dimanche 6 novembre 2011

Juan Ignacio RODRIGUEZ MEDINA/ HEGEL y lo sublime


Hegel y lo sublime
Por Juan Ignacio Rodríguez Medina 

Contra los que ven en él al archirracionalista (Deleuze, Foucault), al místico totalitario (Rusell, Popper), al máximo representante del racionalismo machista (Lonzi); en fin, contra "los mitos" en torno a George Friedrich Wilhelm Hegel se lanza Carlos Pérez Soto enSobre Hegel (Lom). Una apología en la que el oyente (el libro tiene la agilidad y el tono de una clase) puede introducirse con pedagogía en el pensamiento -el espíritu, la lógica- de un filósofo que pasa por oscuro.

Es notable como Pérez, por ejemplo, lleva de la mano al lector por laFenomenología del espíritu. El objetivo es claro y rotundo: "... rescatar su obra (y su vida) de las garras del escepticismo y el irracionalismo o, con mucha mayor frecuencia, simplemente de la ignorancia". El autor de la Ciencia de la lógica sería el primer filósofo en pensar con consistencia más allá de la Ilustración y el Romanticismo: contra los que presumen de tal -Pérez habla de "neorromanticismo" o "neoilustración"-, el alemán sería el primer postmoderno; es decir, la vanguardia de aquel pensamiento que va más allá de las dicotomías modernas.

Y si de pensar más allá se trata, Hegel es también uno de los temas deRazón del éxtasis. Estudios sobre lo sublime. De Pseudo-Longino a Hegel (Universitaria), de Pablo Oyarzún Robles. En lo sublime, explica el autor, "se trataría de la manifestación del ente en su totalidad con ocasión de la presentación de un ente singular" (una obra de Shakespeare, digamos).

El libro, que demanda del lector alguna familiaridad con la jerga filosófica, traza una trayectoria que comienza con Pseudo-Longino, y sigue con Edmund Burke, Immanuel Kant, Friedrich Schiller hasta llegar a Hegel. Más allá de las divergencias -como el empirismo de Burke-, hay un rastro común que le permite a Oyarzún hablar de la "unidad ideal de una tradición", que esboza lo sublime como un exceso respecto de la representación sensible. Allí, Hegel sería el "momento decisivo", donde se explicita la determinación dialéctica del asunto o, en otras palabras, donde se presenta lo sublime como inadecuación de forma y contenido, de finito e infinito. Habría en Hegel, entonces, un "pensamiento del conflicto", propio de la tradición citada.

Ese punto, que pareciera emparentar las lecturas que hacen Pérez y Oyarzún del pensador alemán, en realidad señala una divergencia crucial. En el primero la inestabilidad es lo propiamente hegeliano, y la dialéctica hace referencia precisamente a ese sello de lo real. En cambio, en Oyarzún, la irrupción del conflicto a propósito de lo sublime, se sugiere como un "temblor", como algo "no dialectizable", es decir, algo que la dialéctica no puede estabilizar o conciliar. Lo sublime, en fin, haría cierto ruido en la filosofía de Hegel, ruido o discordia que -si seguimos a Pérez- no sería tal.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 30/10/2011

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