dimanche 18 décembre 2011

Marcela MAZZEI/Entrevista a Felipe PIGNA


Felipe Pigna: “En América latina se da una rebelión temprana que no sucede en otras partes del mundo”
Por Marcela MAZZEI

Ya es best-séller Mujeres tenían que ser, un relato documentado de 600 páginas sobre las mujeres que hicieron la historia argentina hasta 1930. En esta entrevista, el autor revela cómo tanto la misoginia como la rebeldía las caracterizaron en esta parte del mundo.

En términos históricos, el lugar de la mujer en la sociedad estuvo siempre signado por las ideas dominantes de cada época, pero invariablemente en la antigüedad –y hasta bien entrado el siglo XX– la Historia ha sido escrita por hombres. Con este par de enunciados siempre presentes y el estudio intensivo de la teoría de género, Felipe Pigna se embarcó en una investigación de más de dos años que culmina con la publicación de Mujeres tenían que ser (Planeta), un libro de 600 páginas que relata la vida de las mujeres que hicieron la historia en el territorio que hoy se llama Argentina.

Desde sus orígenes hasta 1930, el primer tomo de la saga (de uno o más libros a publicarse en el futuro) registra lo que se dijo de ellas y lo que ellas dijeron del sí mismas, del país y del mundo al que contribuyeron a construir. Director de www.elhistoriador.com.ar, además de autor de varios best-séller históricos, Pigna cuenta cómo fue hurgar en discursos silenciados y desgarradoras confesiones de misoginia, pero pone el foco en lo positivo: “En América Latina se da una rebelión temprana y muy permanente que no se da en otras partes del mundo”, dijo.   

Además de los hechos en sí, para hacer este libro tuvo que revisar las ideas de cada época…

Como dice Charles Fourier: la evolución en la sociedad se mide por el progreso de las mujeres hacia la libertad. Es muy sabia esa frase. Leí mucho de teología, de mitología griega… y en general predomina la misoginia. Son muy pocos los pensadores que han salido a defender a las mujeres en la historia. Es curioso que Jesús sí ha defendido mucho a la mujer y, sin embargo, la iglesia católica que se arma en torno a su figura es completamente misógina. Ya San Pablo, uno de los padres de la Iglesia, tiene frases tremendas y descalificatorias que retoman el pasado bíblico de la mujer como lo pecaminoso.

En algún momento hubo una justificación de estas conductas a partir de lo biológico, con el positivismo que buscó perpetuar roles…

Hay una especie de tautología ahí. Por un lado, es cierto que el hombre es constitutivamente más fuerte que la mujer, por lo tanto hay una división de roles donde la maternidad la deja a la mujer en la casa y el hombre va a la caza, sale a buscar el alimento. Pero esto se exacerba en las sociedades guerreras, donde la guerra se transforma en una función de hombres, la guerra deriva en la política y la política también se transforma en una función de hombres… Cada vez la mujer queda más apartada de ese mundo y condenada al rincón de las hornallas y la crianza de los niños como un hecho natural. Pero eso se fue naturalizando y continuó hasta el siglo XX, cuando el maternalismo fue muy fuerte.

¿A qué se refiere con maternalismo?
Es muy difícil de tratar esta cuestión de la madre porque, por un lado, el hombre estaba tan apartado de la crianza de los hijos que si la mujer no lo hacía, no tenían supervivencia posible. La infancia, además, como concepto no existió hasta entrado el siglo XX (antes el infanticidio era algo corriente). Entonces, el maternalismo tuvo algún sentido como la realización de la mujer hasta que ésta empezó a tomar consciencia de que podía no ser madre y realizarse, que la mujer podría trabajar por elección o por voluntad, no porque se moría de hambre sino porque quería tener su independencia económica y eso recién va a ocurrir en el siglo XX.

¿Eso fue igual en todo el mundo?
Ya en la década del 20 y del 30 del siglo XX había muchísimas mujeres de clase media trabajando en la Argentina. Incluso muchos viajeros se asombran de la cantidad de mujeres que se veían en la calle, yendo a sus trabajos, participando de la vida social, de la vida política, y creo que esa es una cosa interesante.  

