samedi 10 décembre 2011

Amelia CASTILLA/ Una tribu de letras


ANÁLISIS: LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
Una tribu de letras
Por Amelia CASTILLA 

Fantasía o realismo, pero con mucha acción. Los superexcitados niños del siglo XXI se decantan por novelas de iniciación entre las secuelas de Harry Potter o las cuestiones pegadas a la vida. La literatura juvenil apenas sufre la crisis.

Unos son partidarios de El señor de los anillos y otros flipan con Harry Potter. Hobitts o aprendices de magos en Hogwarts gritan y corren como descosidos. Claro que enamorarse de un elfo puede mitigar la soledad en el patio. La imaginación es un arma invencible, tanto que puede convertir el recreo en algo soportable, mientras los demás juegan y comparten bocadillos en el patio del colegio. No importa que cuchicheen a su lado o que los chicos se metan con ella. Bien pensado mejor epatar contando que su elfo le ha besado y que juntos se han ido a dar un paseo por el bosque. A veces, los amigos también juegan con ella a internarse en el bosque. Pero no resulta tan fácil para los menos soñadores, se empieza cerrando los ojos y concentrándose mucho. Mejor con la luz apagada y la puerta cerrada de la habitación. "He visto una fuente ¿estoy cerca?", grita uno de los que buscan, sin suerte, iniciarse en los mundos ocultos, mientras en el iPod suena la voz de Lennon en una versión de Imagine. El espacio de la cocinita lo ocupa ahora una mesa nueva donde hacer los deberes y en las estanterías, a las aventuras de Stilton y Kika Superbruja se van sumando tomos heredados de las aventuras de Los Cinco, el cómic Persépolis y la trilogía Memorias de Idhún, entre otros títulos. En el colegio ya han leído El Lazarillo de Tormes, el Quijote o La Eneida. Los besos con príncipes azules, las luchas contra dragones en un mundo mítico más unas dosis de intriga imprescindible, que en un momento dado les puede acercar a la novela negra, forman parte del imaginario literario de una buena parte de los lectores de entre 10 y 13 años. En esa edad, el 100% lee por estudios, un 82,6% lee en su tiempo libre y de ellos el 77,1% lo hace diaria o semanalmente, según el barómetro de hábitos de lectura del Gremio de Editores.

En esa edad, en la que el cuerpo ya ha empezado a transformarse, su voz suena más grave y se sonrojan por cualquier bobada, un 48% lee revistas, un 26,7 tebeos y un 22,5% periódicos. "A los niños les gusta seguir las modas; la diferencia no resulta nada gratificante cuando estás creciendo. Ellos quieren lo mismo que sus compañeros y si se identifican con el personaje, cuando acaben con un libro buscarán la continuación", asegura Ester Blasco, profesora de Lengua del madrileño colegio Estilo.

La adolescencia, en lo que tiene de cambio físico y psicológico, forma parte de la misma esencia literaria. Ahora se lleva un género híbrido compuesto por sagas interminables que suceden en submundos de leyenda con una épica con cierta reminiscencia de la Edad Media, aunque se trate de lugares inventados. Entre los alumnos de este colegio privado se cuentan los chicos que siempre tienen un libro de ficción en la mochila y los que no los tocan y, en este último caso, no se debe a falta de estímulos. Los padres, cuya economía aún no ha saltado por los aires, se apresuran a comprarles los títulos que piden, más lo que ellos creen que les vendría bien leer, pero ¿los leen? Por su experiencia la profesora lo duda. "Los buenos lectores devoran los libros, pero no creo que lleguen al 10%". Surgen también casos excepcionales de niños de primaria leyendo títulos como Rojo y negro o Caperucita en Manhattan.

