vendredi 18 novembre 2011

Tomás SEGOVIA, poeta sin nostalgia



Muere en México a los 84 años el escritor valenciano exiliado al país americano tras la guerra civil
Tomás Segovia, poeta sin nostalgia
Por ELCULTURAL.es 

El escritor de origen español Tomás Segovia, exiliado en México después de la Guerra Civil, ha muerto en Ciudad de México a los 84 años. "Su talento, su sabiduría y su gran humanismo enriqueció la vida cultural de nuestro país desde que llegó aquí arrojado por la Guerra Civil española. Sus dotes de escritor, editor, promotor y formador de literatos lo hacen uno de los intelectuales más queridos por los mexicanos", dijo Teresa Vicenciola, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, organismo encargado de difundir la noticia. 

Segovia, que murió por complicaciones de un cáncer de hígado, había recitado poesía, con voz ronca y tos, hace apenas unos días, el 16 de octubre, en un homenaje en el Palacio Nacional de Bellas Artes junto al poeta argentino Juan Gelman. Nacido en Valencia el 21 de mayo de 1927, llegó a México en 1940, donde entabló amistad con figuras como Octavio Paz. Ha vivido más tiempo fuera de España que en ella. Emigró con su familia a una edad demasiado temprana como para sentir nostalgia, por lo que rechazó la inclusión de su obra en el saco de la "poesía del exilio". En una entrevista reciente en Elcultural.es Tomás Segovia afirmaba: "Yo no quiero que se juzgue mi obra como la obra de un exiliado, sino de un hombre, como si fuera mujer no quisiera que se juzgara mi poesía como poesía de mujer, sino de poeta". Para él el exilio fue su "condición, o sea lo que con espíritu romántico trata uno de convertir en un 'destino'. Pero aceptar nuestro 'destino' es justamente no utilizarlo en provecho propio."

Fue director de la Revista Mexicana de Literatura y profesor en la Universidad Autónoma de México, su país de adopción, y más tarde en Princeton (Nueva Jersey, Estados Unidos). Aunque ha cultivado también la narrativa, el ensayo y el teatro, en su haber literario predomina la poesía, incluyendo su último libro, Estuario. En 2009 publicó el primer volumen de sus cuadernos de notas -que no memorias-, El tiempo en los brazos. Entre sus obras figuran tambiénApariciones (1957), Cuaderno del nómada (1978) y Cantata a solas (1985), Otro invierno (2001), Salir con vida (2004), Día tras día (2005).

De él escribió en El Cultural el crítico Joaquín Marco: "Poeta culto y cultivado, y excelente traductor. Es poeta de excelente oficio y nada hay en sus versos que no sea fruto de la reflexión sobre un consciente quehacer y la consecuente forma de desarrollarlo". Segovia fue galardonado con el premio Xavier Villaurrutia en 1972, el Octavio Paz en 2000, el Juan Rulfo en 2005, el Premio de Extremadura a la Creación en 2007 y el Federico García Lorca de Poesía 2008.

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Tomás Segovia
"Presumir de estar siempre evolucionando es una cursilería"
 Por Fernando DÍAZ DE QUIJANO

Hoy leerá poemas de su libro 'Estuario' en la Librería Rafael Alberti de Madrid, dentro del festival VivAmérica.

Tomás Segovia (Valencia, 1927) ha vivido más tiempo fuera de España que en ella. Emigró con su familia a una edad demasiado temprana como para sentir nostalgia, por lo que ha rechazado la inclusión de su obra en el saco de la "poesía del exilio". Fue director de la Revista Mexicana de Literatura y profesor en la Universidad Autónoma de México, su país de adopción, y más tarde en Princeton (Nueva Jersey, Estados Unidos). Aunque ha cultivado también la narrativa, el ensayo y el teatro, en su haber literario predomina la poesía, incluyendo su último libro,Estuario. En 2009 publicó el primer volumen de sus cuadernos de notas -que no memorias-, El tiempo en los brazos. Segovia fue galardonado con el premio Xavier Villaurrutia en 1972, el Octavio Paz en 2000, el Juan Rulfo en 2005, el Premio de Extremadura a la Creación en 2007 y el Federico García Lorca de Poesía 2008.

Pregunta.- Hace tres años hizo también una lectura en Librería Alberti en el marco del festival VivAmérica. ¿Qué ha cambiado en usted en este tiempo?
Respuesta.- A mi edad lo único que cambia visiblemente es la salud. Además a mí, desde muy joven, eso de presumir de estar siempre cambiando y "evolucionando" me parece una cursilería moderna. Tampoco en eso he cambiado. La evolución no es eso.

