dimanche 6 novembre 2011

La generación perdida


La generación perdida

La generación de jóvenes europeos que sobrevivieron a la masacre de la Primera Guerra Mundial resultó mutilada no tan sólo en el cuerpo sino también en el alma. Gertrude Stein acuñó para ellos ese mote indeleble y maldito: "la generación perdida", extraviada irremediablemente en su intento de volver a casa.

En Zipper y su padre , Joseph Roth (1894-1939) despliega otra vez esa habilidad narrativa insuperable para contar la historia de varias vidas entrelazadas: la de Zipper padre, la de Zipper hijo y la de su anónimo amigo de escuela, el discreto narrador de esta historia. Ambientada en la primera década del siglo XX, Roth sigue las vicisitudes de una familia de la pequeña burguesía vienesa -cruzada por la guerra y los males de los tiempos- entretejiendo magníficamente el luctuoso sino de estos tres personajes, aspectados por el mismo y sombrío astro.

Con todo, más que ominoso atestado de desgracia y patetismo, la novela parece impulsada por un anhelo de gratitud y en virtud de ello, por sobre su fondo de tristeza y derrota, Roth construye un relato en el que, al final, redime con piedad a sus protagonistas si bien con un consuelo que puede parecer mínimo y fugitivo.

"Yo no tenía padre. Es decir, nunca conocí a mi padre. En cambio, mi amigo Zipper sí lo tenía". Así comienza Joseph Roth el relato. Desde su perspectiva de un niño (sin padre), el narrador describe, sin jamás ahondar en su propia vida más allá de esa declaración inicial, a su amigo Arnold Zipper, a su familia y, sobre todo, a su padre. De niños los tres pasaban mucho tiempo juntos y él compartía veladas con la familia Zipper y, en esos momentos, "era como si mi amigo me hubiera prestado a su padre. Por eso le estaba tan agradecido, aunque al mismo tiempo me sentía angustiado porque sabía que tendría que devolvérselo, del mismo modo que tenía que devolverle su Robinson Crusoe". La novela es la manera que el narrador halla para, a su modo, que es el modo del escritor, llevar a cabo esa agradecida restitución.

Roth, que ejerció exitosamente el oficio periodístico, es capaz de pintar aquí un fresco de un impresionante realismo en el que la vida y las costumbres vienesas y berlinesas de la época emergen con especial vitalidad. Conoce al dedillo los lugares, las maneras de vestir y actuar y, sobre todo, el lenguaje del mundo en que se ejecuta el destino del "Señor Zipper" y de "Zipper el joven". En un estilo ágil -a pesar de su refinamiento- es capaz de dibujar con extrema concreción y singularidad la identidad de los protagonistas. Nada más alejado de esta novela que los estereotipos. Precisamente el acto de gratitud de un escritor consiste en rescatar la individualidad de cada cual, el sello único de una personalidad, su particular manera de estar en el mundo. La novela de Roth se sustenta en los grandes personajes que construye, grandes no por su importancia social, sino por la profundidad, matices y humanidad que logra imprimirles. Del señor Zipper señala que es una persona a la vez "poderosa y servicial" o "poderosa y singular", pero, en definitiva, el poder que irradia de su figura proviene de un conjunto de minucias, anécdotas estrambóticas, rutinas minúsculas, gestos reiterados o de una inefable forma de reaccionar ejemplarizada con algunos casos, en fin, una acumulación de episodios vitales más que una definición. Y del amigo, Arnold, tan sensible pero no particularmente inteligente en su vida práctica, asimismo, nos deja una secuencia de hilvanadas peripecias entre las que se confunden nobleza y necedad. Es imposible, así, indicar qué es lo que convierte al señor Zipper o a su hijo en personajes tan entrañables. Tratar de encerrar en pocas líneas su enjundiosa sustancia sería traicionar un libro que, entero, es un corriente de palabras calibradas para aproximarnos a esas personas en su singularidad.

En Zipper y su padre Roth claramente busca exculpar a padres e hijos. Ambos perecen arrastrados por las mismas fuerzas suprapersonales en un mundo "que sólo avanza gracias al peso puro y duro de las masas, y no gracias a la energía espiritual de los individuos".

Arnold, en quien su padre confió un destino espléndido, termina tocando el violín (para lo cual tenía gran talento) en un espectáculo de variedades en el que un payaso interrumpe su interpretación, suscitando las risas del público: "Tu trabajo posee un simbolismo simple y muy explícito a la vez. Representa a la generación de los que regresamos a casa y nos impidieron interpretar papeles, emprender acciones, tocar el violín... Intenta seguir tocando en vano, que yo no dejaré de escribir en vano". Lo que hoy puede ser un sino absurdo, en algún futuro perdurará como un lejano eco de esas generaciones perdidas.

Joseph Roth (1894-1939)

fue un novelista y periodista austríaco de origen judío. Escribió con técnicas narrativas tradicionales varias novelas de calidad como La rebelión (1924), Fuga sin fin (1927) o La leyenda del santo bebedor (1939). Su obra más conocida es La marcha Radetzky(1932), que describe a una familia durante el ocaso del Imperio austrohúngaro. Está considerado, junto con Hermann Broch y Robert Musil, uno de los mayores escritores centroeuropeos del siglo XX.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 30/10/2011

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