Como en otros aspectos de la vida, existen dos bandos bien diferenciados. Frente a los que no leen nada, emerge una generación que lee por todos los demás y un estadio intermedio, con un promedio de lectura de entre cinco y seis libros al año. En otro equipo juegan los que optan por una solución nueva y se quedan en el cómic, que para ellos tiene una recompensa inmediata a través de los dibujos y de un lenguaje exagerado. Expertos del sector editorial apuntan que en la fase siguiente, los jóvenes de entre 14 y 24 años el porcentaje de lectores baja al 68,9%. Una franja en la que el tránsito de una etapa a otra de la vida se hace más evidente y un tiempo en que las narraciones, cuyo desenlace lleva consigo la transformación del personaje, se leen como medicina para el alma. ¿Funciona entonces un término tan ambiguo como literatura juvenil? La librera Ana Escarabajal aconseja cualquier título que acabe por entregarlos en brazos de la literatura para adultos, en un abanico que abarca clásicos como El guardián entre el centeno, El niño con el pijama de rayas o una historia recientísima como Rumble de la dibujante Maitena, con todos los ingredientes para ser considerada como una novela de iniciación.

En el otro lado, se ubica los que huyen de la lectura, casi un 40%. Estos últimos, aparentemente, se conforman con el ordenador y el cine, algo que acabará por pasarles factura. "La ausencia de lectura revierte en la escritura y el lenguaje, que son los elementos que conforman el aprendizaje. Llegarán a la universidad sin saber construir frases, carecerán de vocabulario y no sabrán expresarse", concluye la maestra de Lengua.

Los hijos de padres lectores (8 de cada 10 de entre 6 y 14 años) leen una media de 3,3 horas semanales. Para ese círculo Harry Potter o El señor de los anillos juegan el papel que las aventuras de La isla del tesoro o las obras de autores como Julio Verne ejercieron sobre generaciones anteriores. Educados con la Wii o la Play Station, habituales del Rincón del Vago, habilísimos en manejar buscadores en Internet y acostumbrados a chatear, los jóvenes del siglo XXI necesitan novelas de aprendizaje que se pueden ver más que leer. Siguiendo esa máxima buscan lecturas donde pasen muchas cosas, y donde la cuestión sexual, con o sin resolver, ocupe una parte importante. La nueva literatura juvenil está a la altura de los tiempos que corren; más que divertir y formar se escribe para estimular al instante y en el momento. La educación tampoco se enfoca a potenciar la reflexión. Fuera de clase van sobrecargados de actividades paralelas. Forman parte del mundo de locura de los adultos. Sin tiempo para aburrirse.

Todos los datos apuntan que la literatura infantil y juvenil sufre la crisis editorial con menor intensidad. Autores de éxito, como Stephenie Meyer, autora de la saga Crepúsculo, Christopher Paolini -su nuevo título de la serie Eragon, Legado, se puso a la venta en noviembre en Estados Unidos con una tirada de dos millones y medio de ejemplares y ahora sale en español con 100.000 copias - o J. K. Rowling, ayudan y mucho a que las cuentas cuadren a final de año. La publicación de novedades de algunos de estos autores de culto se rodea de una parafernalia animada por las redes sociales y las webs de las editoriales: información puntual del estado de la novela y los capítulos que van escritos, pormenores de los protagonistas, detalles de la nueva portada para, a medida que se acerca la fecha de salida, ir lanzando mensajes de "falta menos de una semana", "apenas un par de días"..., todo ello trufado con entrevistas e información de la vida del autor y, por supuesto, encuentros físicos de fans.

