mardi 27 décembre 2011

Literatura terapéutica


Literatura terapéutica

El cuerpo en que nací , la segunda novela publicada por la escritora mexicana Guadalupe Nettel, se acomoda con facilidad en el modelo de la novela de formación. Se trata de un relato simple, sin mayores pretensiones formales o estilísticas, que pretende reconstruir los avatares que determinaron una infancia desdichada, marcada por los conflictos familiares, el sentimiento de desarraigo y la discriminación por parte de sus pares.

"Nací con un lunar blanco, o lo que otros llaman una mancha de nacimiento, sobre la córnea de mi ojo derecho", leemos en la primera línea del libro. Este recuerdo inaugural, fundamental en la configuración de la identidad de quien protagoniza el relato, es el que abre las puertas de un discurso que se presentará ante el lector como un exhaustivo ejercicio de la memoria, la sincera y a ratos desgarradora reconstrucción de una niñez atormentada. En él se sintetiza el conflicto que sellará el proceso de maduración de la voz narradora: por un lado, la conciencia temprana de ser una niña "especial", diferente, víctima de una mutilación que la obligará a presentarse ante el mundo desde una posición de inferioridad y de observancia; por otro, la posibilidad de pertenecer a un margen, de ser una outsider , y de acceder por lo mismo a una visión particular, distanciada, de la vida y sus problemáticas. La amenaza de la pérdida de la vista, la presencia traumática de un parche en su ojo derecho, la condena a lidiar con los trastornos del estrabismo son los elementos que la constreñirán a encontrar un sentido existencial alternativo, ajeno a los arraigos y a las seguridades habituales con los que cuentan los niños "normales".

Pero la minusvalía de la protagonista del relato, por cierto, no es solamente física. Si el recuerdo de su defecto de nacimiento es el que inicia el inventario de sus traumas y, en gran medida, el que velará sobre todas sus experiencias hasta su entrada en la adolescencia, no menos importantes serán las circunstancias sociales en las que se desenvolvieron sus primeros años. Proveniente de una familia común de la clase media mexicana, de padres liberales, buena parte de su desventura se explicará también por las herencias nefastas del núcleo familiar: la obsesión de sus padres por encarar la infancia como una etapa en la que deben "corregirse los defectos de fábrica", su fingida desinhibición en relación a la educación sexual de sus hijos, su divorcio, su abandono y el consecuente cautiverio del personaje en casa de una abuela aprensiva e injusta. Sumado a ello, primero en México y luego en la provincia francesa, donde deberá radicarse junto a su madre y su hermano, existirá el desafío de afrontar la realidad "inhóspita" de las instituciones educacionales por las que pasará en ambos continentes: un sitio en el que las discriminaciones se hacen aún más manifiestas y evidentes, condenando a los extraños a sobrevivir en una especie de "geografía alternativa, un territorio secreto dentro de la unidad por el cual pasear a mis anchas sin ser vista".

Narrado en un estilo sobrio, amable, sin grandes quiebres o sorpresas formales, el recuento autobiográfico urdido por Nettel pareciera aspirar a una especie de catarsis personal. Este carácter sanador, casi terapéutico, de la narración se hace explícito en la propia novela: todo cuanto leemos corresponde al relato entrañable que la protagonista, desde su adultez, articula ante una psicoanalista profesional, una tal "doctora Sazlavski". La apelación a esta interlocutora ideal le permite a la autora enmarcar el relato en una lógica conversacional, en un registro que trasunta la intimidad fraternal de la sesión psicoanalítica. El recurso, sin embargo, parece a ratos excesivamente calculado, forzado en extremo, restando así espontaneidad y llaneza a una narración cuya mayor aspiración pareciera ser el despliegue de dichas cualidades.

Si es cierto que la escritura de Nettel consigue afianzar una mirada personal de la infancia y sus conflictos, un testimonio sincero de su propia niñez, también lo es que El cuerpo en que nací se diluye a ratos en reflexiones y anécdotas insustanciales; la neutralidad y la sencillez del tono, presuntos méritos de su estilo, se traducen aquí con demasiada frecuencia en falta de intensidad y de profundidad. Los tormentos vividos por la protagonista, aunque expuestos con delicadeza y sobriedad, no alcanzan a adquirir ribetes universales ni a trascender el anecdotario personal de la autora. Incluso, el desenlace de su proceso formativo ("me decidí a habitar el cuerpo en el que había nacido, con todas sus particularidades... era lo único que me pertenecía y me vinculaba de forma tangible con el mundo, a la vez que me permitía distinguirme de él") se muestra menos como una auténtica resolución de sus conflictos existenciales que como la alternativa improvisada de un final feliz: el cierre abrupto, y poco atractivo, de la terapia.

Narrado en un estilo sobrio, amable, sin grandes quiebres o sorpresas formales,el recuento autobiográfico urdido por Guadalupe Nettel pareciera aspirar a una especie de catarsis personal.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 18/12/2011

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