mardi 27 décembre 2011

Evelyn ERLIJ/ Orhan PAMUK: "Estambul formó mi vida, mi espíritu y mi identidad"


Entrevista Premio Nobel 2006:
Orhan Pamuk: "Estambul formó mi vida, mi espíritu y mi identidad"
Por Evelyn Erlij 

El escritor turco estuvo en Chile esta semana y se tomó un tiempo entre sus paseos por Santiago y Valparaíso para hablar sobre su gran desilusión con la Europa actual, su relación intensa con Estambul -la ciudad que forjó su espíritu- y sobre el arte de la escritura, tema que trata en El novelista ingenuo y el sentimental , su último libro de ensayos.

"Necesito un auto con chofer", dice Pamuk al equipo de la editorial Random House, a pocas horas de haber aterrizado en Chile. Viste un terno gris, algo grande para su figura delgada, a pesar de que afuera, en las calles de Santiago, hay aproximadamente unos 28 grados de temperatura. Es sábado por la mañana y tiene muchas actividades durante los días que vienen. Sin embargo, lo único que tiene en mente es descubrir lugares desconocidos. Quiere recorrer Santiago y Valparaíso, dos ciudades en las que nunca había estado.

"El arte de la novela es esencialmente un arte basado en vidas que transcurren en la ciudad, un lugar donde ocurren muchas cosas al mismo tiempo en distintos espacios, dándonos un sentido de la profundidad de la urbe. Las ciudades forman nuestra conciencia o retrato de la vida. Cada una de ellas tiene su atmósfera propia que, a su vez, deja una marca en la imaginación de sus habitantes", explica el escritor turco, quien estuvo de paso por Chile esta semana para participar en el ciclo "La ciudad y las palabras" de la Universidad Católica.

En su autobiografía Estambul. Ciudad y recuerdos , Pamuk explica que a diferencia de autores como Conrad, Nabokov o Naipaul, que han cambiado de lengua, país e incluso civilización y han seguido escribiendo con éxito, su identidad creativa ha estado determinada por su permanencia en Estambul, su ciudad natal. Su apego a ese lugar y a sus raíces es tan fuerte, que incluso ha seguido viviendo en la casa que en el pasado perteneció a sus padres.

Pero la dependencia que dice tener con esa ciudad no significa que la idealice. "Estambul me dio una cierta melancolía, la que asocio con lo que los japoneses llaman la nobleza del fracaso. Estambul estuvo durante mucho tiempo al margen de Europa. La vida ahí, entre las ruinas del Imperio Otomano, era muy pobre y silenciosa. Eso formó mi vida y mi espíritu. La ciudad forjó mi identidad, pero como todas las buenas identidades, yo no la elegí. Escribí acerca de una ciudad que yo conocía. De hecho, mi plan era y aún es escribir sobre la humanidad, pero encontré la humanidad en Estambul", afirma el escritor, quien en su gira por América Latina está presentando su nuevo libro de ensayos, titulado El novelista ingenuo y el sentimental .

Pamuk -apellido que significa "algodón"- creció en una Turquía cargada de amargura que intentaba surgir de las ruinas del desaparecido Imperio Otomano, y que en los años 50 y 60 luchaba por occidentalizarse, según dice el autor, para liberarse de las exigencias de la religión. Ese contradictorio choque e interconexión entre Oriente y Occidente, entre la Turquía islámica y secular, son parte esencial de sus novelas. Es el caso, por ejemplo, del aplaudido libro Nieve , que relata la historia de un periodista turco exiliado en Alemania y que regresa a su país a investigar una serie de suicidios de jóvenes musulmanas, tras la imposición de no usar velos en sus rostros.

"El hecho de que yo escribiera sobre la Estambul de la década del 50 y 60 en blanco y negro, como lo menciono en mi autobiografía, se debe a que en esa época era una ciudad pobre y provinciana, poco exitosa en su modernismo. Cincuenta años después es una ciudad exitosa, pintoresca y feliz. La nueva generación de mis lectores turcos encuentra que mi Estambul es demasiado triste y melancólica, pero las ciudades no tienen identidades que se conservan siempre esenciales. En ese sentido, no soy un esencialista".