Los datos en el sector resultan alentadores. Según el Gremio de Editores, un 12% de la venta se corresponde con el género infantil y juvenil, pero la facturación supone casi las tres cuartas partes del mercado interior. Los datos de 2010 sitúan las ventas en 228,23 millones de ejemplares. El precio medio de un título para adultos ronda los 12 euros frente a los 8,89 de los infantiles.
El panorama actual todavía es consecuencia de revolución literaria que estalló en 1997, cuando la editorial Salamandra adquirió los derechos de Harry Potter y la piedra filosofal. Las aventuras del joven mago dieron un vuelco a las costumbres de los adolescentes. De las historias de poco más de un centenar de páginas con argumentos que contaban con el visto bueno y asesoramiento de profesores y psicólogos, pasaron a una saga de más de trescientas páginas por título. El éxito, como ocurre siempre, fue de los lectores, pero las editoriales no perdieron la ocasión de convertirlo en negocio. Leyeron los siete tomos de la saga de curso en curso -solo en España se han vendido seis millones de ejemplares y otros tantos en América Latina- y crecieron con el personaje; muchos agotaron con esa lectura su primera juventud y de ahí se entregaron a otros géneros.

Con el éxito del joven mago creció también el poder del marketing como pieza clave del lanzamiento de los libros hasta el punto de identificar lo más vendido con lo mejor. Ahí mismo, las empresas creyeron descubrir un filón argumental en lo que se denomina como fantasy y que no ha parado de crecer desde entonces. Antonio Rodríguez Almodóvar, recopilador de cuentos antiguos, considera el fenómeno como literaturaprêt-à-porter. "Funciona porque hay mercado, pero no creará lectores, solo consumo ocasional. La literatura debe tener la pureza de lo espontáneo, no se puede diseñar. Todo se queda en pasarlo bien, no se trata de libros que formen". Entre tanto, las editoriales siguen debatiéndose entre el reino de los vampiros y la moda de lo políticamente correcto, centrada en la educación en valores.


Góticos y épicos
- Temerario. El imperio de marfil.
Naomi Novik. Traducción de José Miguel Pallarés. Alfaguara. Madrid, 2011. 481 páginas. 17,95 euros.
- El secreto de Lucia Morke / El secret de Lucia Morke.
Inés MacPherson. La Galera. Colección Luna Roja. 257 páginas. 16,95 euros.
- El joven templario. Huérfano del destino
. Libro III. Michael P. Spradlin. Traducción de María Jesús Asensio. Bruño. Madrid, 2011. 298 páginas. 15 euros.
- El joven Sherlock Holmes. La joven desaparecida.
Shane Peacock. Traducción de Susana Andrés. Almadraba. Madrid, 2011. 386 páginas.17,90 euros.
- Escuela de frikis. El examen final.
Gitty Daneshvari. Ilustrado por Carrie Gifford. Traducción de Laura Manero. Montena. Barcelona, 2011. 282 páginas. 15,95 euros (electrónico: 10,99).
- El ladrón del rayo (Percy Jackson y los dioses del Olimpo)
. Rick Riordan. Traducción de Libertad Aguilera Ballester. Salamandra. Barcelona, 2011. 288 páginas. 14,50 euros (tapa blanda: 12,50; novela gráfica: 136 páginas. 17 euros).
- Cielo Rojo.
David Lozano Garbala. Ediciones SM. Madrid, 2011. 475 páginas. 17,95 euros.

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Sueños, mitos y leyendas
Por Christopher PAOLINI

La fantasía es un género inmenso, que lo abarca todo, y me encanta. A partir de él un autor puede contar casi cualquier tipo de historia. Después de todo, La Odisea y La Ilíada son obras de fantasía, también Beowulf, El sueño de una noche de verano, Cien años de soledad, Harry Potter y muchas otras, libros y películas sin relación aparente.