P.- En Estuario alude constantemente a la ligereza, a flotar con la corriente ("Horas sin sombra y sin residuo / en las que el mundo basta"). ¿Se es más feliz sin raíces fijas?
R.- Se es feliz o infeliz con raíces fijas o sueltas, pero en todo caso más probablemente si se pone en regla con su condición.

P.- Usted combate la etiqueta de "poeta del exilio". ¿Qué peso tiene entonces el desarraigo en su vida y su obra, si es que tiene alguno?
R.- Bien dicho: la etiqueta. El exilio es mi condición, o sea lo que con espíritu romántico trata uno de convertir en un "destino". Pero aceptar nuestro "destino" es justamente no utilizarlo en provecho propio, incluyendo el provecho de tener con eso una bandera, una justificación, una reclamación o lo que llaman una "identidad". Dicho de otra manera: yo no quiero que se juzgue mi obra como la obra de un exiliado, sino de un hombre, como si fuera mujer no quisiera que se juzgara mi poesía como poesía de mujer, sino de poeta. Ponerse a la cabeza de algo, incluso en arte o poesía, es siempre buscar el poder y yo creo que la poesía es todo lo contrario del poder.

P.- En Estuario hay una búsqueda de la verdad a través de la naturaleza. ¿La vida moderna nos aleja de esa verdad? ¿Esa relación con la naturaleza tiene algo de místico o religioso?
R.- Sí, creo que el aspecto más dominante de la vida moderna no sólo nos aleja de la naturaleza, sino que la amenaza gravemente, a la vez que un aspecto de esa vida moderna tiene una evidente nostalgia, muchas veces con alarma, de esa naturaleza. Pero "místico" y "religioso" me parecen palabras muy peligrosas, prácticamente imposibles de usar con inocencia. Si se trata de un nivel de reflexión y expresión que busca el sentido radical y de conjunto del hombre y su historia, creo que ese nivel existe, pero los que reivindican la religión y la mística no suelen colocarse en ese nivel, más bien todo lo contrario.

P.- Como dice García Montero, en su poesía se combina la embriaguez con la lucidez. ¿Cómo opera esa dualidad?
R.- Porque tal vez no se trata de una dualidad. Embriaguez aquí no se refiere a la pérdida de lucidez del borracho de alcohol o de drogas, sino a ese soltar amarras y levantarse por encima de los pequeños intereses particulares, ese "flotar" como quien se cierne sobre la vida en su mayor amplitud, que es justamente el sentimiento de la más limpia lucidez.

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Estuario (Poemas 2008-2009)
Tomás Segovia
Pre-Textos. Valencia, 2011.120 páginas, 15 euros
Por TÚA BLESA | Publicado el 27/05/2011

Aunque su figura literaria es la de un escritor plural por su producción en prosa al tiempo que autor teatral y de una muy notable obra ensayística y su tarea de traductor, Tomás Segovia (Valencia, 1927) declaraba en un entrevista que “la poesía es mi destino” y ahí están sus no pocas publicaciones, y los no escasos reconocimientos, que dan fe de que ese destino viene cumpliéndose con brillantez y Estuario, que tuvo ya edición en México en 2010, no hace sino confirmar tal cumplimiento. 

Si según un conocido tópico y citando a Manrique “nuestras vidas son los ríos”, el estuario es el lugar en el que el río, la vida, se acerca a su desembocadura, pero ello no es obstáculo, sino todo lo contrario -y con argumento explícito: “no me sobran los días”-, para que la llamada de la belleza y de las palabras siga sonando y atrayendo al poeta como un anzuelo “que tira de mí cuando menos lo espero”. No puede dejar de consignarse lo que la dedicatoria del libro explica: “Este estuario desemboca en María Luisa”, la compañera, la amada.