-Usted se formó como escritor estando situado entre la tradición oriental y occidental. ¿Cómo logró encontrar su propia voz literaria en medio de estos dos mundos?
-Yo seguía mis propios estados de ánimo. Quería escribir todas las historias sobre Estambul, todo lo que salía en los diarios, todo lo que veía, sobre fútbol, películas, calles, la belleza de la ciudad. Pero, por otro lado, me interesaba todo lo que estaba sucediendo en la literatura europea y mundial: Kafka, Borges, Mann, Proust. Leía intensamente y pensaba que la literatura era lo más importante que había en la vida y trataba de combinar estas cosas. Mi fórmula para la creatividad es unir dos cosas que no han sido unidas anteriormente y tratar de inventar una tercera entre ambas. En otras palabras, intentar producir electricidad a partir de dos fuentes de energía distintas, como pueden ser el modernismo y la literatura islámica tradicional. Yo soy una combinación de eso, de un modo posmoderno juguetón al estilo de Calvino y Borges.

El sueño europeo

-¿Cómo ve una persona turca como usted, que creció creyendo en lo que ha llamado "el sueño europeo", la situación actual de crisis económica, política y cultural de Europa?
-Estoy desilusionado. Tiene razón en su pregunta. Me siento desilusionado como un turco occidentalizado que siempre miró a Europa con admiración. En primer lugar, me sorprende la gravedad de esta crisis económica y lo escandaloso que es el resultado de una mala administración y de políticas equivocadas. Es un golpe a la idea de que Europa se estaba administrando bien debido a su sociedad abierta y a su democracia. Hay desilusión por esa causa y también por el hecho de que Turquía haya sido rechazada por Europa.

-No se ha extinguido la arrogancia europea respecto de Turquía .
-Eso también es una desilusión, porque contradice la gran idea europea de democracia, igualdad, fraternidad. Estoy decepcionado, pero no me lo paso llorando. Tal vez algún día se solucione esto y Turquía y Europa puedan volver a pensar en unirse. Hay tergiversación en el modo en que Europa y Estados Unidos presentan a las sociedades poscoloniales o periféricas, pero en esto hay un error. Existe orientalismo, pero también había harenes, y éstos no fueron producto de la imaginación académica estadounidense. Por lo tanto, esto no es algo unilateral en que baste decir que no nos comprenden. Tal vez no nos comprendan. Su falta de comprensión les sirve para sus fines, pero nuestros estados y nuestros gobiernos tampoco comprenden a nuestros pueblos. Hay mucho más que criticar en nuestros propios países".

Escribir y pintar

La semana pasada, el poeta sueco Tomas Tranströmer recibió el premio Nobel en Estocolmo, ciudad donde cinco años atrás Orhan Pamuk también recogió el suyo y se convirtió en el primer escritor turco en ganarlo. Pero las políticas del Nobel no es un tema del que le guste hablar. Dice que obtener el galardón no lo ayudó a calmar la polémica que se desató en Turquía luego de que afirmara en un medio europeo que su país era culpable del genocidio de kurdos y armenios, un tema tabú en la sociedad turca. "Mi perfil ha cambiado y ha mejorado, sobre todo este último año. Pero esos problemas ya pertenecen al pasado. Ahora estoy alejado de la política y más relajado", comenta.

Por estos días, el escritor trabaja en un museo que inaugurará en Estambul, inspirado en su novela El museo de la inocencia , sobre un hombre que pierde a la mujer que ama y que comienza a coleccionar objetos personales de ella de los últimos treinta años, con lo cual Pamuk recorre el pasado reciente de Estambul.

Sus libros siempre están cargados de historia, por lo que suele investigar mucho antes de escribir, costumbre que heredó, quizás, de su formación de periodista. Sin embargo, afirma tajantemente que graduarse de la escuela de periodismo no le ayudó en nada en su trayectoria como novelista. "Nunca ejercí. De hecho, estudié esa carrera sólo para tener un título universitario", confiesa.