¿Cómo es estudiar algo que era insignificante como las mujeres? ¿Cuáles son las fuentes de algo que fue borrado?
Uno tiene que trabajar con la negación, por un lado, pero también por la explicitación, porque era tal la barbarie española –como cualquier barbarie conquistadora, en eso no fueron muy originales– que ellos mismos hablan de qué hacían con las mujeres, qué rol les asignaban: algo insólito como que no se las obligaba salvo que ellas quisieran ir a trabajar a las minas... Imaginate el cumplimiento de esa norma. Y después lo comprobás cuando ves los documentos: actas de defunciones, cementerios y de las casas de recogidas para mujeres abandonadas, prostitutas, marginales o locas, una definición muy difícil... Porque en muchos casos eran chicas de familias ricas que las querían sacar de la herencia. Por otra parte, hay infinidad de documentos de casi orgullosa confesión de parte de cómo trataban a las mujeres, sin ningún problema ni remordimiento contando salvajadas…

Las famosas crónicas de Indias...
Pero también salen cosas maravillosas de esas crónicas, que es la reacción de estas mujeres. Como la huelga de amores que ocurrió en Nicaragua, donde las parejas se ponen de acuerdo en no tener relaciones sexuales para no traer niños esclavos al mundo, un episodio que habla de quiénes eran los bárbaros acá. Por eso hablo de un trabajo intenso, porque podía tomar la posición cómoda de hablar de la mujer en la colonia y su casa solariega, con sus esclavos, que hacía dulces y cosía, que eran el 10 por ciento de la población. A mí me interesa, mencionando que existió ese 10, reconstruir la vida de ese 90 que no figura en la historia.

Las mujeres en España tampoco recibían un buen trato. Pero en las comunidades originarias, que tenían su moral propia, el sistema de castigos era más igualitario.
Eso es muy interesante, porque tanto los mayas, los aztecas como los incas tenían castigos igualitarios en el tema de la infidelidad, por ejemplo, cosa que no ocurría en España donde era sobre todo castigada la infidelidad de la mujer. En las culturas del primer contacto, como se llama a las del Caribe donde llega Colón, había mucha más libertad sexual. En general en América, en la vida cotidiana la virginidad no tenía ningún valor, al contrario, se pensaba que la buena vida sexual de una muchacha le garantizaba la felicidad. Y es muy loco que España trae e instala esta cuestión de María antes que madre, virgen. Es algo tremendo valorizar más la virginidad que la maternidad, en una persona que es madre, por otro lado, y madre nada más y nada menos que de Jesús, ¿no? Es toda una elección entre Eros y Tanatos, que efectivamente se define por la muerte, lo intocado, lo inanimado, y es muy fuerte eso como concepto.

¿Y cuándo aparecen los primeros registros de mujeres que hacen uso de su propia voz?
Además de Anacaona y las primeras rebeldes de la Conquista, todas ágrafas, hay un primer registro en la rebelión de Tupac Amaru, con Micaela Bastidas, cuando aparecen reclamos por los derechos de la mujer, así como en la rebelión de Tupac Catari con Bartolina Sisa, su compañera. Y después va a haber que esperar un tiempo, hasta la década del 20 y del 30 del siglo XIX cuando aparece, por ejemplo, el periodismo femenino. Y sí aparece en las cartas de Isabel de Guevara, que habla de lo que le correspondería a la mujer en crónicas muy duras en torno a cómo era la colonia, y la mujer de Juan de Garay, que denuncia el contrabando, la corrupción, una cosa muy osada para una mujer a fines del siglo XVI y principios del XVII.

Las cartas de la mujer de Mariano Moreno mostraban un vínculo de compañerismo.
Un amor tremendo entre ellos y además una comunión ideológica, porque ella sigue operando o informándole a él que su partido está siendo perseguido, a la vez que le dice que lo ama y que no la reemplace por una inglesa; y todas esas cosas son muy conmovedoras porque le está escribiendo a un amado que está muerto. 

Pero ella tenía un rol activo en la vida de ambos.
Ella cuenta en las cartas que su vida de pareja había sido muy igualitaria: ella decidía y participaba activamente, era una mujer a la que le importaba la política, se ve en las 14 cartas que se conservan de Guadalupe a Mariano.

Esto pone de manifiesto no solo que la mujer no tenía un rol central sino que cuando lo tenía, no quedaba registro oficial.