La llamada mencionada es también la de la alegría de vivir, que ha de tenerse por uno de los temas centrales de este libro. En efecto, el sujeto que aquí habla lo hace desde una conciencia de pertenencia al mundo, de saberse en “esta pura embriaguez de estar vivo”, de “La dicha de vivir sin vivir casi” tan intensamente se vive cada instante. Así, la vegetación, la noche, una nube..., esas formas del mundo, aparecen como motivo de dicha y punto de partida para el habla. En este sentido es relevante el uso en diversos momentos de la figura de la prosopopeya; así, una ventana “pronuncia”, “Hay días que desean” o “Se ha revuelto en su lecho la noche de verano”, entre otros casos. Esta retórica de la personificación no sería sino una extensión de la intensidad con la que el sujeto vive a cada momento y que hace que todo lo que le rodea se le presente al decir como vivo. También a lo mismo apuntan otros pasajes en los que se vincula la composición a la naturaleza, al mundo, como cuando se dice que es en arbustos de donde se recolectan ”Racimos de palabras” o cómo se lee que las cosas del mundo están ahí para empujar a hablar al poeta, quien acaba por instituirlas como un tú y desear estar entre ellas. Señala todo ello a una interconexión profunda, con su algo de misteriosa, una especie de comunión, entre lo humano y todo lo demás. Esa alegría de estar vivo no ciega, por otra parte, los reveses de la vida y ha de mencionarse la experiencia del exilio. Queda aludido en “Crónica”, pero ello no es obstáculo para que en ese mismo poema se celebre cómo la contrapartida fue la libertad.

Los poemas son siempre rítmicos y con un lenguaje sin oscuridades, todo en función de expresar y transmitir la emoción que es en esta poética lo que da sentido al texto. Escritura, en fin, del gozo que ofrece el don de una lectura gozosa.

Alto viento

Este alto viento helado
Es eso que en el mundo
Nunca podría corromperse
Así de transparente y fría
Debe de ser la sangre de los ángeles niños
Este soplo nos llega desde claras montañas
Sin más edad que su impecable altura
Que nunca entraron en la historia
Y ahora corre por aquí a empellones
Sin poder aguantar las ganas
De volver a empezarlo todo
Y su frío al asalto de tu cara
Te prepara a encarar todas las ráfagas
A rostro descubierto
Y no permitirá ni un solo instante
Que te distraigas de estar vivo.



Presencia

Abro mi puerta y no es que entre
En un verano de dulzura inesperada
Sino que me zambullo en su marea
Y voy flotando a la deriva
Dichoso como un tronco en el torrente

Cómo decir que hay horas
Que no es que lleguen empujadas por el tiempo
Es que en él se presentan
Se dan a ver en todo su presente
Como si se pudiera respirar
En torno a ellas como un halo su presencia
Horas sin sombra y sin residuo
En las que el mundo basta
Abro mi puerta y abro ese rostro del mundo
Al que nunca podremos dar la espalda.

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Día tras día
Tomás Segovia
Pre-textos, 2005. 68 págs, 10 e. Recobrar el sentido. Trotta, 2005. 144 págs, 17 euros
Por Joaquín MARCO | Publicado el 24/11/2005

Tiene razón Tomás Segovia (nacido en Valencia en 1927 y ya a los 10 años en exilio itinerante: Francia, Marruecos, y finalmente México, donde vivió hasta 1984) cuando afirma que es poeta mejor conocido en México que en España, donde nació y reside de nuevo, aunque nunca haya renunciado al país de acogida.

Porque Tomás Segovia no es tampoco, como apunta en algunos de sus ensayos, un escritor exiliado, pese a que buena parte de su vida haya transcurrido en los ambientes del republicanismo mexicano. Día tras día es un poemario que reúne su producción más reciente, a modo de dietario íntimo, aunque pocas veces autobiográfico. Segovia es poeta de una considerable obra publicada; uno de nuestro mejores líricos, que se va afinando y tornando esencial, casi juanramoniano también en este proyecto, a medida que gana en años y podamos advertir alguno de los rasgos de la poesía de la senectud que advirtiera en la generación del 27 Díez de Revenga.

Editor de su propia producción, que reparte por suscripción entre sus amigos, es poeta culto y cultivado, y excelente traductor. Su estética deriva aquí del simbolismo, pero, dominador del oficio, no hay en sus versos una palabra injustificada. Es poeta de excelente oficio y nada hay en sus versos que no sea fruto de la reflexión sobre un consciente quehacer y la consecuente forma de desarrollarlo.

Tomemos, por ejemplo, el inicio del poema “Matinal” (pág. 45): “En el parque que está desperezando/ Sus soñolientas ramas en la luz intocada/ Los pájaros no buscan todavía/ Ser palpitantes flechas/ Se arremolinan danzan se mecen deslumbrados”. El poeta describe la primera luz del día, pero nos sitúa en un ambiente poéticamente ligado al Modernismo/Simbolismo: el jardín en el amanecer y los pájaros. El tema no deja de ser tradicional: su belleza formal es consecuencia de un adecuado uso de la imaginería. La desaparición de los signos de puntuación en todos los poemas del libro no puede producir confusión alguna al lector obligado a una única y posible lectura por el significado mismo: “Se arremolinan, danzan, se mecen deslumbrados”. No hay otra. Su vitalismo puede recordarnos a Gil Albert, aunque aquí se perciba, además, ciertas dosis de melancolía en poemas como “Reverdecer” o “El añorante”. Segovia se sitúa siempre entre un aquí y un “allá” geográfico y temporal y ambos le son propios.

