dimanche 18 décembre 2011

ELCULTURAL.es/ Adiós al aguijón de Christopher HITCHENS




Adiós al aguijón de Christopher Hitchens
Por ELCULTURAL.es

Muere en Houston a los 62 años el periodista y filósofo británico a causa de un cáncer de esófago

El periodista y filósofo Christopher Hitchens murió ayer a la edad de 62 años en Houston (Texas, Estados Unidos), a causa de una neumonía derivada del cáncer de esófago que padecía. Fumador y bebedor empedernido, Hitchens tuvo que interrumpir el año pasado la gira promocional de sus memorias Hitch 22 para recibir tratamiento de quimioterapia.

Como periodista, corresponsal de guerra y crítico literario, Hitchens se labró una reputación por su inteligencia, su mordacidad y sus críticas corrosivas hacia figuras públicas. En su libro de 2007 Dios no es bueno. Alegato contra la religión, Hitchens arremetió contra las principales religiones con su incisivo ateísmo. Argumentaba que la religión es la fuente de toda tiranía y que muchas de las barbaries se han cometido en nombre de la religión.

Hijo de un oficial de la marina británica, Hitchens estudió en la Universidad de Oxford y trabajó como crítico literario para la revista londinense New Statesman antes de trasladarse a Nueva York para ejercer como periodista en 1981. Se estableció en Washington al año siguiente, inicialmente como corresponsal para la revista de izquierdas The Nation. En 2007 obtuvo la ciudadanía estadounidense.

Hitchens era conocido por no andarse con rodeos a la hora de expresar su opinión. En su libro sobre Bill Clinton No one left to lie to, llamó al expresidente de EE.UU. "violador" y "estafador". Una vez se refirió a la madre Teresa de Calcuta como "una fanática enana albana".

Autor de 25 libros, incluyendo obras sobre Thomas Jefferson, Thomas Paine, George Orwell y Henry Kissinger, e incontables artículos y columnas -en una de sus últimas críticas lapidaba a David Mamet-, Hitchens nunca perdió su cáustico humor. "Soy un miembro de la élite del cáncer. Miro por encima del hombro a los que padecen tumores menos graves que el mío", dijo en una entrevista para la CBS en marzo de este año.

En una entrevista de 2010 para Reuters, Hitchens desestimó las críticas por su traslado ideológico de la izquierda a la derecha y por ayudar al expresidente George W. Bush a vender la guerra de Irak al público americano. "Saddam era un enemigo del mundo civilizado y debería haber sido eliminado hace mucho tiempo", dijo Hitchens sobre Hussein. "No me arrepiento de ello en absoluto". Los ataques del 11-S hicieron a Hitchens aún más crítico sobre el poder de la religión en el mundo, y un convencido defensor de la democracia estadounidense.

Articulo : http://www.elcultural.es 17/12/2011

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Hitchens y "el año de vivir muriéndose"

Hace un par de meses, en un vuelo de Nueva York a Xalapa para entrevistar a Martin Amis, leí el capítulo que Christopher Hitchens le dedicó en Hitch-22. Era agudo, brillante, divertido; entregaba un perfil completo de uno de su mejores amigos, en el que hablaba con admiración de los múltiples talentos de Amis (la escritura, la seducción, los juegos de palabras) a la vez que no se cortaba a la hora de mostrar sus desaveniencias (el libro que Amis había escrito sobre Stalin le parecía deplorable). Era lo mejor que había leído sobre Amis en mi preparación para la entrevista.

Dio la casualidad que, en el bus que nos llevaba del aeropuerto de Veracruz a Xalapa (más de una hora), Martin Amis estaba sentado detrás de mí junto al historiador inglés Niall Ferguson. Hablaban de Dickens (Ferguson estaba dedicado a leer todas sus novelas). Luego se pusieron a hablar de las primaria republicanas y, cuando mi atención decaía, de la salud de Hitchens. Amis lo acababa de visitar en el hospital en Houston y lo había encontrado de buen ánimo. Su voz se quebró. Sabía que a Hitch le quedaba poco tiempo de vida; de hecho, todos lo sabíamos. Hitchens no solo no había escondido que su cáncer era terminal; también se había puesto a escribir detalladamente sobre sus últimos días, sobre eso que él llamaba "el año de vivir muriéndose". Decía que no quería que nada de la experiencia humana le fuera ajena; así, en textos tan lúcidos como conmovedores, a medio camino entre la crónica y el ensayo, fue armando uno de los mejores testimonios que tenemos sobre lo que significa convivir con la cercanía de la muerte.

En la oscuridad del bus, en un viaje que se alargaba, Amis y Ferguson cambiaron de tema pero yo me quedé pensando en "Unspoken Truths", un texto de Hitchens que había leído hacía unos días. Trataba de descubrir por qué me había llegado tanto. Quizás por esa mirada en la que, estando de vuelta de todo, una diagnosis de cáncer maligno era una novedad que, con el paso del tiempo, "como tantas variedades de la experiencia de vida", se convertía en algo banal. Quizás porque Hitchens decía que, en casos así, la presencia de la muerte no molestaba tanto como esa "risa disimulada" que creía percibir en "el espectro del eterno Lacayo" (la imagen le pertenece a T. S. Eliot, pero Hitchens la hizo suya como hizo suyos a Wilde, a Orwell, a Wodehouse...). Quizás porque ese texto, que lamentaba la pérdida de la voz, podía leerse literalmente: perder a Hitchens era perder a una gran voz. El escritor inglés era un gran conversador, pero también, en el estilo de su escritura, una voz singular, llena de ironía afilada, de malicia, de humor burlón, en un inglés expansivo. Sí, eso era, pensé, los grandes escritores son, sobre todo, voces que nos asaltan a cualquier hora, que nos hacen mirar las cosas como ellos las vieron (quizás lo habíamos pensado antes, pero esperábamos que llegara la voz justa para saber qué era lo que habíamos pensado). La voz de Hitchens era tan opuesta a la del sentido común que podía ser capaz de atacar la santidad de la Madre Teresa, y tan convincente y adictiva que era capaz de influir en ese sentido común y convertirlo en algo más extraño y a la vez más justo.

En "Trial of the Will", su último ensayo, Hitchens escribió que el problema no es morir sino irse muriendo de a poco. Es mentira ese lugar común nietzscheano de que "lo que no nos mata nos hace más fuertes"; en realidad nos hace más débiles, lo cual no significa que uno no deba combatir todos los obstáculos que la vida pone en el camino. Las debilidades de una enfermedad terminal son como una versión acelerada de lo que ocurre en la vida: "cada día que pasa representa un más y más despiadamente substraído del menos y menos". Sí, eso es: vivimos muriéndonos. El viaje en bus ha terminado, yo ya me fui de Xalapa y estoy en un hotel de Nueva York, son las dos de la mañana y hace poco que me he enterado de la muerte de Hitchens. Su voz se ha ido, su voz queda.     

La Tercera, 17 de diciembre 2011

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