dimanche 18 décembre 2011

La bruma de las leyendas


La bruma de las leyendas

"Nosotros los ahogados", del danés Carsten Jensen, ha sido comparada con las epopeyas marinas de Melville, Stevenson o Conrad, y el paralelo es válido hasta cierto punto. Mientras esos autores compusieron gestas épicas con fuertes componentes metafísicos y religiosos, Jensen tiene poca paciencia con los asuntos de Dios.

Nosotros, los ahogados , de Carsten Jensen, saludada como la novela más importante publicada en Dinamarca en los últimos 25 años, traducida a numerosos idiomas y leída por varios cientos de miles de personas, es un libro imponente e intimidatorio. En sus casi 700 páginas, Jensen nos cuenta la historia del pueblo costero de Marstal y de las generaciones que lo habitaron durante una época en que Europa se vio sacudida por cambios políticos de efectos devastadores. Nosotros... comienza en 1848, cuando las naciones nórdicas eran pobres y atrasadas y finaliza en 1945, al terminar la Segunda Guerra Mundial. En Marstal, sin embargo, nada parece variar demasiado: el único destino para los hombres es hacerse a la mar y la principal ocupación para las mujeres, sean esposas, hijas o hermanas, consiste en esperarlos, en ocasiones por años, a menos que mueran tragados por las olas; de ahí proviene el título del volumen, ya que poco a poco el puerto se va transformando en una ciudad de ahogados.

La obra de Jensen ha sido comparada con las epopeyas marinas de Melville, Stevenson o Conrad, y el paralelo es válido hasta cierto punto. Mientras esos autores compusieron gestas épicas con fuertes componentes metafísicos y religiosos, Jensen tiene poca paciencia con los asuntos de Dios, sus intereses son absolutamente concretos y sólo da cabida incidental a temas espirituales en la persona del pastor Abildgaard, quien cumple funciones mas bien burocráticas. En lo que sí coincide con sus antecesores es en el detallado inventario de dantescas aventuras oceánicas y en la recia masculinidad del grupo de personajes que pueblan el relato: con escasas excepciones, todos son hombres, hombres fornidos, implacables, inteligentes, capaces de vencer el miedo y la adversidad. O niños que aspiran a convertirse en marineros para seguir el camino de sus padres.

Nosotros... está escrita sin prisas, en forma paulatina y al principio puede desconcertar al público de hoy, habituado a la acción o los efectos extraliterarios. Pero si traspasamos los capítulos iniciales, caeremos en el embrujo desconocido, violento, seductor y repulsivo a la vez, de un mundo ignorado, repleto de seres excéntricos y hechos fantásticos, donde reinan leyes propias y costumbres inauditas. Más de la mitad de la narración transcurre a bordo de barcos a vela que navegan a los confines remotos de la Tierra: Australia, Polinesia, el Polo Norte, el Cabo de Hornos. A las tormentas que duran semanas, les sigue la calma chicha y la imposibilidad de avanzar debido a la ausencia de viento. Las condiciones son tan extremas y la convivencia tan dura, que apenas resisten los obcecados y aquellos a quienes les sonríe la suerte. El azar juega un rol muy superior a la voluntad humana. Las embarcaciones civiles que entonces surcaban las aguas iban dirigidas por capitanes que no albergaban propósitos santos: comercio de esclavos, expoliación de riquezas, asentamientos coloniales. Tampoco se enfrentaron con dóciles nativos que, a fuer de sangrientos guerreros, practicaban el canibalismo y la reducción de cabezas. Jensen entrega una crónica desnuda, sin un ápice del romanticismo que asociamos con este tipo de ficciones.

En Marstal asistimos a la evolución de un conjunto de actores que ven cómo su villa prospera y luego decae a raíz de los buques a vapor. Laurids Madsen se pierde en el Pacífico sur y por mucho tiempo no se sabe nada de él. Su hijo Albert, decidido a encontrarlo, pasa pellejerías que son la parte más original y amena deNosotros... De regreso en Marstal, se convierte en la figura fundamental de lo que es una pujante urbe y halla su razón de existir en el cuidado del pequeño Knud Erik. Klara, madre del chico, muy joven, se enamora de Albert, muy mayor, y cuando la relación va a desembocar en matrimonio, Albert fallece en misteriosas circunstancias. Klara adquiere una fortuna, con la cual destruirá la fisonomía misma del vecindario que siempre ha odiado.

Nosotros... hace un uso peculiar de la técnica del narrador omnisciente: la tercera persona, que va mutando según el periodo cronológico y alguien que se introduce cual testigo plural -vivimos, estuvimos, nos habló-, conformando así una estructura que es, en parte, retrato íntimo de una comunidad y, en parte, exposición de sucesos reales, envueltos en la bruma de las leyendas. Aunque el vocabulario náutico sea abrumador y Jensen parezca creer que el pasado danés es de común alcance, su vasto friso novelesco es un grato y saludable descubrimiento.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 11/12/2011

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