Lo descubriremos de manera fehaciente en los ensayos reunidos en Recobrar el sentido. Divididos en cuatro partes (“El tiempo apalabrado”, “Sentidos recobrados”, “Lecturas” y “Acercamientos”) todos los textos son posteriores a 2001. “Ninguno de los textos que forman este libro habla explícitamente de un tiempo apalabrado o de un sentido recobrado, pero en todos ellos está implicada una relación del tiempo con el sentido”, explica al justificar la primera parte aunque, de hecho, lo haga del conjunto. Resulta, pues, una colección, que, pese a su diversidad, posee un sistema unitario de situarse frente a temas como la naturaleza misma del transtierro.

El primero de los ensayos (que reúne “Con los mejores deseos”, “Después de Zambrano” y “Divino tesoro. Cernuda y sus muchachos”) lleva por acertado título “Platón a la vista” y, en efecto, hay un común aliento platónico en los tres, pese a su diversa naturaleza. Cuando analiza las circunstancias de determinados escritores contemporáneos y huye de generalizaciones resulta aún más interesante. Por ejemplo, sus reflexiones sobre el significado del exilio, frente a la conspiración, cuando enfrenta las actitudes de Max Aub y Jorge Semprún. No podían faltar textos sobre Don Quijote o Villaurrutia. Cabe agradecer también sus “Reflexiones sobre el verso” que han de ser útiles no sólo a los críticos y poetas, sino a cualquier interesado por la poesía (de nuevo la falsa oposición entre la culta y la popular . Y no falta tampoco la breve y sentida nota sobre Gaya.

Los ensayos de Tomás Segovia, aunque en ocasiones se muevan entre oscuridades, deslumbran de pronto con las ideas, con transgresiones e indudables aciertos. Poco más puede pedirse a un ensayista que nunca abandona su condición de poeta en permanente ejercicio, más nuestro, de todos, que nunca. 

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Salir con vida
Tomás Segovia
Pre-Textos. Buenos Aires-Valencia, 2004. 84 páginas, 11 euros
Por Joaquín MARCO | Publicado el 17/06/2004

El nuevo libro de Tomás Segovia (Valencia, 1927, aunque exiliado en México, donde escribió buena parte de su generosa obra, reunida en el año 1976) viene ofreciendo su obra escrita en el sur de Francia o en España.

Se trata de los libros Partición (1983), Lapso (1986), Orden del día (1988), Noticia natural (1992), Fiel imagen (1995) y Misma juventud (2000). Durante su estancia en aquel país fue profesor del Colegio de México, traductor, ensayista y se mantuvo en la órbita de las revistas y la influencia intelectual de Octavio Paz. Tras su regreso a España, vendría a confirmar la frágil frontera que separa la poesía española de la hispanoamericana, si algunos creen que existe, porque, pese a una natural evolución, descubrimos en él la continuidad de su voz poética. La naturaleza del exilio, de algunos poetas menos conocidos de lo que deberían serlo, no posee las mismas connotaciones de quienes partieron de España, tras la guerra civil, con una obra hecha o ya iniciada.

Ahora, en su último libro, Salir con vida, divide los poemas en tres secciones: la primera da título al libro y consta de un largo poema; la segunda “Días después” está formada por treinta y cinco poemas y la tercera, por doce más y otro poema extenso, “Horas libres”, que viene a cerrar el círculo que se abría en parecido tono. Su poesía nos llega ahora anclada en algunos temas recurrentes: la luz, la vida, el tiempo. La han tornado más reflexiva, más madura, menos circunstancial, más esencial, aunque no menos humana, heredera, en parte, de la metafísica de Juan Ramón Jiménez.

A mi entender los dos poemas extensos (recordemos a propósito la consideración de Paz al respecto), sin ser desmesurados, nos ofrecen una arquitectura y una trabazón que refleja la maestría, basada en la experiencia, de un gran poeta. En “Sobreviviéndome” descubrimos, además de algún rasgo autobiográfico, el desamparo o la angustia -tan característica del anterior existencialismo-. No sólo el poeta narra la nostalgia del pasado, sino que dice desconocerse en lo que ahora es y no desea otra existencia. Los “Días después” son poemas fechados que corresponderían a un diario quebrado y personal, iniciado en Madrid el 24 de julio de 2000. Son poemas atentos a las estaciones y a las transformaciones paralelas que se producen en el interior del poeta. éste integra el paisaje al estado de ánimo y recorre meses y cielos. Algunos poemas anota que fueron fruto de viaje en tren o en avión, como “El viejo maestro”, sabedor de aciertos y de lograr, con una excelente economía verbal e imaginaria, la belleza expresiva.

