la década de los 80, Matta creyó reconocer su influencia en las pinturas de Bororo, en una muestra que se realizó en Madrid llamada 'Chile Vive'. Pero pienso que fue un acto de soberbia intelectual. Tal vez en los inicios de Antúnez podríamos reconocer atisbos del espacialismo y el tratamiento de capas de Matta, pero fue un periodo inicial en los años 50. Por otra parte, la obra de Matta se conoció en Chile de manera más transversal en la década de los 80. En mi obra no tengo ninguna influencia suya. Sin embargo, tengo especial admiración por su trabajo de los años 50 y 60, que es el más experimental e innovador en la manera de construir la superficie pictórica.

Arturo Duclos (1959), artista visual chileno de trayectoria internacional.

Waldemar Sommer: "La influencia en Chile es inmensamente menor de lo que debiera ser"

"La influencia de Matta ha sido sumamente tardía y es poca. En los artistas del último tiempo, como Omar Gatica especialmente, se puede ver algo de impacto en cuanto a la imagen, en todos esos seres entre hombre y máquina. Hay algo también en Benmayor y Bororo, por el tratamiento y la multiplicación de espacios, en los que se da al espectador la posibilidad de dirigir la mirada hacia distintos puntos del cuadro. Después, de un modo muy general, se ve algo de influencia en artistas menores de 40 años, de nuevo en el tratamiento y en la multiplicación de los espacios".

"La influencia de Matta en Chile es inmensamente menor de lo que debiera ser. Creo que es por su originalidad, ya que es una pintura con tanto carácter y de una inventiva tan grande, que copiarlo da un poco de vergüenza. Su personalidad es tan fuerte, que tratar de reflejarlo en una obra es vergonzoso. Además Matta estuvo tanto tiempo fuera de Chile. Es un artista internacional más que nada. ¿Por qué se le dio un reconocimiento tardío? Es el pago de Chile. Siempre las cosas valiosas tienen poco eco aquí, como pasó con Raúl Ruiz. Y como vivieron fuera del país, no hubo mayor contacto ni tampoco alumnos".

Waldemar Sommer, crítico de arte de "El Mercurio".

Camilo Yáñez: "Lo que me interesa de Matta es su actitud"

"La importancia de Matta radica en que él logró -parafraseando a Enrique Lihn- salir del 'horroroso Chile'. No me refiero sólo a las fronteras reales y naturales. Matta fue capaz de salirse del Chile cognitivo, es decir, del Chile como construcción metal y simbólica. Él instaló 'el movimiento y el viaje' como un acto radical de conocimiento personal, asunto que es tomado por Juan Downey años más tarde, entregándole un sentido antropológico y social. Incluso me atrevería a decir que parte de la 'Aeropostalidad' de Eugenio Dittborn nace de esa misma inquietud". "Lo que me interesa de Matta es su actitud. Matta tiene un sentido de búsqueda, inquietud y radicalidad sobresalientes. Su principio fue cuestionar todo lo que se levantaba como estable y verídico. Tenía absoluta conciencia de que todo mutaba y de las convenciones. Su inteligencia era sobresaliente, brutal, instintiva y sin miramientos".

Camilo Yáñez (1974), artista visual. Fue curador de la séptima Bienal del Mercosur en Porto Alegre, 2009.

Omar Gatica: "Se suele relacionar mi pintura con la suya"

"Matta ha tenido impacto, es sólo que demoró por la situación política de Chile post 1973. Creo que está presente en algunos pintores expresionistas abstractos, en cuanto a la manera de enfrentar la forma y el espacio. Además de eso, su dibujo de la figura humana se puede ver reflejado en obras de artistas como Hugo Marín o Paco León. Por otro lado, no hay que olvidar que Matta perteneció al movimiento surrealista, que está presente en Chile hasta el día de hoy".

"Es verdad que se suele relacionar mi pintura con Roberto Matta, pero esto es sólo por el hecho de ser chileno, pues la verdad es que el pintor que realmente inspiró mis primeras obras abstractas fue Arshile Gorky. Sin embargo, con el tiempo me fui interesando en el espacio y el paisaje urbano, lo que generó un lenguaje que podría relacionarse con Matta. También tenemos en común una profunda preocupación por el ser humano que habita este paisaje, con la diferencia de que mis personajes son más bien solitarios y cargados de dramatismo, a diferencia de Matta, que presenta a un humano social y lúdico".

Omar Gatica (1956), pintor perteneciente a la Generación del 80.

Sobre YOU TUBE :

- Matta puerta a otra dimension - parte 1

- Matta puerta a otra dimension parte 2

- Matta puerta a otra dimension - parte 3

- Matta puerta a otra dimension – parte 4

- Matta puerta a otra dimension – parte 5

- Matta puerta a otra dimension – parte 6



 Articulo : http://diario.elmercurio.com 06/11/2011


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