Yo escribo fantasía épica. Escribo esas historias que los humanos han estado contando desde el principio de los tiempos y que, creo, seguiremos contando mientras existamos. ¿Por qué han perdurado estos cuentos? Porque se ocupan de temas universales: hablan de hacerse mayor, de grandes viajes y aventuras en lugares desconocidos, y de cuestiones de moralidad y mortalidad. Todos hemos experimentado este tipo de cosas en nuestras propias vidas y, si bien una novela de fantasía puede tender a exagerarlas, siguen siendo elementos con los que cualquier persona se puede identificar, independientemente del lugar y del momento en el que viva. Por supuesto que hay tendencias dentro del género. Actualmente los vampiros y los hombres lobo son los más populares. Pero no son más que la fachada de un edificio que esconde mucho más. Y ese edificio sigue siendo el mismo. La fantasía nos permite externalizar algo que, de otro modo, nunca saldría a la superficie. Por ejemplo, si un personaje tiene miedo a las arañas, en una fantasía puedo hacer que se encuentre con una araña gigantesca para así obligarlo a enfrentarse a su miedo de una forma mucho más visceral que en la ficción realista. De hecho, creo que la fantasía suele ser más precisa a la hora de describir el mundo que nos rodea que la ficción realista. Las vidas que llevamos en nuestras cabezas están llenas de imposibles: imaginaciones desenfrenadas y emociones intensas que definen nuestra forma de ver el mundo. La fantasía trata directamente con esas imaginaciones, algo que ningún otro género puede hacer, quizás con la excepción de la ciencia-ficción. No obstante, hay una diferencia entre la fantasía y la ciencia-ficción. Cuando la ciencia-ficción rompe las leyes de la física trata de proporcionar una explicación razonable que justifique por qué esa ruptura puede ser posible (y, por tanto, en realidad no supone quebrantar el orden natural). Cuando la fantasía rompe las leyes de la física su única explicación es "porque" o "es mágico". A un observador indiferente puede parecerle que no es para tanto, pero se trata de una fisura fundamental en la filosofía de ambos géneros. La fantasía se ocupa de los sueños, los mitos y las leyendas, y no tanto del funcionamiento exacto del universo físico. En cambio, la ciencia-ficción se nutre de nuestra inagotable curiosidad por la naturaleza de nuestro entorno, así como de nuestra constante cavilación en torno a lo que podría ser. Dicho esto, ambos son géneros de sobrecogimiento y asombro, y si tuviera que limitarme a ellos, seguiría siendo un escritor feliz. No es que no quiera escribir historias de otros géneros en un futuro. Quiero. Pero cualquier historia puede narrarse desde el mundo de la fantasía o la ciencia-ficción, y un escenario imaginario suele insuflar nueva vida y energía a una historia convencional. Desde ese punto de vista, mi propia serie, el ciclo El legado, puede considerarse una ficción histórica de una época y un lugar que nunca existieron. Precisamente así es como he abordado la serie, como si estuviera documentando algo que ya había pasado. Además, también traté, sencillamente, de contar una historia entretenida. Legado, el cuarto y último libro del ciclo El legado, encierra un montón de cosas emocionantes: humor, batallas, aventura, amor verdadero y, por supuesto, dragones. No será el último libro que escriba sobre el mundo de Eragon, pero sí que es el final de esta historia concreta. No esperaba que terminar este libro me fuese a afectar tanto, pero cuando escribí la última escena, la última página, me sobrevino una corriente de calor y empecé a temblar como si estuviera resfriado. La sensación fue tan intensa que tuve que dejar de trabajar en las últimas frases -aunque sabía que no estaban del todo bien- y retomé la tarea semanas después, terminada la edición. Apenas cambié nada. Sólo añadí una palabra: oscuro. Pero ese único adjetivo lo cambiaba todo. Hacía que la frase fuese perfecta. Estoy muy orgulloso de la serie completa, pero especialmente de este cuarto y último libro, Legado. Creo que es lo mejor que he escrito y espero que a los lectores les parezca un final apropiado y sorprendente para la historia.

Traducción de Virginia Collera. Christopher Paolini (California, 1983) acaba de publicarLegado / Llegat (traducción de Carol Isern y Jorge Rizzo / J. Vidal i Tubau, P. Bombardó y C. A. Saburit. Roca Editorial. Barcelona, 2011. 809 páginas. 24 euros).

Articulo : http://www.elpais.com 10/12/2011

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