-¿Cómo funciona su proceso creativo?
"Entre una y otra novela, me gusta leer. Tengo ciertos temas en mente y planifico mis libros con anticipación. No es que de la nada empiece a escribir. Tomo notas, pienso, converso, comparto ideas con mis amigos más cercanos y trato de formar una novela. Si ésta requiere investigación, voy a los archivos, leo un montón de libros o como en el caso de Nieve , fui a Kars, una ciudad del noreste de Turquía, donde me quedé un tiempo entrevistando a gente con mi grabadora. Sí, fui periodista en ese sentido. Pero todo depende del tema. Me gusta investigar, pero luego uso muy poco y agrego mucho de mi imaginación. Varias veces pienso que lo que escribí en Nievey en todos mis libros es periodístico, pero al mismo tiempo antropológico, con algo de surrealismo, lo que le da un toque poético.

-Muchos creadores rehúsan conectar sus obras con su vida personal. ¿Cuánto de su propia experiencia pone en sus novelas?
-Mucho, pero cambiándolo. Mis libros no son confesiones sino que intentan ser una descripción cultural del camino que estoy viviendo. Pero sí, también hay una expresión personal.

-¿Cree que sólo se necesita una imaginación poderosa para escribir una buena historia o también se requiere haber vivido suficientes experiencias?
-Ambas cosas. Pero lo más relevante no es la vida que el escritor tenga, sino la voz que va a dramatizar para hacer esa vida más interesante. Tiene que ver con el modo en que miramos las pequeñas cosas de la vida, aunque no tengamos existencias muy interesantes. Pensemos en Kafka, en Borges: ellos vivieron únicamente en libros, pero lo relevante es cómo ellos transformaron cualquier cosa en algo interesante. Vidas aventureras como las de Jack London y Ernest Hemingway, en cacerías, en el Polo Norte o en la guerra, incrementan la comprensión del autor de la humanidad, y si el escritor además relata esas aventuras, eso hace atractiva su lectura. Pero la literatura no es un reportaje sobre cosas interesantes, sino escribir sobre la vida de un modo que nos haga ver algo con mayor profundidad. La novela literaria no busca la aventura palpable y visible, sino un sentido profundo sobre lo que se está describiendo. Para mí, escribir literatura no es contar lo que sucederá después, sino de qué se trata todo esto.

-Uno de los temas que trata en "El novelista ingenuo..." es la experiencia única de la lectura, diferente a la de ver una pintura o una película. ¿Cree que ese gusto tenga que ver con el placer voyeurista del ser humano de husmear en la intimidad de otra persona?
-Son muchas cosas: ver las vidas de otras personas dentro del gran panorama de una ciudad o país, ver al país desde la visión de otra persona, tratar de ponerse en el lugar de otro. La empatía es una de las grandes características del ser humano, la de soñar que uno es otra persona, identificarse con gente distinta a nosotros. Esas son algunas de las cosas que hacemos cuando leemos una novela.

-Usted quiso ser pintor antes que escritor. ¿Por qué la escritura le acomodó más para externalizar lo que ocurría en su interior?
-Pinto de vez en cuando, vuelvo a la pintura, pero siento que estoy más profunda y dolorosamente involucrado con el mundo cuando escribo. Me siento superficialmente más feliz y recompensado cuando pinto. Desgraciadamente, me parece que prefiero escribir, pero cuando estoy un poco deprimido, me hace más feliz pintar. Escribir es algo más calculado. Pintar es algo tal vez más ingenuo.

"Me siento desilusionado como un turco occidentalizado que siempre miró a Europa con admiración".
"La literatura no es un reportaje sobre cosas interesantes, sino escribir sobre la vida de un modo que nos haga ver algo con mayor rofundidad".

Articulo : http://diario.elmercurio.com 18/12/2011


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