Partidario, en ocasiones, de la utopía que se despierta con la humildad de “unas túnidas hojas de cantueso/oliendo bien con más pudor que nunca”, no deja de lado la sátira cuando conviene, o el juego fonético. Se ha servido también de escenas costumbristas, recuerdos y, especialmente, paisajes íntimos. El poema largo “Horas libres” mantiene el tono auto- biográfico y reflexivo, inscrito desde la luz del verano, incidiendo en el vitalismo.

Tomás Segovia posee un léxico generoso, una musicalidad sin tacha, un devenir poético ordenado, una lucidez moral que corresponde a la sabiduría del poeta que ha escrito tanto y tan bien. Entiende que “es verdad que he tenido otras vidas/ pero esos días míos cumplieron una vida/una vida trazada como el arco de un astro”.


CENTINELA 

De dónde viene esta bondad del tiempo
Que esponja su plumaje tenue
Como para flotar y pierde peso
Como quien pierde sombra y
hosquedades
Y se demora y se demora abandonado

¿Será la sombra del amor
Que cruza en su pausada órbita
Por mis altas regiones hiperbóreas
Callado centinela pensativo? 

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Otro invierno
TOMÁS SEGOVIA
Pre-textos. Valencia, 2001. 204 páginas, 2.200 pesetas
Por Joaquín MARCO | Publicado el 19/12/2001

Tomás Segovia (Valencia, 1927) ha realizado su obra entre el exilio de México y España (con estancias en los EE.UU. y el sur de Francia). Figura en las antologías poéticas mexicanas, dada su vinculación a aquel país y su estrecha relación con Octavio Paz, aunque bien podría incluirse entre los poetas españoles. Segovia, uno de los más valiosos poetas actuales, ha cultivado la prosa. Su obra narrativa no es prolífica. Hasta ahora constaba de tres libros, al que habrá que sumar ahora Otro invierno, donde reúne 14 relatos. 

Se ha repetido hasta la saciedad que la mejor prosa es la de los poetas que la cultivan. Como cada tópico, tiene sus excepciones, pero la distancia que va del relato al poema es relativamente corta. Segovia se sirve de la prosa hasta dotarla de la premiosidad y elegancia que sustentan los retratos, los análisis psicológicos y las situaciones que plantea. Otro invierno posee cierta morosidad proustiana. El conjunto no está concebido para una lectura rápida, sino que merece atención y reposo.

En “Estas ruinas que ves”, por ejemplo, la anécdota de la adopción de un gato lleva al desastre sentimental. Sus supuestos resultan aparentemente menores, porque el autor huye de lo melodramático. Sin embargo, convierte en complejas situaciones aparentemente sencillas. Sus personajes predilectos son los femeninos. Sabe extraer de ellos más sutileza, más complejidad, algún misterio, mera apariencia, como en el excelente “La mina”. Aceradas observaciones contrastan con el medio en el que se desarrolla la acción, de un realismo casi galdosiano, de clase media, de cierta vulgaridad ambiental. Tampoco ha de faltar alguno que no disimula sus orígenes autobiográficos, como el apasionado “Combustión interna”. El protagonista es un niño de once años que vive con su madre en Perpiñán, tras la guerra civil española, esperando a un padre. Segovia es un gran poeta amoroso, y en alguno de los relatos, “Confesión de un incurable”, la incapacidad de amar -por razones que no conviene desvelar aquí- constituye su núcleo. Será también el amor de “Muñeca” núcleo de una muy compleja inspiración.

Bucea el autor en los sentimientos, no sin ironía, y tampoco evite el erotismo, como en “Piadoso recuerdo”. Resultará, sin embargo, de una compleja sutileza su brillante colofón. Segovia navega por los recovecos del alma, recreándose en detalles, contradicciones, la fundamentada reacción ante la naturaleza o en lo cotidiano. Libro que no es estilismo, sino afán por desentrañar a través del lenguaje: partir de lo simple, porque la simplicidad contiene lo complejo, como en “Diatomea”, otro de sus ejemplares relatos. 


Articulo : http://www.elcultural.es 08/11/2011

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