samedi 10 décembre 2011

Fernando DÍAZ DE QUIJANO/ Miguel GILA, reciclador de tragedias


Juan Carlos Ortega y Marc Lobato publican Miguel Gila, vida y obra de un genio, que incluye material inédito del humorista
Miguel Gila, reciclador de tragedias
Por Fernando DÍAZ DE QUIJANO

El humor de Miguel Gila era una máquina depuradora: se alimentaba de las experiencias traumáticas de su infancia y juventud -la orfandad, el hambre, la guerra, la cárcel, la humillación- y las convertía en viñetas y monólogos que provocaban miles de carcajadas. Un ejemplo de reciclaje eficiente y, sobre todo, terapéutico, tanto para él como para toda una sociedad que olvidaba las penurias cotidianas cuando oía aquello de "¿Es el enemigo?". Esa amarga materia prima sale ahora a flote en Miguel Gila, vida y obra de un genio, un libro en el que Juan Carlos Ortega y Marc Lobato recorren los puentes entre la trayectoria vital y el estilo sobrio, naíf e hilarante de uno de los grandes del humor español. Además, incluye material inédito de Gila -viñetas, monólogos, poemas y pequeñas obras de teatro- y entrevistas con Malena Gila, Forges, Josema Yuste, Juan Marsé, Luis del Olmo, Javier Cansado, Luis María Anson, el Tricicle y Lluís Bassat.

Miguel Gila (Madrid, 1919-2001) no conoció a su padre, pues murió cuando su madre aún estaba embarazada. Ésta rehizo su vida y el pequeño Miguel se crió con sus abuelos paternos. En vez de volcar su ingenio en los estudios, lo empleó a fondo para hacer reír a los demás y pasaba gran parte del tiempo haciendo travesuras con su pandilla del barrio madrileño de Chamberí, donde mataban el tiempo y el hambre como podían. Ya durante su infancia vivió con la muerte cerca. Además de a su padre, perdió a varios familiares e incluso a su primera novia -"me quedé viudo a los catorce años"-. Aquello le endureció el carácter, pero tenía una pasión que le hacía reponerse de todo: el dibujo. Como él mismo decía,le gustaba más dibujar sus chistes que contarlos, porque era más difícil.

Cuando estalló la guerra civil, Gila tenía diecisiete años y, sin entender gran cosa de política, se alistó con un amigo para combatir en el frente con el bando republicano. De aquello surgió otra vivencia espantosa que, tras pasar por el filtro del humor, se convertiría en una frase estrella de su repertorio: "A mí me fusilaron mal". Su pelotón fue apresado por soldados nacionales que, borrachos y entre risas, los fusilaron. Gila, ileso, se tiró sobre el montón de cadáveres haciéndose el muerto, y gracias a eso sobrevivió, aunque poco después acabó en un campo de prisioneros.

Luego vino la cárcel, donde los abusos no distaban mucho de los sufridos durante la guerra. Poco después, durante el servicio militar, se hizo poco a poco un hueco en Radio Zamora, donde realizó sus primeras intervenciones humorísticas. En 1945 ingresó como colaborador en la mítica revista La Codorniz, que fue su plataforma de despegue como humorista gráfico.

En 1951 debutó como monologuista sobre las tablas de un escenario. Fue en el Teatro Fontalba de Madrid, durante un homenaje al actor Antonio Casal. El propio Gila contó en muchas ocasiones que aquella noche se coló como un espontáneo en la función; otros testigos aseguran que todo estaba más que preparado. Lo cierto es que el ahora célebre monólogo sobre la guerra que interpretó enfundado en un disfraz de soldado fue todo un éxito, y la prensa lo reflejó al día siguiente. 

Desde entonces, le llovieron las ofertas, a las que el humorista no estaba acostumbrado. De hecho, estuvo a punto de rechazar una de la sala de fiestas Pavillón porque creyó que la cifra de 750 pesetas del contrato correspondía al sueldo mensual -aun así, era más de lo que cobraba como colaborador en La Codorniz. Cuando descubrió que se trataba del sueldo por función, disimuló su error y aceptó encantado. Aquello supuso el despegue definitivo para una larga y exitosa carrera en radio y televisión, tanto en España como en Latinoamérica, hasta su fallecimiento en 2001.

