dimanche 18 décembre 2011

Daniel FERMÍN/ El escritor y sus fantasmas


La escritura negra es un oficio invisible que tiene autores en Venezuela
El escritor y sus fantasmas
Por Daniel FERMÍN 

Roman Polanski ya lo reflejó en su penúltima película (El escritor fantasma, 2010): un ministro británico contrata a un autor para que le escriba sus memorias con el nombre del primero. El mundo editorial está lleno de casos así, de redactores que gozan de invisibilidad bajo las firmas de otros.

Los escritores fantasmas no asustan. Tampoco están con sábanas blancas encima, diría Gustavo Valle. Los llamados escritores negros sólo escriben para un tercero. Le facilitan el trabajo a personalidades que se les dificulta plasmar sus ideas en el papel. Y Venezuela no está exento del tema. Figuras de la televisión que publican libros que no son suyos, políticos que dejan sus biografías en manos ajenas. Ellos le encargan sus textos a profesionales. 

Valle, un venezolano radicado en Buenos Aires, tiene experiencia en ese tipo de escritura. Hizo cinco libros así. En España, una editorial lo contrató para varios encargos. También cumplió servicios en Venezuela y Argentina. "Yo me lo tomaba con un trabajo común y silvestre. Se cumple con algo para recibir una remuneración a cambio", dijo el ganador del Premio de la Crítica a la Novela de 2009, con Bajo tierra. 

El caraqueño no sufrió las peripecias del personaje que interpretó Ewan McGregor en aquel largometraje de Polanski. La escritura negra suele ser más común de lo que se cree. "Es un tipo de trabajo que, por lo menos en España, amerita una industria editorial", indicó el también poeta, que en su país natal le escribió a un personaje ligado a la política. "Fue a través del mismo autor que me contactó. Bueno, del supuesto autor", recordó Valle. 

Y en suelo nacional hay muchos que se dedican a ello. O que, como mínimo, alguna vez lo han hecho. Como Rafael Osío Cabrices. "Yo lo hice una vez, pero no puedo decirte con quién. Pasa que hay varios tipos de personas que tienen un conocimiento o una experiencia que compartir o contar, pero no saben escribir. Ahí entra uno a hacer su papel", explicó el comunicador social. 

Al periodista, que bajo su firma ha publicado libros como Salitre en el corazón, guarda -como todos los escritores fantasmas- la identidad de su cliente. Es un acuerdo tácito entre ambos. La confidencialidad es un asunto sagrado. "Era un profesional que sabíamos que era un especialista en su área", contó Osío. "Aquí, en Venezuela, hasta las editoriales encargan ocasionalmente trabajos así", agregó el caraqueño. 

Y tiene razón el periodista independiente. "El tema de los escritores negros es normal en el mundo editorial. Hay personajes que acuden a un escritor para que los apoye en la elaboración del libro por un tema de tiempo, o de capacidad. Pasa no sólo en Venezuela, sino en todo el planeta. No es bueno ni malo, es una parte de los procesos editoriales", dijo Mariana Marzuk, editora de Santillana. 

Para las editoriales, el escritor fantasma sólo es un apoyo. "El libro, para nosotros, lo escribe el autor que lo trae. Y se trabaja con el texto que trae. No se involucra al negro. Aunque depende de cómo se da el trabajo. Hay algunos en los que la editorial misma acude a un negro para ayudar al autor, que viene con una idea, con algunas cosas escritas, con un tipo de trabajo adelantado y el escritor se encarga de completar todo eso", explicó la editora. 

Pese a su cotidianidad, la escritura fantasma es un tema casi tabú en el país. Quizás por temor a que se sepa que tal animadora no escribió su libro o que una colección romántica tiene más autores que no se revelan. Llámelo temor, si quiere. "Los editores a menudo argumentan en su defensa que todo el mundo sabe que los libros de las celebridades están escritos por escritores fantasmas; pero si todo el mundo lo sabe, ¿por qué hacen tan difícil a los lectores conocer quiénes son los verdaderos autores?", se preguntó hace un tiempo Gregory Baruch, abogado estadounidense especialista en asuntos comerciales ycopyright, en el diario Washington Post. 

Osío Cabrices no tiene una respuesta certera para ello. "Yo creo que, incluso en una sociedad como la nuestra, el libro goza de mucho prestigio. Y el hecho de firmar un libro te da un prestigio ante los demás. Creo que se rompe la magia si se reconoce que una persona fue la que escribió ese libro que otro firmó", razonó el autor. 

"Es como si uno intentara conocer al autor de los discursos de un Presidente. Siempre va a haber un misterio porque el autor de esos discursos se supone que tiene que ser el Presidente. También pasa que la persona que trabaja en ese tipo de libros prefiere no aparecer en la autoría. A mí, por ejemplo, no me interesa firmar un libro sobre salud pública porque no soy especializado en eso. Y así pasa con la mayoría de los escritores negros", agregó Valle. 

Historias de fantasmas 

Hay muchos periodistas que se dedican a la escritura fantasma. Milagros Socorro es una de ellas. Armando Coll también. "Yo hago esto por vocación. Y no sólo lo hago, me encanta escribir con las ideas y responsabilidades de otro", dijo la comunicadora social. 

Ella, como el narrador Héctor Torres, se adapta a esas ideas de terceros. "Uno debe tratar de escribir pensando en la voz de la otra persona. De las entrevistas con ella, mantienes su forma de hablar, su cadencia. De alguna manera, escribes que suene a él, o que se parezca a ella", contó Torres, que está en proceso de escritura de uno de esos libros negros. 

Al final, tendrá buena remuneración por su trabajo. "Eso varía mucho. Hay clientes que pagan bien. Aunque siempre va a depender del autor, de que esté dispuesto o no a cobrar por debajo de un encargo de esa naturaleza", explicó el cuentista y novelista. Socorro fue más clara: "No hay que hacerse el tonto, si lo hago es porque es mejor remunerado que el periodismo", dijo la periodista. 

Eso sí, el hecho de que escriba un libro no indica que ese autor negro apoya las palabras de su contratante. "No es que yo suscribo o deje de suscribir lo que ellos digan. Eso es como cuando vas a una modista y le mandas a hacer un tutú. Ella no tiene nada que decirte, sólo lo hace o no lo hace. Yo quiero que me lo haga porque no sé coser. El tutú -aunque lo haga ella- es tuyo, así como el libro es de ellos", dijo Socorro. Y el dinero, de los fantasmas. Un oficio invisible, como muchos. 

Articulo : http://www.eluniversal.com 17/12/2011

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