samedi 26 novembre 2011

Jorge LARRAÍN/La resurrección de la ideología


La resurrección de la ideología
Por Jorge LARRAÍN 

Estamos en presencia de un libro excelente por su profundidad y claridad de exposición. Destaco tres de sus conclusiones que comparto. Primero, su clara preferencia por un concepto de ideología de carácter negativo y crítico.

Segundo, su convicción de que el concepto de ideología no sólo se define en términos epistémicos, sino que también en términos funcionales; es decir, no basta la existencia de una distorsión, esta tiene además que cumplir un rol legitimador o de ocultamiento de alguna forma de dominación. Tercero, su aceptación de que un concepto negativo, aun aquel diseñado dentro de la tradición postestructuralista o postmarxista, no puede eludir completamente el supuesto de un conocimiento verdadero o no ideológico.

El problema surge porque en nuestros tiempos "posmodernos" pareciera que el supuesto del conocimiento verdadero es rechazado como carente de todo valor. No puede existir un punto de apoyo externo prediscursivo que garantice la verdad. De allí que la pregunta central que trata de resolver el libro es si asumiendo este rechazo a la "condición de conocimiento verdadero" es todavía posible mantener un concepto crítico de ideología. Según Camargo, el postestructuralismo de Laclau y ?i?ek altera significativamente la manera como podría concebirse "la condición de conocimiento verdadero", pero la sigue suponiendo, no puede escapar completamente de ella. Ya no es posible una categoría trascendente que permita juzgar la falsedad del pensamiento ideológico del adversario, y por eso la ideología se ubica ahora en el intento mismo de un discurso hegemónico por presentarse como una clausura permanente y definitiva de la sociedad.

Camargo ve la mejor chance de resurrección de la noción de ideología en el entrecruce de Habermas con ?i?ek. Habermas no se pone en el caso sugerido por ?i?ek, de que los miembros de un grupo social, siguiendo una "razón cínica", no quieran ser liberados de su ideología. No es que ellos estén engañados, sino que a sabiendas insisten en seguir haciendo lo que hacen porque les es cómodo. La ideología se localizaría, no en la esfera de la subjetividad interna, sino en la esfera práctica externa. Nuestras creencias verdaderas se constituyen por lo que hacemos, no por lo que decimos que creemos. Si la ideología es así parte de la realidad, ¿cómo es posible discernirla y distinguirla de lo no ideológico? Mediante una distinción al interior de la realidad de una dimensión "extra realidad", vacía, no simbolizada, que ?i?ek llama "lo real" y que constituiría un núcleo no ideológico. Lo real es lo antagónico, la división social y la crítica ideológica consistiría en designar los elementos en un orden social que apuntan al carácter antagonístico del sistema.

Camargo cree que si se concibe a "lo real" como una noción ficticia de verdad universal sería posible resucitar la crítica de la ideología; es decir, distinguir lo no ideológico de lo ideológico. No es fácil ver bien cómo la distinción de "lo real" opera en la práctica, de qué manera ayuda a distinguir lo ideológico de lo no ideológico en situaciones concretas. Porque, si bien puede no requerirse un punto de apoyo externo a la realidad, de todos modos habrá alguien desde alguna perspectiva que designará los elementos que apuntan al carácter antagonista del sistema y fijará cuáles son. Pero, ¿qué valida su acceso a lo real?: el haber logrado encarnar la representación de las demandas populares en una lucha hegemónica. Como lo real es un lugar vacío, puede ser ocupado por un proyecto particular que asume carácter universal temporalmente. La idea parece ser que este es el máximo de verdad universal que puede esperarse en nuestros tiempos.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 20/11/2011

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