***
Prólogo de Forges al libro de Juan Carlos Ortega y Marc Lobato y monólogos inéditos del humorista
Miguel Gila, vida y obra de un genio

El humor de Miguel Gila era una máquina depuradora: se alimentaba de las experiencias traumáticas de su infancia y juventud -la orfandad, el hambre, la guerra, la cárcel, la humillación- y las convertía en viñetas y monólogos que provocaban miles de carcajadas. 

Un ejemplo de reciclaje eficiente y, sobre todo, terapéutico, tanto para él como para toda una sociedad que olvidaba las penurias cotidianas cuando oía aquello de "¿Es el enemigo?". Es amarga materia prima sale ahora a flote en Miguel Gila, vida y obra de un genio, un libro en el que Juan Carlos Ortega y Marc Lobato recorren los puentes entre la trayectoria vital y el estilo sobrio, naíf e hilarante de uno de los grandes del humor español. Además, incluye material inédito de Gila -viñetas, monólogos, poemas y pequeñas obras de teatro- y entrevistas con Malena Gila, Forges, Josema Yuste, Juan Marsé, Luis del Olmo, Javier Cansado, Luis María Anson, el Tricicle y Lluís Bassat.

A continuación reproducimos el prólogo del libro, de su discípulo y admirador Antonio Fraguas, Forges, así como varias viñetas y un monólogo inéditos de Gila.

Prólogo
Antonio Fraguas, Forges

Allá por 1954, todos los jueves, hacia las diez de la noche, sonaba en la radio una música muy alegre, titulada Sueños de Brooklyn. Era la sintonía del programa que, en directo, presentaba José Luis Pécker diciendo: «Con ustedes (pausa larga)¡Miguel Gila! (chunda, chunda, chunda) Gracias a la gentileza de (otros tres chundas) ¡Profidén! Sonría sin temor con ¡Profidén!».

Y entre una salva de aplausos del público en directo con la sintonía a toda tralla, se oía la inconfundible voz de Gila: «¿Oiga? ¿Es el enemigo?...».

A partir de ese momento, todo lo gris del franquismo cotidiano desaparecía, convertido en lo multicolor del ingenio, la sonrisa y la ensoñación.

Era el único día de la semana en que a los niños de la casa se nos permitía estar despiertos a esa hora tan tardía para los escolares de la época. El programa duraba hasta las once, pero sus consecuencias eran mucho más dilatadas. En el colegio, el viernes y el sábado (entonces los sábados había cole) nos los pasábamos comentando, imitando e incluso representando los sketches de Gila.

Es un hecho que Gila fue un impulsor primigenio de la caterva de humoristas que «nacimos» a la sombra de su personal punto de vista humorístico; todos nos sentimos «hijos» de su ingenio, y su recuerdo perdurará a través de los tiempos entre las majestades humorísticas españolas, los Reyes Magos del Humor: Cervantes, Quevedo y Gila.

¿Admiración excesiva? Ninguna admiración puede ser excesiva si se trata de Miguel Gila.

Y si no, al tiempo.

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Discurso político
Miguel Gila

Yo creo..., es más: no es que lo crea, es que estoy convencido de que el mayor fracaso de muchos políticos está en el contenido de sus discursos. Y si no, escuchen:

Están próximas las elecciones y, por este motivo, me es muy gra to dirigirme a todos los ciudadanos del país y de manera muy par ticular a los más humildes. Para empezar quiero emitir un juicio en el que la analogía de los hechos sea la clave que nos lleve a una acción determinante de las acciones individuales sin menoscabo del individualismo. Por el contrario, prefiero que el absolutismo no sea el detonante que predomine en la oscuridad de la connotación opositora; esto es preferible a negar el auténtico y lógico sentir de la mayoría pensante, porque si tomamos como barómetro el cambio seguro que desarraigamos para siempre esa acefalía intrínseca del malestar absoluto, y es más: llegaremos a la conclusión de que las realidades no son un espejismo, sino una reflexión transparente y pura. Por el contrario, si nos dejamos arrastrar por las raíces que se degeneran en el devenir político, iremos directamente hacia un estado impreciso y no hacia la meta realista del individuo, sea o no estereotipo de un malestar económico y social. Y estoy hablando con toda claridad para que no haya malentendidos, porque, si establecemos las pautas como absolutistas y desechamos la ambigüedad, no hay razón para pensar que se acentúa el entorno sociopolítico, sino que por razones de peso se consolida mucho más. Ya lo dijo Sócrates en su apología del pensamiento de las masas: los axiomas culturales son la consecuencia de los realismos totalitarios y nunca de las divagaciones de los oportunistas. Nuestro partido no quiere en modo alguno obstruir los proyectos cuando son considerados como ejemplo de una mayoría absoluta que de ninguna manera nos puede conducir a una apología desmemoriada. Por eso estoy aquí, para dejar bien claros algunos puntos que pudieran parecer oscuros, pero que como ya he dicho antes son transparentes. Espero haber sido claro con mis palabras y no quiero cansarles más. Esto es todo.