¿Cuál fue el rol de la mujer en la Revolución de Mayo? Y, secundario. Porque no la dejaban tener un rol primordial, no podía participar en el Cabildo, no tenía voz ni voto, no podía ser electa, pero no era por su voluntad o su incapacidad.
Después aparece esto: ¿cuántas mujeres realmente se destacaron? Las que pudieron, las que tuvieron la suficiente insistencia y perseverancia a pesar de todo.

¿Qué rol cumplen las tertulias, una actividad social y quizás más mundana, en el avance de las mujeres en la sociedad argentina?
Las tertulias no eran un escenario de frivolidad sino casi la única zona de socialización que había en aquella sociedad tan aburrida. Estaba la iglesia, el teatro y la tertulia, que es lo más profano, donde se cantaba, se leían poemas, venían visitantes que eran como los reporteros de lo que estaba pasando en Europa, las chicas podían conocer a algún chico. Pero se discutía mucho política y ahí también las mujeres discutían de política en las tertulias.

¿Y cuándo comenzaron a llegar las ideas de igualdad?
Llegaron con la Revolución Francesa ya en la Revolución de Mayo, pero se van a expresar más tarde, con las primeras revistas literarias femeninas como La Aljaba, La Camelia, y más concretamente con las anarquistas y socialistas de fines de siglo XIX. La voz de la mujer, el primer periódico anarquista femenino, fue uno de los primeros de América latina. Dirigido por Virginia Bolten, allí la militancia anarquista reclama por todas las mismas cosas que los varones –la explotación, el capitalismo, el fin de esta sociedad injusta– y además aparecen cuestiones de género. Y hay un artículo hermoso sobre el amor, donde la autora se pregunta hasta qué punto la mujer le puede confesar al hombre que está enamorada y qué consecuencias trae esto socialmente. Convivían desde lo que era para una mujer en 1890 vivir con libertad e intensidad su romance –con toda esa pacatería–, hasta cuestiones muy puntuales como la licencia por maternidad y el doble discurso de los militantes varones, que ellas decían que eran muy igualitarios en su discurso pero en sus casas seguían siendo patriarcales.

¿No hay retrocesos en la historia? Escuché un planteo de que después del feminismo hubo una vuelta a las cuestiones domésticas como un paso atrás…
Ahí pasa por la posibilidad de las mujeres de elegir si quieren volver a la cocina y los hijos o al parto en casa, pero hay que hacer una distinción importante: porque se hacen generalizaciones a partir del sector social que consume cultura, y la verdad es que la mayoría de la gente no es clase media y no tiene más remedio que cocinar todos los días, cuidar a los chicos; son madres solteras y jefas de familia a las que no se les pasa por la cabeza otra alternativa. Dicho esto, hay una vuelta que puede ser positiva: “me quedo más tiempo con mis hijos porque quiero y puedo”; y además en un contexto donde el hombre es mucho más compañero de su mujer y de sus hijos que en otro momento, que tiene una consciencia mayor de que hay una necesidad compartida, y que se está perdiendo de la crianza de un hijo.  

¿En qué momento de la historia aparece la idea de que la mujer decide sobre su cuerpo?
Las anarquistas hablaban de esto ya a fines del siglo XIX, primero al negarle a la Iglesia toda injerencia sobre el cuerpo de la mujer. Hay un artículo en La voz de la mujer donde dice que no se meta (la Iglesia) con el cuerpo de la mujer y de los niños, haciendo alusión a los abusos que ya eran muy frecuentes en aquellos años como lo son hoy. Así que la idea de la decisión sobre el cuerpo propio tiene más de 100 años. Creo que hubo un paso muy importante con la aparición de El segundo sexo de Simone de Beauvoir y un poco el impulso que tiene el feminismo en la década del 60, la aparición de la píldora anticonceptiva... 

Cien años después, todavía es un debate abierto.
Primero, desde mi punto de vista, la iglesia no tiene ningún derecho a meterse con el cuerpo de nadie. Además, me parece una posición absolutamente hipócrita, porque hay una preocupación teórica –no real– por el niño por nacer que se acaba inmediatamente cuando el niño nace, porque la Iglesia no se hace cargo de ningún niño nacido: ni lo sustenta económicamente ni le da apoyo a la madre. Es de una enorme irresponsabilidad y la causa central de la Iglesia, que ya perdió todas las batallas y sólo le queda esta batalla por perder.

Articulo : http://www.revistaenie.clarin.com 16/12/2011

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