Como verán, con este tipo de discurso no se llega a ninguna parte. Si algún político me está escuchando y quiere triunfar en las próximas elecciones, que coja un papel y un bolígrafo o una grabadora y que tome nota de cómo hay que hacer los discursos para salir elegido presidente. Tomen nota, empiezo:

Ciudadanos. Como presidente del Partido Independiente de la Derecha Moderada quiero dar a conocer a ustedes las ventajas de mi partido sobre todos los demás. ¡Basta de promesas que luego no se cumplen! En caso de salir elegido presidente en las próximas elecciones, les prometo un futuro lleno de felicidad. Y para que no quede la menor duda, entre los doce mil primeros votantes que me voten sortearemos un coche y dos viajes al Caribe.

Además, a todos los que me voten les daré un puesto de trabajo en los Altos Hornos de Bilbao o, en su defecto, en la Red Nacional de Ferrocarriles, con un sueldo semanal de cuarenta mil pesetas más dos meses de vacaciones al año, una paga extra por Navidad de doscientas mil pesetas y unas vacaciones con todo pagado en un hotel de cinco estrellas, dejando que sean los obreros que me voten los que elijan el lugar donde disfrutar esas vacaciones.

Y por si esto fuera poco, añado a lo prometido una vivienda con dos cocinas, tres dormitorios, un comedor, un pasillo, dos balcones y dos cuartos de baño con un alquiler mensual de doce mil pesetas, IVA incluido.

Además, y ya al borde de la locura, mi partido regala a los dos mil primeros votantes que me voten una cubertería de plata valorada en trescientas mil pesetas, un televisor en colores de veinticinco pulgadas, un vídeo, una tostadora de pan y doce rollos de papel higiénico marca El Canguro.

¡No lo piensen más, su futuro está en el Partido Independiente de la Derecha Moderada! ¡No se dejen embaucar por algunos políticos que prometen muchas cosas pero que luego no cumplen sus promesas! ¡No voten a nadie que no sea a mí, porque nunca se arrepentirán de haberlo hecho! El Partido Independiente de la Derecha Moderada cumple sus promesas.

Y aún hay más: el Partido Independiente de la Derecha Moderada promete a los estudiantes una beca con todo pagado en la Universidad de Oxford, o si lo prefieren en la de Salamanca, que les queda más cerca; una cadena musical, y veinte compact disc con lo más nuevo en música moderna.

Y no nos olvidamos de la tercera edad: mi partido tiene para esa gente que sacrificó su vida por el país la construcción de varios parques con doce pistas de petanca y sesenta mesas de parchís, más una gorra de visera para cada uno y una bufanda de lana tejida a mano por las monjitas de Santa Eulalia.

No se dejen embaucar por algunos partidos que prometen mucho y luego no cumplen con lo prometido. El Partido Independiente de la Derecha Moderada cumple sus promesas. Por todo esto, no me fallen, les espero en las urnas en las próximas elecciones.

Así haría yo los discursos si fuese político.

Aparte del discurso, también hay un medio muy útil para ganar votos, que es visitar los supermercados y los barrios marginales y dar besos a los niños, aunque esto no es muy saludable, ya que, por lo general, casi todos los niños pobres tienen mocos.

Sobre YOU TUBE :

La Guerra

Es el enemigo

La factura del colegio

El teléfono concierto de violín

Articulo : http://www.elcultural.es 09/12/2011

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